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jueves, 28 de marzo de 2013

PASCUA: LA NUEVA VIDA (2)

"La Cuaresma nos ha invitado a cambiar nuestros corazones, a realizar en nosotros la metanoia cristiana. Pero al mismo tiempo la Cuaresma nos ha recordado, quizá con demasiada claridad, nuestra impotencia para cambiar nuestras vidas de ningún modo. La Cuaresma en el año litúrgico desempeña el papel de la Ley, el pedagogo, que nos convence del pecado y nos inflige la abrumadora evidencia de nuestra propia nada. Por eso nos intranquiliza y nos impresiona, despertando en nosotros quizá alguna sensación de ese temor existencial de la criatura cuya libertad la suspende sobre un abismo que puede ser una infinita falta de sentido, una desesperación sin límites. Ése es el fruto de esa Ley que juzga nuestra libertad junto con su impotencia para imponer pleno significado sobre nuestras vidas meramente por adaptarse a un código moral. No hay nada más que eso?
 Pero ahora el poder de la Pascua ha irrumpido sobre nosotros con la resurrección de Cristo. Ahora encontramos en nosotros una fuerza que no es nuestra, y que se nos da libremente siempre que la necesitamos, elevándonos por encima de la ley, dándonos una nueva ley que está oculta en Cristo: la ley de su amor y misericordia hacia nosotros. Ahora ya no nos esforzamos en ser buenos porque tengamos que hacerlo, porque sea una obligación, sino porque nuestra alegría es complacer al que nos ha dado todo su amor: ahora nuestra vida está llena de sentido.
 La Pascua es la hora de nuestra liberación; de qué? Precisamente, de la Cuaresma y de su dura Ley, que acusa y juzga nuestra debilidad. Ya no estamos bajo la Ley.  !Estamos liberados del duro juicio!".

Thomas MERTON, "Tiempos de celebración"

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.