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jueves, 20 de marzo de 2008

Por esta humanidad que muere.


Cuando miramos a Jesús agonizante, vemos la agonía del mundo. Jesús, que en la cruz arrastró a todos hacia sí, murió millones de muertes: no sólo la muerte del rechazado, del solitario o del criminal, sino también la muerte del grande y poderoso, del famoso y del popular. Pero, sobre todo, murió la muerte de todas las personas sencillas que han vivido una vida vulgar y ordinaria, han crecido, han trabajado hasta el agotamiento y han confiado en que, de algún modo, sus vidas no han sido inútiles.
Todos hemos de morir. Y todos hemos de morir solos. Nadie puede acompañarnos en ese último viaje. Todos tenemos que desprendernos de lo que es más nuestro y confiar en que no habremos vivido en vano. De algún modo, la muerte es el más grande de todos los momentos del hombre, porque es el momento en que se nos pide que lo dejemos todo. La forma en que hayamos de morir tendrá mucho que ver, no sólo con la forma en que nosotros hayamos vivido, sino también con la forma en que habrán de vivir los que vengan detrás de nosotros.
La muerte de Jesús nos revela que no hemos de vivir como si la muerte no fuera algo que ha de llegarnos a todos. Mientras cuelga con los brazos extendidos en la cruz, entre el cielo y la tierra, nos pide que miremos de frente a nuestra condición mortal y confiemos en que la muerte no ha de tener la última palabra. Sólo así podemos mirar a quienes agonizan en nuestro mundo y darles esperanza; sólo así podemos sostener sus cuerpos agonizantes entre nuestros brazos y confiar en que otros brazos más poderosos que los nuestros habrán de recibirlos y darles la paz y la alegría que siempre han deseado. La muerte es el lote de toda la humanidad.

Y fue en esta humanidad que muere en la que Dios quiso encarnarse para darnos la esperanza”.
Henri Nouwen. “Escritos Esenciales”.

1 comentario:

M. Jose dijo...

Henri Nouwen, siempre tan humano y cercano a nosotros. Durante los oficios de ayer, los cuales disfrute mucho, pedí por ti y tu comunidad. También porque era el día del sacerdote. FELICIDADES
Un abrazo

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.