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lunes, 13 de agosto de 2007

Jean Guitton: Mi testamento filosófico.


Quiero recomendarles un libro; cayó en mis manos hace tiempo por casualidad, no recuerdo exactamente dónde, pero lo leí de un tirón, y ahora, organizando la biblioteca de espiritualidad lo vuelvo a encontrar y es inevitable repasarlo de nuevo, releer lo que subrayé en aquel entonces. No es un libro fácil, pero tampoco difícil; es un libro para reflexionar, y un libro para rezar. ES definitivamente un buen libro cuya lectura recomiendo. Se trata de: “Mi testamento filosófico”, de Jean Guitton, publicado en español por Editorial Sudamericana, 1999. Jean Guitton nació en 1901 en Francia; escritor y filósofo, fue elegido miembro de la Academia Francesa de Letras, y también integró la Academia de Ciencias Morales y políticas, y además, el único laico autorizado a sesionar en el Concilio Vaticano II. En este libro, su autor escenifica de modo magistral los últimos momentos de su vida, y en unos diálogos geniales con Pascal, Dante, Bergson, Pablo VI, Teresa de Lisieux y Francoise Mitterrand, entre otros, nos habla de sus razones para creer, para ser cristiano y para ser católico. No es un libro apologético ni mucho menos, nada de eso, es una reflexión acerca de la fe y las dudas, y de los interrogantes ancestrales a los que el ser humano se enfrenta.
Como estímulo les va este pasaje:

“San Pedro me interrogó primero.
- Jean Guitton, ¿Qué has hecho de tu vida?
- He filosofado.
- ¿Qué quiere decir eso?
- He aprendido a morir.
- ¿Cómo lo aprendiste?
- Mirando a Cristo.
- ¿Quién te enseñó a mirarlo?
- La que le dio la vida y lo vio morir en la cruz. Ella fue quien me enseñó.
- ¿Cómo te lo enseñó?
- Mientras escribía un libro acerca de ella.

San Juan tomó la palabra. Él es mi santo patrono. La víspera del día en que Jesús sufrió, él reposó su cabeza en el pecho del Señor. Tal fue el sacramento por el cual recibió el conocimiento de lo insondable. Yo lo amaba. Cien años que me hablaba de ta tou kuriou pneumatika. (“Todo lo que llenaba el espíritu del Señor”) Y ahora lo veía. Su voz era más firme de lo que yo hubiese creído. Su estatura más alta. Su rostro irradiaba la luz de la Verdad.
Jean – me preguntó- ¿Qué es morir?
- Es perderlo todo, abandonarlo todo y abandonarse en manos de Dios.
- ¿Por qué es importante morir?
- Porque es el único momento de la vida en que se puede dar absolutamente todo y sin retorno.
- ¿Y qué es vivir bien?
- Es vivir cada instante como se moriría si se muriera bien.
- ¿Qué es morir bien?

Miré a Santa Teresa y la respuesta me vino, fulgurante:
-Morir de Amor.
-Jean, ¿Qué es el amor?
-Amar es darlo todo y darse uno mismo.

San Juan se ensimismó. Ozanam preguntó:
- Jean, ¿Es triste morir?
- Es triste para los demás.
- ¿Y para uno mismo?
- Es triste, si pensamos en la tristeza de los otros.
- Jean, ¿Has muerto triste?
- Quise perseverar en la alegría.”

Les prometo más.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

mi nomb re marilu samalvides guitton me conmovió la lectura dd jean soy peruana y no sabemos la ciudad de origen del pionero guitton ennuestro pais solo que radicaron en camaná arequipa si alguien tienemayor informacion contactar a marilusamalvides@hotmail.com ( lima 6 enero 2008)

Mirko dijo...

En relación a tu post, existe una asociación argentina llamada Paideia Politeia, que ha reseñado en programas radiales, tres libros de Guitton y de otros autores más. Entrañas de Platón, Mi testamento Filosófico y El trabajo intelectual... Lo bueno es que puedes descargar en formato mp3 esas reseñas de la siguiente dirección electrónica:
http://paideiapoliteia.org.ar/friocaliente.php

Lamentablemente no he tenido la oportunidad de conseguir y leer esos textos todavia, pero aún así las reseñas dejan entrever que Guitton fue un gran filosofo y cristiano del Siglo XX.
(okrim36@hotmail.com)

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¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

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