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martes, 21 de abril de 2009

SANTIDAD.


“No existen formulas simples y eficaces, excepto en las Evangelios, donde las palabras ya no son de hombre, sino de Dios. Y, con toda su transparente sencillez, las palabras de Cristo, palabras de salvación, siguen siendo profundamente misteriosas, como todo lo que procede de Dios. Así, si bien está absolutamente claro que somos llamados a “ser perfectos”, y si bien sabemos que la perfección consiste en “guardar los mandamientos” (de Cristo), sobre todo su “nuevo mandamiento de amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado”, con todo, cada uno tiene que labrarse su salvación en el temor, temblando en el misterio y en la desconcertante confusión de su propia vida individual. Haciéndolo así, todos salimos ganando un nuevo “modo”, una nueva “santidad” que es privativa de cada uno, porque cada uno de nosotros tiene una vocación peculiar de reproducir la semejanza con Cristo de una manera que no es idéntica a la de cualquier otra persona, ya que nunca dos personas son del todo iguales”.


“La voluntad de Dios no es un hado, al que tenemos que someternos irremediablemente, sino un acto creativo de nuestra vida que da lugar a algo absolutamente nuevo… Nuestra cooperación (buscando en primer lugar el Reino de Dios) no consiste únicamente en aceptar las normas, sino en abrir nuestras voluntades a este acto creativo, que debe hacerse realidad en nosotros y por nosotros… por voluntad de Dios...Yo no deseo limitarme a crear por mí mismo y para mí mismo una vida nueva y un mundo nuevo, sino que deseo que Dios los cree en mí y a través de mí. Esto es decisivo y fundamental".
Thomas Merton.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Entiendo que Merton vincula santidad con libertad. Me gusta esta amplitud con que nos invita al seguimiento, buscando ese modo único de cada uno para seguir la verdad.

SAN dijo...

Temblor, temor (obra y vivencia en Sören), angustia existencial (protagonista habitual en muchas biografías). Y, por la fe, el salto al vacio (que requiere coraje y valentía), recompensado con la salvación. Intransferible, distinta e irrepetible para cada uno. Cambio radical y apasionado generado por Cristo, con Él y en Él. Y manifestado en la acción y en la obra del día a día para con el otro y para con uno mismo. Son personas necesarias, especiales o santas.

No recuerdo quién escribió este poemita que tengo guardado en mi “alacena”, pero os lo comparto, porque aporta positividad e invita a la superación. Y, si me permitís, se lo dedicamos a Manuel, que es necesario para todos los que recibimos el regalo, a través del blog, de sus reflexiones, fragmentos de lecturas y comentarios.

GENTE
Hay gente que con sólo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales;
que con solo sonreír entre los ojos
nos invita a viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.
Hay gente que con sólo dar la mano
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca guirnaldas;
que con solo empuñar una guitarra
hace una sinfonía dentro de casa.
Hay gente que con solo abrir la boca
llega hasta los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueños,
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después como si nada.
Y uno se va de novio con la vida,
desterrando una muerte solitaria,
pues sabe que a la vuelta de la esquina
hay gente que es así, tan necesaria.

Anónimo dijo...

Me parece importante resaltar el tema de la creatividad en la fe. No somos receptores pasivos, que simplemente debemos asumir ciertas verdades, sino hombres y mujeres libres llamados a una experiencia.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.