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domingo, 27 de abril de 2008

Thomas Merton habla de RESURRECCIÓN.


"Un sacerdote da testimonio de la Resurrección teniendo en sus manos a Cristo Resucitado, elevándolo sobre su cabeza para que todo el mundo lo vea. Y ninguno de nosotros ve, excepto por la fe. La fe misma es la luz de la resurrección, nuestra participación en la Resurrección. Es el efecto de la Resurrección en nuestra alma. Mediante ella somos enterrados y resucitados de la muerte en Cristo"

. (Thomas Merton, 24 de febrero de 1953)


"Todos hemos de resucitar de la muerte. La resurrección es nuestro destino. La vida es nuestro destino lo queramos o no. Pero ser resucitado sin quererlo, odiar la vida, es la resurrección del juicio. El hombre no es ni puede ser algo meramente efímero. Pero si desea desvanecerse, quedarse en lo que no es, es una contradicción viviente". (Thomas Merton, 7 de mayo de 1961)


"En el sermón pascual de Isaac de Stella hay una profundísima intuición de la fe como resurrección por ser un acto de obediencia a Dios considerado como la vida suprema. Lo que importa es el acto de sumisión a la vida infinita, a la autoridad de la Vida Creadora y Redentora, al Dios Vivo. La fe es este sometimiento. La rendición interior de la fe no puede tener pleno sentido más que como acto de obediencia, es decir, compromiso personal en el sometimiento a la verdad de Dios en su poder de dar vida, y de ordenar vivir.

De ahí que la fe no sea simplemente un acto de elección, una opción por una cierta solución al problema de la existencia, etcétera, sino un nacimiento a una vida más excelsa mediante la obediencia al Dador de la Vida, obediencia a la fuente de vida.

Creer es consentir a una orden creadora que nos resucita de entre los muertos".

(Thomas Merton, 5 de diciembre de 1960)

viernes, 25 de abril de 2008

El "CASTILLO" de Teresa.



Hace casi diez años me leí integramente el libro del "Castillo interior" o "Las Moradas", de Santa Teresa de Jesús. Antes me había parecido denso y poco motivador, pero en ese momento, animado por el estudio que hacía de las obras de mi santa fundadora, me entusiasmé y adentré en las páginas de esta obra. Me pareció genial. Llena de intuiciones, espirituales y al mismo tiempo muy humanas. Aunque para el novato su lenguaje pueda parecer enrevesado por arcaico, quien se acostumbra a su lectura acaba inevitablemente disfrutando de sus giros, de su coloquialidad, de su humor y frescura. Teresa suena más moderna que muchos escritores más recientes.

Cuento esto motivado por la compra hoy de un excelente comentario al libro de "Las Moradas" realizado por Tomas Álvarez, gran conocedor de la obra de Teresa, y quien fuera profesor mío en aquel entonces del que les contaba en el párrafo anterior, en la ciudad de Avila, inspiradora obviamente de Teresa para utilizar el símbolo del castillo al hablar de lo interior. Este libro, publicado por la editorial MONTE CARMELO, es un auxilio excelente para quien decida leer un libro que forma parte de la herencia espiritual del occidente cristiano.

Y yo, personalmente, aconsejo aquí y ahora, la lectura de los libros de TERESA DE JESÚS. Es una mujer extraordinaria, que en su tiempo defendió a capa y espada su vocación de orante, de renovadora y de escritora además.

Teresa en este libro del que les hablo nos muestra al ser humano en toda su grandeza, habla de su vocación eterna, de la llamada interior, y utiliza el símbolo del castillo para describirnos un itinerario, el suyo propio, puesto a disposición de sus lectores, para animarles a recorrer el propio camino hacia Dios y la verdad propia. Cuando ella habla de alma y de castillo, está hablando del hombre en cuanto ser humano (hombre y mujer); su libro comienza hablando acerca de nuestra dignidad humana. Nada más parecido a Dios que el hombre; no está hecho sólo a su imagen y semejanza, sino que es capáz de contener a Dios. Y lo dice así:el alma del hombre es como un castillo "todo de diamante y muy claro cristal".

martes, 22 de abril de 2008

Tenemos un trabajo que realizar.

"Lo más importante de todo: la vocación creativa del hombre a preparar, conscientemente, el triunfo definitivo de la Sabiduría Divina. El Hombre, el microcosmos, el corazón del universo, es quien está llamado a efectuar la fusión de los procesos cósmico e histórico en la invocación final a la sabiduría y el amor de Dios. En nombre de Cristo y por su poder, el Hombre tiene un trabajo que realizar: ofrecer el Cosmos al Padre, por el poder del Espíritu, en la Gloria de la Palabra.Nuestra vida es un poderoso Pentecostés en el que el Espíritu Santo, siempre activo en nosotros, trata de llegar mediante nuestras manos y lenguas inspiradas al corazón mismo del mundo material creado, para espiritualizarlo mediante la acción de la Iglesia, Cuerpo Místico de la Palabra Encarnada de Dios"

Thomas Merton
25 de abril de 1957.

domingo, 20 de abril de 2008

Mi Iglesia.


Es el V domingo de Pascua, y lejos de mi comunidad parroquial, evoco este misterio de sentirnos hermanos y hermanas en un sólo cuerpo, la Iglesia. Tal vez sea a menudo muy crítico con la iglesia-institución, con sus modos y estructuras, pero creo que desde el primer día en que Dios me llamó a ser parte de su pueblo, entendí que la Iglesia es un misterio de amor inabarcable. Así lo he experimentado durante todos estos años, así he intentado trasmitirlo a los demás, aunque no creo haberlo conseguido.


"La relación entre la Eucaristía y la Iglesia se entiende en la gran tradición cristiana como constitutiva del ser y del actuar de la misma Iglesia, hasta el punto de que la antiguedad cristiana designada con las mismas palabras, "Corpus Christi", el cuerpo nacido de la Virgen María, el cuerpo eucarístico y el cuerpo eclesial de Cristo.

Esta unidad del cuerpo se manifiesta en las comunidades cristianas y se renueva en el acto eucarístico que las une y las diferencia en Iglesias particulares... El término católico expresa la universalidad proveniente de la unidad que la Eucaristía, celebrada en cada Iglesia, favorece y edifica". (sínodo de obispos sobre la Eucaristía)


Cuando Jesús dice: "No tengan miedo", nos invita a descubrir que no estamos sólos, que somos Iglesia, que tenemos hermanos.
"Vivir segun el domingo, vivir segun la Eucaristía, nos revela el sentido del tiempo. Es el día de los días. El domingo, que brota de la Resurrección, atraviesa los tiempos del hombre orientándolos hacia eternidad" (Benedicto XVI)

viernes, 18 de abril de 2008

La verdad fundamental: soy amado.


"El autodesprecio es el enemigo mayor de la vida espiritual porque está en contradicción con la voz sagrada que nos llama "amado". Ser amado expresa la verdad más profunda de nuestra existencia". (Henri Nouwen)


Es la verdad fundamental. Si sabemos escuchar podemos sentir una voz suave y amorosa que habla en el silencio y en la soledad del corazón.

jueves, 17 de abril de 2008

La resurrección de cada día.


Muchos cristianos han perdido hoy el sentimiento de misterio que encarna el tiempo pascual, pero para quienes lo vivimos como una verdadera primavera espiritual, es el descubrimiento de una nueva vida en nuestro cuerpo y en nuestra alma. Es un camino que nos lleva a una mayor vitalidad, libertad y alegría. Así comienza Anselm Grün su libro "La resurrección de cada día: 50 impulsos hacia la alegría pascual", que he comprado hace un par de días y que enseguida he comenzado a leer, para mejor sintonizar con el espíritu de esta fiesta cristiana. Tomando algunas ideas de lo leído, les doy algunas luces para la oración y meditación personal:


"Caminar el camino de la resurrección significa liberarnos de todo aquello que nos impide avanzar en la vida, seguir adelante para experimentar la amplitud y la libertad de la vida, despertar del sueño de nuestras ilusiones y abrirnos a la verdadera vida".


"El camino de la resurrección es un camino de sanación. Es una praxis de vida".


"No podemos hablar de resurrección sin referirnos al ángel del Señor; donde hay resurrección, también habrá un ángel. Un ángel puede ser una luz que experimentamos en medio de nuestra oscuridad".


"Siempre que vemos un brillo en los ojos de un semejante, acontece para nosotros la resurrección. Siempre que las palabras de un semejante realmente nos movilizan, sucede para nosotros la resurrección. Cuando la palabra de la Biblia entra en mi corazón de tal manera que me moviliza y me transforma, entonces me levanto de mi letargo y experimento en mí mismo la resurrección".


miércoles, 16 de abril de 2008

En camino.


He traido conmigo en este viaje a República Dominicana uno de los libros de Merton: me ayuda en mi oración personal, y me hace sentirlo cercano como siempre. En librerías no hay nada que ya no tenga suyo, por eso me traje "Un año con Thomas Merton". Es de él que he tomado los textos que voy citando en estos dias, y que nos hacen partícipes de su propio camino espiritual para iluminar el nuestro, pues no tenemos que ser como Merton, sino como nosotros mismos, en esa llamada o vocación única que cada uno vive con Dios.




"Cada hombre es su propio Jacob. Despierta a los pies de su propia escala y ve a los ángeles subiendo y bajando, con Dios en lo alto de ella. Y así despierta en su propia e irreconocible casa, su puerta del cielo". (TM)






Dios es nuestra casa, en ella estamos, hacia ella viajamos. La puerta del cielo, diría el propio Merton, está en todas partes. Y ante esta promesa realizada ya en buena medida, nos preguntamos con él:



"¿Cuándo estaré más limpio, seré más sencillo y más amante?" (TM)




Es la insatisfacción de siempre, el buscar más, el saber que únicamente en Dios encontramos plenitud.

lunes, 14 de abril de 2008

Seguir encontrado.


Mientras rezaba mis oraciones esta tarde, caminando por la terraza de nuestro convento, en la capital dominicana, me auxilié de un pasaje de los diarios de Thomas Merton; son citas del año 1948 las que les comparto en esta ocasión.



"Lo que más necesito es la gracia para aceptar verdaderamente a Dios como Él se me da en cada situación".



Me dejó pensando esta frase. Es una verdad que cuando se intuye y se siente bien adentro nos llena de una profunda e imperecedera paz. Aceptar a Dios y reconocerle en cada momento de la vida. Y aceptarle tal y como es Él. Como dijo alguien: "dejar a Dios ser Dios". No aferrarnos a una imagen concreta, sino estar abiertos para recibirle tal y como Él quiere darse a nosotros. Nunca nos falta. Siempre está. Pero suele pasar que le buscamos segun una idea preconcebida, y

Dios es siempre nuevo.


Al final de este pasaje, aparece una oración, que hago mía:


"Buen Pastor, tienes una oveja indómita y alocada cautiva de espinas y zarzas. Pero, por favor, no te canses de mirarme. Sé que no lo harás, porque Tú me has encontrado. Lo único que tengo que hacer es seguir encontrado".

sábado, 12 de abril de 2008

Buscar bendiciones.


El gobernador Wei dijo:
He oído contar que cuando Bodhidharma intentó por primera vez enseñar al Emperador Wu de Liang, el emperador le preguntó: “Me he dedicado toda mi vida a construir templos, a ordenar monjes, a repartir limosnas y comida por caridad: ¿Qué virtud he logrado?” Bodhidharma respondió: “En realidad, no se logra ninguna virtud”. Yo no entiendo este principio; te ruego que me lo expliques.
El Maestro dijo:
En realidad, no se logra ninguna virtud: no dudes de las palabras del antiguo sabio. La mente del emperador Wu estaba equivocada y él no reconocía la verdadera enseñanza. Construir templos, ordenar monjes, repartir limosnas y comida por caridad se llama buscar bendiciones. Las bendiciones, por sí mismas, no se pueden considerar como virtud lograda. La virtud se encuentra en la personificación de las cualidades, no en el cultivo de las bendiciones.

“El Sutra de Hui Neng”. Comentarios al Sutra del diamante.
Arca de sabiduría, 1999.

jueves, 10 de abril de 2008

Esto es amor.


“Vuelo en alas del amor por toda la casa. Tengo la impresión de andar dos pasos por el suelo y cuatro por el aire. Esto es amor: Y es consuelo. No me preocupo si es consuelo. No estoy apegado a las consolaciones. Amo a Dios. El amor me lleva por todas partes. No quiero hacer nada más que amar. Y cuando suena la campana tengo que dominarme apretando los dientes, porque este amor, amor secreto, amor escondido y amor oscuro, bulle dentro de mí y fuera de mí, donde no me cuido de hablar sobre él. En todo caso carezco de tiempo y de fuerzas para tratar tales materias. Sólo me queda tiempo para la eternidad, es decir, para el amor, el amor, el amor.
El amor me empuja por todo el monasterio, me hace moverme de un lado a otro, el amor es lo único que me permite seguir adelante. El amor, cuando comienza, lleva un paso tan rápido que hay que sujetarse bien para no caer. Cualquier ritmo de celeridad es demasiado lento para el amor; en tanto que ninguna velocidad es excesiva para uno cuando se deja arrastrar por el amor. Tras ello sólo queda bogar de continuo sobre su corriente.
Esto me abrasa. Estoy completamente agostado por el deseo, y sólo acierto a pensar en una cosa: permanecer en el fuego que me quema”.


Thomas Merton

miércoles, 9 de abril de 2008

Santidad, comunidad y lenguaje.


Tres aspectos de la espiritualidad y práctica cristiana han suscitado siempre mi atención, y en torno a ellos he meditado durante mucho tiempo, tratando de encontrar nuevas luces que me permitan comprender mejor la senda por la que intento llegar a la Verdad. En las muy diversas etapas de mi camino estas cuestiones se han ido desarrollando y cambiando de rostro, pero conservando siempre un núcleo esencial; se ha ido enriqueciendo también mi comprensión de ellas, y he visto que a fin de cuentas no son sino una misma realidad. Todos buscamos lo mismo, aunque por diversos caminos, y tal vez mi búsqueda personal contribuya en alguna medida a la búsqueda de otros, a pesar de mi pobreza y mis límites. Esa es una de las razones de este blog: compartir mi camino, que además se enriquece notablemente con cada uno de ustedes. Los dones de los amigos suplen nuestras carencias, y nos muestras mejores ante los demás.
Pero en fin, vuelvo a lo que comentaba al inicio. Los tres temas en los que se ha centrado mi reflexión a lo largo de los últimos años son estos:
1- La santidad: Con esta palabra me refiero a la plenitud de vida que anunció Jesús. No es un término esencialmente moral, como lo entiende la mayoría de las personas: ser buenos. Incluye la bondad, pero es mucho más que eso. Es la “vida en abundancia”, es la iluminación, es la paz, la compasión. El santo es otro Cristo. Santidad refiere a la esencia y comprensión del mensaje de Jesús. Me pregunta: ¿Es la santidad posible o es una meta inalcanzable en este mundo? ¿Es sólo un hermoso ideal o refiere a una realidad concreta, que es posible vivir?
2- La Comunidad: Es la realización concreta de la santidad. Es la vivencia de la enseñanza de Jesús. Es la estructura que sostiene el ideal. Es juntarse para hacer concreto un sueño. La vida religiosa en la Iglesia surge por esto, pero también hay otros intentos de realizar la comunidad. La familia, los movimientos, las comunas, etc. Como pertenezco a una familia religiosa, y palpo desde dentro la realidad que esta vive intento “comprender” y ayudar de algún modo a superar la crisis de identidad y propósito que hoy nos agobia.
3- El lenguaje: Hablo aquí de la manera de comunicar lo que creemos y vivimos, de unos códigos para que puedan los otros recibir nuestro mensaje y que este sea comprensible. Es la manera de definir lo que somos, de comunicarlo, de trasmitirlo.

En otras palabras, podría decir que santidad es lo que creo, comunidad lo que vivo y lenguaje lo que digo. Ahora mismo tengo claro que las palabras anteriores son insuficientes, que no dicen lo que tengo adentro, pero son un primer intento de sistematizar, de poner en letras lo que vengo meditando. He leído mucho sobre estos temas, en particular sobre lo primero y tercero, pues de lo segundo me dejo llevar más por la propia vivencia, aunque he leído también. Así he podido mirar aquí y allá, e ir asumiendo una mirada propia. Seguro seguiré hablando sobre esto en otra ocasión.

martes, 8 de abril de 2008

Merton, el clima, el paisaje y yo.


Hemos tenido mucha lluvia esta mañana; en la madrugada me despertaron las gotas de agua que entraban por la ventana abierta y el fragor de los truenos. Pero ahora, casi mediodía, ha salido el sol y el día está claro y hermoso. Así es en el Caribe. Y yo leía esta mañana a Merton, que dice en uno de sus diarios: “Me parece que el paisaje es importante para la contemplación”, y en otra parte también incluye el clima como uno de los aspectos que repercute en la vida espiritual. Nada escapa al orante, y todo se convierte en posibilidad, en ventana o puerta abierta, para asomarnos al mundo increíble que está más allá de lo obvio, de lo supuestamente real. Mi paisaje es el de una ciudad que intenta reencontrarse, que sueña con cambios que le hagan recuperar su antiguo esplendor, y al mismo tiempo es una ciudad sucia y ruinosa, una ciudad marginalizada en demasía. Desde mi ventana en el convento contemplo los tejados y azoteas, veo también el mar a lo lejos, pero intento tener una mirada larga, que más allá de lo material, pueda contemplar también a la gente que habita la ciudad, que sueña, que trabaja, que lucha por vivir. Como Merton decía: para esa gente estoy aquí, sin ellos mi consagración no tendría sentido. Eso no supone que mi vida consista en un activismo desmedido para llegar a cada uno; mi elección es otra, pero a través de ella defiendo una verdad que nos pertenece, abro senderos, protejo una luz.
El próximo domingo, Dios mediante y acabo los trámites a tiempo, estaré viajando a República Dominicana para una reunión de la Orden; estaré unos 20 días más o menos, según mis planes. Ya no me siento cómodo lejos de casa. Les mantendré al tanto, les contaré del viaje, y trataré de mantener este espacio lo más actualizado posible. Espero encontrar algún buen libro, y reencontrar amigos. Y hablar de Merton.

“Dios nos da libertad para crear nuestra propia vida de acuerdo con su voluntad, lo que equivale a decir en las circunstancias en las que Él nos ha colocado”(TM).

lunes, 7 de abril de 2008

Monje e institución.

Es evidente que hay una notable diferencia entre el joven Thomas Merton que como converso encuentra asilo temporal en el paraíso claustral de orden y sencillez que era Getsemaní, y el monje en proceso de maduración que, consecuente con el aliento que le guiara, despierta gradualmente de un sueño pastoral artificial para descubrir que incluso su propio monasterio puede participar plenamente, y él también, de las cualidades de desorden, ruido y complejidad del gran mundo. Getsemaní ayudó a Merton y le dio un marco propicio para responder a un propósito más hondo y superar las complejidades de su mundo, pero luego le obligó también a revisar sus propias ilusiones y remar mar adentro. Los diarios de Merton nos van dejando ver un creciente sentido crítico a la par de su maduración personal y religiosa, y nos permiten compartir un proceso interior que le hace descubrir como la estructura monástica puede inducir a una falacia mayor que aquella otra que pretende refutar con su práctica.
Poco antes de partir para Asia, Merton afirmará que el propósito de la vida monástica es la unificación de la persona; toda la arquitectura religiosa del monasticismo, con su estructuración precisa, el calendario litúrgico y todo el conjunto de reglas, está exclusivamente concebida para propiciar la creación de un “clima” que facilite el nacimiento de hombres nuevos, también, en otras palabras, el desarrollo de personas reales.
Merton necesitó Getsemaní para sanar su rota identidad, ocasionada por sus experiencias de niñez y juventud; para el monje el monasterio constituye un edificio de alabanza y adoración. Pero a la par que va unificándose, también Merton va reflexionando acerca del papel del monje en el mundo. Este debe tener, dirá, una perspectiva correcta acerca de la situación en la que se encuentra el mundo, y no ha de aferrarse ciegamente a los esquemas pasados, si bien ha de preservar todo lo que de valioso ofrezca la propia tradición.
De hecho, Merton fue un gran conocedor de su tradición monástica, y eso le permitió que su acercamiento a la cultura contemporánea y las tradiciones orientales llevará siempre una impronta ortodoxa, fiel a la tradición de la Iglesia. En uno de sus diarios publicados Merton declara explícitamente su fidelidad a la iglesia católica al tiempo que se muestra implacable en su crítica hacia su institución.

(Notas a partir de la lectura de “La Memoria Encendida”, de Fernando Beltrán llavador)

domingo, 6 de abril de 2008

La luz de un Encuentro.


El pasaje del Evangelio de San Lucas que narra el encuentro de Jesús con los dos peregrinos de Emaus es uno de los más hermosos de la Escritura, y al leerlo me produce siempre un hondo bienestar espiritual. Es una parábola de la Eucaristía y de nuestra propia vida, en las que Jesús nos sale siempre al encuentro para calentar nuestro corazón desanimado. Me gusta utilizar la imagen del peregrino para pensar nuestro paso por la vida, no por considerar que la existencia humana sea un simple paréntesis de importancia menor, sino porque permite comprender mejor la transitoriedad y al mismo tiempo la trascendencia de nuestro humano andar. Somos criaturas, mortales y efímeras, pero estamos inmersas al mismo tiempo en un proyecto de Amor que nos supera y envuelve para dar sentido a nuestra caducidad. Somos hijos del Amor, y el Amor nos espera siempre al final del camino. Sin embargo, nos cuesta creer que somos amados, y por eso andamos, llenos de dudas y temores, cabizbajos y malhumorados, contando cada paso que damos, y sin disfrutar del paisaje que nos rodea. Hacerlo es tener una vida contemplativa, iluminada, plena; vivir con miedo y sin esperanza es no vivir. Por eso, Jesús Amigo, Jesús Maestro, Jesús Señor, viene a nuestro encuentro, nos hace tropezar y levantar los ojos: “No temas –dice- Aquí estoy yo”. “Por qué son tan duros para comprender y ver la verdad de sus vidas”. Me gusta la frase con que los dos de Emaus expresan su experiencia: “No en vano ardía nuestro corazón cuando nos hablaba”. Un corazón lleno de Jesús es cálido, amable, acogedor, agradecido. Seamos peregrinos, pero no de los que van de Jerusalén a Emaus, sino de los que van de Emaus a Jerusalén, gozosos y ardientes para comunicar a todos la luz de un Encuentro.

Les comparto unas frases de Henri Nouwen que nos ayudarán a entender mejor este pasaje que comentamos:

“Sólo invitando al otro a venir y a quedarse puede un encuentro interesante convertirse en una relación transformadora”.

“Lo que celebramos y lo que estamos llamados a vivir son, en esencia, la misma cosa”.

sábado, 5 de abril de 2008

Leer a Thomas Merton.


No puedo dejar de leer a Merton. En los últimos días he tenido algunos problemas con el manejo de este blog y no he podido tenerle actualizado en el modo habitual; espero que mis amigos y amigos de esta casa virtual sean comprensivos y no dejen de tenerme presente siempre en el corazón y en sus oraciones. Pero mientras vivo, trabajo, leo y lucho (la vida es lucha siempre) no he dejado de leer a Thomas Merton. Cada mañana, cuando voy a la capilla del convento a rezar el oficio de Laúdes con la comunidad, llevo conmigo también algún libro de Merton (casi siempre el mismo durante cierto tiempo) y dedico unos minutos a conversar interiormente con él. Esta “amistad espiritual” ha sido siempre beneficiosa para mí. Porque esta cercanía me mantiene despierto: “La fidelidad exige una crítica constante”; así lo dice Merton, y he asumido este modo de vivir la fe, ser fiel en el constante cuestionamiento de lo que soy. “Está creciendo en mí una inmensa satisfacción con cuanto es aceptado como verdad de manera meramente pasiva, sin lucha ni examen. La fe, sin duda alguna, no es pasiva ni una evasión”. Esto no hace, por supuesto mi vida más fácil, pero sí más auténtica, más libre, más vida. Con los años he ido aceptando mi “singularidad” con paz y agradecimiento, he aceptado que la posesión de muchas virtudes puede significar apenas luchar por ellas, aunque nunca alcancemos la meta que nos proponemos. “La Verdad es un Camino y una Persona, y un Camino y una Persona tienen que ser encontrados y seguidos. La Verdad debe ser vivida. De hecho, no existen fórmulas sencillas que basten de una vez para siempre”.
Como Merton, también yo quiero ser parte de todo, “como si la existencia misma tuviera un carácter celestial”, y tratar de “ir a la raíz: la unión con Dios”. Pero al mismo tiempo vivimos en un tiempo y espacio concretos, en un mundo egoísta y violento: “Como el resto del mundo, vivimos bajo la bomba”, aun siendo un consagrado con ciertas “ventajas” para hacer el camino de Dios, y “no es en absoluto fácil hacer un acto de fe en que todo en la historia está en manos de Dios”.
Leer a Merton siempre me ayuda. Me ayuda a perseverar, a seguir, a no rendirme y a rendirme a Dios. “Y únicamente si voy a donde debo ir puedo ser de alguna utilidad para el mundo”.

miércoles, 2 de abril de 2008

Resurrección.


La piedra que tapa el sepulcro es un símbolo de los obstáculos que bloquean nuestra vida. Muchos conocen la sensación de sentir sobre ellos una piedra que no los deja vivir. Puede ser una carga del pasado, lesiones y heridas que no nos permiten levantarnos y seguir nuestro camino. Pueden ser inhibiciones que nos paralizan. A veces, el futuro pesa como una piedra sobre nuestro corazón. Tenemos miedo de una conferencia, de una prueba, de una operación seria. A veces, son las personas las que nos pesan como piedras. Tienen poder sobre nosotros. Estando cerca de ellas, no podemos siquiera respirar con libertad. Nos cohíben. Nos bloquean. No nos mostramos tal como somos. Nos atemoriza el potente alboroto, el poder destructivo que irradian. Obstaculizan la vida que pugna por brotar en nosotros como una piedra.
Resurrección significa que el ángel desciende del cielo y quita la piedra. Hace rodar el peso que bloquea nuestra vida. Podemos respirar con libertad de nuevo. De pronto, no sentimos más la piedra. El ángel se sienta triunfante encima de la piedra que ha sido desplazada. La piedra se convierte en un símbolo del triunfo de la vida sobre la muerte. Nos recuerda que nos ha sucedido un milagro, que nuestra tumba se ha abierto y finalmente podemos levantarnos. Probablemente hemos reflexionado sobre el tema e intentado por medio de conversaciones liberarnos de la carga de piedra. Pero nada sirvió. De improviso, un ángel entra en nuestra vida. Y, sin que sepamos cómo, la piedra es retirada y volvemos a sentirnos vivos”.

Anselm Grün.

Impotencia interior.


“A veces, la meditación no es otra cosa que una batalla infructuosa por volvernos hacia Dios, por buscar su rostro mediante la fe. Un número enorme de cosas más allá de nuestro control puede hacer moralmente imposible que meditemos con efectividad. En tal caso, son suficientes la fe y la buena voluntad. Si uno ha hecho un esfuerzo sincero y honesto para dirigirse a Dios y no parece alcanzar esa meta, entonces el intento deberá contarse como una meditación. Esto significa que Dios, en su misericordia, acepta nuestros infructuosos esfuerzos en lugar de la meditación real. A veces sucede que esta impotencia interior es un signo de progreso real en la vida interior, pues nos hace depender más completa y pacíficamente de la misericordia de Dios”.

Thomas Merton.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.