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martes, 27 de diciembre de 2011

QUE TENGAS UNA BUENA NAVIDAD...

¡Cristo ha nacido hoy… es NAVIDAD!

“En Navidad, más que nunca, conviene recordar que no tenemos más luz que Cristo, que nos ha nacido hoy.
Recibamos a Cristo para que con toda verdad seamos “luz en el Señor” y para que Cristo brille no solo para nosotros, sino por medio de nosotros, y para que podamos arder todos en la dulce luz de Su presencia en el mundo: quiero decir, Su presencia en nosotros, pues somos Su cuerpo y Su santa Iglesia.
Cristo, luz de luz, ha nacido hoy, y puesto que ha nacido para nosotros, ha nacido en nosotros como luz, y por tanto, los que creemos hemos nacido hoy a una nueva luz. Eso es decir que nuestras almas han nacido a nueva vida y nueva gracia al recibirle a Él, que es la verdad.
La Iglesia nos sumerge en la Luz de Dios que brilla en la oscuridad del mundo, para que seamos iluminados y transformados por la presencia del Salvador recién nacido.
Toda la Bondad, todo el Amor, y toda la Misericordia, toda la Amabilidad del gran Dios, han aparecido ante nosotros en Cristo.
Ha abrazado nuestra pobreza y nuestra pena por amor a nosotros, para darnos Su riqueza y Su gozo. Si deseamos ver a Cristo en Su gloria, debemos reconocerle ahora en Su humildad.
Cristo ha nacido hoy en nosotros, para que aparezca al mundo entero por medio de nosotros. Este día es el día e Su nacimiento, pero todos los días de nuestras vidas mortales deben ser manifestación suya, EPIFANÍA suya, en el mundo que Él ha creado y redimido”.

Thomas Merton

sábado, 17 de diciembre de 2011

CRISTO, EL HOMBRE, LO NUEVO

“El misterio de ADVIENTO, pues, se centra en el hecho de que Dios está ahora presente en el hombre, y los hombres serán juzgados conforme a su aceptación de esta verdad crucial, en todas sus consecuencias. Lo que hacemos al hombre, se lo hacemos a Cristo”.

“Adviento significa una disposición para hacer que la eternidad y el tiempo se encuentren no sólo en Cristo sino en nosotros, en el Hombre, en nuestra vida, en nuestro mundo, en nuestro tiempo”.

“La venida del Señor, que es lo mismo que Su “presencia”, es la venida de lo nuevo, no la renovación de lo viejo”.


Thomas Merton
“Tiempos de celebración”.

JUAN DE LA CRUZ 2

“Fuera de su nativa España, San Juan de la Cruz nunca fue un santo muy popular. Su doctrina es considerada como “difícil”, y le exige a los demás la misma austeridad intransigente que él practicó durante su vida entera. Sin embargo, un estudio más ceñido a su doctrina…, probaría que San Juan de la Cruz poseía todo el equilibrio, la prudencia y la “discreción” que caracteriza a la más elevada santidad. No es un fanático aplicado a sobrecargar a sus subordinados con fardos insoportables que acabarían por reducirlos a ruinas morales y físicas. Las exigencias que formula son inflexibles en lo esencial pero flexibles en sus aspectos accidentales. Su único propósito consiste en situar al hombre entero, cuerpo y alma, bajo la guía del Espíritu de Dios. En la práctica, San Juan de la Cruz se opuso inexorablemente al formalismo y la inhumanidad de quienes comparaba con “herreros espirituales” que martillaban violentamente las almas de sus víctimas para hacerlas calzar en algún modelo convencional de perfección ascética. Sabía muy bien que este tipo de ascetismo era uno de los más defectuosos, porque a menudo era una manifestación de incorregible orgullo espiritual. La claridad y la lógica de este carmelita español, sumada a su insuperable y experimentado conocimiento de las cosas de Dios, lo sitúan de lejos como uno de los más grandes y más confiables de todos los teólogos místicos”.

“Ascenso a la Verdad”, páginas 320-323
Thomas Merton
Ed. Lumen

MERTON en ADVIENTO

Si Adviento significa espera, esperanza, confianza, corazón abierto, entrega generosa, abandono, y muchas cosas más, entonces ciertos pasajes escritos de la obra de Merton son especialmente significativos para este tiempo, litúrgico sí, pero sobre todo espiritual, emocional, porque cae justamente en el cambio de año, cuando siempre tomamos consciencia de la necesidad de ser transformados y de la urgencia de disponernos siempre al cambio interior para crecer.
En este sentido, digo, varios textos de TM son propicios para disponer el espíritu, y particularmente significaría uno, que podemos encontrar en el recién reeditado “Conjeturas de un espectador culpable” (o en los “Diarios”). Me refiero a lo que escribe Merton luego de la “epifanía de Louisville”, ese canto humanista en el que proclama: “Es glorioso destino ser miembro de la raza humana”.
También invitaría a leer el epílogo de “El signo de Jonás”, titulado “Vigilante contra el fuego”, que es todo un canto a la confianza, a estar vigilantes en medio de la noche. Ahí escribe:
“No hay una hoja de la que Tú no cuides. No hay un grito que Tú no hayas escuchado antes de que fuera proferido. No hay agua entre las rocas que no haya sido escondida allí por tu sabiduría. No hay manantial oculto que no haya sido ocultado por Ti. No hay cañada para una casa solitaria que no haya sido pensada por Ti con ese fin. No hay un solo hombre en este acre de arbolado que no haya sido hecho por Ti para ocuparlo.
Pero hay mayor consuelo en la realidad del silencio que en la mera respuesta a una pregunta. La eternidad está en el presente. La eternidad se encuentra en la palma de la mano. La eternidad es una semilla de fuego cuyas imprevisibles raíces rompen las barreras que impiden a mi corazón ser un abismo”.
Escribe aquí Merton una corta frase que me parece ideal para describir esta espera interior: “La mano está abierta. El corazón está mudo. El alma que mantiene unida mi sustancia, como una dura gema en el hueco de mi propio ser, se rendirá algún día de manera total”.

JUAN DE LA CRUZ

SAN JUAN DE LA CRUZ, según Thomas Merton.

“Cuando en 1538 Juan de Yepes conoció a santa Teresa, él tenía veintiséis años. Había estado cinco años en la Orden Carmelita, pero debido a que sus expectativas de una vida solitaria y contemplativa no iban a ser cumplimentadas bajo una regla atenuada, se estaba preparando para hacerse cartujo. Santa Teresa lo persuadió de que Dios tenía otros planes para él: no debía unirse a una de las órdenes monásticas donde la contemplación era ampliamente una cuestión de oración oral. Él no se había equivocado al hacerse carmelita: todo lo que precisaba hacer era volver al ideal carmelita original y hallaría una abundancia de oportunidades para la comunicación solitaria con Dios, junto con la mortificación que protege la “pureza del corazón” sin la cual ningún hombre puede “ver” a Dios.
A primera vista, el joven fraile carmelita no parecía el tipo de persona con quien se espera construir una orden completamente nueva. Media apenas 1, 55 metros. Tenía una actitud tímida, silenciosa, sensible y, lejos de ser comunicativo, a menudo quedaba tan abstraído que no advertía lo que los demás le decían. Sin embargo, Santa Teresa pronto descubrió que él poseía una sabiduría profunda nacida de la experiencia. Él era tan sensato como ella, y más todavía, tenía pasta de teólogo. Además, contaba con la energía y el coraje de ella, aunque él no estaba a tono con su pintoresco temperamento. Finalmente, como se verificó después, él era un poeta, uno de los más interesantes poetas en una época de genios. No obstante, esto sólo fue evidente más adelante.
El invierno de 1568-69 halló a los tres primeros frailes carmelitas viviendo en una pequeña casa de granja fuera de la aldea llamada Duruelo. Tenían pequeñas celdas en la buhardilla, y en sus horas de contemplación la nieve se filtraba por las resquebrajaduras de las tejas, durante el día predicaban por toda la campiña. Pronto se consolidaron las bases y la reforma tomó cuerpo. Pero bien antes de eso hubo que atravesar la prueba de un serio conflicto. Los inevitables celos de los miembros no reformados de una orden que atravesaba su reforma produjeron numerosos pretextos para entorpecer la obra de Santa Teresa. Como resultado de la tempestuosa elección conventual, Juan de la Cruz fue encarcelado en Toledo, donde fue bastante maltratado durante unos nueve meses. Sin embargo, en este período, escribió tres de sus más grandes poemas, que contenían la doctrina que más adelante se convertiría en tres tomos sobre la oración mística.
Tras una fuga de la prisión que en pocas palabras fue sensacional, San Juan de la Cruz retomó su reforma durante un breve pero fructífero período de trabajo y escritura, en el cual presidió otras nuevas fundaciones. A esta altura, la reforma estaba bastante bien establecida. En 1585, fue adoptado un nuevo sistema de gobierno para los Carmelitas Descalzos, y Juan de la Cruz fue nombrado como consultor del flamante consejo administrativo. El nuevo sistema no había sido diseñado por San Juan. Desde el fallecimiento de Teresa, en 1582, había surgido una nueva generación que comenzó a guiar la reforma según nuevos lineamientos. El espíritu que guió este nuevo despliegue era un banquero genovés converso, Nicolás Doria, que simplemente fue un hombre de acción. Era un asceta rígido y dominador con escaso aprecio por la contemplación, y una vez Santa Teresa comentó secamente a su respecto: “Hay ciertos tipos de santidad que yo no entiendo”.
Doria ya había sacado del medio a uno de los favoritos de Santa Teresa, Jerónimo Gracián. El turno de San Juan de la Cruz llegaría pronto. Tras cinco años como consultor, el santo fue súbitamente despojado de su cargo y destinado México. Pese a ello nunca salió de España. Su salud se deterioró por completo durante el verano de 1591. Fue hospitalizado en un convento cuyo prior disentía con él y no se abstuvo de recordarle el hecho diariamente. Falleció a finales de ese año. Fue canonizado en 1726 y declarado Doctor de la Iglesia 200 años más tarde”.

“Ascenso a la Verdad”, páginas 320-323
Thomas Merton
Ed. Lumen

martes, 6 de diciembre de 2011

ISAÍAS EN ADVIENTO

Meditaciones a partir de textos del profeta ISAÍAS, para el tiempo de ADVIENTO:

“Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor, en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos. Dirán: Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor… De las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ve, caminemos a la luz del Señor”.
(Isaías 2, 1-5)


Sión es la colina que domina la ciudad de Jerusalén. En ella se halla el templo, casa de Dios, lugar de culto y signo de su presencia. En visión profética, Isaías contempla esta colina en el momento de la intervención salvífica de Dios al final de los tiempos. Por la presencia de Yahvé en ella, Sión será el centro de la tierra, punto de atracción y cita de todos los pueblos. Desde ella se difunde el conocimiento de Dios, su palabra que ilumina a los hombres y les indica el camino de la salvación. La intervención de Dios inaugura una época de perfecta paz. Los instrumentos de guerra se transforman en aperos de labor.

“Brotará un renuevo del tronco de Jesé, un vástago florecerá de su raíz. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de ciencia y discernimiento, espíritu de consejo y valor, espíritu de piedad y temor del Señor. Nos juzgará por apariencia, ni sentenciará de oídas; defenderá con justicia al desamparado, con equidad dará sentencia al pobre… Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea… porque está lleno el país de la ciencia del Señor, como las aguas colman el mar”.
(Isaías 11, 1-10)


Este pasaje es un texto mesiánico del Libro del Enmanuel (7-11). El tronco familiar de David parece ya seco, pero Dios va a infundir en él una nueva vida. Brota un retoño, penetrado en plenitud del espíritu, germen de vida y salvación. Con él se inaugura un orden nuevo, una nueva creación. Se renuevan la paz y armonía del paraíso, desaparecen las tensiones y enemistades que hacen que la vieja creación sea un infierno. El hombre recupera la ciencia del Señor, y la nueva situación se extiende al mundo entero.

“Preparará el Señor para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera…y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lagrimas de todos los rostros”
(Isaías 25, 6-10)


Dios, un vez vencidos los enemigos, dispone un banquete abundante e invita a todos los hombres, a quienes les regala la visión de su presencia, quitando el velo que les impedía contemplarlo. Su presencia es fuente de alegría, el llanto y el dolor desaparecen, y hasta la misma muerte es aniquilada.

DIARIOS DE TM

El 10 de diciembre es una fecha fundamental en la trayectoria existencial de TM. Ese día de 1940 llegó a Getsemaní, y ese mismo día, pero de 1968, murió, lejos físicamente de allí. Por eso he querido revisar las entradas de sus diarios en torno a esa fecha, y así evocarle una vez más a 44 años de su muerte.


10 de diciembre de 1960
“Perspectivas totalmente nuevas en el tema de la soledad. Tarde en Santa María del Carmelo. Es verdad que los lugares y las situaciones no deberían ser importantes. Éste es muy diferente. Silencio real. Soledad real. Paz. Me estoy aclimatando al entorno. Delante de nosotros, el valle. Al oeste, los pinos altos y ralos; al noreste, el bosque más denso de pinos abundantes y muy juntos; al este, extensión de pastos y la línea de robles pelados; entre el este y el sur, varios bosquecillos de pinos y de chopos; l suroeste, cielo abierto a través de troncos desnudos de fresnos, olmos y robles; en esta misma dirección se encuentra el monasterio, que queda oculto tras una colina. Sobre nuestras cabezas, una gran danza del cielo. En el hogar chisporrotea el fuego. La habitación huele ligeramente humo de pino. Silencio”.

11 de diciembre de 1961
“Ayer, día de retiro, comprendí una vez más y por encima de todo mi necesidad de una humildad profunda y total, especialmente en relación con las acciones que yo pueda emprender a favor de la paz. La humildad es más importante que el celo. Anonadamiento y dependencia de Dios. De lo contrario, no hago otra cosa que combatir al mundo con sus propias armas, y en ese terreno el mundo es invencible. A decir verdad, el mundo ni siquiera tendrá que contraatacar: yo me agotaré a mí mismo y ése será el final de mis estúpidos esfuerzos. Buscar fuerza en Dios, especialmente en la pasión de Cristo”.

9 de diciembre de 1962
“¡Mañana se cumplirán veintiún años de mi llegada a este lugar! Me siento más cercano a mis comienzos que nunca, cuando en realidad tal vez me estoy aproximando a mi fin. Los himnos de Adviento resuenan como lo hicieron la primera vez, como si fueran las cosas más próximas que yo haya sentido nunca, como si esos textos hayan sido decisivos en la formación de mi corazón y de mi vida, como si yo haya recibido su forma, como si no pudiera haber nunca otras melodías tan profundamente connaturales para mí. Ellos son yo mismo, palabras y melodías y todo”.

viernes, 2 de diciembre de 2011

DICIEMBRE

DICIEMBRE:
“Acepta el desafío”.

Comenzamos diciembre, el último mes del año, que se ha ido entre las manos como agua; mes importante siempre, lleno de celebraciones, resúmenes y anhelos, y quiero evocar personas y acontecimientos.
El primer día evocamos el asesinato en Tamarasset (Argelia) en 1916 de Carlos de Foucauld, y nos unimos con grandes deseos al esfuerzo de quienes trabajan enfrentando la pandemia del SIDA, flagelo que afecta a una buena parte de la humanidad. Estar enfermo es duro, pero ser discriminado es mucho peor; las iglesias cristianas deben meditar en el efecto que a menudo causan sus pronunciamientos en torno a temas morales.
Diciembre es mes de Adviento, y también evocar a quienes nos han precedido en la fe ayuda a sostener la espera, y la esperanza. Así, Francisco Javier (3), Thomas Merton (10), Juan de la Cruz (14), Lázaro (17), Esteban (26), Juan (27), Tomás Becket (29), John Main. También evoco a familiares y amigos que este mes celebran aniversario.
Edit Stein escribió:
“Cuando los días se hacen cada vez más cortos…entonces surgen tímidamente y calladamente los primeros pensamientos de la Navidad. Es como si un cálido torrente de amor se desbordase sobre la tierra con semanas y meses de anticipación. Una fiesta de amor y alegría: esta es la estrella hacia la cual caminamos todos en los primeros meses del invierno”.
El día 10 de diciembre, aniversario de la muerte de TM, también es el Día mundial por Derechos Humanos, y el 18 me gusta evocar a María como Señora de la Esperanza. En la noche del 24, nochebuena, celebro aniversario de bautismo y comunión, y el 27 cumple años Joan Manuel Serrat, tengo que recordarlo porque sus canciones me han acompañado y enriquecido a lo largo de casi toda mi vida.

“¿A dónde nos conduce Dios? No lo sabemos. Sólo sabemos que nos conduce”.
(Edith Stein)

Y el 25, por supuesto, la NAVIDAD CRISTIANA, que de una manera tan diversa ha impregnado la cultura occidental.

LAS CLAVES DEL ADVIENTO

Ahora que volvemos a comenzar el año litúrgico cristiano, con las cuatro semanas de preparación a la Navidad, revisemos las claves que en esencia están de fondo en los textos bíblicos que propone la Iglesia, ampliando su comprensión desde la propia vida, por supuesto. Es que la fe es algo vivo y no un depósito inamovible que contemplamos desde la cerca; de ahí que cada año queda algo por descubrir.
La palabra que engloba el espíritu del último mes del año en clave cristiana es “espera”, y desde ahí, “esperanza”; se nos invita a prepararnos, a estar despiertos, alertas, que es igual a decir: “vivos”. No hablamos simplemente de preparar “esta navidad”, eso es sólo el motivo exterior, accidental, sino de estar siempre preparados al nacimiento de lo nuevo en nuestra vida, de celebrar siempre lo nuevo que acontece si estamos despiertos. No hay frase bíblica que escuche yo con más entusiasmo que la que afirma de parte de Dios: “He aquí que yo lo hago todo nuevo”.
Veamos lo que trae como propuesta el evangelio que leemos en la Eucaristía de estos cuatro domingos, en frases que intentan resumir el sentido del texto completo:
1- “Vigilen, pues nadie sabe cuándo es el momento”.
2- “Envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar el camino…una voz que clama en el desierto”.
3- “En medio de ustedes hay uno que no conocen”.
4- “Ninguna cosa es imposible para Dios”.

Si leemos con detenimiento las frases anteriores, y miramos más allá de su significado inmediato, descubriremos intuiciones fundamentales de toda vida espiritual; podemos ahondar en cada una de ellas a lo lago de la semana correspondiente, y dejar que su eco resuene, desde la mente al corazón, y se haga carne, para que esta escucha atenta a lo interior prepare sitio al despertar de la Vida en nosotros.
La primera clave será pues, esta: solemos andar por la vida a medio gas, dormidos, aletargados, conformados, temerosos de perder lo que tenemos, las seguridades a las que nos aferramos. Tenemos que despertar, estar alertas, vigilantes, para poder descubrir la Verdad de la Vida que nos ofrece Dios. Nadie sabe por quién ni de dónde vendrá el despertar.
La segunda clave es una invitación al encuentro con el otro o la otra, nuestros semejantes, pues es a través de ellos que Dios suele hablar, ellos son los mensajeros, ellos son los ángeles. A menudo es un encuentro o una palabra dicha la que disipa la bruma y nos abre a lo nuevo, a la vida.
La tercera clave es el desafío de encontrar lo nuevo en medio de lo cotidiano, incluso de la rutina; siempre está ahí, pero no podemos verlo porque estamos dormidos. De ahí que en sucesión de acontecimientos, despertar suponga encuentro y revelación.
Y la cuarta clave es la confianza, la certeza, de que todo es posible. Y tenemos que abrazar no sólo cada año, cada mes, sino cada día, cada minuto, como un verdadero regalo, preñado de posibilidades.
A través de estas cuatro claves encontraremos el sentido auténticamente cristiano de la Navidad, lo que significa celebrar el nacimiento de Jesús en nuestra carne.

DIARIOS DE TM

El 10 de diciembre es una fecha fundamental en la trayectoria existencial de TM. Ese día de 1940 llegó a Getsemaní, y ese mismo día, pero de 1968, murió, lejos físicamente de allí. Por eso he querido revisar las entradas de sus diarios en esa fecha, y así evocarle una vez más a 44 años de su muerte.

11 de diciembre de 1958

El nuevo fervor no estará enraizado en el ascetismo, sino en el humanismo. Lo que ahora ha empezado tiene que crecer, pero no debe buscar nunca la espectacularidad ni preocuparse por llamar la atención, que es lo que inconscientemente hice yo en aquella época, proclamando mi condición de poeta y místico. Ambas cosas eran probablemente verdad, pero no lo suficientemente profundas, porque entonces eran actitudes excesivamente conscientes en mí. Tengo que escribir y hablar, no como el individuo que se ha distanciado del mundo y desea que el mundo lo sepa, sino como la persona que se ha perdido a sí misma al servicio de la inmensa sabiduría del plan de Dios de revelarse a Sí mismo en el mundo y en el hombre. ¡Cuánto más grande, más profundo, más noble, más auténtico y más escondido resulta este nuevo misticismo, que no se presenta ya como algo trascendente sino ordinario!


10 de diciembre de 1959

Finalmente, he encontrado tiempo para leer el admirable librito de Josef Pieper, Leisure, the Basis of Culture (El ocio, base de la cultura). Es muy solido, e independientemente de sus falsos puntos de vista no deberíamos tachar de pagana su visión de la contemplación, como si eso hubiese de excluir la contemplación cristiana. Una cosa es segura: en este monasterio no tenemos de hecho fe alguna en el valor básico del otium sanctus, el santo ocio. Nosotros únicamente creemos en lo difícil y lo desagradable. Éste es el motivo por el que nosotros, en la práctica, odiamos la vida contemplativa y la destruimos con una actividad ininterrumpida.
Ellos han fomentado la mecanización en el edificio dedicado a la fabricación de quesos. Todo el mundo estaba emocionado con los pedidos. “Yo vi uno saliendo para la señora Irving Berlin”, dijo un atemorizado novicio. Finalmente, hemos justificado nuestra existencia.

ESPERAR...

APRENDER A ESPERAR (Henri Nouwen).

Una espera activa.
Esperar resulta esencial para la vida espiritual. Pero esperar como discípulo de Jesús no es una espera vacía, sino una espera con una promesa en nuestro corazón que hace ya presente lo que esperamos. Durante el Adviento esperamos el nacimiento de Jesús. Después de Pascua esperamos la venida del Espíritu y después de la Ascensión de Jesús esperamos su nueva venida gloriosa. Siempre estamos esperando, pero es una espera vivida en el convencimiento de que ya hemos visto las huellas de Dios. Esperar a Dios es una espera activa, alerta, ¡sí, gozosa! Mientras esperamos recordamos a aquel que creó una comunidad preparada para darle la bienvenida cuando Él venga.

Esperar con paciencia.
¿Cómo esperamos a Dios? Esperamos con paciencia. Pero paciencia no significa pasividad. Esperar pacientemente no es como esperar el autobús, o que deje de llover, o que salga el sol. Se trata e una espera activa en la que vivimos el momento presente al máximo para encontrar en él las señales de Aquel que estamos esperando.
La palabra paciencia viene del verbo latino patior, que significa padecer. Esperar pacientemente significa padecer por el momento presente, saboreándolo plenamente, dejando que crezcan las semillas que están plantadas en el suelo que pisamos hasta convertirse en plantas resistentes Esperar pacientemente siempre significa prestar atención a lo que está ocurriendo ante nuestros propios ojos y ver en ellos los primeros rayos de la gloria venida de Dios.

Esperar expectantes.
Esperar pacientemente a Dios supone una gozosa expectativa. Sin una expectativa, nuestra espera puede quedar atrapada en el presente. Cuando esperamos expectantes nuestro entero ser permanece expuesto a verse sorprendido por la alegría.
A lo largo de los Evangelios Jesús nos pide que nos mantengamos despiertos y estemos alerta. Y San Pablo dice: “Ya es hora de levantarnos del sueño, pues nuestra salud está ahora más cerca que cuando empezamos a creer La noche está avanzada y se acerca ya el día. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistamos las armas de la luz” (romanos 13, 11 y 12). Es esta expectativa gozosa de la venida de Dios la que ofrece vitalidad a nuestras vidas. La expectativa del cumplimiento de las promesas que Dios nos hizo a nosotros nos permite prestar plena atención al camino que estamos recorriendo.

Henri Nouwen
“”Pan para el viaje”
Obelisco, 2001

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.