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lunes, 3 de marzo de 2008

La Santidad del hermano Gregory (Y el humor de Thomas Merton).


Un aspecto de la espiritualidad de Thomas Merton que siempre me ha parecido esencial es su tremendo sentido del humor; el pasaje de sus diarios que les comparto hoy es una muestra evidente, y ello a pesar de que está escrito cuando todavía nuestro monje pasaba por una etapa devocional. Fíjense como con un lenguaje sencillo y coloquial nos presenta un tema serio, la muerte de un monje, pero visto desde la torpeza de alguien que está aun en un momento de aprendizaje. Al final, cuestiona un elemento de la espiritualidad trapense dejándonos en la duda de si ahora habla en serio o con ironía. Disfrútenlo.


“Ayer, miércoles de témporas, murió el hermano Gregory. Poco antes de Laudes supe que iba a encargarme del incensario. Como no sabía si bajarían el cadáver de la enfermería, después del capítulo, fui en busca del turíbulo, por si de improviso lo necesitaba. Pero no lo encontré. Los hermanos novicios lo tenían en el fregadero y uno de ellos estaba limpiándolo. Las cadenas estaban hechas una maraña. Procuré arreglarlas, con ayuda del hermano ayudante del maestro; por suerte, resultó que no había prisa alguna. El cadáver fue trasladado ya entrada la mañana.
Fui designado, con otro monje, para velar el cadáver de doce a doce y media, es decir, durante la hora de comer. Pasé, pues, un negro día de ayuno. Los dos que nos tenían que relevar llegaron con cinco o diez minutos de retraso, ahítos de comida. Nosotros dos corrimos al refectorio. Tan hambriento me hallaba, que estuve a punto de querer pasar a través de la pared, en lugar de buscar la puerta.
Y así transcurrió el día.
El hermano Gregory era un anciano lleno de santidad, y en sus últimos años cuanto hacía le costaba tanto esfuerzo que parecía deshacerse materialmente cada vez que se esforzaba en seguir las estaciones del Calvario, cuando iba de un lado a otro en el coro o cuando subía los peldaños del altar para recibir la comunión. Tenía la nariz grande y ganchuda, y andaba completamente encorvado, pero no aceptó la ayuda de un bastón.
Pregunté al padre abad acerca de las causas de la santidad del hermano Gregory. Yo no tenía ni la menor idea de la respuesta que se me iba a dar. Me hubiera hecho feliz oír hablar de algo relacionado con el profundo y sencillo espíritu de oración, con las insospechadas alturas de la fe, la pureza de corazón, el silencio interior, la soledad y el amor a Dios. Tal vez el hermano Gregory habló con las aves, como San Francisco.
Pero el padre abad me contestó prontamente: “Ese hermano estaba siempre trabajando. No sabía lo que era estar ocioso. Si lo enviaba a cuidar las vacas en la pradera, siempre encontraba otras muchas cosas que hacer. Por ejemplo, traía a la casa cubos llenos de moras. No sabía estarse sin hacer nada”.
Al salir del cuarto del padre abad me sentí como un hombre que ha perdido el tren”.

Thomas Merton.
“El signo de Jonás”.

1 comentario:

inés dijo...

gracias, el buen humor de los monjes y de las personas dedicadas al servicio de los demás es necesario para llegar a disfrutar de lo bueno de la vida en medio de situaciones duras. Este texto de T.M me ha ayudado en el día de hoy.

Inés

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.