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sábado, 3 de agosto de 2013

VIDA INTERIOR.

"La soledad hay que preservarla, no como un lujo sino como una necesidad: no tanto para la `perfección´ sino simplemente para `sobrevivir´ en la vida que Dios te ha dado".
(Conjeturas, pág. 91-92).
 
"El arte de cultivar la soledad y la oración contemplativa, funcionando en un contexto cristiano, conlleva que las relacionemos con el bien del prójimo y de Dios. El descubrimiento de que la contemplación es precisamente una forma de amar al prójimo nos permite asegurarnos de que vamos por el camino correcto si queremos dedicar nuestro ser a conseguir una vida interior con vida. Merton sabía perfectamente que el propósito de la soledad y el silencio es el de intensificar la participación en el proceso de transformación de lo dones del Espíritu en nuestro ser, convirtiéndonos en auténticos hijos de Dios en Cristo. Para un monje es fundamental tratar de olvidarse de ocupaciones ociosas y de relaciones que interfieren en su compromiso sincero de trabajar de forma creativa por identificarse como hijo de Dios. Este proceso de transformación conlleva un intercambio dialéctico entre el ser trascendente y el Espíritu de Dios que se comunica con nosotros en el centro más profundo de nuestro ser. Merton estaba plenamente convencido de que la vida monástica, con su soledad, silencio, meditación, estudio y lectura litúrgica, trabajo manual y vida comunitaria, existía por el bien de esta reforma de la persona interior. Cuando adquirió más experiencia, pudo entonces entender que éste era el propósito último en la vida de cada ser humano. Los monjes tienen una forma particular de trabajar por este propósito, una forma que ofrece múltiples y continuas ayudas para lograrlo, pero no tienen el monopolio de ninguno de los elementos esenciales en esta tarea radicalmente humana. Cada verdadera vocación tiene sus propios medios para conseguir este objetivo. Puede perfectamente medirse el estado de salud de una sociedad o estilo de vida según contribuyan a lograr este propósito".

John Eudes Bamberger.

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.