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jueves, 23 de abril de 2009

El estilo de Henri Nouwen.


En estos días vuelvo a Henri Nouwen. Tengo que preparar un dossier para la Universidad sobre su persona, y releo algunos textos. Es como leerlos por primera vez, me impresionan igual, y aun más, descubro nuevas claves en torno a la vida de Henri y su enseñanza espiritual. Por ejemplo, acerca del vínculo entre enseñar teología y enseñar espiritualidad, o sobre el ministerio. Aquí les dejo lo que escribe Roberto A. Jonas, en el excelente prólogo que encabeza "Escritos Esenciales", de Nouwen, publicado por Sal Terrae, en 1999, y que lleva por título EL FUEGO DEL AMADO.


"El estilo de Henri en el aula estaba en consonancia con la eucaristía, porque trataba de ofrecer un alimento espiritual que sus alumnos pudieran recibir, digerir y asimilar. No estaba interesado en el debate teológico, quizá porque le disgustaba la confrontación directa, pero también porque estaba siempre centrado en la presencia inmediata de Cristo Resucitado, una verdad que tenía que ver más con el ser que con la comprensión intelectual. Naturalmente cada estudiante tenía que aprender de la Escritura, la teología, la psicología y las artes creativas. Pero, como comunidades, los centros teológicos tenían que crear contextos de silencio y soledad, invitando a los estudiantes a entrar en su corazón, el lugar del encuentro con su verdadero yo, con Cristo resucitado y con Dios. Para Henri, la la enseñanza y la actividad pastoral eran una sola cosa.

Un ministro cristiano no debe llamar a la gente simplemente a mantener puntos de vista teológicos correctos, la disciplina ética o la pureza dogmática, aunque cada una de estas dimensiones pueda tener su lugar. Más bien, un pastor debería configurar una forma de ser abierta y en la que no tengan cabida los juicios. Así lo expresó en 1972, en una homilía dirigida a los estudiantes de la facultad de teología:


"El ministerio consiste en convertir la hostilidad en hospitalidad... al enemigo en amigo. No es un intento de redimir a las personas, sino de ofrecer el espacio libre donde la redención pueda tener lugar. La paradoja del ministerio consiste en que somos llamados a crear un vacío; no un vacío terrible, sino un vacío acogedor, donde el extraño pueda entrar y descubrir que ha sido creado libre... libre para cantar su propia canción, hablar su propio lenguaje, danzar su propia danza, y también para marcharse y seguir su propia vocación".


"Escritos Esenciales". Henri Nouwen.

2 comentarios:

SAN dijo...

Veo a Nouwen como un hombre encendido hasta los huesos de amor, buscador incansable de un Dios cuyo gesto más divino es su humanidad. Un sanador herido que, apretando fuerte las vendas de sus propias heridas, da fuerza y cura. Ejemplo viviente de Jesús.
Viajero físico y espiritual. Un hombre que al final encontró su casa en el servicio. Amando y sintiéndose amado. Dejó las aulas y los salones universitarios para formar parte de otra familia, en la que encontró el tesoro de otra sabiduría y la riqueza de la ternura. Halló, hechas carne, las palabras de amor de Dios.
“La vida es un bien precioso. No porque sea inmutable, como un diamante, sino porque es vulnerable, como una avecilla. Existe una gran diferencia entre tener éxito y ser fructífero. El éxito es producto de la fuerza, del control y de la respetabilidad. El éxito proporciona muchas recompensas y frecuentemente la fama. Los frutos, sin embargo, nacen de la debilidad y la vulnerabilidad. Y los frutos son únicos. La verdadera alegría nace de dar fruto, no del éxito”. (Henry Nouwen, Pan para el Viaje).

Anónimo dijo...

Qué bueno sería si los sacerdotes leyeran a Nouwen y redescubrieran muchos de ellos esa dimensión de su ministerio. A menudo falta ese toque de compasión o de confianza en el otro, falta el respeto por la persona humana y su autonomía. Claro que el ministro es también frágil y vulnerable, y esa es la parte positiva de los escandalos más recientes respecto al celibato. Quisieron hacernos creer que el ministerio te hace superior, mejor, de otra clase, cuando la realidad es otra.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.