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jueves, 30 de julio de 2009

SILENCIO CREATIVO.

"Imagínense a un hombre a un grupo de personas, solos o juntos en un lugar tranquilo donde no se puede oír la radio ni música de fondo, sentados simplemente una hora, o media hora, en silencio. No hablan. No rezan en voz alta. No tienen en sus manos papeles ni libros. No están escribiendo ni leyendo. No se ocupan en nada. Se limitan a penetrar en sí mismos, pero no para pensar de modo analítico, ni para examinarse, organizarse o planificar algo; simplemente para ser. Quieren estar juntos en silencio. Quieren sintetizar, integrarse a sí mismos, redescubrirse ellos mismos en una unidad de pensamiento, voluntad, entendimiento y amor que vaya más allá de las palabras, más allá del análisis, incluso más allá del pensamiento consciente. Quieren rezar, pero no con los labios sino con sus corazones silenciosos, y más allá aun, con el verdadero fundamento último de su ser. ¿Qué podría mover a la gente de nuestro tiempo a hacer una cosa así? ¿Lo hacen movidos por un sentido de humana necesidad de silencio, de reflexión, de búsqueda interna? ¿Quieren alejarse del ruido y la tensión de la vida moderna, al menos durante un rato, para relajar sus mentes y voluntades, y buscar un sentido bendito y saludable de unidad interior, reconciliación e integración?
Estos son, ciertamente, un buen número de motivos suficientes. Pero para un cristiano aún hay motivos más profundos que estos. Un cristiano puede realizarse a sí mismo, si es llamado por Dios a periodos de reflexión y silencio, de meditación reflexiva y de “escucha”. Nosotros tal vez somos demasiado habladores, demasiado activos en nuestro concepto de la vida cristiana. Nuestro servicio a Dios y a la Iglesia no consiste sólo en hablar y hacer, sino también en períodos de silencio, en los que escuchamos y esperamos. Quizá sea muy importante, en nuestra época de violencia e intranquilidad, redescubrir la meditación, el rezo intuitivo, íntimo y silencioso, el silencio creativo cristiano".
(Thomas Merton, Amar y Vivir).

Thomas Merton y Henri Nouwen.


Thomas Merton era uno de los autores favoritos de Henri Nouwen, sobre todo por el modo en que Merton hablaba de los problemas y desafíos de la vida espiritual; entre sus libros favoritos escritos por Merton, podemos citar: Semillas de Contemplación, Conjeturas de un espectador culpable, El signo de Jonás, y El zen y los pájaros del deseo. Uno de los primeros libros que Nouwen escribió estuvo dedicado a Merton, y es evidente al repasar la vida y los escritos de Nouwen escuchar ecos de las palabras e ideas del monje trapense. Nouwen pasó algunas temporadas en monasterios trapenses, y se hizo acompañar espiritualmente de uno de los discípulos de Merton. Fue este mismo, John Eudes Bamberger, quien ripostó la afirmación de que Merton y Nouwen estaban cortados por un mismo patrón; según él, ambos se hubieran entendido, pero eran dos personas absolutamente diferentes, escribían para públicos distintos y desde diversos niveles de experiencia. Henri era básicamente un profesor, que comunicaba a un nivel más popular; Merton escribía para un público más especializado, y era un poeta, una figura literaria. Henri era alguien entregado, de inteligencia notable, pero Merton tenía una inteligencia extraordinaria. Creo que estas distinciones pecan siempre de subjetividad, y para mí ambos han tenido una peculiar experiencia espiritual que han querido y sabido comunicar. En ambos, Merton y Nouwen, parece que la escritura fue parte esencial de su itinerario de crecimiento y su santidad; necesitan escribir para experimentar plenamente el encuentro con Dios; ambos escribieron diarios que fueron publicados, y ambos escribieron abundantemente. En uno de sus libros Nouwen relata un sueño que tuvo con Merton y que le dejó un mensaje de sabiduría muy importante:
“Una noche, Nouwen tuvo un sueño acerca de Thomas Merton que le pareció significativo. Nouwen y un grupo de religiosas, sin hábito, estaban esperando una conferencia de Merton, y entonces, de repente, este apareció, “calvo y con un hábito completamente blanco”. Se marchó para buscar sus notas, y todas las religiosas se desvanecieron y después retornaron con inmaculados ropajes blancos a fin de escuchar al maestro. En el sueño, Nouwen salió de la sala para buscar a Merton, al que encontró con unos pantalones marrones y una camiseta amarilla. Estaba ocupado arreglando algo. Nouwen, haciendo preguntas sobre tornillos y destornilladores, trató de ayudarle, pero Merton no le respondió. Entonces empezó a lijar un viejo banco amarillo y a repintarlo. Nouwen le preguntó dónde podía conseguir papel de lija y pintura; pero de nuevo no le respondió, aunque sí le invitó con un gesto a ayudarle. Las religiosas estaban esperando la conferencia en el fondo de la sala, pero no tenía sentido decírselo. Justamente cuando Nouwen empezó a pintar, se despertó. Su interpretación del sueño fue que la vida espiritual no consiste en pensamientos, ideas o sentimientos especiales, sino que subyace a las experiencias más sencillas de la vida cotidiana”.[1]
[1] M. FORD, Henri Nouwen. El profeta herido, Santander, Sal Terrae, 1999, 177.

Falsas ideas acerca de la santidad.


Problemas que Merton descubre (Ideas tomadas del libro "Vida y Santidad"): El misterio de Dios resulta nebuloso e irreal, incluso para los hombres de fe; reducimos nuestra vida cristiana a una especie de propiedad gentil y social; falsificamos y deformamos las verdaderas perspectivas de la santidad; santidad se vuelve conformidad, aceptando lo que parece bueno de la sociedad en la que vivimos; se pone el acento en la “respetabilidad”.[1]
La santidad, dice, exige sacrificios, es un camino duro y austero, en el que debemos orar, ayunar, abrazar las dificultades, sacrificar muchas cosas por amor, con tal (importante esto) “de mejorar la condición del ser humano sobre la tierra”.[2] El cristiano no puede vivir cómodamente, ignorando cuanto pasa a su alrededor, limitándose a hacer algunos gestos piadosos, mientras vive mediocremente su condición bautismal. Nuestro amor al prójimo no es simbólico, sino real.
Merton advierte: “Nos nos engañemos con fáciles e infantiles concepciones de la santidad”.
[3] Y pone algunos ejemplos concretos que me parece importante destacar:
1- El pensar que un aumento de la práctica religiosa (“resurgimiento religioso”) suponga necesariamente que la sociedad se esté abriendo realmente a Dios. Dice: “! No lo aseguremos tan a la ligera!” Al contrario. “El mero hecho de que las personas estén asustadas e inseguras, se aferren a eslóganes optimistas, acudan con más frecuencia a la iglesia y busquen pacificar sus atribuladas almas mediante máximas estimulantes y humanitarias, no es en modo alguno índice de que nuestra sociedad esté volviéndose “religiosa”. De hecho puede que sea un síntoma de enfermedad espiritual”.
[4]
2- Una religiosidad superficial carente de raíces realmente cristianas e ignorante de las necesidades de los seres humanos y de la sociedad, puede acabar siendo en verdad una evasión de los compromisos cristianos, y puede acarrear a la fe mucho descrédito. “Nuestra época necesita algo más que personas devotas que acuden asiduamente al templo, que evitan cometer faltas graves (al menos las faltas fácilmente identificables como tales), pero que raras veces hacen nada constructivo o positivamente bueno. No basta con ser exteriormente respetable”.[5]
3- Algunos cristianos pueden vivir en sociedades injustas, mientras cierran los ojos a toda clases de males a su alrededor. Es el caso de los sistemas totalitarios del pasado siglo XX, o las sociedades capitalistas de libre mercado, de mayoría cristiana. “Están interesados tan sólo en su propia vida de piedad compartimentada, cerrada a cualquier otra cosa sobre la faz de la tierra”. Esto ha supuesto, y Merton es profeta cuando lo dice, “que dicha pobre excusa de religión contribuye efectivamente a la ceguera e insensibilidad moral y, en última instancia, conduce a la muerte del cristianismo en naciones enteras o en zonas muy amplias de la sociedad”.[6]

[1] “Puede haber mucha bondad real en esta clase de respetabilidad. Las buenas intensiones no se pierden a los ojos del Señor. Sin embargo, siempre habrá cierta falta de profundidad y una determinada parcialidad y falta de totalidad que hará imposible que tales personas alcancen la plena semejanza con Cristo, o al menos, logren trascender las limitaciones de su grupo social haciendo los sacrificios que les exige el Espíritu de Cristo, sacrificios que los alejan de algunos de sus allegados y les impondrán decisiones de una solitaria y terrible responsabilidad”. VS; Página 29. Aquí hay una importante intuición de Thomas Merton, que toca un aspecto esencial de la llamada “religión tradicional”. Como un ejemplo de cristiano que logró superar este escollo pienso en Santa Teresita, cuya santidad Merton admira a pesar justamente de su entorno religioso y social, que ella consiguió trascender.
[2] VS; Página 29.
[3] VS; Página 30.
[4] VS; Página 30.
[5] VS; Página 30.
[6] VS; Página 31.

jueves, 23 de julio de 2009

Lo importante es amar.


"La historia de la Iglesia es una confusión de triunfos y aparentes fracasos del cristianismo. Es en realidad una serie repetida de intentos de empezar a construir el reino de Dios en la tierra. Esto no es sorprendente, ni es algo que Cristo no previera. La parábola de la cizaña sembrada entre el trigo muestra con claridad que él lo sabía y que esto está de acuerdo con el plan de su Padre.

La vida de la Iglesia en la historia así como la vida del cristiano individual es un acto constantemente repetido que empieza siempre de nuevo, una historia de buenas intensiones que acaban en éxitos y equivocaciones; de errores que han de ser corregidos, de defectos que tienen que ser utilizados, de lecciones que se aprenden mal y deben aprenderse una y otra vez. Ha habido vacilaciones y falsos comienzos en la historia cristiana. Ha habido incluso errores graves, pero estos son imputables a las sociedades seculares cristianas más que la Iglesia. Ahora bien , la Iglesia no ha perdido nunca su camino. Pero lo que la mantiene en el camino recto no es el poder, no es la sabiduría humana, la habilidad política ni la previsión diplomática. Hay épocas en la historia de la Iglesia en que esas cosas llegaron a ser, para los líderes cristianos, obstáculos y fuente de errores. Lo que mantiene a la Iglesia y al cristiano en el buen camino es el amor. Y esto es necesario, porque el amor es la más alta expresión de la personalidad y la libertad.

El reino de Dios no es, pues, el reino de aquellos que se limitan a presentar una doctrina o a seguir ciertas prácticas religiosas: es el reino de los que aman. Construir el reino de Dios es construir una sociedad que se fundamente en el respeto por la persona individual, puesto que sólo las personas son capaces de amor".


Thomas Merton.

"Cristianismo y totalitarismo", en HUMANISMO CRISTIANO.

Kairós, 2001, Páginas 82-83.

martes, 21 de julio de 2009

Caminos abstractos para la santidad.


Escribe Henri Nouwen en su libro sobre TM: "La idea de que lo más sagrado no permite externalización u objetivización ciega preocupó a Merton, ya que su vida era una búsqueda permanente de Dios". Por eso escribe TM en "El camino de Chuang Tzu":


"Cuanto más buscamos "el bien" fuera de nosotros mismos como algo a ser alcanzado, más sentimos la necesidad de discutir, estudiar, comprender y analizar la naturaleza de ese bien. De este modo, nos sumergimos más en abstracciones y en la confusión de opiniones divergentes. Cuanto más objetivamente se analiza "este bien", cuanto más se lo considera como algo a alcanzar a través de técnicas virtuosas especiales, se vuelve menos real. Cuanto menos real se vuelve, más se aleja en la distancia de lo abstracto, lo futuro, lo inalcanzable. Entonces, nos concentramos más en los medios para alcanzarlo. Y cuando el fin se vuelve más remoto y más difícil, los medios se vuelven más elaborados y complejos, hasta que finalmente el simple estudio de los medios es tan demandante que todos los esfuerzos se centran en él, y el fin cae en el olvido... Todo esto no es más que desesperanza organizada: "el bien que el moralista predica y exige finalmente se vuelve "mal", sobre todo porque la búsqueda sin esperanza de este bien nos desvía del verdadero bien que ya poseemos y que despreciamos o ignoramos" (23)


En este texto he descubierto yo el modo justo de comprender la santidad desde la perspectiva de TM; buscando una "santidad" abstracta, irreal e inalcanzable, nos hemos olvidado de que ya somos santos, por puro don de Dios. Sumergidos en técnicas, modelos, virtudes, cumplimientos, es decir, en los medios para alcanzarla, hemos perdido el norte respecto al fin al que estamos llamados. La santidad no es algo ajeno, exterior, sino que es nuestra propia identidad, interior, porque así lo ha querido Dios. "Hechos a su imagen y semejanza".

sábado, 18 de julio de 2009

LA VERDAD.

"Quien hoy día quiera luchar contra la mentira y la ignorancia y escribir la verdad, tiene que superar al menos cinco obstáculos. Debe tener el valor de escribir la verdad, a pesar de que en todos sitios se reprima; la perspicacia de reconocerla, a pesar de que en todos sitios se encubra; el arte de hacerla útil como un arma; el buen criterio para elegir a aquellos en cuyas manos se haga efectiva; la astucia de propagarla entre ellos. Estos escollos son considerables para aquellos que escriben bajo el régimen fascista, pero también existen para aquellos que fueron perseguidos o huyeron, e incluso para aquellos que escriben en los países de la libertad burguesa".
Bertolt Brecht

miércoles, 15 de julio de 2009

TM: Oración a la Virgen del Carmen.


Evocando su visita a Cuba, en el año 1940, cuando desde el barco en que se alejaba de la Isla, rumbo a USA, contemplaba la imagen de la Virgen que corona nuestra Iglesia de la Habana., Merton escribió esta oración. He rezado con esta oración muchas veces, y también antes ha aparecido en este blog, pero quiero volverla a traer hoy, a propósito de celebrar mañana la fiesta de María del Monte Carmelo.


"¿No fuiste tú tal vez lo último que vi cuando el buque zarpó, a ti de pie sobre tu torre de espaldas al mar, mirando hacia la universidad? Yo nunca te he olvidado. He olvidado todas las cosas que te pedía en mi oración. Pienso que las he recibido, pero no me acuerdo. Lo realmente importante es que te he recibido a ti.Te conozco y sin embargo no te conozco. Te amo, pero no lo suficiente.La oración te acompaña, porque la oración, más que una exigencia que nos plantees, es un regalo que nos haces. ¡Ojalá pudiera yo orar¡…y de hecho lo hago.Enséñame a ir a este país que está más allá de las palabras y los nombres propios.Necesito que tú me guíes. Necesito que mi corazón se mueva bajo tu impulso. Necesito que mi alma se purifique por medio de tu oración. Necesito que tú fortalezcas mi voluntad. Necesito que tú salves al mundo y lo cambies. Te necesito para todos los que sufren, para los encarcelados, para quienes están en peligro, para los atribulados. Te necesito para toda esa gente que se ha vuelto medio loca.Necesito que tus manos sanadoras actúen siempre ven mi vida.Necesito que, a imagen de tu Hijo, hagas de mí un sanador, un consolador, un salvador.Necesito que tú le pongas nombre a los muertos. Necesito que ayudes a los moribundos a cruzar el río particular de cada uno de ellos.Te necesito para mí mismo, tanto si vivo como si muero.Necesito ser tu monje y tu hijo.Es necesario. Amén".

martes, 14 de julio de 2009

Hablar de Dios sin hablar de Dios.


“Un santo es capaz de hablar del mundo sin ninguna explícita referencia a Dios, de tal modo que sus afirmaciones den mayor gloria a Dios y despierten mayor amor a Dios que las observaciones de alguien menos santo, que tenga que esforzarse por establecer una arbitraria relación entre las criaturas y Dios mediante gastadas analogías y metáforas, tan débiles que hacen pensar que algo le pasa a la religión”.

Semillas de Contemplación, 21

domingo, 12 de julio de 2009

POR FAVOR...

Estoy necesitando consultar un texto de Merton que no tengo a mano, y que no aparece en librerías ni bibliotecas. Se trata de "Místicos y maestros zen", publicado por Lumen.
Necesito leer las páginas que en ese libro Merton dedica a Juliana de Norwich; tal vez alguien lo tenga y pueda escanearme esas pocas páginas y hacérmelas llegar.
Le estaré muy agradecido, pues las necesito para la tesina.

TM: una visión más amplia.


Acerca de las causas que permitieron el cambio en TM, desde una espiritualidad tradicional y pietista a una visión más amplia y honda de lo espiritual, escribe F. Beltrán, en un libro publicado en 1996:


"Diversos factores pueden explicar el desplazamiento de posturas de Merton desde su paradisus claustralis hasta un profundo interés por las cuestiones sociales. En primer lugar, la naturaleza profética de la profesión monástica, entendiendo como profesía no una predicción de los acontecimientos del futuro, sino, en sus propias palabras, una comprensión directa de la realidad en su momento de mayor tensión y pulsión hacia lo nuevo, y ello a la luz de la experiencia cotidiana, es decir, una lectura de la noticia evangélica entre las líneas de las noticias del mundo.

En segundo lugar, su reconsideración de la sociedad, que corrió una suerte paralela al cambio de percepción sobre sí mismo; como crítico implacable de su propia persona, Merton estaba acostumbrado a cuestionar las motivaciones últimas de su conducta y eso le ayudó a discernir sutiles mecanismos de comportamiento social extremadamente estereotipados y rutinarios, en suma, el conformismo tibio y acomodaticio de los bien pensantes.

En tercer lugar, la propia definición del cristianismo obliga a la Iglesia y a sus creyentes a tomar parte responsable en el curso de la historia. Un cuarto factor de no pequeña importancia fue el deseo ardiente, expresado de manera explícita en su joven autobiografía, de alcanzar la santidad; en sus estudios hagiográficos, Thomas Merton descubrió como un distintivo común a los santos de todos los tiempos su inmensa compasión hacia sus semejantes, a la vez que definía la santidad como el proceso de conversión en uno mismo, en el yo verdadero.

También fue decisiva en su proceso de apertura la propia liberalización del monasterio y el acceso gradual en sus confines a cada vez mayores fuentes de información del otro lado del espejo monástico".


Fernando Beltrán.
"La contemplación en la acción", 114.

viernes, 10 de julio de 2009

Ser PERSONA.


"Si no puedo distinguirme de la masa de otros hombres, nunca podré amar y respetar a otros como es debido. Si no me separo de ellos lo suficiente para conocer lo que es mío y lo que es de ellos, nunca descubriré lo que tengo que darles, ni nunca les permitiré la oportunidad de darme lo que deben darme. Sólo una persona puede pagar las deudas y cumplir las obligaciones; y si soy menos que persona nunca daré a otros lo que tienen derecho a esperar de mí. Si ellos son menos que personas, nunca sabrán lo que deben esperar de mí, ni nunca descubrirán que tienen algo que darme. Normalmente tenemos obligación de educarnos recíprocamente cumpliendo las justas necesidades mutuas. Pero en una sociedad en que la personalidad está oscurecida y disuelta, los hombres nunca aprenden a encontrarse a sí mismos y, por consiguiente, nunca aprenden a amarse unos a otros".

Thomas Merton.
Los hombres no son islas, 226.

miércoles, 8 de julio de 2009

El valor de la soledad para la sociedad.


"Si el hombre no conoce el valor de su soledad, ¿cómo podrá respetar la soledad ajena?

Es a la vez soledad y dignidad nuestras poseer una personalidad incomunicable que nos pertenece a nosotros solos y a nadie más, y que así será por siempre.

Cuando la sociedad humana llena su verdadera función, las personas que la integran crecen cada vez más en su libertad individual y en su integridad personal. Y cuanto más cada individuo desarrolle y descubra los recursos secretos de su personalidad incomunicable, más contribuirá a la vida y al benestar del todo. La soledad es tan necesaria para la sociedad como el silencio lo es para el lenguaje, el aire para los pulmones y el alimento para el cuerpo.

Una comunidad que trate de invadir o destruir la soledad interior de los individuos que la componen, se condenará a sí misma a muerte por asfixia espiritual".


Thomas Merton.

"Los hombres no son islas", 226

sábado, 4 de julio de 2009

Piensa...

"La estrechez de espíritu, unida a una virtud sincera e intransigente, es una de las principales causas de los crímenes del mundo. La historia está llena de hombres virtuosos que constituyeron un peligro para sus semejantes".
Ch. Duquoc.

viernes, 3 de julio de 2009

Los santos: memoria subversiva.


"La memoria de los santos es necesaria. Pero no puede ser una memoria estéril, y menos aún mortal. Es ley común que en las regiones del espíritu uno encuentra lo que va buscando y no necesariamente lo que existe. Este criterio tiene que aplicarse a la memoria de los santos, de todos los santos. Si la memoria de los santos no desnuda, sino que ayuda a cambiar las ropas de trabajo por las de fiesta, no habemos hecho más que que aumentar el ruido, el fasto, la tentación y la muerte sin remedio. La memoria de los santos no puede dejar de tener un resquicio de amargor, porque juzga con el implacable argumento de la vida. Aunque ello no quiera decir, en modo alguno, que se trate de una memoria trágica. La memoria de los santos no sólo condena muchas posesiones nuestras, sino que alumbra también muchas privaciones. Cuando la memoria de los santos deje de ser la disculpa pública de nuestra mezquindad y se convierta en pública acusación de la misma, entonces la memoria de los santos habrá dado a los hombres no sólo una esperanza cristiana que supera la esperanza evanescente, sino que habrá hecho de ellos indicadores del único camino que tiene el cristiano. La memoria de los santos está circundada de mentira y sonrojo, cuando aun queda capacidad para sonrojarse. El papel aguanta mucho, y por eso la más últrajada memoria de los santos está en los papeles, en papel mojado o en papel que acabará al fin mojándose. Así es nuestra memoria de los santos: papel mojado".


Augusto Guerra.
(Escrito en Rev. de Espiritualidad, 1980)

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.