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lunes, 12 de marzo de 2007

La Aventura cubana de Thomas Merton(V). Cuba fue una aventura inolvidable.


El viaje de Thomas Merton a Cuba aparece recogido en las páginas de su Autobiografía (“La Montaña de los Siete Círculos”), utilizadas fundamentalmente para este trabajo, y en las páginas del Diario, que lamentablemente no hemos podido consultar en su totalidad. Sin embargo, con lo visto, podemos afirmar que indudablemente la visita y recorrido de este hombre por la Isla tuvo para él una honda repercusión espiritual, que no se limitó a su estancia acá, sino que en las paginas de sus diarios, en los años posteriores, encontramos constantes recuerdos y referencias que hablan de una impresión conservada y querida de nuestra tierra y de nuestra gente en este hombre de Dios. Lo mismo sucede con el amor que Merton siguió sintiendo por la Virgen del Cobre a quien, efectivamente, ofreció su primera misa. Como ejemplo de lo dicho anteriormente, citemos algunas anotaciones de su libro “El Signo de Jonás”, que recoge parte de su diario espiritual entre los años 1946 y 1952

Cuando Merton se prepara parta los ejercicios espirituales de su profesión Solemne, escribe: “El hermano ropero fue al desván y me bajó la maleta que traje al monasterio hace cinco años… Aún se ve nueva y reluciente; lleva pegada una etiqueta blanca y azul, del correo aéreo cubano, con la letra M encima”. (30).

El 14 de septiembre de 1947, Festividad del Santo Nombre de María, escribe: “He estado pensando en Nuestra Señora de la Soledad… de la que recuerdo la iglesia que tiene dedicada en Camaguey, Cuba”. (62)

El 20 de marzo de 1948 escribe: “Me siento como si me hallara en un Hotel de Cuba. El paisaje tiene una indefinible coloración entre verde, gris y amarilla, que semeja la de Cuba”. (91).

El 22 de abril de 1949, cercana su ordenación sacerdotal, anota en el diario: “Pienso mucho en Nuestra Señora del Cobre y en la súplica que hace tiempo le dirigí”. (162).

23 de mayo del mismo año: “Dentro de tres días, si vivo y si el Arzobispo no se sufre una caída y se rompe una pierna, seré sacerdote. Pienso sin cesar: Voy a cantar Misa, voy a cantar Misa. Y recuerdo a Nuestra Señora del cobre, cuya basílica visité hace nueve años en este mes de mayo. La Virgen se ha portado muy bien conmigo. Su amor me ha seguido hasta aquí y me conducirá hasta Dios”. (171)

Luego, unos días después, y rememorando la fiesta de su ordenación, anota: “El Viernes dije la Misa que había prometido a Nuestra Señora del Cobre”. (175).



Otro de los diarios publicados por Merton como libro es “Un Voto de Conversación”, que recoge acontecimiento sucedidos entre 1964 y 1965. Aquí hay también algunas referencias cubanas, que muestras además el marcado sentido del humor de Merton:

18 de julio de 1964: “Un exiliado cubano, que no habla inglés, está aquí para ser un hermano de la familia, pero no creo que le sea posible radicarse. Habla sobre Castro con furia” (94).

1 de septiembre de 1964: “Debí salir y conversar con el hermano cubano de la familia, que se volvió psicótico. Estaba gritando, rompiendo platos y aporreando la pared. Dijo que la ira de Dios caía sobre este lugar porque era demasiado rico… Supongo que las largas horas de trabajo, dejado a solas, junto con su incapacidad para hablar inglés y sus intensas meditaciones sobre las amenazas y las promesas de Nuestra Señora de Fátima, sobre el Apocalipsis y sobre Castro, finalmente lo quebraron. Trató de demostrarme cómo en números romanos, el número apocalíptico 666 deletreaba el nombre de Fidel Castro, pero yo no lograba ver tal cosa. Hoy se va, e irá a un lugar donde hay otros cubanos.”

Este cubano, que intentó ser hermano en el monasterio de Merton es nombrado en otro momento con el nombre de José.

En otro de los diarios publicados póstumamente, “Diario de Asia”, de Thomas Merton, encontré la siguiente anotación, el día 17 de octubre de 1968, en Bangkok: “Rostros fascistas de los encargados del pasaporte, una fila de seis oficiales de uniforme para poner un sello al pasaporte, caras como la de los oficiales en la Cuba de Batista, y los mismos uniformes pálidos”. (Pag.45).

Estas anotaciones, que no pretenden ser exhaustivas, tienen la intensión de que nos demos cuenta como el recuerdo de su viaje a Cuba estuvo presente en Merton hasta el año mismo de su muerte, mientras viajaba por el continente asiático.

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-Thomas Merton-

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