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sábado, 30 de mayo de 2009

El camino por hacer.


La entrada anterior no pretendía ser exhaustiva respecto al tema que trataba, sino simplemente presentar la disyuntiva que, como bien decía alguien puede tener diversas lecturas e interpretaciones. Es real que la disyuntiva se ha planteado siempre, y se seguirá presentando, porque el ser humano, que está llamado a caminar siempre, se siente tentado a buscar absolutos y seguridades temporales. Joan Chittister ofrece unas pautas de reflexión, nada más, muy personales. Me gusta cuando dice: "La espiritualidad es el hambre del corazón humano". La religión, los dogmas, las leyes, los ritos, son como la comida de cada día, valen pero no supone que no tengamos que volver a comer. Es decir, lo que colmará nuestro anhelo, nuestro deseo, y nos saciará está siempre más allá.

Por eso también dice Joan Chittister: "La religión está destinada a ser luz, signo, indicación, camino. La religión se convierte en el mapa hacia el lugar en el que nadie ha estado. Pero el modo de avanzar queda en mis manos. Y ese modo de avance es mi espiritualidad". Es decir, y fijaos bien en esta frase: "La espiritualidad hace real aquello de lo que la religión habla". La religión nos lleva a la espiritualidad, y la espiritualidad es camino a la religión. Hay personas religiosas que no tienen una espiritualidad; creen que la religión les garantiza el favor de Dios, pero la religión es el punto de partida, el fundamento de la vida espiritual, no la vida espiritual en sí misma, que va más allá, que apunta más lejos, y que es necesariamente más personal, más implicativa.

Mucha gente abandona su religión, porque no tiene vida espiritual; no sabe lo qué es eso, y claro, se sienten insatisfechas. La religión es el camino hecho, la espiritualidad es el camino por hacer.

viernes, 29 de mayo de 2009

¿RELIGIÓN Vs ESPIRITUALIDAD?

El texto de esta entrada está tomado de un libro que leo por estos días, y que recomiendo a los amigos del blog, si es que no lo conocéis; su autora, Joan Chittister, es una religiosa norteamericana, y se trata de una especie de "diario espiritual" que toca temas fundamentales de la vida cristiana. El texto, me parece, puede ser cuestionado, al menos parcialmente, y quiero comentarlo en una próxima entrada:
"La religión consiste en lo que creemos y en por qué lo creemos. Consiste en tradición, institución y sistema. Construida a lo largo de siglos, la religión pinta para el mundo un retrato de la creación y las interrelaciones. Nos proporciona credos, dogmas y definiciones de Dios. Nos congrega en el culto y nos recuerda que hay un mundo venidero.


La espiritualidad es el hambre del corazón humano. Busca no sólo un modo de existir, sino una razón para existir que supere lo biológico, lo institucional e incluso lo tradicional. Eleva la religión del nivel teorico o mecánico al personal. Pretende hacer reales las cosas del Espíritu. Trasciende las normas y los ritos para llegar a una concentración de sentido. Persigue con ardor las dimensiones místicas de la vida que la religión pretende fomentar.


Cuando desarrollamos una vida espiritual que va más allá de una forma de simple e irreflexivo apego a unos cánones de comportamiento heredados, el alma supera la adhesión a un sistema, llegando al crecimiento anímico. La espiritualidad pretende trascender a los funcionarios de la religión para alcanzar por sí misma la intimidad con el misterio del universo. La espiritualidad toma la religión en sus manos.


La religión nos da mandamientos. Las normas -conjuntos de regulaciones que se han ido superponiendo a lo largo de los siglos- se proponen guiarnos en nuestro modo de vivir, a fin de que podamos llegar a ser lo que pretendemos. La religión prescribe un camino para pasar por la vida con unos ritos y costumbres destinados a mantener un orden eterno que el alma ya no comprende. Las normas están destinadas, aparentemente, a llevar a la Realidad Divina que las exige. Es el cumplimiento de la norma, según el sistema nos induce a pensar, lo que define tanto los límites como la naturaleza de nuestra espiritualidad.


Cada día en mi vida estoy menos segura de ello.


Dicho de otro modo, la religión termina donde empieza la espiritualidad".




Joan Chittister, osb.
"Ser mujer en la Iglesia".
Sal Terrae, 2006.

martes, 26 de mayo de 2009

TM sacerdote: "Probado por el fuego".

(Hoy, 26 de mayo, es aniversario de la Ordenación sacerdotal de TM; recordando ese acontecimiento les dejo parte de un trabajo que hice recientemente sobre el sacerdocio en Merton)
Según escribe el propio Merton, en “El signo de Jonás”,la ordenación no constituye el fin, sino el principio de un viaje. Este principio fue fácil y agradable. Pero transcurrido el verano empezó a adquirir gravedad el hecho de ser sacerdote”.[1] Es decir, comenzaron las preguntas, las inquietudes y los desafíos de un ministerio vivido, en unas circunstancias particulares, por una persona concreta. El sacerdote en la vida activa se enfrenta a unos desafíos diferentes a los del sacerdocio en la vida contemplativa; entre otras cosas dice del primero:
“Descubre entonces, en su contacto con el pueblo y con los demás sacerdotes, muchas cosas con las que no contaba. Algunas son alentadoras y otras no. En cualquier caso, enseguida empieza a crecer y a evolucionar, y a los pocos meses ya no es el frío y acaso engreído seminarista que fue hasta entonces. Ha empezado a aprender humildad y compasión en la escuela de las fatigas y los sinsabores”.
[2]
El sacerdote, de cualquier manera, tiene que ser “probado”, ya esté en uno u otro sitio de la Iglesia, “tiene que ser purificado por el fuego”. ¿De qué se trata en concreto?

“Ese fuego es el de la caridad divina, en el cual su alma tiene que hacerse una con el alma de Cristo. El carácter del sacerdocio de Cristo, impreso en lo más hondo de su ser en el momento de la ordenación, ha de desarrollarse durante toda su vida. Cristo sacerdote, Cristo ofrecido a su Padre en la cruz, tiene que reflejarse en la vida del sacerdote, tiene que reflejarse a Sí mismo en las acciones del sacerdote”.
[3]

Pero, si en el caso el sacerdote de vida activa, el crisol de la purificación es el amor a sus semejantes, en el caso de un sacerdote de vida contemplativa, que no ejerce un ministerio pastoral concreto, dice Merton, “el fuego por el que es purificado es el fuego de Dios, en la soledad”. A ese fuego se vio sometido entonces, de un modo tal, que usa la comparación bíblica de Jonás tragado por la ballena, y vomitado allí donde antes no quería ir, desoyendo la voz de Dios.

“Empezó a manifestarse en el fondo de mi alma un misterio que no sabía lo que era y que me llenaba de terror. No se me pregunte qué era. Pudiera explicarlo llamándolo “sufrimiento”. La palabra, empero, no es adecuada, porque sugiere dolor físico. No es esto en absoluto lo que quiero decir. Verdad es que mi salud había empezado a quebrantarse, pero en cualquier caso lo sucedido en ella no fue, en mi opinión, sino un efecto de ese algo impensable que se había desarrollado en las profundidades de mi ser. Insisto: no puedo explicarme en qué consistía. Era una especie de lenta conmoción abismal, que producía extrañas agitaciones en la visible superficie psicológica de mi vida”.
[4]

Es un período de crisis, que como él mismo apunta, afecta a su cuerpo y a su espíritu; tuvo también que ver con la acumulación de trabajo: sus escritos, sus nuevas responsabilidades docentes en el monasterio, y repetidos padecimientos físicos, como una gripe pertinaz, colitis, ingresos hospitalarios e incluso una intervención quirúrgica de nariz.[5]En el mes de abril de 1950, dice, “renuncié a escribir, según pensaba entonces, para siempre”. Pero, a finales de ese mismo año, dice “de pronto descubrí recursos morales completamente nuevos, una fuente de nueva vida, una paz y una felicidad que no había sentido antes y que subsistían frente a mi innominado terror interior”.[6]
[1] SJ, 261
[2] SJ, 261
[3] Ib.
[4] SJ, 262.
[5] R. CAO MARTÍNEZ, Thomas Merton, Salamanca, Sinergia, 2008, 74.
[6] SJ, 262.

lunes, 25 de mayo de 2009

Ser santo no es renunciar a lo humano.


Para Merton, la santidad supone un grado de confianza y de libertad muy grandes, y así está expresado en esta oración, muy citada, muy conocida de él:

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros”.


Importante la insistencia de TM de que la santidad, la vida espiritual, está íntimamente vinculada a su humanidad; ser santo no supone renunciar a ser humano, todo lo contrario:


Padre mío…Tú deseas el amor del corazón de un hombre porque Tu Divino Hijo te ama también con el Corazón de hombre y se hizo hombre a fin de que mi corazón y Su corazón te amen con un solo amor, que es un amor humano nacido y movido por tu Espíritu Santo. Así, si no te amo con el amor de un hombre, con la sencillez de un hombre y con la humildad de ser yo, nunca gustaré la plena dulzura de Tu Paternal misericordia, y Tu Hijo, en lo respectivo de mi vida, habrá muerto en vano. Es necesario que yo sea humano y permanezca humano para que la cruz de Cristo no quede vacía. Jesús no murió por los ángeles sino por los hombres”.

“Nuestra época es una época de ansiedad… La santidad en una época así significa, sin duda, ir desde el área de la ansiedad al área donde no hay ansiedad, o quizás puede significar aprender, de Dios, a estar sin ansiedad en medio de la ansiedad”.

sábado, 23 de mayo de 2009

Ascender y descender.


Este domingo, casi terminando el tiempo de Pascua, celebramos en la Iglesia la fiesta de la Ascensión del Señor. Dos aspectos importantes aparecen de entrada en el texto y la iconografía de este acontecimiento: se nos invita a mirar arriba, al Cielo, y se nos invita a mirar a Cristo, que sube al Cielo. La teología nos enseña que ese "arriba"no es un lugar físico, que el cielo teológico no es el cielo donde están los astros, las nubes, por donde van y vienen las aves y los aviones. El Cielo es Dios; estar en el Cielo es estar con Dios. Donde está Dios, escribió Teresa, es el Cielo. Ascender supone crecer, mejorar, madurar, alcanzar un nivel mayor en determinado sentido. En la Escritura y en la Teología, el ascender está vinculado con el descender: Cristo, que era Dios, descendió y se hizo uno de nosotros, y por eso Dios le elevó, le llevó al Cielo, y allí le sentó a su derecha, lo que significa, en igualdad de condiciones. Tampoco ese ascender en el Evangelio, supone desentenderse, irse, alejarse, pues de inmediato un ángel les dijo a los discípulos: ¿Qué hacen mirando al cielo? Vayan a Galilea y allí le veran. Otra vez el ascender tiene que ver con el descender: Jesús sube al Padre, para quedarse con nosotros. Galilea es la vida cotidiana, la de cada día, la más humana. Pero allí, bajo el sol de cada jornada, el discípulo sabe a dónde apunta su vida, cuál es la meta que persigue. Está llamad siempre a ascender, está invitado a morar desde ahora en el "Cielo". Está llamado a fijar sus ojos en Cristo. Él es su Patria verdadera. No necesitamos buscar nuestra afirmación en las cosas del mundo, pero sí tenemos que volcarnos en el servicio del mundo. Antes Jesús caminó junto a los suyos, ahora está más cerca: camina en los suyos, se hizo uno con ellos. Es importante siempre tratar de leer el mensaje cristiano desde el ahora, eso que Merton llamó sabiamente "el sacramento del instante presente". Aquí y ahora, para nosotros, y desde estas coordenadas que humildemente ofrezco: ¿Qué significa celebrar la ASCENCIÓN?

IGLESIA: fidelidad, obediencia, libertad.


"La gran prueba de fidelidad en la vida cristiana: una prueba que se deriva del hecho de que en la Iglesia Católica identificamos de forma excesivamente rígida fidelidad a Dios con fidelidad a la organización externa de la Iglesia. De ahí que invariablemente estemos ante una gran prueba siempre que se plantee un conflicto evidente (y estos conflictos se plantean fácilmente). Hay momentos en que según todas las apariencias, la fidelidad a Dios no es compatible con la mera obediencia a una norma externa: la fidelidad a Dios requiere algo distinto. Ciertamente no la revolución ni la desobediencia, pero sí una presentación de puntos de vista alternativos y más profundos.

Una fidelidad que exige siempre el sacrificio de lo interior y más perfecto con el fin de conformarse con una norma externa mediocre y que lo único que pide de nosotros es una cierta pasividad e inercia, es, en realidad, una infidelidad a Dios y a Su Iglesia. Por otra parte, no debemos convertir la autonomía en un fetiche y ser fieles únicamente a nuestra voluntad, puesto que ésta es la otra manera de ser infiel.

La respuesta está en considerar la Iglesia no tanto una organización cuanto un cuerpo vivo de libertades interrelacionadas. La fidelidad no pertenece tanto al ámbito de la ley cuanto al ámbito del amor. Pero esto presupone obediencia y autosacrificio".


17 de enero de 1963.

Thomas Merton.

viernes, 22 de mayo de 2009

María: ¿Una mujer difícil de comprender?


M. Basil Pennington es el autor de un libro publicado en español por "Estaciones Editorial", con el título "Un retiro espiritual con Thomas Merton". Él es también un monje, y fue a Getsemaní, a la ermita de Merton, para hacer un retiro, en quien estaba trabajando. Este libro es de 1988, y fue publicado en español años después. Hoy quiero compartirles algo de ese libro que me resultó interesante:


"Esta tarde tomé un tiempo para orar las quince décadas del rosario. Es una buena oración. Ciertamente condujo a mi madre a su abnegada santidad. Tom, en los horarios que se preparó a sí mismo mientras vivía aquí en la ermita, siempre se tomaba un tiempo para el rosario. Yo no lo había usado mucho en los últimos años; quizás sólo para llenar espacios vacíos; no le dediqué un tiempo especial. Las cuentas están siempre en mi bolsillo o sobre mi cama. Mi amiga Rose Marie me trajo un rosario nuevo de Medjugorie la semana pasada. Me emociona la insistencia de María allí, no sólo la persistencia en sus visitas cada noche durante casi cuatro años, sino su enseñanza tradicional. Pienso en esos adolescentes, especialmente en Iván, con todas las luchas de su edad y el desafío agregado de una visita a la Madre de Dios y la incesante atención que el peregrinaje requiere. Estoy seguro de que María cuida a sus niños, pero lo hace a su manera. ¡Se parece tanto a su Hijo! Vicka tiene ahora un tumor cerebral e Iván fracasó en el seminario; no pudo progresar con el latín. ¡Uno se siente inclinado a pensar que María hubiera podido hacer algo mejor por él!

Madre, eres una mujer difícil de comprender (pero en fin, creo que todas las mujeres lo son. ¿Y no es lo mismo con todos nosotros, imágenes, expresiones del Dios infinito?) pero te amo de todos modos. Estoy feliz de ser tu monje". (Páginas 46 y 47).



Sería interesante usar este texto para un diálogo en torno a la manera que tenemos los católicos de vivir nuestra devoción mariana. Merton tuvo mucha amor a la Madre de Jesús, fue una presencia constante en su vida contemplativa. Alguna vez comenté en este mismo blog que en algún momento sus palabras sobre María me resultaban chocantes. Por eso ha sido un desafío espiritual para mí chocar con el Merton mariano. Los maestros son así, nos desafían, nos obligan a crecer, a buscar, a trabajar interiormente. Aquí, en el texto anterior, vemos a Basil Pennigton confrontar también la devoción mariana en unas realidades concretas: Rosario, apariciones, misterio de María en nuestra vida. Por eso lo traje acá, me hizo pensar.
(El icono que aparece en la fotografía es el que está en la ermita de Thomas Merton, en Getsemaní).

miércoles, 20 de mayo de 2009

Merton, necesario.


Como se habrán dado cuenta quienes pasan por este blog con cierta frecuencia estoy insistiendo mucho en el tema de la SANTIDAD. Me apasiona, me intriga, me desafía, me motiva. Creo que es el término por excelencia para definir el proyecto cristiano. Sin embargo, no siempre es entendido o aceptado, y suele tener además mala fama en algunos sectores, a veces sin razón y a veces con ella. Ahora mismo, ya he dicho, estoy trabajando en una tesina sobre la santidad, vista desde la experiencia concreta de una persona, Thomas Merton, que no es un modelo canónico, oficialmente reconocido por la Iglesia, pero que sí es un modelo de vida espiritual, para muchas personas, dentro y fuera de la Iglesia. Eso le da una singularidad, que me permite, además de recuperar la idea de la santidad, hacerlo desde una visión muy específica, la de un hombre que vivió el ideal desde unas condiciones culturales e intelectuales muy cercanas a las nuestras, y que hizo un camino desde el modelo de santidad más cercano a los cánones oficiales hasta otro modelo, más amplio, más abierto, sin renunciar a lo mejor de la tradición católica. Pienso que en los textos que voy compartiendo hay muchas ideas e intuiciones realmente geniales, profundas, que desafían nuestros conceptos de la santidad y de la vida espiritual, y nos ayudan a expandir nuestra comprensión de lo real. A veces no estoy seguro si resultan bien comprendidos, si se llega al meollo de lo que Merton dice, pero confío en que la semilla se vaya sembrando por toda la red. En tiempos de fanatismos e intolerancias, de una cierta regresión teológica, el mensaje de Merton, su figura, es muy necesaria, y por eso creo ha de ser ofrecida, a la Iglesia y al mundo, y me gustaría que los amigos de Merton , las amigas y los amigos de este blog, contribuyeran a extender su mensaje contemplativo y comprometido.


NOTA: Gracias al amigo que ha premiado este blog, como siempre acogemos el premio como un estímulo para seguir con más bríos esta labor.

lunes, 18 de mayo de 2009

Santidad: misterio y secreto.


Aquí continuamos revisando lo que escribe Merton sobre la santidad en su libro "Pensamientos en la soledad". La amplitud de su pensamiento es tal que resulta difícil encontrar una síntesis que conserve la riqueza de sus intuiciones, y la profundidad con que descubre las operaciones del Espíritu Santo en nuestro interior.


6- El dominio de sí: “El verdadero dominio de sí es el dominio de nosotros, no por nosotros mismos sino por el Espíritu Santo. El dominio de sí es realmente la entrega de sí”. Para poder entregarnos a los demás, tenemos que ser nosotros; y para ser nosotros, tenemos que entregarnos a Cristo.
7- “La diferencia entre una vocación y una categoría. Quienes cumplen, o están cumpliendo, una vocación de santidad son, por este mismo hecho, inexplicables. No encajan en categorías… son peculiarmente ellos; por lo tanto no están considerados dignos de gran amor y respeto a los ojos de los hombres. Porque su individualidad es un signo de que son realmente amados por Dios y que sólo Él conoce su secreto, que es demasiado precioso para ser revelado a los hombres. Lo que veneramos en los santos, más allá y por encima de todo lo que sabemos, es este secreto; el misterio de una inocencia y de una identidad perfectamente ocultas en Dios”.

domingo, 17 de mayo de 2009

Violentando cajas fuertes.




Como garantía contra los ladrones que roban
bolsos, desvalijan equipajes y revientan
cajas fuertes,
uno debe asegurar todas las propiedades con
cuerdas, cerrarlas con candados,
acerrojarlas con cerrojos.
Esto (para los propietarios) es del más
elemental sentido común.
Pero cuando aparece un ladrón fuerte, se
lleva todo,
se lo echa a la espalda y sigue su camino, con
un solo temor:
que cedan las cuerdas, candados y cerrojos.
Así, lo que el mundo llama buen negocio no
es más que una forma
de amasar un botín, empaquetarlo y
asegurarlo,
formando una carga cómoda para los
ladrones más audaces.
¿Quién hay, entre los llamados inteligentes,
que no desperdicie su tiempo amasando un
botín
para un ladrón mayor que él?


***


En la tierra de Khi, de pueblo a pueblo,
se podía oír el canto de los gallos, el ladrido
de los perros.
Los pescadores lanzaban sus redes,
los campesinos araban los anchos campos,
todo estaba pulcramente señalado
con líneas de demarcación. En quinientas
millas cuadradas
había templos para los antepasados, altares
para los dioses de los campos y espíritus del
grano.
Cada cantón, condado y distrito
era gobernado con arreglo a las leyes y
estatutos...
Hasta que una mañana el fiscal general, Tien
Khang Tzu,
liquidó al rey y se apoderó de todo el Estado.
¿Quedó acaso conforme con robar la tierra?
No,
se apoderó también de las leyes y de los
estatutos,
y con ellos de todos los abogados, por no
mencionar a la policía.
Todos formaban parte del mismo paquete.

Por supuesto, la gente llamaba ladrón a
Khan Tzu,
pero lo dejaban tranquilo
viviendo tan feliz como los Patriarcas.
Ningún pequeño Estado levantaba la voz
contra él,
ningún gran Estado hizo el más mínimo
movimiento en su contra.
Así que durante doce generaciones el estado
de Khi
perteneció a su familia. Nadie interfirió
sus derechos inalienables.

***

El invento
de los pesos y medidas
hace más fácil el robo.
La firma de contratos, la implantación de
sellos,
hacen más seguro el robo.
Enseñar amor y obligaciones
suministra un lenguaje adecuado
con el cual demostrar que el robo
es en realidad para el bien de todos.
Un hombre pobre ha de ser ahorcado,
por robar una hebilla de cinturón,
pero si un hombre rico roba todo un Estado
es aclamado
como el estadista del año.

De modo que, si queréis escuchar los mejores
discursos
sobre el amor, el deber, la justicia, etc.,
escuchad a los hombres de Estado.
Pero cuando el arroyo se seca,
nada crece en el valle.
Cuando el montículo se aplana,
el hueco junto a él se llena.
Y cuando los hombres de Estado y los
abogados
y los predicadores del deber desaparece,
no hay tampoco más robos
y el mundo queda en paz.

Moraleja: cuanto más acumules principios
éticos
y deberes y obligaciones,
para meter en cintura a todo el mundo,
más botín acumulas
para los ladrones como Khang.
Por medio de argumentos éticos
y principios morales,
se demuestra finalmente que los mayores
crímenes
eran necesarios, y que de hecho
fueron un señalado beneficio
para la humanidad.


"El camino de Chuang Tzu"

(Thomas Merton)

sábado, 16 de mayo de 2009

Santidad: unificar la vida.



En “Pensamientos en la soledad”: también aparecen reflexiones de TM en torno a la santidad:

1- “No hay mayor desastre en la vida espiritual que estar sumergido en la irrealidad, pues nuestra vida se mantiene y se nutre gracias a la relación vital con las realidades que hay fuera de nosotros y por encima de nosotros. Cuando nuestra vida se nutre de irrealidad, se depaupera y tiene que morir”. La santidad no es evasión de la realidad, sino una completa entrega de nosotros a la realidad.
2- “El temperamento no predestina a un hombre a la santidad y a otro a la condenación. Todos los temperamentos pueden ser el material de la condena o la salvación”.
3- “El cristianismo no es estoicismo. La cruz no nos santifica destruyendo los sentimientos humanos. La separación no es insensibilidad. Muchos ascetas no han logrado ser grandes santos porque sus reglas y prácticas sólo han amortiguado su humanidad en lugar de dejarla en libertad de desarrollarse plenamente, en todas sus capacidades, bajo la influencia de la gracia”.
4- ¿Qué es un santo? Un santo es un hombre perfecto, un templo del Espíritu Santo, reproduce de algún modo, en parte, el carácter humano de Jesús. “Por lo tanto, la vida ascética tiene que ser iniciada y vivida con un supremo respeto por el temperamento, el carácter y la emoción, y por todo lo que nos hace humanos. Estos son también elementos integrales de la personalidad y en consecuencia de la santidad; porque el santo es aquel a quien el amor de Dios ha desarrollado plenamente haciéndole una persona a semejanza de su creador”.
5- Vida espiritual no es vida mental, no es sólo pensamiento. Tampoco es sólo cosa de “sentir”. No excluye pensamiento y sentimiento, al contrario, incluye a ambos. No es una vida concentrada “en el punto más alto” del alma, una vida de la que se excluyen mente, imaginación y cuerpo. Si así fuera pocos podrían llevarla, y además, no sería vida. “Si el hombre ha de vivir, tiene que estar enteramente vivo, cuerpo, alma, mente, corazón, espíritu. Todo debe ser elevado y transformado, por la acción de Dios, en el amor y la fe”. La vida espiritual es, principalmente, una vida; es principalmente un asunto de mantenerse despierto. Una vida es toda espiritual o nada espiritual, no hay término medio. Si se desea tener una vida espiritual hay que unificar la vida.


T.MERTON, Pensamientos de la soledad y La paz monástica, Buenos Aires-Barcelona, EDHASA, 1961.

martes, 12 de mayo de 2009

Mi libertad en Dios.


"Todo hombre se hace imagen del Dios a quien adora.

Aquel cuya adoración se dirige hacia una cosa muerta, se vuelve cosa muerta.

Aquel que ama la corrupción, se pudre.

Aquel que ama una sombra, se vuelve él mismo una sombra.

Aquel que ama las cosas perecederas vive en el terror de que perezcan.

También el contemplativo que trata de retener a Dios prisionero en su corazón, se vuelve prisionero dentro de los estrechos límites de su corazón, de tal manera que el Señor se escapa y le deja en su prisión, en su destierro, en su muerto recuerdo.

El hombre que deja al Señor la libertad del Señor, adora al Señor en Su libertad y recibe la libertad de los hijos de Dios.

Ese hombre ama como Dios y es arrebatado cual cautivo de la libertad invisible del Señor.

Un dios que permanezca inmóvil dentro del campo de mi visión es, a duras penas, un destello del verdadero Dios transeúnte".


Thomas Merton (Los hombres no son islas)

domingo, 10 de mayo de 2009

viernes, 8 de mayo de 2009

ACEPTAR.


"Hay un tiempo para unir
y otro para deshacer.
Aquel que entiende
esta sucesión de hechos
acepta cada nuevo estado
en su momento preciso
sin dolor ni regocijo.
Los antiguos dijeron: 'El ahorcado
no puede descolgarse solo.'
Pero a la larga la Naturaleza es más fuerte
que todas sus cuerdas y ataduras.
Siempre fue así.
¿Qué razón hay
para descorazonarse?"
Thomas Merton.

jueves, 7 de mayo de 2009

Santidad: Amor es mi nombre.



Seguimos compartiendo algunas de las ideas que sobre la santidad desarrolla Thomas Merton en su libro "Semillas de contemplación".


8- Dice Merton que en la humildad se halla la máxima libertad, que a menudo es el orgullo propio el que hace al hombre obrar, con la intensión de construirse un halo para sí, no para dar gloria a Dios. La santidad no es la vana competencia de unos con otros por los puestos en el reino. No creas que los santos son siempre perfectos y no tienen defectos contra las que luchar: algunos santos se han llevado mal con otros santos, muchos santos han sido molestos y exasperantes; Dios permite muchas veces que aun alcanzando un alto grado de santidad los hombres conserven limitaciones, defectos, miopías y excentricidades. La santidad no es siempre claramente visible:
Conténtate de no ser todavía santo, aunque te percates de que la única cosa por la cual vale la pena vivir es la santidad. Así estarás satisfecho dejando que Dios te guíe hacia la santidad por caminos que no puedes comprender. Pasarás por una oscuridad en que ya no te preocuparás por ti mismo ni te compararás con los demás. Los que han seguido este camino hallaron finalmente que la santidad está en todo y que Dios los rodea por todas partes. Después de abandonar todo deseo de competir con los demás, se despiertan de pronto y descubren que el gozo de Dios está en todas partes y pueden regocijarse por las virtudes y bondad de su prójimo más que no habrían podido hacerlo por las suyas propias. Están tan deslumbrados por el reflejo de Dios en las almas de los hombres con quienes viven, que ya son incapaces de condenar lo que ven en el otro. Aun en los mayores pecados pueden ellos ver bondad y virtudes que nadie más puede ver. En cuanto a sí mismos, si todavía se consideran, ya no se atreven a compararse con otros. Esa idea se hizo ya impensable. Pero ya no es fuente de gran sufrimiento y lamentación: han alcanzado finalmente un punto en que dan su propia insignificancia por supuesta y ya no se interesan en sí mismos”. Un texto precioso.
9- Y ahora, otro pasaje único:

“Decir que estoy hecho a imagen de Dios es decir que el amor es la razón de mi existencia; pues Dios es amor. El amor es mi verdadera identidad. La abnegación es mi verdadero yo. El amor es mi verdadero carácter. Amor es mi nombre. Si, pues, hago, pienso o digo algo, conozco o deseo algo que no sea puramente por el amor de Dios, no puede darme sosiego ni descanso, satisfacción ni gozo. Para hallar el amor debo entrar en el santuario donde está escondido: que es la esencia de Dios. Y para entrar en Su santidad debo volverme santo como Él es santo, perfecto como Él es perfecto. Nada de esto puede conseguirse por ningún esfuerzo mío, por ninguna labor mía, por ningún competir con otros hombres. Significa abandonar todo camino que un hombre pueda seguir o comprender. Yo, que estoy sin amor, no puedo llegar a ser amor, a no ser que el Amor me identifique consigo mismo. Pero si Él envía Su propio Amor, a Sí mismo, para que obre y amé en mí y en todo lo que yo haga, entonces seré transformado, descubriré quién soy y poseeré mi verdadera identidad perdiéndome en Él. Y esto es lo que se llama santidad”.


10- Muchos no alcanzan la santidad, porque pasan todo el tiempo intentando ser otros, y no ellos mismos. “Por muchas absurdas razones, están convencidos de que están obligados a convertirse en alguien que murió doscientos años antes y vivió en circunstancias completamente ajenas a las suyas”.Quieren poseer la santidad de otros, y eso es egoísmo. La prisa estropea a los santos, buscan el éxito rápido, y se equivocan, confunden su prisa con integridad. Pero, en los grandes santos integridad y humildad van juntas. “El santo es distinto de todos los demás hombres precisamente porque es humilde”. Se necesita una humildad heroica para ser uno mismo. La perfección no es algo que puedas adquirir como un sombrero.

Uno de los primeros signos del santo es el hecho de que los otros no saben que pensar de él”.

martes, 5 de mayo de 2009

Santidad: ver el bien y no juzgar.

Seguimos compartiendo algunas ideas sobre la santidad que aparecen en el libro "Semillas de contemplación", de Thomas Merton.
4- El pecado tiene que ver con el falso yo: “Cada uno de nosotros lleva la sombra de una persona ilusoria: un falso yo”. (Es el hombre que yo quiero ser, pero que Dios no conoce). “El secreto de mi identidad está oculto en el amor y misericordia de Dios”. “Ruega por hallarte a ti mismo”, “Somos un hombre”. Esto se realiza saliendo de nosotros, muriendo al hombre viejo, para nacer a una vida nueva. Obstáculo: “El orgullo espiritual”, el aislamiento.

5- “Debo buscar mi identidad, de algún modo, no sólo en Dios, sino también en otros hombres. Nunca podré hallarme a mí mismo si me aíslo del resto de la humanidad como si fuera un ser de otra clase”. La santidad no requiere huir de otros hombres; la soledad es válida cuando te ayuda a mar más no sólo a Dios, sino también al prójimo. “Ve al desierto, no para huir de los otros, sino para hallarlos en Dios”.
6- “Los santos aman su santidad, no porque los separe del resto de nosotros y los ponga sobre nosotros, sino al contrario, porque los acerca a nosotros y en cierto modo los pone debajo de nosotros. Su santidad les es dada para que puedan ayudarnos y servirnos; pues los santos son como médicos y enfermeros, que son mejores que los enfermos en el sentido de que están sanos y poseen el arte de curarlos y sin embargo hácense sirvientes de los enfermos y les dedican su salud y su arte”.
7- “Los santos no están contentos de ser santos porque su santidad los hace admirables para los demás, sino porque el don de la santidad les permite admirar a todos los demás. Los dota de una vista capaz de hallar el bien en los más terribles criminales. Los libra de la carga de juzgar al prójimo, de condenar a otros hombres”.

domingo, 3 de mayo de 2009

Las semillas de la santidad.


En “Semillas de contemplación”, escribe Merton, entre otras cosas, acerca de la santidad, un tema recurrente en este blog. Les comparto algo de lo que voy redescubriendo en mis lecturas y apuntes para la tesina, creo que vale la pena:

1-Todo lo que es, es santo. No es cierto que los santos no se fijen en las cosas creadas, no comprendan o no entiendan el mundo y su gente, las cosas que suceden. No se puede amar a Dios y odiar el mundo que él creó. No van por el mundo con rostros de piedra, sin escuchar las voces de los que hablan, ríen o lloran. “Un santo es capaz de hablar del mundo sin ninguna explícita referencia a Dios, de tal modo que sus afirmaciones den mayor gloria a Dios y despierten mayor amor a Dios que las observaciones de alguien menos santo, que tenga que esforzarse por establecer una arbitraria relación entre las criaturas y Dios mediante gastadas analogías y metáforas, tan débiles que hacen pensar que algo le pasa a la religión”.

2- “Los santos saben que el mundo y todo lo hecho por Dios es bueno, mientras que los que no son santos, o creen que las cosas creadas son impías o no se preocupan por la cuestión en ningún sentido, porque solamente se interesan por sí mismos. Los ojos del santo hacen santa toda belleza, y las manos del santo consagran todo lo que tocan a la gloria de Dios, y el santo no se ofende nunca por nada ni juzga el pecado de nadie, porque no conoce el pecado. Conoce la misericordia de Dios y está en la tierra para traer esa misericordia a todos los hombres”.

3- Los seres creados dan gloria a Dios al ser aquello para lo que Dios los creó: “Un árbol da gloria a Dios, ante todo, siendo un árbol. Porque al ser lo que Dios quiere que sea está imitando una idea que está en Dios y que no es distinta de la esencia de Dios, y por lo tanto un árbol imita a Dios siendo un árbol. Cuanto más un árbol es como un árbol, tanto más es como Dios”. No hay dos seres creados que sean exactamente iguales, la individualidad no es imperfección, al contrario; la perfección está en relación con la propia identidad individual. ¿Y los seres humanos? Dice Merton: “Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerse quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser”. Es decir, las semillas plantadas en mi libertad, por Dios, a cada momento, son las semillas de mi identidad, es decir, las semillas de mi realidad, de mi felicidad, de mi santidad.

viernes, 1 de mayo de 2009

Aguacero de mayo.

El tiempo vuela, se suele decir, y ya estamos en mayo, mes de lluvia, mes de flores, y mes último de clases. Me lo he pasado super bien en la universidad. Ahora andamos todos corriendo tratando de acabar los trabajos pendientes, y empezando a pensar cuánto echaremos de menos a estos compañeros con los que hemos compartido. A pesar de los acontecimientos de las últimas jornadas, estoy feliz, porque puedo ver que todo se vuelve bendición cuando el corazón se ha centrado en lo más importante, en lo único imperecedero. Tengo la impresión de que este blog ha perdido impulso, mientras que el otro se animó más, pero son cosas inevitables e imprevisibles, estados de ánimo, momentos de luz y de sombras que cohabitan inevitablemente, y van dando un color particular a cada día. Por ahora, sigo comprometido con el plan original de hacer presente a Thomas Merton en la red, creo que cada vez es más necesaria una palabra como la de Merton, plena de luz y equilibrio. Alguien me pregunta en un correo si soy de extrema izquierda: hay días que me levanto de izquierdas y días en que me levanto de derechas, pero de extrema, izquierda o derecha, núnca seré. Mi corazón se siente cada día más cómodo en el centro, lejos de fanatismos, de cegueras ideológicas o incondicionalidades absurdas. Creer que sólo Dios es absoluto me da una libertad enorme y una compasión inmensa por todo lo que me rodea. Porque soy frágil a más no poder, me duele el dolor de los demás, y quiero estar dispuesto a perdonar y a entender siempre.
Este mes trae algunos nombres para la memoria espiritual: Juliana de Norwich (13), Chesterton (29), Juana de Arco (30), y también José Martí (19); el 26, aniversario de Ordenación Sacerdotal de Thomas Merton, y algunos amigos: Rita (12), Martha (16), Michel (21), Alberto (26), Pepe Armas (29). El día 9, aniversario de la muerte de uno de mis abuelos, que murió cuando apenas tenía yo un mes de nacido, y que siempre ha tenido un lugar particular en memoria.
Pongo este mes que empieza en las manos de Dios, y junto con él a todos los que visiten este blog durante ese tiempo. Quiero agradecer los muchos regalos que por este medio me llegan cada día, oraciones y buenos amigos. En Cuba se dice que trae suerte bañarse en el primer aguacero de mayo. Que lluevan bendiciones desde aquí para todos los que vengan a mojarse.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.