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miércoles, 27 de marzo de 2013

PASCUA: LA NUEVA VIDA (1)

"La Pascua no se entiende suficientemente si pensamos en ella sólo como la época en que reafirmamos nuestra creencia de que Cristo resucitó de entre los muertos. Que el hecho histórico de la resurrección sea la clave de toda la construcción de la fe cristiana no llega a ser suficiente razón para que la Pascua sea esa fiesta grande que es.
La Pascua no es un día comparable al 4 de julio, aunque con toda verdad sea la celebración de nuestra libertad cristiana. Pero esa celebración no recuerda meramente el acto por el que somos liberados, sino, que reaviva nuestra misma libertad, en la renovación del misterio en que llegamos a ser libres.
 En todo caso, el misterio de Pascua no se celebra sólo en Pascua, sino en todos los días del año, porque la Misa es el Misterio  Pascual. El tiempo de Pasión, la Semana Santa, la Pascua y los cincuenta días santos de la época de Pascua, que culminan con la celebración de Pentecostés, se combinan todos para extender ante nosotros el misterio de Pascua en su momento con todo detalle: pero la plenitud del Viernes Santo, Pascua y Pentecostés también se condensa en el ámbito de la misa de cada día. Pues cada vez que participamos en los Misterios sagrados, la Pascha Domini (el paso del Senor), morimos con Cristo, resucitamos con Él y recibimos de Él el Espíritu de Promesa que nos transforma y nos une al Padre en y por medio del Espíritu Santo".


Thomas MERTON
"Tiempos de celebración"

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

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