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lunes, 27 de abril de 2009

Para no aprisionar la ética en el reino de la división.


"La ética cristiana, ¿es meramente un surtido específico de respuestas a la cuestión del bien y del mal, de lo justo y lo injusto? Reducirla eso es olvidar que la caída del hombre fue una caída al conocimiento del bien y del mal, reforzado por el inexorable conocimiento de una ley condenadora, y que la restauración del hombre en Cristo es una restauración a la libertad y a la gracia, a un amor que no necesita ley porque conoce y hace sólo lo que está de acuerdo con el amor y con Dios. Aprisionar la ética en el reino de la división, del bien y del mal, es condenarla a la esterilidad, y despojarla de su razón auténtica para existir, qiue es el amor. El amor no se puede reducir a una sola virtud entre otras muchas prescritas por imperativos éticos. Cuando el amor es sólo "una virtud" entre otras, el hombre olvida que "Dios es amor" y se hace incapaz de ese amor que todo lo abraza, y por el cual empezamos secretamente a conocer a Dios como nuestro Creador y Redentor: que nos ha salvado de las limitaciones de una existencia puramente restrictiva y sin objetivo "bajo una ley".

Por eso dice Bonhoeffer con mucha razón: "En el conocimiento del bien y del mal el hombre no se entiende a sí mismo la realidad del destino que se le señaló en su origen, sino más bien en su posibilidad de ser bueno o malo. Se conoce a sí mismo ahora como algo aparte de Dios, fuera de Dios, y eso significa que ahora se conoce sólo a sí mismo, y ya no conoce a Dios en absoluto... El conocimiento del bien y el mal, por tanto, es separación de Dios. Sólo contra Dios puede el hombre conocer el bien y el mal".

Está claro que un interés exclusivamente ético por lo justo y lo injusto, por el bien y el mal, en la educación cristiana, engendra duda y no fe. Cuanto más insistimos en que el catolicismo ha de consistir en evitar el pecado (sobre todo en el dominio de lo sexual), en "ser bueno" y en cumplir sus obligaciones, más difícil les hacemos a los hombres creer realmente y más convertimos la fe en un problema espiritual y mental, dependiente de un determinado logro ético. El único modo como sigue siendo posible la fe en tal situación es que se entienda como una virtud y una obligación entre otras virtudes y obligaciones. Uno cree porque a uno le dicen que crea, no por una aspiración viva y vitalizadora a conocer al Dios vivo. La misma fe queda traspasada por una duda existencial que, sin embargo, uno finge ignorar por obligación, a la vez que se dedica a la tarea de evitar el mal y hacer el bien.

La tensión producida por esta lucha de duda y obligación acaba por buscar una escapatoria natural en cruzadas y en persecuciones de herejes, para demostrarnos "buenos" y "justos", "con razón", al juzgar y condenar el mal y el error en aquellos que no son como nosotros..."



Thomas Merton.
"Conjeturas de un espectador culpable"
(Página 155-156)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

La vida en blanco y negro: así vemos las cosas habitualmente, y lo mismo en la dimensión ética de nuestra vida, bueno o malo. Me parece muy acertada la reflexión de Merton, pues invita a ir más allá de esa moral básica, diría yo que precristiana, para asumir la dinámica evangélica, que está fundada en el amor y en la libertad.

SAN dijo...

Gracias, Manuel. De nuevo nos regalas la sabiduría clarividente de Merton. Es muy importante la cuestión de la ética. También de la estética.
Creo que la ética esencial del Cristianismo es la de la compasión. Jesús es Cristo de com-pasión, de sim-patía, de solidaridad con las víctimas, con los sufrientes de la historia. Una compasión que lleva a ponerse en el lugar del otro para compartir sus sufrimientos, pero también para ayudar a superarlos, o al menos a aliviarlos.
Una ética basada en una fe en Dios autoritaria, tiránica y reaccionaria produce división, miedo, inmadurez, estrechez de miras, intolerancia, injusticia; puede llegar incluso a inspirar y a legitimar inmoralidad, abusos sociales y guerras.
Antagónica, a la que considero que debe ser una ética basada en la fe cristiana: humanitaria, tolerante, abierta, solidaria, gozosa para la vida y comprometida socialmente.
Todas las culturas tienen validez y respetabilidad, en su tiempo y en su espacio; pero las culturas están abiertas y evolucionan. Tendríamos, por tanto, que ser coherentes y disolver conceptos rígidos, incomprensibles o inaceptables.
Compartir es una bonita palabra, pero hay que ser cuidadosos con lo que compartimos (sobre todo, si el compartir se fundamenta en Cristo). No se puede compartir desde un radicalismo moral, ideológico y religioso; ni es bueno hacerlo a través de un estilo, una estética y un discurso que huelen a naftalina. La trilogía de “los buenos, los malos y los santos” sería quizás buena para una saga de cine, pero no la veo apropiada para participar a los demás la ALEGRÍA, el AMOR y la ESPERANZA por el Resucitado.
Como tampoco, las mujeres y hombres de este tiempo, van a enamorarse de un Dios al que presentemos con estampitas, frases estereotipadas, angelitos con alas y otras lindezas empalagosas. Las formas tienen fecha de caducidad. Aunque por supuesto, mi respeto y reconocimiento a la buena voluntad de las personas que las siguen utilizando.
Con esa ética divisoria y esa estética a la que me he referido, quizá mantengamos a restringidos y minoritarios grupos, pero cerramos posibilidades la apertura de fronteras. Y todo lo que no crece, acaba muriendo.
En cuanto al tan traído y llevado concepto de pecado, para mí, pecar es utilizar a Dios y a los demás, en beneficio propio. La elección consciente de la maldad y el egoísmo, que nos hacen olvidar, marginar, manipular y aplastar a otro ser humano.
Y para cualquier tipo de enjuiciamientos y aplicación de penas no deberíamos hacer referencia a Dios, sino a los tribunales.
Los cristianos deberíamos ser portadores de una ética que condujera a un gran descubrimiento : Porque Dios existe, disfrutas la vida.
Yo quiero creer que … Porque Tú viniste…

Tú viniste y se reanimó el fuego
Cedió la sombra, el frío aquí abajo se llenó de estrellas
Y se cubrió la tierra de tu carne clara
Y me sentí ligero
Viniste, la soledad fue vencida

Iba sin fin hacia la luz
La vida tenía un cuerpo, la esperanza tendía sus velas
Provisora de miradas confiadas para el alba
De la noche surgía una cascada se sueños

Los rayos de tus brazos entreabrían la niebla
El primer rocío humedecía tu boca
Deslumbrando reposo remplazaba el cansancio
Yo amaba el amor como en mis primeros días.
(Paul Eluard)

Anónimo dijo...

Hoy suele hablarse de una nueva ética mundial, un consenso entre las grandes religiones o ideologías para encontrar unas pautas comunes de comportamiento, aceptables para todas. La reflexión de TM es sugerente y me hace pensar. Creo que este no es un tema banal, y menos aun en el momento en que vivimos, de confrontación y tensiones entre credos y civilizaciones.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.