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lunes, 2 de marzo de 2009

Otra mirada sobre la santidad (3)


"Antes de poder seguirlos (a los santos), debemos conocer sus historias. En es­te libro he compilado una lista de hombres y mujeres cuyas vidas y mensajes ha­blan, según creo, a las necesidades espirituales de hoy en día. Son figuras anti­guas y contemporáneas, e incluyen tanto a quienes han sido canonizados en for­ma oficial por la Iglesia, como a los que no lo han sido. Es mi objetivo, en par­te, incitar al redescubrimiento de muchas figuras familiares de la historia cristia­na, mostrar su creatividad, su coraje y su imaginación frente a los desafíos histó­ricos; subrayar los aspectos de sus vidas o mensajes que hablan a las preocupa­ciones contemporáneas; y sobre todo, mostrar que su santidad no fue simplemen­te un atuendo que usaban sino una cualidad que se expresó a través de la lucha y el conflicto, a lo largo de todas sus vidas. Pero tengo, asimismo, otra intención. Al explorar una serie de vidas que exceden el canon oficial de los santos, espero extender la comprensión popular de la santidad como tal.
La Iglesia no pretende que su lista o "canon" agote el número de santos rea­les. Hay incontables hombres y mujeres cuya santidad sólo Dios reconoce. La Iglesia los conmemora junto con los "santos oficiales", el 1 de noviembre, en la fiesta de Todos los Santos, de donde surge el título de este libro.
El proceso de "hacer santos" ha tenido una evolución considerable en los últimos dos mil años. En los primeros siglos, la canonización estaba, en gran parte, sujeta a la aclamación popular: eran las personas de la Iglesia local las que proclamaban que habían tenido a un santo en medio de ellas. A lo largo del tiempo esto fue reemplazado por un proceso burocrático y muy bien organiza­do, centralizado en el Vaticano. Hoy en día, antes de que una persona pueda ser declarada "beata" (beatificada) o declarada santa en forma oficial, sus vidas y escritos deben ser examinados a fin de encontrar evidencias de virtud heroica u ortodoxia doctrinaria; finalmente, se les debe acreditar algún milagro. Mien­tras este elaborado proceso subraya la solemnidad de las declaraciones de la iglesia, tiende a influenciar la selección de candidatos para la canonización. Si el canon de santos, especialmente en tiempos modernos, está superpoblado de miembros de las órdenes religiosas, esto refleja, en gran parte, el hecho de que tales congregaciones han tenido el tiempo y los recursos necesarios para invertir en un largo proceso de canonización. El proceso oficial ha sido notoriamente débil en promover ejemplos de santidad laica, ha tendido a reconocer las formas convencionales de piedad, y a evitar las figuras proféticas que incomoda­ban a las autoridades religiosas de su tiempo. Finalmente, el peso otorgado a los milagros tiende de tal manera a reforzar ese sentido de "otredad" de los san­tos, que contribuye a minar el poder de su ejemplo: "eran santos; no es lo mis­mo para nosotros...." (Continuará)
Les recuerdo que este texto que estamos compartiendo es parte del prólogo del libro "TODOS LOS SANTOS", preparado por Robert Ellsberg, y publicado por LUMEN.

2 comentarios:

SAN dijo...

En este fin de semana en Madrid, entre otras graficaciones espirituales, he recibido el regalo de este libro (comenté algo sobre él y alguien que ya lo había leido me lo dio).
Me resulta muy interesante, porque creo que va a cambiar mi acercamiento al tema de la santidad.

Manuel. dijo...

Me alegro mucho por tí, verás que es un regalo para el espíritu, y un estímulo para la vida cotidiana.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.