Seguidores

martes, 17 de septiembre de 2013

ATRAVESANDO EL PROPIO PANTANO

"Respeto tu sentimiento sobre que los monjes, zen y otros, dan una impresión de hubris (arrogancia) al vivir apartados en un carril especial y ponen a todo el mundo al costado. O meramente proclaman que tienen la respuesta. Yo mismo me siento de igual modo ante los monjes que realmente lo hacen, y hay muchos así. Pero una vez más, como ruego desesperado, espero que alguien vea por fin que no soy uno de ellos (aunque en el pasado lo he sido, de modo que merezco lo que se diga al respecto). El asunto de la castidad es mucho más complejo que eso. Primero de todo, no es cuestión de purgar negativamente todo deseo sexual, aunque muchos lo hacen o tratan de hacerlo. Apropiadamente, debería ser un largo y duro trabajo de sublimación: y sin duda pocos de nosotros lo conseguimos por completo. En todo caso, yo nunca llevé o preconicé una vida totalmente desencarnada. Estuve enamorado antes de ingresar al monasterio y también he estado enamorado desde entonces (¡aunque bastante acotado por las restricciones!) y al final he llegado a una posición donde me niego a generalizar y sobre todo sé que no tengo las Grandes Respuestas (¿quién las tiene?). Y anhelo que todos cesen de deducir que yo pretendo que mi vida sea alguna especie de crítica de la de ellos. Ni por un momento presumo que el plano en el cual vivo es más elevado o mejor que el de cualquier otro, de hecho yo sé que sería un callejón sin salida y un enorme error, pero dado que honestamente pienso que es mi destino (llámalo así, si quieres),  he decidido, y a menudo, una y otra vez, que debe ser aceptado por lo que vale y aprovecharlo al máximo. Supongo que soy moderadamente feliz con ello y que soy capaz de darle algo a otra gente desde donde estoy. El punto es que esta especie de disposición brinda cierta libertad, y que si un individuo quiere elegir esto y vivir de acuerdo con ello, sería malo para él ser forzado  para conformar a otros que no lo deseen. La gente que desea y necesita esta especie de soledad (siempre hay alguien así) debería ser capaz de encontrarla y permanecer en ella, aunque deberían hacerlo sin despreciar a los otros y sin volverse vanos en base a supuestos logros (tal vanidad vacía todo de inmediato, de todos modos). Puesto que éste no es obviamente tu menú, puedo entender que te repela o que te deje indiferente. Sin embargo, el vado pantanoso al que te refieres es común para todos y no hay escapatorias para los monjes: cada cual tiene que atravesar su propio pantano tan honesta y completamente como pueda. Lo único que no debe hacerse es convertir en virtud el acto de hundirse".

Thomas Merton, carta a Clayton Eshleman, 1966.


1 comentario:

Manuel dijo...

También a Clayton Eshleman, en la misma línea del texto compartido, le dice:

"En cuanto a las diferencias entre nosotros, tú eres quien parece preocupado por ellas. Tal vez ayudaría distinguir entre las diferencias del grupo con el cual estoy asociado y mis diferencias. Ellas no son las mismas. No debo ser identificado simplemente con un equipo y me molesta cuando lo haces. Entonces me pongo a la defensiva por ello, y eso hace que la diferencia luzca mayor de lo que es. Pero por supuesto diferimos y no veo que haya nada errado o sorprendente en ello. Difiero de un gran número de personas, y de hecho hay muy pocos con quienes coincido en un total de áreas diferentes al mismo tiempo".

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.