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domingo, 29 de julio de 2007

Nouwen: El arte de enseñar.(2)

Para Henri Nouwen, influenciado por los autores ortodoxos, la oración, la comunidad y el ministerio son elementos esenciales de una auténtica teología. Esto quiere decir que el estudio mismo de la teología necesita poseer una característica oracional. Nouwen no negaba la importancia del análisis crítico en la lectura de los textos históricos, pero consideraba que únicamente podía ser fecundo en el contexto de la obediencia, es decir, a la escucha atenta, de la verdad. Nouwen acostumbraba a recordar a sus alumnos el significado original de la palabra teología en la tradición cristiana.
Así, los Padres del desierto hablaban de tres estadios de oración:
1- Praktike: la disciplina consistente en poner a la persona entera, con todos sus sentimientos y pasiones en presencia de Dios.
2- Teoría physike: la contemplación de la creación de Dios y de su plan providencial tal como se visibilizan en la naturaleza y en la historia.
3- Theología: la comunión directa e íntima con Dios.

Luego, con el tiempo, este sentido originario de la teología se perdió, pero Nouwen insistía en que este vínculo entre teología y oración no debía perderse nunca. Y que nunca debía hacerse teología al margen la comunidad de fe. Este último aspecto considero que es muy importante, pues a menudo los teólogos viven alejados de la existencia cotidiana de la gente, y aunque sus reflexiones son profundas les falta encarnación y sentido práctico.

Michael Ford nos advierte: “La vocación de Nouwen consistía en reafirmar a los alumnos en su propia búsqueda sagrada, y entonces, en una vulnerabilidad común, entrar junto a ellos en la búsqueda, permitir que sus preguntas resonasen en lo más profundo del alma, escucharles sin miedo y descubrir las conexiones con su propia vida. Sin embargo, no surgirá ninguna nueva intuición, a no ser que proceda de una fuente que trascienda tanto al discípulo como al maestro”.

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

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