Seguidores

lunes, 16 de junio de 2008

Rilke: la inexpresable soledad.



“En el fondo y precisamente por lo esencial, estamos inexpresablemente solos”.

Todo progreso debe venir de lo profundo del ser y no puede sufrir presión ni apresuramiento. Llevar a justo término; después, dar a luz. Todo está ahí… aguardar con honda humildad y paciencia la hora del nacimiento de la nueva claridad”.

“El hombre, creo, es también maternidad, en lo corporal y en lo espiritual; su engendrar es también una suerte de parir, y es parir al crear desde la íntima plenitud”.

“La soledad le servirá de refugio y hogar incluso en medio de relaciones muy extrañas, y, desde la soledad, encontrará usted todos sus caminos. Si usted siente entonces que su soledad es grande, alégrese. Dice usted bien: ¿Qué sería una soledad que no fuera una gran soledad?”.

“Sólo una cosa es necesaria, la soledad. La gran soledad interior. Entrar en sí, y no encontrarse con nadie durante horas y horas, eso es lo que se debe poder alcanzar. Estar solo, como se estaba solo de niño, cuando los adultos van y vienen mezclados a cosas que parecen grandes al niño e importantes por el solo hecho de que las personas mayores se preocupan y que el niño no comprende”.

“Es bueno estar solo porque la soledad es difícil. Que una cosa sea difícil debe ser una razón más pura para sostenernos”.

“El amor de un ser humano por otro es posiblemente la prueba más difícil para cada uno de nosotros; es el más alto testimonio de nosotros mismos; es la obra suprema en la que todas las demás no son más que preparativos”.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hablar de la soledad de esta manera solo puede hacerlo quien la vivió y la sufrió, hasta que un día también la disfrutó. La paradoja del ser humano: solitario y necesitado de los otros. Siempre he disfrutado a Rilke.
Gustavo.

Alicia dijo...

Maravilloso texto para los que le tememos a la soledad.
Es una experiencia distinta y única, pero que me es muy difícil.
Gracias por traerlo, por tentarme, por invitarme!

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.