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sábado, 25 de agosto de 2007

Cómo hablar hoy de la salvación (Domingo 21)


¿Serán pocos los que se salven?. Esta pregunta, hecha a Jesús y recogida por los evangelios, sigue cuestionando hoy a muchos, creyentes y no creyentes, y puede ser la motivación para nuestra reflexión en este domingo 21 del año litúrgico. Para todos es obvio que los hombres de hoy siguen experimentando la necesidad de ser liberados de cualquier opresión para alcanzar una vida desarrollada y plena, fundamentada en el binomio verdad-libertad. El Evangelio es un mensaje de liberación frente al pecado y frente a todo aquello que esclaviza al hombre y le impide actuar según su dignidad humana y su condición de hijo de Dios. Es una liberación espiritual, pero lleva consigo implicaciones temporales, que no pueden ignorarse o pasarse por alto sin peligro grave de tergiversar el mensaje de Jesús. De ahí que la Iglesia hoy, al proclamar el mensaje de salvación deba insistir siempre en que esa salvación incluye al hombre entero: el que sufre a causa de estructuras sociales injustas, el pobre y enfermo, el perseguido y el preso, el indigente político, el que anda en busca de verdad, etc, etc. Toda clase de indigencia constituye un reto al mensaje evangélico de liberación.
Echemos una mirada a los textos bíblicos propuestos para hoy:
1- Isaías: Desde una perspectiva universalista y audaz el profeta comprende que la acción redentora de Dios no termina con Israel, sino que llega a todas las naciones de la tierra. La unidad y solidaridad serán signos, “señal”, del tiempo nuevo que se anuncia. En el posexilio los israelitas comprenden algunos errores causados por su estrechez de mente a la hora de entender el plan de Dios. La salvación no está restringida a Israel. Y en medio de la tribulación nace la esperanza.
2- Lucas: Según la doctrina rabínica de la elección, todo Israel se salva, porque la , salvación no depende de la cualidad moral del individuo, sino de la pertenencia al pueblo elegido. Jesús no responde directamente a la pregunta que se le hace, pero da una orientación práctica sobre el valor del esfuerzo para entrar a la vida: “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha”. Y apunta que los gentiles vendrán desde lejos y entrarán. Serán primeros, y los primeros, últimos. Este pasaje sigue la línea escatológica del domingo anterior, y a la curiosidad por el fin, realidad especulativa que no interesa demasiado, Jesús nos dice: obren de tal modo que puedan contarse entre los elegidos. La salvación está abierta a todo aquel que quiera ser parte y trabaje por ella. Todos están llamados.
3- Hebreos: Habla acerca de la pedagogía de Dios. En los combates de la fe, en el combate de la vida, debemos descubrir la mano paternal del Dios de la vida, del que somos hijos, y por el cual trabajamos en este mundo, para el Reino. Es importante perseverar hasta el fin, pues la vida y la vida cristiana en particular, es una lucha, pero en la cual el Hijo de Dios nos da la posibilidad con sus lágrimas de que las nuestras se conviertan un día en sonrisas.

Resumiendo: Dios sale al encuentro del hombre y se presenta como un Dios que salva de toda clase de esclavitud. Otros dioses acechan el camino del hombre, dioses pequeños y falsos que esclavizan al hombre: el poder político, el dinero, la violencia, el odio, la mentira, etc; ellos absorben la libertad humana y tiranizan. Para liberarnos vino Cristo: “el hombre para los demás”, y a través de Él, el cristiano ha de ser también un libertador. Ha de luchar contra toda clase de esclavitud e indigencia, indigencias materiales, morales y espirituales, y no hacerlo desde lejos, desde fuera, sino “derramando su sangre”, es decir trabajando en el mundo por la salvación. El creyente no puede evadirse de la tierra, es hijo de la tierra y del cielo, y ha de luchar por la salvación de toda realidad humana: hombres, instituciones y estructuras. Jesucristo resucitado es anticipo de que solo la fuerza de Dios es capaz de salvar enteramente al hombre.

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

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