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jueves, 5 de julio de 2007

Krishnamurti: sin amor no hay castidad.


Para seguir reflexionando en el vínculo entre cuerpo y espíritu, les propongo estas notas que tomé hace unos años mientras leía a Krishnamurti. Son notas que parten de la propia necesidad personal de quien las toma, en busca de respuestas, y complementan, enriquecen y ayudan a la visión cristiana del tema.

Para Krishnamurti, la mente es la generadora del problema sexual:
1- El conflicto: ¿El problema es el acto sexual o el pensamiento acerca de él? ¿Por qué a hombres y mujeres nos obsesiona tanto el sexo? ¿Lo que siento en mi cuerpo me hace pensar? Es la mente la que prefiere ocuparse con eso, porque le sirve para evadirse. Mientras pienses en el sexo o lo practiques, puedes olvidarte completamente de ti mismo. Parecería que no hubiera ninguna otra manera mejor de lograrlo.
2- La explicación: ¿Mis negocios, mi religión, mis actividades políticas y sociales? Todo lo que hago me placer. Eso es lo que crees. Todo eso acentúa y da vigor a tu “yo”. La única vía de escape es ese momento sexual en el que te olvidas de tu yo y crees ser feliz. Pero se trata de una felicidad que tapa tu sufrimiento.
3- La Resolución: ¿Cómo hacer convivir lo espiritual con tanta insinuación sexual? ¿Debo ser casto? El problema sólo cesa cuando el yo es olvidado y se torna inexistente. Represión no es castidad. La castidad no es una virtud que merezca ser cultivada. Sólo conocerás la castidad cuando tengas verdadero amor… Y el amor no es de la mente.

La mente desconoce el amor, y sin amor no hay castidad. Cuando hay amor, lo sexual no se convierte en problema. El problema no es sexual, sino de educación

(Lo anterior está tomado del libro “Krishnamurti para principiantes”. Autores:; Juan Carlos Kreimer y Martín Arvallo. Colección Era Naciente. Errepar).

“…Hay que comprender el hábito antes de que podamos esperar resolver problemas sensorios y emocionales. Estos problemas no se superan mediante meras resoluciones y por el simple ejercicio de la voluntad, sino volviéndose reflexivos. El hábito, la costumbre es, por su misma naturaleza, irreflexivo, y la irreflexión no genera libertad. Hacemos algo irreflexivamente en nuestra juventud, lo cual gradualmente se vuelve un hábito; si nos decimos que no debemos ceder a ese hábito, la constante determinación de no ceder sólo crea otro hábito. Es únicamente comprendiendo el hábito, percatándonos de él, tornándonos reflexivos al respecto, que podemos ponerle fin” (K)

“El sexo se convierte en un gran problema puesto que, a través de él, escapamos del estrecho y compulsivo ego. Es un alivio, y así se convierte en un hábito. El hábito es irreflexión. Tenemos que volvernos reflexivos tornándonos atentos. A través de la atención comenzamos a percibir los múltiples hábitos de pensamiento y sentimiento. Estos hábitos tienen que ser cuidadosa y plenamente considerados y percibidos y han de verse todas las implicaciones de los mismos” (K)

(Estos textos tomados de Boletín Fund. K, sept, 1989)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ciertamente Krishnamurti no es cristiano, y algunos escritos suyos parecen incluso contradecir nuestra fe. Pero, como para los que aman a Dios todo es para bien, y vivimos en un mundo plural, lo queramos o no, me parece importante poder confrontar nuestra fe con otros credos y modos de pensar, dejándonos interpelar sin temores ni prejuicios. La lectura de K es realmente purificadora, pues nos conduce a vivir una fe desnuda, sin asideros e ilusiones, y por eso creo que es un acierto traerle acá y permitir que confrontemos su visión de un asunto particular, en este caso esencial en la vivencia espiritual.

Manuel. dijo...

Estoy de acuerdo plenamente contigo, porque esa a sido mi experiencia personal con la ectura de K. Hay cosas que leo y no creo compartir, pero aun así permito que me interpelen, pues recuerdo a la persona que me introdujo en el conocimiento de K, y siempre decía eso: no cuestiones, no discutas, déjate interpelar.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.