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sábado, 8 de septiembre de 2007

VIrgen de la Caridad, Bendícenos.


Hoy, 8 de septiembre, los cubanos celebramos a María, bajo el título venerado de NUESTRA SEÑORA DE LA CARIDAD DEL COBRE. En todos los templos del país la imagen pequeña de la Virgen ocupa un lugar especial, y en su hermoso santuario (También sencillo y humilde como el menos de sus hijos) llegan los peregrinos para ofrecerle sus flores y sus ruegos. También Thomas Merton llegó a ese lugar una vez para pedir por su sacerdocio, y escribió así acerca de ello:

“Después de haber cruzado la línea divisoria, y mientras descendíamos por los verdes valles hacia el mar Caribe, divisé la amarilla basílica de Nuestra Señora del Cobre, irguiéndose por encima de los tejados de zinc del pueblo minero situado al fondo de un profundo y verde valle rodeado de riscos defendida por peñascales y empinadas pendientes cubiertas de matorrales.
¡Ahí estás, Caridad del Cobre! Es a ti a quien he venido a ver. Tú le pedirás a Cristo que haga de mí su sacerdote, y yo te daré mi corazón, Señora. Y si me alcanzas ese don del sacerdocio, yo te recordaré en mi primera Misa, de modo que ésta será en tu honor y ofrecida a través de tus manos, en agradecimiento a la Santísima Trinidad, que se ha servido de tu amor para concederme tan inmensa gracia”.


Hago mía la suplica de Merton a la Virgen:

“Tú le pedirás a Cristo que haga de mí su sacerdote y yo te daré mi corazón, Señora”.

Que María de la Caridad nos alcance el don incomparable de la fe y de la oración íntima y contemplativa, que es unión de amor con la Trinidad Santa.

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.