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jueves, 13 de marzo de 2008

La Pasión del Señor.(Versión ampliada).

“Las dos últimas semanas antes de Pascua se centran en la Pasión de Jesús. Son tres los motivos que llevan a la Iglesia a invitarnos a observar el sufrimiento de Jesús.
El primer motivo radica en que las personas prefieren huir del sufrimiento. Pero necesariamente la condición humana implica el sufrimiento de su existencia finita, de sus límites y de sus debilidades, de su mortalidad. Muchos no quieren aceptar que son finitos. Se comportan como Dios. Allí estriba el pecado original, en querer ser como Dios, todopoderoso, autosuficiente, infalible. De este pecado original provienen todas las desgracias. Ahora, debemos escondernos de los demás, porque no somos Dios y estamos desnudos. Ahora debemos envidiarnos mutuamente y sacarnos mutuamente del camino para poder reafirmarnos en nuestra propia grandeza, tal como Caín. Durante el tiempo de Pasión, la Iglesia nos pone ante nuestros ojos al Dios sufriente para que abandonemos nuestro delirio de grandeza de querer ser como Dios. Este delirio de grandeza no solamente nos lleva a cometer un nuevo pecado, también nos lleva a enfermarnos. Caemos en una neurosis de miedo cuando creemos ser siempre los mejores y los más grandes y cuando creemos que debemos hacer todo a la perfección.
En el tiempo de Pasión, observamos el sufrimiento de Jesús con la finalidad de reconciliarnos con el hecho de ser finitos y débiles, de estar enemistados con los demás y amenazados con que nuestra vida desemboque en la muerte. Esto nos hace más humanos y nos libera del miedo que más profundamente anida en nosotros: que ciertamente no podemos ser como Dios”.

“El segundo argumento por medio del cual la Iglesia nos confronta con el sufrimiento de Cristo consiste en que podemos volver a encontrarnos a nosotros mismos precisamente en ese Cristo paciente. Le acompañamos en su vía crucis y descubrimos que es como las estaciones de nuestra propia vida. En el sufrimiento de Jesús se dignifica nuestro sufrimiento. Podemos reconocerlo. No hace falta que lo ocultemos, no es preciso que malgastemos energía en mostrarnos fuertes, delante de los demás, cuando algo va mal. No hace falta hacer reproche alguno cuando no llegamos a entendernos. Podemos tener problemas y ponernos enfermos. No estamos bajo la presión de que tenemos que ser forzosamente normales y estar completamente sanos. En Jesús vemos que nuestro sufrimiento tiene un sitio en el ámbito de Dios”.

“Aún mueve a la Iglesia un tercer argumento más para celebrar la Pasión de Cristo. Nos muestra que en nuestro sufrimiento no estamos solos, sino en compañía de Cristo. El sufrimiento nos una con Él. El doliente se siente a menudo completamente solo, excluido del círculo de los sanos, aislado. Esto lo sabe todo aquel que padece una enfermedad incurable.
La celebración de la Pasión nos enseña que nuestro sufrimiento nos une a Cristo. Que es un camino para encontrarse, para unirse a Él. La unión con Cristo nos da fuerza para poder sobrellevar nuestra situación. No tenemos que sentirnos excluidos de la vida debido a nuestro sufrimiento, ni tampoco fracasados, sino más bien sentirnos como hombres que Dios ha escogido y a los que cree capaces de sufrir con Cristo para que también sean glorificados por Él”.

Anselm Grün.

2 comentarios:

M. Jose dijo...

Para esta entrada de Anselm Grün, me sirve una reflexión tuya de hace unos días:
"Como a Lázaro, hoy Jesús nos llama también a nosotros a salir de los sepulcros; nos dice, a cada uno: “Levántate y anda”. Vive, busca la Verdad, sirve a tus hermanos. Vivir es casi un mandamiento para nosotros".
Precisamente hoy me viene como una Luz inmensa en mi camino.
Un abrazo
Jose

Akinogal dijo...

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.