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domingo, 3 de mayo de 2009

Las semillas de la santidad.


En “Semillas de contemplación”, escribe Merton, entre otras cosas, acerca de la santidad, un tema recurrente en este blog. Les comparto algo de lo que voy redescubriendo en mis lecturas y apuntes para la tesina, creo que vale la pena:

1-Todo lo que es, es santo. No es cierto que los santos no se fijen en las cosas creadas, no comprendan o no entiendan el mundo y su gente, las cosas que suceden. No se puede amar a Dios y odiar el mundo que él creó. No van por el mundo con rostros de piedra, sin escuchar las voces de los que hablan, ríen o lloran. “Un santo es capaz de hablar del mundo sin ninguna explícita referencia a Dios, de tal modo que sus afirmaciones den mayor gloria a Dios y despierten mayor amor a Dios que las observaciones de alguien menos santo, que tenga que esforzarse por establecer una arbitraria relación entre las criaturas y Dios mediante gastadas analogías y metáforas, tan débiles que hacen pensar que algo le pasa a la religión”.

2- “Los santos saben que el mundo y todo lo hecho por Dios es bueno, mientras que los que no son santos, o creen que las cosas creadas son impías o no se preocupan por la cuestión en ningún sentido, porque solamente se interesan por sí mismos. Los ojos del santo hacen santa toda belleza, y las manos del santo consagran todo lo que tocan a la gloria de Dios, y el santo no se ofende nunca por nada ni juzga el pecado de nadie, porque no conoce el pecado. Conoce la misericordia de Dios y está en la tierra para traer esa misericordia a todos los hombres”.

3- Los seres creados dan gloria a Dios al ser aquello para lo que Dios los creó: “Un árbol da gloria a Dios, ante todo, siendo un árbol. Porque al ser lo que Dios quiere que sea está imitando una idea que está en Dios y que no es distinta de la esencia de Dios, y por lo tanto un árbol imita a Dios siendo un árbol. Cuanto más un árbol es como un árbol, tanto más es como Dios”. No hay dos seres creados que sean exactamente iguales, la individualidad no es imperfección, al contrario; la perfección está en relación con la propia identidad individual. ¿Y los seres humanos? Dice Merton: “Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerse quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser”. Es decir, las semillas plantadas en mi libertad, por Dios, a cada momento, son las semillas de mi identidad, es decir, las semillas de mi realidad, de mi felicidad, de mi santidad.

5 comentarios:

inés dijo...

Gracias p. Manuel, sí vale pena adentrarse en la vida espiritual de Merton, porque necesitamos introducir la fuerza y el impulso del Evangelio "sin ninguna explícita referencia a Dios" como muchas veces sucede con los escritos que T.M. nos dejó como legado para todos, cristianos o no cristianos.
El Buen Pastor Resucitado siga animando nuestras Vidas por sus caminos.
Saludos a todos.

SAN dijo...

Precisamente lo que más me atrae de Merton es la relevancia fundamental que asigna a la necesidad de descubrir la verdadera espiritualidad en vez de la falsa apariencia externa. La importancia de una vida auténtica. El valor de escucharnos a nosotros mismos.
Merton nos lanza una llamada universal a la santidad (la radical cordura y la fuente de la cordialidad). Una santidad de la que participa todo el que es valiente, se atreve a reconocer su realidad, y vive plenamente de acuerdo a ella.
Habla muchas veces de la necesidad de dejar de vivir en la ficción, el engaño, la falsedad. ¿Quién eres? Fue la pregunta que se instaló en el centro de su búsqueda personal más profunda.
Dijo: “Hay que permitir a Dios que nos despoje de nuestro falso yo y haga de nosotros los hombres nuevos que realmente estamos destinados a ser.”. La decisión de elegir ser hombres nuevos, reales y felices, la tomamos nosotros.

Anónimo dijo...

Un aspecto que valoro en la visión de Merton es el vínculo entre santidad e identidad. La santidad es algo relacionado estrechamente con nuestra realización como personas, no es algo sobrepuesto, sino integrado. DE ahí que la llamada a ser santos es la llamada a ser aquello para lo cual yo vine al mundo, a ser yo y no otro.

Carmen dijo...

Padre Manuel estoy de viaje pero traje conmigo un libro de Merton,
"Vida y santidad". Sigo perseverando en mi vida cristiana.Bendiciones,
CarmenZ

Anónimo dijo...

Para ser feliz hace falta ser uno mismo. Por eso es tan difícil ser feliz.
Igual para ser santo.
Hay demasiadas cadenas que nos atan a otro tipo de intereses. Y nos falta valor para romperlas.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.