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sábado, 27 de diciembre de 2008

El Gran Camino. Thomas Merton.


Relato zen:
Un monje dijo a Joshu: ¿Dónde está el camino?
Joshu contestó: Fuera de la tapia.
El monje insistió: Quiero decir el Gran Camino. ¿Dónde está el Gran Camino?
Joshu contestó: El Gran Camino es el que lleva a la Capital.

El Gran Camino está justamente en medio de este relato, y yo debería recordarlo cuando me excito sobre guerra y paz. A veces pienso que tengo una obligación urgente de hacer toda clase de protestas y aclaraciones, pero, sobre todo, lo importante es estar en el Gran Camino y quedarse en él, se hable o no se hable. No es necesario correr por todo el país gritando “paz, paz”. Pero es esencial seguir en el gran camino que lleva a la Capital, pues sólo en el Gran Camino hay paz. Si nadie sigue ese camino, no habrá paz en el mundo, por mucho que la prediquen los hombres.
Es fácil saber que “hay un camino en algún sitio”, y aun quizá saber que otros no están en él. Pero ese conocimiento es inútil si no le ayuda a uno a hallar el camino. Si se convierte meramente en un canon para juzgar, un medio de denunciar a los demás y de juzgarles por haber perdido su camino, no le sirve de nada. No le sirve ni a mí ni a ellos encontrar el camino. Si yo mismo estoy en el camino, no juzgo a nadie, aunque le ayude a encontrar el camino, sabiendo sin embargo, que no le parece lo mismo a él y que también puede estar en él sin que a mí me sea evidente.

(Thomas Merton; Conjeturas…página 185-186)

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo recordar una película soviética, de la época del deshielo, "Arrepentimiento", que finalizaba con unas frases como las del relato queinicia esta entrada. Al leerlo lo recordé, porque también entonces, como ahora, me dejó pensando.

SAN dijo...

Dios es el Camino, pero la travesía depende de nosotros, de nuestro modo de caminar… Manuel, como veo que lees a J.M. Castillo, dejo en tu blog este texto suyo:
“Porque Dios no viene a dividirnos. Y menos aún a enfrentarnos. Dios sólo puede estar en lo que nos une, en lo que no tenemos más remedio que coincidir todos. Dicho sin remilgos: cada día veo más claro que los “dioses” que nos dividen, nos separan, nos humillan o nos enfrentan, son “dioses de mentira”. En Jesús podemos decir que se hace presente Dios porque en Jesús Dios se despoja de las grandezas de lo divino y se funde con lo humano, con lo mínimamente humano, en lo que todos somos iguales.
Si Dios tiene alguna razón de ser, es encontrar respuesta a nuestros anhelos más profundos de humanidad. Lo cual quiere decir que un Dios, que entra en conflicto con lo humano, no puede ser Dios. Por eso el problema no está en Dios. Está en las religiones que nos presentan a Dios, no como respuesta a los anhelos que son comunes a todos los humanos, sino de acuerdo con los intereses y conveniencias de los “hombres de la religión” quienes, a su vez, representan intereses y conveniencias de las que no son conscientes ni los mismos representantes de la religión. Intereses y conveniencias que, en lugar de fomentar la fe en Dios, lo que consiguen es alienar la fe haciéndola odiosa. Y haciendo además insoportable la práctica religiosa
La cosa está clara. Mientras las religiones se aferren a un Dios que entra en conflicto con lo humano, con la felicidad, la dignidad, la libertad y el disfrute de la vida, cosas a las que tenemos derecho los humanos, ni Dios ni la religión tienen futuro.”
Ojalá que la renovación y la libertad de juicio empiecen a germinar en la Institución que gobierna y rige la comunidad cristiana, es decir, en el magisterio de la iglesia.

Manuel. dijo...

Gracias, SAN, excelente texto el que compartes. He descubierto recién a José M. Castillo, y me resulta convincente. Lo he guardado para compartirlo en otro momento.

Encia Meada dijo...

La vida es divertida.

Está llena de chistes.

El viejo maestro japonés decía que era un chiste, y además lo había dicho muy en serio.

Los hombres nacen, sufren y mueren.

Pasan hambre, viven en campos de concentración, sufren la lepra y el cáncer, viven en habitaciones pequeñas en los asilos para ancianos, y lloran de miedo cuando bombardean sus casas. Se ahogan como las ratas…

Todo lo que nos podamos imaginar, ocurre.

Tarde o temprano, pero ocurre.

El hombre no se salva de nada.

Sufre de las maneras más complicadas. Incluso llega a enloquecer. Entones se le dan píldoras y esto le aturde un poco. Cuando el efecto de las píldoras desaparece el hombre vuelve a estar loco.

Sin embargo, la vida es un chiste. Y yo lo sabía; ya sabía algo por lo menos. Quizás no lo suficiente. La curiosidad o la duda me obligaban a seguir. Aquella tarde volvería a meditar. La meditación era el más alto remedio y estaba aconsejado por los maestros Zen.

Anónimo dijo...

Me gusta eso de que seguir un camino no es juzgar al otro que decide seguir una senda diferente. Creo que la vida no es un chiste, es una prueba, como el fuego que refina el oro, usando una imagen bíblica; la vida prueba nuestra humanidad. Hoy leí un artículo en la prensa que habla sobre la felicidad: una parte, es genética, la otra, propósito. Otro modo de decir: gracia y libertad. Creo que Cristo nos muestra el Gran Camino, y nosotros elegimos seguirlo o no, y el modo de hacerlo.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.