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jueves, 5 de marzo de 2009

Otra mirada sobre la santidad (4)


"Estoy convencido de que muchas personas poseen una habilidad instintiva para reconocer la santidad heroica cuando la ven. Independientemente de un proceso oficial, reconocen que hay ciertas personas cuyas vidas proclaman, de alguna manera extraordinaria, el misterio del evangelio. Algunas son personas que podrían muy bien ser candidatas a la santi­ficación. El arzobispo Oscar Romero, Thomas Merton, y Dorothy Day, son unos pocos ejemplos de tiempos recientes. Pero mi lista incluye otras, tales como el : teólogo mártir Dietrich Bonhoeffer, o Albert Schweitzer o el metodista John Wesley, quienes, por no haber sido católicos, jamás serían elegibles para una ca­nonización formal. No resulta difícil argumentar que estas vidas son una inspira­ción más auténtica para los cristianos contemporáneos que la memoria de mu­chos santos de hace tiempo.
Luego están los que no son cristianos, como Gandhi, o el profeta judío Abra­ham Heschel, o incluso los moralistas no religiosos como Albert Camus, cuyo impacto en la espiritualidad y la ética cristianas, ha igualado, indiscutiblemente, el de cualquier cristiano ortodoxo de nuestro tiempo. Al incluirlos en una lista ampliada de "santos", mi intención no es de arrastrarlos por la fuerza al redil cristiano, sino apuntar en la dirección del Dios que (de acuerdo con san Juan) es "más amplio que nuestros corazones". Como Heschel escribió: "La Santidad no es monopolio de una religión o tradición en particular. Dondequiera que se obre de acuerdo con la voluntad de Dios, dondequiera que un pensamiento humano se dirija a Él, hay santidad."
La cuestión más molesta para algunos lectores, será la inclusión de algunos hombres y mujeres que no representan una norma común de santidad. Si este presenta un problema, es posible que surja de nuestra tendencia a igualar la santidad con la perfección moral. Es de notar que este tipo de ecuación era algo desconocido para los autores de las Escrituras. La mayoría de los héroes bíblicos, incluyendo a Abraham, Jacob, Moisés y David, están, de varias maneras, llenos de faltas. Lo mismo puede decirse de los discípulos más cercanos de Cristo. Y, sin embargo, Cristo mismo dijo que quienes daban de beber a un extranjero sediento o visitaban a un prisionero en la cárcel, eran bienaventurados. Es seguro que en la "comunión de los santos", los hay cuyas aparentes debilidades servían de disfraz a la grandeza espiritual interior, pero cuyo testimonio, sin embargo, fue redimido por una sola gran acción, algún don especial, o simplemente por la ho­nestidad de sus intenciones. Estas vidas también traen algún mensaje acerca del desafío de la fe en nuestros tiempos".


Seguimos compartiendo parte del prólogo del libro "Todos los Santos", de Robert Ellsberg, publicado por Lumen.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que está bien confrontar al cristiano con otros modelos que, si de hecho no son propiamente cristianos, son por su vida, su conducta, netamente evangélicos. El pensamiento cristiano de las últimas décadas se ha visto iluminado por muchos de ellos: Gandhi, Simone Weil, y otros.

Anónimo dijo...

Entiendo que la Iglesia ha de buscar sus santos entre los propios, es lo natural; personas ejemplares en la vivencia de la fe. También creo que no está mal estar abiertos a otros modelos también, aunque no sean católicos, o cristianos. Pueden ayudarnos a discernir mejor lo nuestro, confrontarnos y sacarnos de la rutina o el acomodamiento. La santidad, se mire como mire, siempre es un desafío.

SAN dijo...

La oración de Mahatma Gandhi

Mi Señor...
Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes
y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.
Si me das fortuna, no me quites la razón.
Si me das éxito, no me quites la humildad.
Si me das humildad, no me quites la dignidad.
Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla,
no me dejes inculpar de traición a los demás
por no pensar igual que yo.
Enséñame a querer a la gente como a mí mismo.
No me dejes caer en el orgullo si triunfo
ni en la desesperación si fracaso.
Más bien recuérdame que el fracaso
es la experiencia que precede al triunfo.
Enséñame que perdonar es un signo de grandeza
y que la venganza es una señal de bajeza.
Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso.
Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme
y si la gente me ofende, dame valor para perdonar.
¡Señor... si yo me olvido de ti, nunca te olvides de mí!

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.