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miércoles, 28 de febrero de 2007

Invierno y Primavera.

"Pues el tiempo que nunca descansa conduce al verano hasta el atroz invierno y ahí lo confunde, la savia puesta a prueba por la escarcha, y las carnosas hojas desaparecidas, belleza recubierta de nieve y desnudez por todas partes". Shakespeare, soneto 5. A menudo es inevitable sentirse abrumado por las cargas de la vida y nuestra vida asemeja a un interminable invierno. Pero la fe es creer que por cada invierno hay una primavera. Me ha gustado lo que leí en TIEMPOS DE CELEBRACIÓN acerca de que la CUARESMA era llamada por los antiguos "Verum Sacrun", la Primavera sagrada de la Iglesia, y lo he tomado como motivación para este ciclo pascual. Aun bajo el hielo la semilla espera al primer rayo de sol para asomar su cabecita y florecer. Esa es nuestra tarea en este mundo: FLORECER. Por eso, si como yo, pasas unos días difíciles no vayas a pensar que no hay remedio para tanto frío interior, CONFÍA, que tras el invierno, siempre regresa la primavera de Dios para que podamos florecer.

martes, 27 de febrero de 2007

Este blog sigue en construcción.


Bueno, como pueden apreciar, hay algunos cambios en el diseño de la página. Sucede que cuando empecé sabía poco de esto, pero algunos amigos van ayudándome a descubrir nuevas opciones y creo que va mejorando. Por lo menos eso creo yo, aunque no estoy todavía seguro, seguro del todo del modo actual en que aparece, digo, la plantilla. Me parece que ahora es más alegre, tiene más colores, y resulta en general más atractiva, aunque les aseguro que echo de menos el sepia. En fin, que estoy como un niño con un juguete nuevo, disfrutando mucho con mi blog y con poder compartir lo que hago y conozco acerca de TM y otros autores espirituales. Ahora a esperar a ver si me leen, y esa es otra historia.

Thomas Merton, una mirada.(1)


Thomas Merton es uno de los maestros espirituales católicos del pasado siglo más conocidos, leídos y publicados actualmente en el mundo. Sus libros aparecen regularmente en importantes editoriales, se realizan congresos para estudiar su obra, y las páginas Web que hablan sobre él son incontables. Próximamente en Ávila, en el Centro de Estudios Místicos de esa ciudad española, volverán a tomarlo como punto de referencia para una cita dedicada al estudio y la oración. Por todo lo anterior hemos querido en los últimos años promover el conocimiento de la obra de Merton en las personas de nuestro entorno, y tenemos la esperanza de que a nivel de iglesia en Cuba le dediquemos en algún momento un espacio de reflexión dado el vinculo que con nuestra tierra mantuvo Merton durante muchos años, desde aquella primera visita que hizo como peregrino a la isla para visitar el Santuario de Nuestra Señora del Cobre, en la entonces más oriental de nuestras provincias.
Las razones que me mueven a todo lo anterior son las que deseo exponer en este trabajo, entre las que destaca su humanismo, de hondas raíces cristianas. Merton fue, también, un promotor de la vida contemplativa, consiguiendo que los jóvenes de su tiempo acudieran en masa a los monasterios para buscar a Dios en el silencio y la soledad, gracias a su autobiografía: “La Montaña de los siete círculos”. Pero esa contemplación no suponía desprecio de lo humano, ni tampoco un desentenderse de los problemas de su mundo. Tras un primer período, en el cual Merton asumió la habitual postura radical de los conversos, Merton se convirtió en voz que, desde la fe y la consagración a Dios, clamaba proféticamente por la paz en un mundo amenazado por la guerra fría y la hecatombe nuclear. Desde esta visión escribió: “Solo lo que es auténticamente humano cuadra para ser ofrecido a Dios”, o también “No podemos ser santos si no empezamos siendo por encima de todo humanos”, porque “El nuevo fervor no estará enraizado en el ascetismo, sino en el humanismo”.
La visión contemplativa de Thomas Merton tenía como características propias el estar fundada en una amplia cultura general y un hondo conocimiento de la tradición cisterciense. Merton era un intelectual antes de su conversión, un artista, un poeta, y luego se ocupó de leer muchísimo todas las obras de autores cistercienses y cristianos en general que de alguna manera trataron acerca de la oración y la vida interior. Incluso ya desde el comienzo de su caminar en la iglesia Merton encontró diversas tradiciones que le ayudaron a discernir mejor su vocación, y dejaron una honda y valiosa huella en su espíritu. Fue en su época de estudiante universitario cuando conoció a un extraño personaje hindú llamado Bramachari al que acudió para pedirle consejo referente a lecturas espirituales y este le aconsejó que leyera las “Confesiones” de San Agustín y “La Imitación de Cristo”. Otros autores que entonces Merton leía eran Etienne Gibson y Wiliam Blake, a quien dedicó su tesis universitaria ; y luego Jacques Maritain. Todos ellos le abrieron a Merton definitivamente el camino de la fe en la Iglesia y contribuyeron a preparar su intelecto para la conversión que estaba experimentando, y que culminaría con su bautismo en la Iglesia Católica.


Otro elemento esencial al camino vocacional de Thomas Merton fue indudablemente su inconformidad con lo hecho, su búsqueda constante de algo más, su sentido crítico para consigo mismo y para cuanto le rodeaba. Merton era un hombre en camino, que desde su silencio y su enorme capacidad para escribir y escribir buscó el rostro de Dios, tanto en la soledad y en el silencio como en el rostro sufriente del mundo al que pertenecía. El compromiso social de Merton era parte de su consagración y su vivencia contemplativa, y en algún momento afirmó con sabiduría: “No creo que ser monje signifique vivir en la luna”. A menudo existieron tensiones entre él y sus superiores, pero su confianza en la misericordia de Dios obrando en su vida hizo que aceptara siempre la voluntad de estos como la voluntad de Dios para él, aun en medio de dudas y anhelos interiores. Ese luchar contra las propias ilusiones que mediatizan a menudo nuestra entrega al proyecto de Dios le hizo afirmar:

“ Esta es la peor ambigüedad: la impresión de que uno puede ser groseramente infiel a la vida, a la experiencia, al amor, a otras personas, al sí mismo más profundo, y, sin embargo, obtener la “salvación” por un acto de terca conformidad, por la voluntad de ser correctos” (Diarios II)

lunes, 26 de febrero de 2007

La aventura cubana de Thomas Merton (III)


Las Ciudades que T. Merton visitó:

Decíamos antes que Merton en su recorrido a lo largo de toda nuestra isla había visitado cuatro grandes ciudades: Matanzas, Camaguey, Santiago de Cuba, y por supuesto, la Habana, capital del país. Veamos algunas impresiones suyas de estos lugares.

En Matanzas: La ciudad en la que he vivido los últimos seis años, cruzada por ríos, y bañada por el mar; la Atenas de Cuba. A esta ciudad llegó Merton en el año 1940, y en su autobiografía nos habla de ella.: llegó en ómnibus, rezando rosarios y contemplando el paisaje cubano. No nos dice Merton aquí el tiempo que estuvo en cada ciudad cubana, y tampoco he podido precisar el tiempo exacto que permaneció en la isla. (Tal vez algún lector me ayude a precisar muchos de estos datos que recojo acá).
De Matanzas narra su visita al paseo que está en el centro de la ciudad y que es conocido como Plaza de la Libertad, en cuyo centro hay una estatua de Martí y una figura femenina que lleva unas cadenas rotas en las manos. Merton habla de una costumbre de aquel entonces: “Toda la población daba vueltas y más vueltas alrededor de la plaza en el frescor de la noche, los hombres en una dirección y las muchachas en otra.”
Aquí también encontró gente afable y acogedora; escribe “… inmediatamente me hice amigo de cincuenta y una personas diferentes e todas las edades”.

¿Qué anécdota cuenta Merton de su estancia en Matanzas? “La noche acabó haciendo yo un largo discurso en español mal pronunciado, rodeado de hombres y muchachos, en una multitud abigarrada que incluía a los rojos de la población y a sus intelectuales, a los graduados de la escuela de los padres Maristas y algunos estudiantes de derecho de la Universidad de la Habana. El tema era la fe y la moral e hizo impresión, y, de rechazo, su aceptación por parte de ellos produjo una gran impresión en mí también, pues muchos de ellos se alegraban de que alguien, un extranjero, viniera a hablar de estas cosas, y oí a uno que acababa de unirse a la multitud que decía: -¿Es católico ese norteamericano? –Hombre, dijo el otro, - es católico y un católico muy bueno. El tono en que dijo esto me hizo tan feliz que, cuando fui a acostarme, no podía dormir”.

El poeta cubano Cintio Vitier, que mantuviera relación epistolar con Thomas Merton, precisó que el hotel en el que Merton durmió en Matanzas era, indudablemente, el Hotel Louvre. Yo estuve curioseando en la Biblioteca de la ciudad, en los periódicos de la época, por si alguno había recogido el incidente que cuenta Merton, pero nada encontré al respecto; aunque fue útil para comprender el ambiente político y social que este encontró en su visita.

En Camaguey: Sus pasiones, bastante apaciguadas durante su visita a la Isla, despertaron momentáneamente en la ciudad de Camaguey, un lugar nada peligroso, según Merton, “una ciudad muy insípida y soñolienta… donde prácticamente todo el mundo estaba en cama a las nueve de la noche y donde intenté leer la Autobiografía en español de Santa Teresa bajo las palmas grandes y magníficas de un jardín enorme que tenía enteramente para mí”. Es en Camaguey donde Merton escribe la entrada de su diario que narra la notable experiencia de Dios vivida en la Iglesia de San Francisco, de la que hablamos anteriormente.

En Camaguey encontró también una imagen de María en una iglesia, que le cautivó: “una iglesia dedicada a la Soledad, Nuestra Señora de la Soledad, una pequeña imagen vestida en una hornacina sombría: apenas podía uno verla. ¡La Soledad! Una de mis mayores devociones…”.

En Santiago de Cuba: “En Santiago cené en la terraza de un gran hotel, frente a la Catedral. Al otro lado de la plaza se hallaba el armazón de un edificio de cinco pisos que parecía como si hubiese sido resquebrajado por una bomba; pero el destrozo había ocurrido en un terremoto, no mucho tiempo antes… y estaba pensando yo: acaso empieza a ser tiempo de otro terremoto. Miraba las torres de la Catedral, dispuestas a balancearse y a caer encima de mi cabeza”.

En la Habana: Para conocer mejor la impresión de Merton sobre esta ciudad acudamos a una de las páginas de sus diarios, que no sólo complementan lo narrado en su autobiografía, sino que en ella se muestra aun más espléndido en su admiración por nuestra capital.
La Habana es, para Merton, un regalo para los sentidos. (Abundancia, animación, música, risas, gritos, comida); es manifestación de la exterioridad. “La vida real de estas ciudades se encuentra en la plaza del mercado, en el ágora, el bazar y los soportales”. Cuando leemos la descripción de la ciudad vemos en nuestra imaginación una ciudad alegre, llena de bares y cafés, músicos en los portales, gente en la calle, vendedores de billetes de loterías y periódicos; poco espacio para la privacidad. Algunos elementos particulares a señalar: describe la figura de una musa alada, de puntillas, en una de las cúpulas del Teatro nacional, y el Parque Central, lleno de vendedores; muchos periódicos vespertinos. La mirada de Merton es la de un enamorado, que lo ve todo hermoso; pero su amor no es, en primer término a la ciudad, sino a Dios; le ve a él en todas partes.

“Cuanto más observas la ciudad y te mueves por ella más amor recibes de ella y más amor le devuelves, y, si así lo deseas, pasas a formar parte integrante de ella, de todo complejo abanico de alegrías y ventajas, y esto, después de todo, es el modelo mismo de la vida eterna, un símbolo de la salvación”.
Llega finalmente a decir de la Habana, que “está construida de tal manera que, cualquiera que sepa vivir en ella, puede interpretarla como una analogía del Reino de los Cielos”. Y todo esto, sin dejar de reconocerla como “esta pecadora ciudad”. En fin, que para T.Merton, la Habana es “una ciudad bañada en el éxito, una buena ciudad, una ciudad real

sábado, 24 de febrero de 2007

Pensamientos para alegrar el corazón.



“La divisoria de tu vida se produce no cuando comprendes que amas a Dios, sino cuando entiendes que Dios tea ama a ti, incondicionalmente” (Tony de Mello)

“”El es inmutable. Él nunca se muda. Él te ama hoy con el mismo amor con que te amó ayer y te amará mañana, aun cuando en algo le disgustes”. (Isabel de la Trinidad).

“Este amor es gratuito: me ama sin por qué y sin para qué; ni porque yo sea bueno ni para que sea bueno: como la rosa, que por ser rosa, perfuma; como la luz, que por ser luz, ilumina. Así, el AMOR, por ser amor, simplemente y sin motivos, ama”. (Ignacio Larrañaga).

“Dios es un todo que nadie puede quitarnos y que será siempre nuestro”. (Carlos de Foucauld).

“Mi casa está en ruinas, pero Dios vive en ella” (Thomas Merton).

“El alma solo se une a Dios gozando” (San Juan de la Cruz).

“Dios es alegría infinita” (Teresa de los Andes).

viernes, 23 de febrero de 2007

Tiempo de meditación.

“Lo que Dios obra en nuestro interior durante las horas de meditación no se percibe a simple vista. Pero supone una gracia tan grande, que todas las demás horas de la vida están agradecidas e influidas por ese tiempo de meditación.” (Edith Stein).


Leyendo encontré esta frase de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, en el siglo Edith Stein, Carmelita Descalza, filósofa de profesión, quien fuera víctima del fascismo en el pasado siglo veinte. Y me puse a pensar en este asunto de la meditación, y como mi propósito es ir sugiriendo a partir de comentarios breves algunas prácticas útiles para nuestra vida interior, pensé enseguida en comentar lo que ella me descubre. Propongo que leamos otra vez la frase, detenidamente, y luego tratemos de entenderla. Lo primero, acudir al diccionario; encuentro la palabra meditar, y leo: concentrar el pensamiento en la consideración de una cosa. Yo añadiría: Concentrar el pensamiento en Dios, en las cosas de Dios, en el Dios de todas las cosas.
La meditación no es una práctica extraña, ajena a nuestra fe cristiana, todo lo contrario. Meditar supone el descanso, la reflexión, la apertura de mente y de corazón para entender, no lo que está en la superficie, sino lo profundo, lo esencial. El Nuevo Testamento dice que Jesús se retiraba muchas veces a orar, buscando la soledad, y el diálogo con el Padre del cielo; la oración lleva consigo también la meditación, el rumiar la experiencia cotidiana poniéndola delante de Dios, dejándola pasar por sus manos.
Nuestra vida suele ser muy agitada, las necesidades cotidianas, las dificultades que debemos resolver, y la cuota de angustia que todo eso lleva consigo, exigen aun más que dispongamos de tiempo para la oración y la meditación, no como una manera de escapar de todo eso (que es lo que expresamos habitualmente) sino como un modo de asumirlo, aprendiendo y creciendo espiritualmente con todo lo que suceda en nuestra vida, conservando la libertad y la alegría en el corazón.
El cristiano no lo es plenamente sin la oración, es decir, sin una experiencia de amistad, de dialogo con Jesús, y sin una conciencia creciente de que Dios está en todas partes, acompañando nuestro caminar. Pero todo esto supone, y esto es lo que más nos cuesta, propósito y disciplina. Lo primero, decidirnos a romper la rutina, la conformidad con lo mínimo, y atrevernos a dar un paso más. Los que dicen que les falta tiempo para la oración son aquellos que no consideran la oración como algo importante, los que quieren las cosas de Dios pero temen al Dios de todas las cosas, a esa presencia suya que lo trastorna todo, que nos cambia la vida. Y luego está la disciplina, palabra que asusta y encuentra rechazo en estos tiempos de una mal entendida libertad. Sin disciplina no hay crecimiento, no hay maduración, y hace falta sentarse cada día, encontrar el momento oportuno para detenerse, y decirle a Dios: “Aquí estoy”, o “Habla, Señor, que tu siervo escucha.”
Les cuento algo personal: cuando llegué al convento hace ya unos cuantos años pensé que la oración cotidiana llegaría a aburrirme, leyendo los mismos salmos, lecturas y oraciones, y la experiencia resultó totalmente diferente. No hay aventura más emocionante que la del viaje interior, ninguna otra nos depara tantas sorpresas, en ninguna otra la gracia de Dios actúa con tanta fuerza, y sobre todo, cuánta sabiduría va brotando de esas horas de silencio, de lectura espiritual, de diálogo con Dios. Al pasar de los años uno descubre un buen día que muchas cosas han cambiado y apenas nos dimos cuenta de que sucediera, porque todo se gestó en esas horas que diariamente, a menudo con trabajo, con dificultad, dedicamos a Dios.
Es la propia Edith Stein la que escribe: “He llegado a la conclusión de que hay que dar a la vida interior el alimento que necesita, sobre todo cuando la actividad exterior es mucha.” Necesitamos alimentar nuestra vida interior, quisiera poder expresar cuán urgente es para todos beber de esa fuente interior, que se despierta y mana abundantemente cuando nos adentramos en el camino del amor.
Te propongo que empieces ya, si no lo haces: dedica cada día un poco de tu tiempo a la oración y meditación. Puedes hacerlo utilizando la Palabra de Dios, la vida de algún santo, cualquier libro de espiritualidad. (Incluso podrías hacerlo con el periódico diario). Leer, orar, meditar, contemplar; es la tríada clásica, el método que recomiendan tantos maestros del espíritu. Tal vez tengas la impresión de que es algo difícil, complicado, sólo para gente selecta, pero te engañas. Lo importante es comenzar, dar el primer paso, y perseverar. El resto lo hace Dios, y su Gracia trabaja siempre en nosotros.



Nota: No se me pasa por alto que la palabra meditación no es exclusiva del vocabulario espiritual cristiano. La palabra, etimológicamente hablando, tiene relación semántica con la raíz indogermánica MED, que significa caminar y también medir, y originalmente se utilizaba en el terreno militar para referirse al entrenamiento o instrucción de los reclutas en el servicio militar. Fue la cultura griega en su vínculo con el cristianismo y la espiritualidad occidental la que consiguió desviar su significado, reservándolo para expresar el ejercicio continuado y repetido de iniciación a la vida interior. Nosotros acá hablamos de meditación casi como sinónimo de oración, no de oración discursiva, sino de oración profunda, de escucha de la Sagrada Escritura y de silencio; de oración no al margen de la vida, sino en la vida misma.

Nota segunda: Cuando hablo de una oración meditada me refiero a una oración que no se queda en palabras, que no busca tanto pedir como dar; darle a Dios la propia vida. Eso asusta, es verdad, pero también libera, fortalece, alegra el corazón. La meditación nos enseña a pensar, y eso es muy importante. Cuando uno no piensa, otros lo hacen por uno.

jueves, 22 de febrero de 2007

Gracias por animarme.


Quiero agradecer a los amigos que me han animado a continuar este sencillo empeño para compartir mi trabajo respecto a Thomas Merton. A veces desde acá uno siente que dispone de pocos recursos y de pocas vías para desarrollar sus ideas y proyectos, por eso cuando nos volcamos en proyectos sencillos y de poco alcance los valoramos como si fuesen grandes. De ahí que cada palabra de aliento, cada comentario, cada idea compartida, será de mucha utilidad y muy bien recibida en esta página. Todavía soy un principiante en esto de internet por eso han de disculparme alguna errata, se aceptan sugerencias y ayuda también , claro está.

Además de Thomas Merton, sus textos y reflexiones sobre él, aparecerán también otras cosas, como artículos míos publicados en la revista diocesana PALABRA NUEVA, textos de otros maestros de espiritualidad contemporaneos, y por supuesto, también de mis maestros espirituales del Carmelo Teresiano. Todo cuanto considere válido para alimentar la vida espiritual podrá aparecer acá. Que en este camino hace falta siempre buen alimento para el espíritu.

miércoles, 21 de febrero de 2007

La Cruz de Ceniza.


“La cruz de cenizas, trazada en la frente de cada cristiano, no es solo un recordatorio de muerte, sino, de modo inevitable(aunque tácito), una prenda de resurrección. Las cenizas del cristiano ya no son meras cenizas. El cuerpo de un cristiano es un templo del Espíritu Santo, y aunque le sea fatal ver la muerte, volverá otra vez a la vida en gloria. La cruz, con que las cenizas se disponen sobre nosotros, es el signo de la victoria de Cristo sobre la muerte.
Las cenizas de este miércoles no son meramente un signo de muerte, sino una promesa de vida para los que hacen penitencia. Y sin embargo, las cenizas son claramente una invitación a la penitencia, al ayuno y a la compunción.
De ahí el carácter aparentemente paradójico de la liturgia del Miércoles de Ceniza. El evangelio nos invita a evitar los signos exteriores de dolor, y cuando ayunemos, a perfumarnos la cabeza y lavarnos la cara. Pero recibimos un unto de ceniza en la cabeza. Debe haber dolor en este día de alegría. Es un día en que el dolor y la alegría van de la mano: pues tal es el significado de la compunción, una tristeza que traspasa, que libera, que da esperanza y por tanto alegría.
Sólo el desgarro interior, la ruptura del corazón, produce esa alegría. Deja salir nuestros pecados, y deja entrar el limpio aire de la primavera de Dios, la luz del sol de los días que avanzan hacia Pascua”.
Thomas Merton. Tiempos de Celebración, 119-122.

La aventura cubana de Thomas Merton (II)


El Camino espiritual:
Desde el punto de vista de su vida espiritual, el viaje a Cuba tuvo tres elementos destacables:
1- Experimentó de una manera especial la cercanía y providencia amorosa de Dios para con él.
2- El propósito religioso de su viaje era visitar el santuario del Cobre para pedirle a la Virgen por su sacerdocio; tenía carácter de peregrinación.
3- Lo que aconteció en la Habana, en la iglesia de San Francisco, y que el describe como “una luz” que le abrió a una comprensión más profunda del verdadero rostro de Dios. “Experiencia impresionante de la Divina presencia”, le llama Jim Forest en si biografía de T.Merton).

Intento ampliar un poco más los tres elementos anteriores:

1- Un millonario espiritual: En el texto que sigo (M7C) encontramos diversas afirmaciones que permiten vislumbrar lo que Merton vivió y sintió en aquellos días: “La bondad y solicitud que me acompañaban a dondequiera que dirigiese mis débiles pasos”. Luego sigue: “Nadie ha visto nunca una criatura terrenal guardada tan celosamente y tan eficazmente, querida, guiada, vigilada y dirigida con un cuidado tan atento y previsor como el que me acompañó en aquellos días”.
Dios lo rodeó de gracias: “Ciertamente me rodeó de gracias por todo mi vagabundeo de Cuba, gracias de la clase que aun una persona sin espiritualidad profunda puede apreciar como tales”, y luego añade, “a cada paso que daba se abría un nuevo mundo de gozos, gozos espirituales, placeres de la mente, la imaginación y los sentidos en el orden natural”.
“todas las cosas del cielo estaban sólo un poco lejos de mi alcance”. Y finalmente la afirmación que citábamos un poco antes: “Yo vivía como un príncipe en esa isla, como un millonario espiritual”.

En fin, añade luego: “Había mil cosas que hacer, mil maneras de hacer fácilmente una acción de gracias; cada cosa se prestaba a la comunión: podía oír otra misa, podía rezar el rosario, hacer las estaciones de la cruz o, si sólo me arrodillaba donde estaba, adondequiera que volviese los ojos veía santos de madera o yeso, o los que parecían ser santos de carne y sangre… y hasta los que no eran probablemente santos”, estimulaban su mente con muchas significaciones y su corazón con plegarias.


2- La Virgen le acompañó: El segundo aspecto: el viaje de Thomas Merton a Cuba tenía carácter de peregrinación, pero, ¿En qué sentido? ¿En qué medida?
“Me decía que la razón de haber venido a Cuba era hacer una peregrinación a Nuestra Señora del Cobre. E hice, en verdad, una especie de peregrinación. Pero era una de aquellas peregrinaciones medievales que consistían en nueve décimas partes de vacaciones y una décima parte de peregrinación”.
Podríamos llamar también a esta peregrinación unas vacaciones espirituales; Merton disfrutó la abundante presencia de lo religioso en la vida cotidiana del cubano, y esperaba ver a la Virgen no sólo en el santuario, sino a la vera de cualquier camino; de hecho, mientras recorría las ciudades cubanas, entraba en sus iglesias, oraba, recibía la comunión, admiraba sus altares, y rezaba rosarios mientras viajaba en los peligrosos ómnibus cubanos, estuvo siempre abierto a una misteriosa presencia de lo trascendente. Y no es sólo que Merton encontrara a Dios en todas partes, sino que se sentía lleno de él: “A cada paso, encontraba el camino de iglesias grandes, frescas y oscuras, algunas de ellas con altares espléndidos reluciendo con retablos esculpidos y ricos de caoba y plata; maravillosos jardines rojos de llama florecían ante los santos o el Santísimo Sacramento”.
En el santuario del Cobre Merton estuvo ante la Virgen, pero antes y después, en todo lugar y tiempo que estuvo en Cuba, la Virgen le acompañó. Hasta una idea para un poema le regalo María, “el primer poema verdadero que jamás había escrito o, de cualquier manera, el que me gustó más. Señalaba el camino a otros muchos poemas; abría la puerta y me hacía tomar un rumbo cierto y directo que había de durar varios años”. Y Merton incluye el poema en su relato, porque en él estaba lo que la Virgen tenía que decirle y lo que él tenía que decirle a ella. Son imágenes que enlazan cielo y tierra; se funden los colores y los ángeles andan por el mundo cotidiano; la tierra como un mosaico; “ángeles doblanse hacia abajo como campanas; ángeles que miran hacia arriba absortos cual muñecas… del mosaico, que es la tierra, todas las piezas suéltanse como pájaros y levantan el vuelo”.


3- El Cielo frente a mí: A lo largo de su viaje por Cuba Merton estaba abierto a una posible revelación o aparición extraordinaria; “todo el camino recé rosarios y contemplé los grandes ceibos solitarios, esperando que la Madre de Dios se me apareciese en uno de ellos”. “Pero no vi aparecer a Nuestra Señora bella, en ninguno de ellos”. Luego, de regreso del Cobre y de Santiago, y mientras estaba en la Habana, en la Iglesia de San Francisco, para escuchar la misa, recibe esa experiencia de Dios, pero no de la manera que esperaba.

“Fue algo que me hizo comprender, de pronto, no sólo intelectual, sino experimentalmente, la verdadera inutilidad de lo que había esperado casi deliberadamente: las visiones en los ceibos”.

“Esta experiencia abría otra puerta, no un camino a una manera de escribir, sino un camino hacia un mundo infinitamente nuevo, un mundo que estaba fuera de este mundo nuestro por entero y que infinitamente lo trascendía, que no era un mundo, sino que era Dios mismo”.

Se trata, no de algo, sino de ALGUIEN; de una total novedad, porque el Totalmente Otro, Dios, le permite intuir, vislumbrar, algo de Sí. Dios supera las expectativas de Merton y cierra su viaje a Cuba con una visión que le hirió como un rayo. Veamos como él la describe:

El Lugar: “El templo estaba atestado de gente. En el frente, delante del altar, había hileras y más hileras de niños, apiñados”. Merton estaba en la parte de atrás de la Iglesia y veía las cabezas de los niños.

El Momento: “Llegó la hora de la consagración. El sacerdote elevó la Hostia, luego el cáliz. Cuando depositó el cáliz en el altar, de repente un fraile, con su ropa parda y su cordón blanco, se levantó ante los niños y a la vez todas las voces de estos rompieron a cantar: creo en Dios…”.

La Percepción: “El Credo. Pero aquel grito, ¡Creo en Dios!, era alto, vibrante, espontáneo, alegre, triunfante; era una gran aclamación que salía de todos aquellos niños cubanos, una gozosa afirmación de fe”.

La Gracia: “Luego, tan pronto como la aclamación, y tan definida, mil veces más brillante, se formó en mi espíritu una conciencia, una intelección, una comprensión de lo que acababa de celebrarse en el altar, en la consagración: de la consagración en una forma que le hizo pertenecerme”

Para estos acontecimientos del Espíritu no hay nunca palabras suficientes para describirlos; Merton lo intenta, teniendo en cuenta que escribe una novela y que será leída por sus lectores. El acontecimiento aparece recogido también en las páginas de su diario, con palabras similares, con menos explicaciones. Intento tomar lo esencial:

“¿Pero qué cosa era esta conciencia? ¡Era intangible y, sin embargo, me hirió como un rayo! Era una luz tan brillante que no tenía comparación con ninguna luz visible, y tan profunda y tan íntima que parecía como una neutralización de todas las experiencias menores.”
“…Lo que más me impresionó fue que esta luz era en cierto sentido ordinaria…era una luz (Y esto es lo que me suspendió el aliento) que se ofrecía a todos, a todo el mundo, y no había fantasía ni cosa extraña en ella. Era la luz de la fe intensificada y reducida a una claridad extrema y súbita.”
“No había y no podía haber… nada en ella de sentido e imaginación. Cuando la llamo luz es una metáfora que empleo… anulaba todas las imágenes, todas las metáforas y cortaba toda la madeja de especies y fantasmas con que naturalmente elaboramos nuestro pensamiento… ninguna experiencia de los sentidos para dar directamente al corazón de la verdad… .”

Como resumen de todo, algunas afirmaciones del propio Merton: “Era como si yo hubiese sido de repente iluminado siendo deslumbrado por la presencia de Dios”; “El primer pensamiento articulado que vino a mi mente fue: El cielo está aquí, enfrente de mí. ¡El cielo, el cielo!”. Y luego: “Pertenecía al orden del conocimiento, sí, pero más todavía al orden del Amor… era amor tan puro y directo… y volaba rectamente a la posesión de la verdad que ella amaba.”

Quiero llamar la atención sobre algunos elementos importantes de esta experiencia:
1- No había manera de volverla a poseer: era un don que venía de otra parte, más allá y por encima de su persona.
2- No suponía un adelanto definitivo para su vida interior o su vida de oración; no entendió todo con más claridad a partir de ese momento.
3- Era una experiencia ordinaria y extraordinaria al mismo tiempo; tan simple, que despojada al entendimiento humano de todos los velos para ver lo real, lo verdadero.

Vamos a tomar, para cerrar esta parte del recorrido de T.Merton por Cuba, un texto de sus Diarios, donde hace referencia a la experiencia anteriormente descrita:

“Dios en toda su esencia, todo su poder, Dios en la carne y Dios en Sí mismo y Dios rodeado por los rostros radiantes de los miles, de millones, del incontable número de santos que contemplaban su gloria y alababan su santo nombre” Y añade: “El cielo estaba directamente frente a mí”.

Para mí es muy importante descubrir en el viaje de Merton a Cuba la posibilidad de encontrar a Dios en esta tierra, teniendo presente que el tema de la emigración es una posibilidad que asoma al horizonte de una buena parte de los cubanos. Es importante llevar a Dios dentro, y entonces lo encontraré fuera, en todas partes.

martes, 20 de febrero de 2007

La Aventura cubana de Thomas Merton(I)

Fue en la autobiografía de Thomas Merton, “La Montaña de los Siete Círculos”, donde encontré el relato de su visita a Cuba. He vuelto muchas veces a esas páginas, he intentado descubrir en el relato unas claves para ayudarme a mi propia experiencia de cristiano, de consagrado que vive en esta tierra, por la que hace más de 50 años Merton caminó. He pensado en la posibilidad de hacer el mismo recorrido, tomando fotos de esos lugares posibles que Merton pudo ver y aquellos de los que habla en su novela, para hacer un álbum que muestre el camino cubano de Thomas Merton Todo eso sigue estando en proyecto, pero ahora quiero dar un primer paso y presentar lo primordial que descubro en estas páginas. Luego, también, en las lecturas que hago de los escritos de Merton voy encontrando nuevas y numerosas referencias a Cuba; las que aparecen aquí son sólo una muestra de ellas, teniendo en cuenta las limitaciones a la hora de conseguir todas las referencias necesarias para un trabajo de esta índole, la barrera del idioma y la enorme cantidad de folios salidos de la inspiración y el trabajo de Merton.

Preparando el Viaje:
Utilizo la edición del Círculo de lectores de Barcelona, Editorial Sudamericana, S.A, 1961. “La Montaña de los Siete Círculos”. En la tercera parte, el capítulo primero se titula “El Norte Magnético”, y se divide a su vez en cuatro partes. Merton nos habla aquí de su vocación al sacerdocio, de la búsqueda de un lugar para vivir esa vocación. Es un tiempo de discernimiento espiritual, de inquietudes y dudas, de gozos y temores. Es en ese contexto cuando aparece la posibilidad de viajar a Cuba. Dice: “…puesto que iba a ingresar en el monasterio en verano, me afirmé a la idea de que tenía que tomarme unas vacaciones últimas, y ya hojeaba libros sobre México y Cuba, procurando decidir donde gastaría el dinero que ya no iba a necesitar para subsistir en el mundo”. Luego, más adelante, vuelve a escribir: “Mientras estaba aún dudando de si podría ir a México o sólo a Cuba, se presentó la Cuaresma a la vista, y lo dejé para después de Cuaresma”. En esos días se le presenta una crisis aguda de apendicitis y es operado. Finalmente dirá: “A mediados de la semana de Pascua Florida fui a ver a mi doctor; me quitó los vendajes y dijo que ya me encontraba bien para ir a Cuba”. Y así Thomas Merton emprende su viaje, desde Estados Unidos a Cuba, como una manera de disponerse mejor para la nueva vida que quiere vivir.

Una experiencia espiritual:
El viaje de Merton a Cuba iba a ser mucho más importante de lo que él mismo suponía en un principio; así lo reconoce él y lo reconocerán sus biógrafos más tarde. El contacto con el paisaje y la gente de esta tierra le ayudarán a vivir una tremenda experiencia espiritual. Merton tenía sus planes para este viaje y Dios tenía los suyos, y así actuó la Providencia cuando aquel hombre que estaba en camino de encontrar su vocación decidió embarcar para pasar unos días en esta tierra. En su corazón traía el deseo de peregrinar hasta el santuario de la Virgen María, Patrona de Cuba, conocida como Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, cerca de la Ciudad de Santiago de Cuba; a ella quería pedirle la gracia de ser sacerdote. Pero este deseo se vio desbordado por el amor de una isla en la que sintió a Dios cercano, providente, y deseoso de dársele, de colmarlo de bienes espirituales. Una afirmación suya confirma y resume todo lo anterior: “Yo vivía como un príncipe en esta isla, como un millonario espiritual”.

Me entusiasma saber que esta tierra fue parte del itinerario espiritual de una persona a la que admiro tanto.

Las Ciudades que visitó:
La Habana, Matanzas, Camaguey y Santiago de Cuba. El poblado de El Cobre, donde está enclavado el santuario de la Virgen. Como viajó en “un bárbaro ómnibus, a través de la campiña cubana gris aceitunada, llena de campos de caña de azúcar”, vería otras muchas ciudades y poblados mientras atravesaba la isla. ¿Cuántas iglesias visitó durante aquellos días? Nos habla de algunas: “…las iglesias de las ordenes religiosas…carmelitas, franciscanos, los agustinos americanos del Santo Cristo o los Padres de la Merced…”. Seguramente visitó nuestro convento e iglesia de Infanta y Neptuno; eso sí, recuerda la imagen de la Virgen del Carmen que está en lo alto de una de las torres de la iglesia. (Diarios I, pag.164)... También menciona la iglesia dedicada a la Soledad, en Camaguey; la Catedral de Santiago de Cuba y, por supuesto, el santuario de la Virgen del Cobre. A su regreso a la Habana tuvo una verdadera experiencia de Dios en la Iglesia de San Francisco; de ello escribiré más adelante. (Podría añadir algunas referencias particulares de estos lugares).

¿Cómo vio Merton a Cuba en aquel año de 1940?:
Algunos comentarios suyos nos harán pensar:
“…calles peligrosas y lupanares de la habana…”; “No es verdad que los cubanos descuiden su religión”; Habla de muchas iglesias de la capital celebrando la misa cada mañana, y luego: “No faltaban mendigos para ofrecerme la oportunidad de dar limosnas”. Muchos sacerdotes españoles, y en la calle,”cubanos tocando campanillas y voceando números de la lotería. Se refiere al pueblo cubano como "un pueblo que se supone excitable” y que tiene “una exagerada dosis de paciencia con todas las cosas”. También descubre en ese entonces “el ruido persistente y estridente”. Podía, sin embargo, detenerse en pequeños bares en sus paseos para “beber enormes vasos de jugos de fruta, helados”.
En Matanzas: “Me mezclé con el paseo donde toda la población daba vueltas y más vueltas alrededor de la plaza en el fresco de la noche, los hombres en una dirección y las muchachas en otra”.
Llegando a Santiago, un ingeniero de Minas que viajaba a su lado, le contó sobre “el soborno que había enriquecido a los políticos de Cuba y de Oriente”. Ya en aquel entonces las guaguas cubanas tenían su fama, y Merton lo comenta con su habitual sentido del humor: “montado en un bárbaro ómnibus”, y en otra parte: “El ómnibus que me llevó al Cobre la semana siguiente era el más peligroso de todos los furiosos ómnibus que son el terror de Cuba. Creo que hizo la mayor parte del viaje a ochenta millas por hora sobre dos ruedas; varias veces pensé que iba a hacer explosión. Recé rosarios todo el camino hacia la capilla, en tanto pasaban los árboles como una gran mancha verde amarilla. Si Nuestra Señora hubiera intentado aparecérseme, probablemente ni siquiera habría alcanzado un reflejo de ella”.

La obra de Dios.

“Una obra de Dios puede a menudo exigir, y normalmente lo hace, un total desarraigo que es extremadamente doloroso y desconcertante, y que requiere gran fidelidad de quien ha sido llamado a hacerla. La dificultad reside en la oscuridad y en la posibilidad de la duda, en el riesgo místico que supone”. (Thomas Merton; Correspondencia con Ernesto Cardenal, 58).

“Sé paciente y sigue el camino de la sencillez con el que Dios te ha bendecido. Pero a veces no se puede evitar que las cosas estén llenas de angustia para todos los que buscamos amar a Cristo. La vida nunca es tan sencilla como debiera ser: hay tantos conflictos, no sólo entre la gente buena y la mala, sino entre los buenos y los buenos. Esto es peor y produce una confusión interminable. Tenemos que buscar la paz en la sencillez escondida que está más allá de los conflictos: aquí buscamos la presencia desnuda de Dios en la aparente nada. Si tan sólo lo encontráramos a Él, el vacío se volvería plenitud perfecta y las contradicciones se esfumarían. Pero para poder hacer esto tenemos que ser fieles a una voluntad que es inescrutable, que no se revela en decisiones simples y claras como nos gustaría que fuera. En vez de tratar de encontrar todas las sutilezas de significados y moralidad de cada caso, debemos agarrarnos desesperadamente a la primera indicación disponible y confiar en Dios para todo lo demás”. (Thomas Merton, Correspondencia con Ernesto Cardenal, 71)

lunes, 19 de febrero de 2007

Desplegar nuevos horizontes.


"La única cosa necesaria es una verdadera vida interior y espiritual,verdadero crecimiento, en independencia, en profundidad, en una nueva dirección. En cualquier dirección que Dios despliegue para mí. Mi obligación es empujar hacia adelante, crecer interiormente, orar, romper las ataduras y desafiar los temores, crecer en la fe, que tiene su propia soledad, buscar una perspectiva totalmente nueva y una nueva dimensión en mi vida. Desplegar nuevos horizontes a toda costa y dejar que el Espíritu Santo se preocupe de lo demás". Thomas Merton, Diarios I, 202.

domingo, 18 de febrero de 2007

Miércoles de ceniza.


"Aun los momentos más oscuros de la liturgia están llenos de gozo, y el Miércoles de Ceniza, el comienzo del ayuno cuaresmal, es un día de felicidad, una fiesta cristiana. No puede ser de otro modo, ya que forma parte del gran ciclo pascual". Thomas Merton, Tiempos de Celebración, 119. Si algo me aportó siempre Merton fue una mirada de luz sobre todo lo que me rodea. También sobre la liturgia de la Iglesia, contaminada a menudo por el dolorismo. Una espiritualidad que siembra optimismo, esperanza, gozo interior. Así pretendo vivir una vez más la Cuaresma en este 2007, como un tiempo para crecer en alegría, en esperanza, en amor.

La vida es un dón.


"La vida es un don del que yo me alegro: no maldigo el día en que nací. Al contrario, si no hubiera nacido, nunca habría tenido amigos que amar y que me amacen, nunca habría cometido errores de los que aprender, nunca habría visto nuevos países. Por lo que se refiere a los sufrimientos que yo haya podido padecer, son algo intrascendente y en realidad forman parte del gran bien que ha sido y espero continuará siendo la vida". (Thomas Merton, Diarios I, 210)


Así empezamos.

Amigos de Thomas Merton


hola. Bienvenidos a este blog que pretende servir de foro de comentarios y discusiones e intercambio de experiencias acerca de la vida espiritual, a partir fundamentalmente del encuentro con uno de los más importantes maestros del pasado siglo: Thomas Merton. Hace más de 15 años que vengo leyendo a Merton, disfrutándolo y aprovechándome de sus enseñanzas, y me gustaría compartir con otros esta experiencia, y también hablar sobre otros maestros del espíritu, para ayudarnos a caminar en la vida presente con alegría, libertad y amor. Es un espacio para hablar del espíritu, y según mi punto de vista, eso incluye hablar de la vida, y de los tropiezos, del esfuerzo cotidiano y el compromiso por hacer este mundo nuestro un poquito mejor. Esa es la idea.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.