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lunes, 14 de enero de 2013

DEFENDER LA DIFERENCIA

"Definitivamente no soy una parte armoniosa de esta sociedad; pero el hecho de ser considerado como una parte de ella al menos testimonia el hecho de que todavía existe un mínimo de libertad y del poder de expresar los propios pensamientos, aunque lo que uno diga no sea siempre aceptado.
 Me parece que probablemente éste sea el sitio del escritor e intelectual cristiano en cualquier lugar del mundo. Pienso que tenemos que ser muy cuidadosos con nuestra honestidad y nuestra negación a ser arrastrados por grandes grupos hacia sistemas monolíticos. Tenemos que cuidar y defender nuestra excentricidad, incluso cuando se nos recuerda que se trata de un lujo sacrificable, de una falta de moderación".

Thomas MERTON, Carta a Napoleón Chow, diciembre de 1962.

2 comentarios:

Cor Ad Cor dijo...

Hace falta gente que apueste por salir de la uniformidad, hace falta gente que no se adapte, que se rebele. Sin esa gente que arriesga por lo distinto, por lo nuevo, se marchita la esperanza de la utopía, perdemos el horizonte de futuro y corremos el riesgo de entregarnos al desamparo inmovilizador o a la resignación estéril.
Indignación y rebelión son la Epifanía cristiana del hoy. Y sobre todo en las mujeres, y más aún en las que están dentro de la iglesia en congregaciones religiosas.

Pablo P. dijo...

Hoy la iglesia universal necesita un urgente e importante cambio y, en particular, la iglesia latinoamericana debe escuchar nuevas voces, sea en su interior, sea de la sociedad: una liturgia más en sintonía con las riquísimas culturas locales; un mayor protagonismo y participación de los laicos y de las mujeres en la vida y en las decisiones eclesiales; un repensamiento del ejercicio de la autoridad del magisterio; una revisión de muchas definiciones morales (con respecto a la familia, a las orientaciones sexuales, a los divorciados…); el papel y la eclesialidad de ciertos movimientos religiosos; la relación de la iglesia con los pobres y también con las estructuras del poder político y económico; la búsqueda de mayor comunión ecuménica y con otras religiones; la presencia profética de la iglesia frente a los múltiples problemas sociales, ambientales, estructurales; el diálogo con las culturas; el papel de la teología en la iglesia y en la sociedad; los ministerios reformados y abiertos a la mujer y a los casados; las prioridades centrales de la fe en relación a las leyes eclesiásticas; la relación de la fe con la ciencia y la tecnología; la incisividad de la evangelización; el fenómeno del ateísmo…
El pobre no es una idea, es gente, persona concreta que sufre. Es urgente retomar el anuncio de Jesucristo, porque nos damos cuenta que esa categoría es amplia y va más allá de los datos estadísticos de la economía. Hay, efectivamente, en América Latina una nueva realidad y, en algunos países, pobreza-hambre-miseria han dado lugar a las nuevas clases con cierto poder adquisitivo. Algunos gobiernos progresistas lograron realizar avances significativos.
Por lo tanto, la sociedad es más compleja y nuestro análisis debe alcanzar mayor profundidad. De hecho, una persona es no sólo economía y consumo; tiene aspiraciones profundas y esenciales en sí misma que se realizan a través de los elementos género, etnia, cultura. Cuando esta realización es negada se crea una multitud de nuevos pobres y excluidos, miles de millones de personas que muchos sectores de las iglesias ignoran por completo y consideran, tal vez, como simples efectos secundarios de un proceso social.
Los cambios estructurales y profundos, en la iglesia y en la sociedad, solamente serán producidos y sostenidos si se da una multitud de hombres nuevos y mujeres nuevas, honestos y competentes, como protagonistas de este proceso. Comenzando por nosotros mismos. SEAMOS DIFERENTES y hagamos una IGLESIA DIFERENTE.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.