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lunes, 30 de julio de 2007

San Juan de la Cruz lo sabía muy bien.

Este es un pasaje del libro de William Johnston "Cartas a contemplativos", que mencionamos en la entrada anterior.

"Después de su visita a Dharmsala en el norte de la India, Merton observó en tono de broma que el Dalai Lama había preguntado si los votos de los monjes eran sólo una promesa durante la vida o si tenían otro significado. Evidentemente el Dalai Lama pensó (Y Merton estaba de acuerdo con él) que los votos conducirían a algún otro sitio, a las experiencias místicas, a la iluminación o alguna otra parte, al igual que la meditación budista conduce a la iluminación, y finalmente a la suprema iluminación que es el nirvana. Frecuentemente los cristianos contemplativos no saben a dónde van. Pero San Juan de la Cruz lo sabía muy bien. Su meta era la visión de Dios; su sufrimiento, la triste condición humana, que le impedía ver a Dios cara a cara. "Descubre tu presencia", grita él "y máteme tu vista y hermosura"."

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

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