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lunes, 1 de diciembre de 2008

Desde el corazón mismo de la vida.


"Los consagrados y las consagradas de este tiempo buscamos ser discípulos del amor, más que maestros. Sabemos muy bien que aprender a amar de verdad sólo es posible cuando dejamos atrás los modos conocidos y sabidos de la gramática del amor de nuestra cultura y nos adentramos en el territorio de lo que está por conocer. El discipulado es la condición de nuestro ser amante: siempre en proceso de aprendizaje, como los niños en la escuela, como los jóvenes en la vida o los adultos en su momento de madurez.

Somos muy conscientes de que solamente cuando nos arriesgamos a soportar el golpe de la sorpresa, que echa abajo lo que creíamos saber amar, es cuando comenzamos a saber lo que significa ser discípulos del verdadero amor. Queremos ir un paso por detrás de Aquel que, enamorando nuestro corazón, nos incita hacia lo nuevo, hacia las posibilidades ignoradas de nuestro ser. Seguidores de Aquel que, al incluirnos en su cariño, nos ha despertado energía nuevas, y nos ha sacado de las zonas en sombra de nuestra historia. El Amor que nos seduce el corazón y nos tienta a improvisar lo inédito de un mayor amor.

Nuestro aprendizaje del amor tiene una exigencia: debemos deja atrás nuestras prevenciones de enterados, para aprender de todos, de los que parecen o tener nada que enseñar y de los que se nos presentan como maestros consumados. De todos aprendemos, de todos los amores, los más nobles y los menos, los más heroicos y los más vulgares. Bien entendido que el camino del discipulado amoroso en el que nos iniciamos, es el camino de la frágil experiencia. Que sólo vamos a aprender a amar amando, desde el corazón mismo de la vida"


XavierQuinza.

"Pasión y radicalidad".

Sn Pablo, 2004.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi reconomiento y respeto a la valentía de los/as que optan por la apuesta de la vida consagrada comunitaria.
La llamo así, vida consagrada comunitaria, para diferenciarla de lo que para mí son el resto de vidas consagradas (vidas consagradas en pareja o vidas consagradas en individualidad), es decir, de todos los que profesamos una fe, que tiene por motor a Cristo y entendemos la vida como creación del Amor de los Amores. Por tanto, todos dedicamos nuestra vida a llegar a ese Amor, anunciando su Palabra y sirviendo a la misión del Evangelio.
Creo que dedicación exclusiva permanente a Dios no la tenemos nadie.Hay momentos de exclusividad. Y todos somos también, recepectores y cauce del amor humano (amor de madre, amor de amistad...Sólo que los que la Iglesia oficial considera como de vida consasgrada, hacen una apuesta más fuerte, renuncian al amor humano de pareja, al amor físico. Aunque también hay parejas que no tienen amor, ni físico ni químico, que están tejidas por los hilos del interés.
Cualquier reflexión sobre temas religiosos es profunda y complicada, pero cre que es positivo conocer, respetar y opinar.

inés dijo...

La Eucaristía es la mesa de la comunidad, donde aprendemos a reconocernos en el amor mutuo en el seguimiento de Jesús, pobre, humilde, fragil,humano, Dios-con nosotros, consagrado...,esta es la experiencia que voy compartiendo con mis hermanas de comunidad, "siempre en proceso de aprendizaje".
Gracias, el texto anima a seguir adelante con la comunidad y la misión.

Inés

Anónimo dijo...

No soy una persona de vida consagra, pero el texto me parece bello y aplicable a todos los que arriesgamos seguridades, comodidades y cálculos para vivir el amor.
Estamos en un momento social en el que se valoran demasiado las seguridades personales, sobre todo las materiales. Todo tiene que ofrecer garantías, hacer inversiones rentables, tomar opciones cómodas y fáciles.
Creo que es una necedad ese planteamiento, porque hay veces que es necesario arriesgar para obtener el mejor de los rendimientos: una vida ilusionada,plena,llena, habitada por el amor.
La inversión en amor es la única que no deja desnuda el alma.
Un apunte bibliográfico para el tema de la reflexión de la vida consagrada:
"Amor Extramuros" Julio Parrilla Díaz. Edt. San Pablo

Manuel. dijo...

Por supuesto que cuando puse esta entrada no estaba pensando en exclusiva en los religiosos y religiosas consagrados, sino en la consagración de todo bautizado o discípulo de Jesús. La vocación bautismal precede a la vocación particular, y da fundamento a toda forma de vida en la Iglesia. Esta es siempre la perspectiva de este blog.

SAN dijo...

Suscribo esta belleza de frase que nos has regalado a través de tu blog: "Sólo se aprende a amar amando, desde el corazón mismo de la vida".
Y sólo amando se sale de cualquer tipo de sombra.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.