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sábado, 22 de septiembre de 2007

Dios es paciente con todos.


La Paciencia de Dios.

Dios es paciente. La paciencia se da allí donde uno espera a otro dejándole plena libertad. La paciencia de Dios es su voluntad de dejarle al otro –por su misericordia y como afirmación de su santidad- espacio y tiempo para su propia existencia. Dios no ejerce su misericordia arrollando a quien es objeto de ella. La misericordia de Dios depende precisamente de su paciencia: ese dejar margen a la criatura pecadora con la que Dios crea para sí un espacio en el que seguir hablando y actuando con ella. Dios tiene tiempo. (Yo diría que todo el tiempo) Y el hecho de que tenga tiempo para nosotros es lo que caracteriza como ejercicio de paciencia todo su proceder respecto a nosotros. NO es que la paciencia de Dios abandone al ser humano a su suerte. Dios no es de miras estrechas. Sabe muy bien qué clase de criaturas somos. Pero, por saberlo, tiene una razón real para tener paciencia con nosotros: la razón que él mismo ha dado. Si deja que todos sigan sus propios caminos, si una y otra vez les da tiempo (y comida a su tiempo), y si una y otra vez no deja de aguardarlos en el Todo, es porque ya los alcanzó en el Uno. Lo hace porque en ese Uno, en el que se entregó a todos, todos cayeron ya en sus manos. A causa de ese Uno tiene Dios paciencia con todos. No con el fin de dejarles espacio y tiempo para obstinarse en su impenitencia. Lo que la paciencia de Dios les permite es precisamente recorrer el camino de la fe”.

Kart Barth (1886-1968): el autor más representativo de la llamada “teología dialéctica”, escribió entre 1932 y 1967 la DOGMÁTICA ECLESIAL, considerada como la Summa Theologica del siglo XX.

1 comentario:

Anónimo dijo...

!AHHH, la paciencia de Dios, ella es nuestra salvación!!!!

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.