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sábado, 7 de julio de 2007

Seguimos comentando la poesía de TM


THE TEARS OF THE BLIND LIONS (1949)
En 1949 Merton publica una nueva colección de tan sólo diecisiete poemas de pequeño
formato que logran el óptimo equilibrio entre las dos instancias centrales, la experiencia
personal y la estética. Dedicada a Jacques Maritain los titula "The Tears of the Blind
Lions". Aparte de su brevedad, lo que de verdad importa destacar, según muestra su diario
The Sign of Jonas o artículos como “Poetry and Contemplation”(1948), es que por estas
fechas se acentuaron las dudas del monje respecto a la utilidad de la poesía para la vida
contemplativa
.
De hecho, el libro comienza con una cita de Léon Bloy (1846-1917) que
corrobora su conflicto entre su vocación religiosa y literaria: “When those who love God
try to talk about Him, their words are blind lions looking for springs in the desert”. La
imagen del desierto, la ceguera, y la incapacidad para la expresión verbal sugieren la
preferencia de Merton por la vía negativa o apofática en su búsqueda de Dios
: “night is
our diocese and silence is our ministry” escribe en uno de los poemas más conocidos de la
colección “The Quickening of St. John The Baptist”. Un camino de oscuridad, silencio y
vacío que quizá puedan explicar los ocho años que separan la aparición de este volumen y
la publicación del siguiente: The Strange Islands (1957).
Tampoco podemos olvidar que los poemas de Tears… fueron escritos la mayoría poco
después de la publicación de su autobiografía. Por tanto, es inevitable que la poesía de este
período refleje el dilema que Merton describe en el epílogo de The Seven Storey
Mountain y con el que continuó luchando a lo largo de las paginas de The Sign of Jonas,
a saber, un miedo capital a que su sombra de escritor le impidiese ahondar en su vocación
Por otro lado, cabe señalar que el libro se caracteriza por un nuevo estilo, más sobrio en
imágenes, y un aumento en el uso de la primera persona frente al colectivo nosotros. Es el
peremne soliloquio de Merton, quien en estos años se debate a su vez entre su imagen de
monje perteneciente a una orden de estricta observancia y un deseo cada vez mayor de
soledad que le llevaría a plantearse el convertirse en ermitaño.
En “The Quickening of St. John the Baptist” expresa de una manera más imperativa que
nunca su anhelo de soledad en el contexto de un monasterio cada vez más amenazado por
el ruido y por una religiosidad distanciada de sus intereses y pretensiones espirituales. En
medio de este vendaval, la voz lírica contrasta su estar silencioso en el mundo con el de
“otros”: “Silence is louder than a cyclone/ In the rude door, my shelter/... I eat my air
alone/ with pure and solitary songs/while others sit in conference/... I no longer see their
speech/ and they no longer know my theater”146, escribe el poeta probablemente desde el
ático del cobertizo donde se retiraba una o dos horas a escribir cada vez que el horario
monástico se lo permitía. La impresión general es la de una poesía más directa, concisa y
vigorosa, que atiende a los pequeños detalles de la experiencia personal y evita la
sobrecarga de símiles o los excesos en la dicción.
La contemplación y la recepción de la Palabra en el silencio son dos de los temas centrales
alrededor del cual gira la producción poética de este momento.
Otros poemas de The Tears of the Blind Lions presentan una visión muy pesimista acerca
de la situación crítica de ese mundo de finales de los años cuarenta asolado por la Guerra
Fría. En la última estrofa de “The Captives- A Psalm” (versión moderna del salmo 136 en
la que la Babilonia cautiva es comparada a la esclavitud provocada por el materialismo
reinante en las urbes modernas), Merton lleva al límite la polaridad agustiniana entre la
ciudad terrenal (la Babilonia de Louisville) donde “the windows shiver with business”, y
el Sión de Getsemaní150, morada de contemplación y de visión, en la vuelve a aparecer el
símbolo recurrente en la poesía mertoniana de la ventana entendida como apertura a una
realidad trascendente :
May my bones burn and ravens eat my flesh
If I forget thee, contemplation!
May language perish from my tongue
If I do not remember thee, O Sion, city of vision,
Whose heights have windows finer than the firmament
When night pours down her canticles
And peace sings on thy watchtowers like the stars of Job.151


Tanto en este poema como en “The City After Noon”, la ciudad es percibida una vez más
como una prisión de la que hay que despojarse y un anhelo profundo en el corazón del
poeta de vuelta al mundo natural como espacio de libertad: “what if the wild confinement
were empty/ and the polices were all gone! (...)/ what if the wild confinement were
full/and there were nothing left in the world/ but fields, water and sun/ and space went on
forever to eternity, without a rim.”152 Este dualismo, sin embargo, se verá transcendido en
su siguiente etapa poética, cuando Merton nos hable de la posibilidad de construir una
nueva Jerusalén a orillas del Ohio.
En definitiva, el poeta seguirá escribiendo composiciones en las que persiste una
dicotomía entre mundo sagrado-mundo profano. “Christopher Columbus”, uno de los
poemas más largos y ambiciosos del volumen, presenta a Cristóbal Colón como un
gigante que atraviesa el Atlántico “head and shoulders above the horizon” llevando la
Buena Noticia al Nuevo Mundo (“the great Christ-bearing Columbus”), pero siendo,
malogradamente suplantado en las ciudades de America (“the sarcastic towns”) por los
profetas del dinero, el sometimiento, el materialismo y la explotación: “the devils... sailing
for your harbors/ launching their false doves into the air to fly for your sands/ they bend
over their tillers with little fox faces,/ Grin like dollars through their fur...”153 O en “To the
Immaculate Virgin, on a Winter Night”, oración a la Virgen en el que la oscuridad y el frío
representan la muerte espiritual en un mundo de tintes apocalípticos donde no hay lugar
para la oración :
Junto a estas composiciones que dan título al volumen y que podríamos definir como
“lágrimas” ante los males del mundo, se perfilan otras en contraposición con lo secular,
que corresponden a la vida y los rituales monásticos.
Por lo tanto hay indicios para pensar que los dos elementos integrantes que aglutinan The
Tears of the Blind Lions son, por un lado, el desierto espiritual del mundo secular, y por
otro, la esperanza en el amor redentivo cristiano
. Ambos quedan recogidos de forma
ejemplar y en claro contraste en el último poema de la colección, “Senescente Mundo”
escrito por un Merton que acaba de ser ordenado sacerdote.
En The Tears of the Blind Lions es evidente que Merton sintió una importante inspiración
poética (que en su diario identifica con la Nineveh bíblica), y sin embargo, va a luchar
contra ella en su anhelo de viajar rumbo a “Tharsis”, la vida puramente contemplativa.
Este conflicto vital sumerge a Merton en una contradicción profunda e inacabable (el
vientre de la ballena de Jonás) que podría explicar la pausa de ocho años en su producción.
Pero este exilio comenzó a crear nuevas raíces como lo evidencia la aparición de un nuevo
libro The Strange Islands en donde finalmente “la ballena” le condujo a las orillas de su
auténtico destino: el de poeta-ermitaño contemplativo y crítico.

1 comentario:

Manuel. dijo...

Vuelvo a recordar que estos textos sobre la poesía de TM han sido tomados de la tésis doctoral de Sonia Petisco sobre el tema, un excelente trabajo que estoy leyendo y que me ha permitido adentrarme en una zona desconocida para mí de la obra de TM. el texto completo de la tésis pueden encontrarla en internet. Yo acá presento algunos pasajes como motivación y acercamiento a un tema del que se ha escrito aun poco en español.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.