Seguidores

domingo, 28 de diciembre de 2008

Llamamiento.

“Suceden tantas cosas terribles a diario que empezamos a preguntarnos si lo poco que nosotros hacemos tiene algún sentido. Cuando hay gente muriéndose de hambre a tan sólo unos pocos kilómetros de distancia, cuando hay guerras encarnizadas cerca de nuestras fronteras, cuando las personas que no tienen un hogar para vivir en nuestras ciudades son incontables, nuestras propias actividades se dirían fútiles. Pero tales consideraciones pueden paralizarnos y deprimirnos.
Aquí es donde se vuelve importante la palabra llamamiento. No hemos sido llamados para salvar al mundo, resolver todos los problemas y prestar ayuda a toda la gente. Pero cada uno de nosotros tiene su propio llamamiento único, en nuestra familia, en nuestro trabajo, en nuestro mundo. Hemos de seguir pidiéndole a Dios que nos ayude a ver de forma clara cuál es nuestro llamamiento y que nos dé fortaleza para vivir dicho llamamiento con confianza. Entonces descubriremos que nuestra fidelidad en una pequeña tarea es la respuesta más curativa que podemos darle a la enfermedad de nuestro tiempo”.
(Henri Nouwen; Pan para el viaje)

4 comentarios:

SAN dijo...

Actuar ante la llamada personal requiere osadía y decisión, madurez. Porque supone un análisis profundo y veraz de nuestro mundo personal, de nuestra vida. Es siempre más fácil examinar las desgracias ajenas y globales.
El llamamiento personal exige un cambio, una reconstrucción o un derribo de todas las estructuras íntimas, familiares y profesionales que hacen que nuestros días sean nuestra ruina y no nuestra gloria.
A pesar de que el llamamiento es a nuestra propia redención, muchas veces apretamos la tecla de "supresión de sonido" para no oírlo...Y seguimos asistiendo con la palabra fácil y la lástima cómoda a la "película" de las desgracias mundiales. Esta es una mala terapia, no cura, enmascara, y por tanto agrava.

Anónimo dijo...

Hoy el llamamiento del Evangelio es a la familia, a nuestra familia y habría que buscar la ejemplaridad de la familia de Nazaret donde realmente está, huyendo de toda idealización que lo único que consigue es meternos en un ambiente irreal que no conduce a ninguna parte. O peor aún, conduce a vergonzantes manifestaciones, a favor de “una determinada etiqueta de familia”, encabezadas por algunos obispos y otras jerarquías.
Lo importante no es el modelo de familia, sino los valores humanos que desarrollamos, cualquiera que sea el modelo donde tenemos que vivirlos.
Deberíamos tener mucho cuidado de no sacralizar ninguna institución. Las instituciones son instrumentos que tienen que estar siempre al servicio de la persona humana. Ella es el valor supremo. Las instituciones ni son santas ni sagradas. Nunca se debe poner a las personas al servicio de la institución, sino al contrario.
En el evangelio no encontramos ningún modelo especial de familia. Se dio siempre por
bueno el existente. Más tarde, como el cristianismo se extendió por el imperio romano,
se adoptó el modelo romano, que tenía muchas ventajas, pues desde el punto de
vista legal era muy avanzado. Los cristianos de los primeros siglos adoptaron ese modelo.
Lo malo es que se sacralizó y se vendió después como modelo cristiano, sin hacer la
más mínima critica a los defectos que conllevaba.

Como cristianos tenemos la obligación de hacer una seria autocrítica sobre el modelo de familia que proponemos. Jesús no sancionó ningún modelo, como no determinó ningún modelo de religión u organización política. Lo que Jesús predicó no hace referencia a las instituciones, sino a las actitudes que debían tener los seres humanos en sus relaciones con los demás.

Jesús enseñó que todo ser humano debía relacionarse con los demás como exige su verdadero ser, a esta exigencia le llamaba voluntad de Dios. Cualquier tipo de institución que permita esta relación plenamente humana, puede ser cristiana.

No se puede identificar un matrimonio roto con una disconformidad al evangelio. La falta de amor puede ser sustituida durante mucho tiempo por intereses mutuamente satisfechos. Esto sí que se contradice con el Evangelio.

No sólo no es malo que se separen dos personas que no se aman. Es completamente necesario que se separen, porque no hay cosa más inhumana que obligar, por decreto, a vivir juntas dos personas que no se aman.

Es más, con el tiempo debería aparecer una ley que prohíba tajantemente vivir juntos a dos personas que no se aman. Esto no contradice en nada la indisolubilidad del matrimonio, porque lo único que demostraría es que la falta de amor ha hecho nulo de todo derecho lo que hemos llamado matrimonio.
Pienso que el verdadero estado de perfección es el de unos padres que sean, de verdad, modelos para sus hijos; es decir, que les ayuden a desplegar plenamente su humanidad, caminando delante de ellos con su verdadera humanidad desplegada.

Encia Meada dijo...

Seis mil millones de personas viviendo sobre una bola.

La bola pende en la nada.

¿Qué hacen esos seis mil millones de personas en la bola?

¿Y por qué quieres saberlo, Señor-estudiantillo-de-Zen?

Ni siquiera eso sabes.

El Zen y los "pájaros del deseo".

Anónimo dijo...

"Fidelidad en una pequeña tarea". Eso es lo que ha hecho con su blog en la red, y a muchos está ayudando, querido Manuel. Gracias por el tiempo que dedica a esta tarea, y reciba una cordial felicitación.
Arturo y comunidad.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.