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martes, 31 de marzo de 2009

La pobreza que quiero amar.


"Me parece la cosa más absurda del mundo sentirme tan contrariado sólo porque soy débil, distraído, ciego, y no hago más que cometer errores. ¡Como si pudiera esperarse otra cosa! ¿Va a amarme Dios menos porque no consiga santificarme por mí mismo, ayudado por mis propias fuerzas y a mi manera? Él me ama más porque soy torpe y desvalido sin Él. Y por debajo de lo que soy Él ve lo que algún día seré por puro don Suyo. Esto le complace, y a mí, por tanto, también; y espero Su gran amor, que es mi alegría".


"Leo y releo a San Juan de la Cruz, y me parece comprenderle, aunque las más elementales nociones que enseña no han arraigado en mi vida. Pero no importa, porque poco a poco penetrarán en ella. Y ese hecho -me refiero a mi ceguera- forma parte de esa pobreza que quiero amar para gloria de Dios. No debo actuar como si de alguna manera pudiera poseer el secreto de algún conocimiento o de alguna técnica para llegar a la posesión de Dios".


"Sé por qué nunca seré capaz de escribir en un diario cosa alguna acerca de la oración: porque cualquier cosa que se escriba, sea o no en un diario, se trueca, al menos implícitamente, en asunto ajeno. Al hablar de oración, me refiero a lo que sucede en mí como primera persona del singular. Lo que realmente le ocurre a lo que soy yo realmente no le compete a nadie más".


"El amor,cuando comienza, lleva un paso tan rápido que hay que sujetarse bien para no caer".


Thomas Merton.

"El signo de Jonás.


domingo, 29 de marzo de 2009

Granos de trigo.


"Si el grano de trigo no cae en tierra y muere...". Escucha uno hablar a veces a predicadores, o lee libros, o escucha conversaciones, y parece que todo lo que hay en el mundo es maldad, mentira e hipocrecía. Me duele escuchar de boca de hombres y mujeres de fe palabras de sospecha, todo el tiempo, sobre la vida y los hombres. En los relatos evangélicos aparece Jesús caminando por el mundo y dejando a su paso una estela de amor. Es cierto que previene a los suyos, que dice "están, pero no son", y sugiere "cuidarse de la levadura de los fariseos", y advierte: "Este mundo pasará". Pero ninguna de esas palabras es una invitación a que seamos duros de corazón; no dice: no amen vuestro mundo, porque es un mundo malo. Dice mejor: Transformen el mundo con vuestro amor. El amor es entrega, es morir, es dar la vida; pero como hace la planta con sus frutos, es decir, es una entrega vivificadora. No es un morir anti natural, sino el morir natural y necesario, el tránsito inevitable por el que tenemos que pasar en esta "humanidad". Así se entiende, pues, esa frase de Jesús que escuchamos este domingo en la litúrgia: "Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo...". Es una hemosa comparación la que hace Jesús, pensandonos como granos de trigo, como dorados granos que, llenos de una fecundidad oculta, están cargados de promesas. Asi, todo nuestro itinerario existencial es un progresivo "morir" para dar vida. Porque, el grano de trino, si germina, trae "vida eterna" consigo. Trae luz, trae esperanza, trae VIDA.

Lo que me interesa decir, a fin de cuentas, es que el discípulo de Cristo está en el mundo para iluminar, para endulzar, y no para oscurecer o amargar. Nuestras palabras han de ser siempre compasivas; hemos de buscar siempre comprender a los otros, y ayudarles a descubrir el trigo en medio de las zarzas.

El cuerpo que se es.


En el proceso de maduración de una persona y en su crecimiento espiritual es importante, muy importante, integrar el cuerpo, es decir, lo físico, lo material, porque la persona humana es un todo, y es toda ella la que hace el camino de la vida. Por ello un maestro como K. G. Dürckheim habla, no del cuerpo que se tiene, sino del "cuerpo que se es". Al comentar brevemente acerca del pensamiento de este maestro, apunta A.Grün:


"En el cuerpo de una persona se puede observar si es permeable a Dios. Si una persona tiene los hombros tensos, está expresando su miedo. Aunque no deje de insistir con sus palabras en que tiene mucha fe, en lo más íntimo de su ser no cree realmente. No pone su confianza en Dios. Se aferra a sí misma. Es obvio que tiene miedo de entregarse a Dios. Siempre que una persona expresa con palabras demasiado vigorosas su confianza en Dios, mi respuesta es el escepticismo. Observo atentamente a esa persona y veo hasta qué punto está tensa, cómo se aferra interiormente a algo que no es Dios. Porque si creyera en Dios, se percibiría en su cuerpo, se reconocería en su estado relajado y sereno". (A.Grün)


"Si una persona no tiene sensibilidad para su cuerpo, no es en realidad una persona madura. La madurez de una persona se refleja en su forma de estar de pie, en su modo de caminar, en su voz, en todo lo que expresa con su cuerpo. Si una persona quiere presentar su ego, tiene su punto central en el pecho. Quiere demostrar lo que vale. Otros son demasiado cerebrales". (A.Grün)


De Karlfried Graf Dürckheim hemos comentado antes en este blog: vivió enttre 1896 y 1988, fundador de la "terapia iniciática", es el pionero del movimiento zen de cuño occidental orientado según la psicología de Carl Gustav Jung.

sábado, 28 de marzo de 2009

TM: segundo nacimiento.


En el siguiente relato, que he tomado de la autobiografía de Merton, aparece ese sentido del humor suyo tan peculiar, que le hace ver la realidad siempre desde una perspectiva desmitificadora; aquí Merton, recien converso, lleno entusiasmo, había sido diagnosticado tras un dolor abdominal, de apendicitis y le habían enviado al hospital para que le operaran. Así fue a su casa a recoger lo necesario y luego se va al hospital. En el camino, sucede lo siguiente:


" En la estación de metro de la calle Catorce había un borracho. Estaba echado en medio de los torniquetes, obstruyendo el paso de todos. Algunos lo empujaban y le decían que se levantara y apartase de allí, pero él no podía tenerse en pie. Pensé: si intento levantarlo y apartarlo de allí, mi apéndice reventará y yo también quedaré echado allí, en los torniquetes, junto a él. Con mi nerviosismo templado por un cálido sentimiento de presunción y complacencia, cogí al borracho por los hombros y lo levanté tabajosamente, apartándolo de los torniquetes y apoyándolo contra la pared. Refunfuñó débilmente en son de protesta.

Luego, felicitándome mentalmente por mi gran solicitud y caridad hacia los borrachos, crucé el torniquete y bajé para tomar el tren hacia el hospital de Washington Heights. Al mirar hacia atrás, por encima del hombro, desde el fondo de la escalera pude ver al borracho que se arrastraba lenta y penosamente de nuevo hacia el torniquete, donde una vez más quedó tendido en la entrada, obstruyendo el paso como antes". (M7C; Páginas 416-417)


De aquellos tiempos gozosos, en los que Merton va descubriendo la fe en todos sus pequeños detalles cotidianos, cuenta también en su autobiografía:


" Ahora, por fin, había nacido. Pero era sólo un recién nacido. Vivía, tenía una vida interior verdadera, pero débil y precaria. Todavía me criaba y alimentaba de leche espiritual. La vida de la gracia, al fin, se había hecho, al parecer, constante, permanente. Débil y sin fuerzas como estaba, caminaba, no obstante, por el camino que llevaba a la libertad y a la vida. Había encontrado mi libertad espiritual. Mis ojos empezaban a abrirse a la luz poderosa y constante del cielo, y mi voluntad aprendía a ceder al gobierno sutil, suave y amoroso de aquel amor que es la vida sin fin". (M7C, Páginas 418-419)


Los texto de TM están tomados de: "La montaña de los siete círculos", Edhasa 2008.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Dorothy Day 2.


De Dorothy Day escribió recién otra mujer, Joan Chittister (monja benedictina de Erie, Pensilvania):

"Lo que siempre me ha gustado de Dorothy Day es que ella fue una más entre las personas a las que dedicó su vida. No fue una filántropa de la zona residencial. No fue una monja que buscaba una buena obra para hacer. No fue una burócrata del gobierno que distribuía dinero y luego se tomaba el tren para volver a su barrio rico.

Ella fue real. Madre soltera, ciudadana desilucionada, mujer pobre, feligresa rebelde, observadora desempleada de la raza humana. Había abandonado la Iglesia. Había vivido en un edificio de viviendas de alquiler del que se habría avergonzado en su infancia. Se había hecho un aborto, y más tarde dado a luz a una hija sin estar casada. HAbía trabajado mucho para no ganar nada y vivir en un apartamento barato y miserable porque no podía costearse algo mejor. Si no hubiera sido por la gracia de Dios, Dorothy Day podría haber sido la pordiosera por excelencia.

Había dejado todos los lugares a los que vale la pena pertenecer cuando lo que importa en la vida son las credenciales... pero si podemos considerar a Dorothy Day un modelo de algo es ciertamente porque su vida no terminó hasta que terminó. Lo que Dorothy Day extrajo de las cenizas de su vida es un monumento a la vida".

("Vidas de Fuego". LUMEN-EDIBESA, 2006)



Robert Ellsberg apunta también en el libro que ya conocemos:

"El enigma de Dorothy Day fue su habilidad para reconciliar sus posiciones sociales radicales con una piedad tradicional y casi conservadora. Su compromiso con la obediencia, la pobreza y la castidad era tan firme como los de cualquier monja. Mas permaneció completamente inmersa en el mundo secular, con toda la precariedad y el desorden provenientes de una vida entre los pobres. Su santa favorita era Santa Teresita de Lisieux, la joven monja carmelita cuyo "caminito" señalaba la senda a la santidad dentro de nuestras ocupaciones cotidianas. De ella tomó Day la comprensión de que cualquir acto de amor podía contribuir al equilibrio del amor en el mundo, cualquier sufrimiento soportado por amor podía aliviar el peso de otros; tal era el misterioso lazo con el Cuerpo de Cristo".


Esa fue la santidad que vivió esta mujer, la de combinar justicia y caridad, la de ver a Cristo en los pobres y dar la vida por ellos, la de recordar a la Iglesia donde estaba su mayor tesoro.


Acerca de la santidad escribió:

"Todo lo que he leído de niña sobre los santos me ha emocionado. Podía advertir la nobleza de entregar su vida a los enfermos, a los inválidos, a los leprosos...Pero había otra pregunta en mi mente. ¿Por qué se hacía tanto por remediar el mal en vez de evitarlo, en primer lugar?... ¿Dónde había santos que intentaran cambiar el orden social, que no sólo ejercieran su ministerio con los esclavos, sino que intentaran erradicar la esclavitud?".


Puedes leer más sobre Dorothy Day en : "La Larga Soledad. Autobiografía". Sal Terrae.

martes, 24 de marzo de 2009

Dorothy Day.


Dorothy Day fue una gran mujer, de esas que dejan su huella en la historia pequeña, la de los hombres y mujeres de la calle; una mujer que vivió intensamente además, que renunció voluntariamente a una vida más cómoda y que tal vez hoy mucha gente no sepa nada de su vida. Vivió entre 1897 y 1980, y aparece en un libro reciente como "pacifista norteamericana, que se involucró activamente en los grandes temas del siglo XX, desde los derechos de la mujer hasta la guerra de Vietnam". Según cuenta Robert Ellberg, en "TODOS LOS SANTOS", cuando Dorothy murió, a los 83 años de edad, se dijo de ella que era la personalidad más influyente, interesante y significativa en la historia del catolicismo norteamericano.Sin embargo, siempre fue una persona poco aceptada y poco comprendida, incluso en el seno de la Iglesia.

Una de sus obras más importantes fue la fundación de CATHOLIC WORKER, movimiento laical fundado y dirigido por ella durante 50 años, cuyo objetivo fue demostrar que el amor evangélico podía ser vivido; quiso demostrar que el amor era no sólo un desafío personal, sino que también tenía un componente político. Representó un nuevo tipo de santidad política, una manera de servir a Cristo, no sólo a través de la oración y el sacrificio, sino también en la solidaridad con los pobres y la lucha por la paz y la justicia. A causa de esto le llamaron "comunista", le dispararon, encarcelaron, e investigaron varias veces.

Dorothy había nacido en Brooklyn, bautizada en la Iglesia Episcopal, pero no tuvo relación con esa religión. En la universidad se implicó en causas radicales, rechazando el cristianismo; trabajó como periodista, y tomó parte en las luchas sociales de su época. Sus amigos eran comunistas, anarquistas, artistas e intelectuales, de esos que opinan que la religión es opio para el pueblo.

En 1926, viviendo en Staten Island, con un hombre al que amaba profundamente, quedó embarazada, y fue ese acontecimiento el que encendió la chispa de su conversión. Fue algo que ella denominó "felicidad natural" lo que le hizo volver su corazón a Dios; entró en la Iglesia Católica en 1927. El impacto de este acontecimiento también trajo penas: el hombre que amaba la abandonó pues no aceptó el matrimonio, y muchos la acusaron de traicionar la causa de los pobres. Fueron varios años los que vivió en medio de una búsqueda interior y mucha oración.

En 1932 llegó la respuesta: se encontró con Peter Maurin, agitador y filósofo itinerante, quien le animó a comenzar un periódico que ofreciera solidaridad a los pobres y críticara el istema social desde la radical perspectiva evangélica. El CATHOLIC WORKER fue lanzado el 1 de mayo de 1933; Dorothy hizo de la redacción del periódico una casa de hospitalidad donde se ofrecia comida a los hambrientos y techo a los vagabundos y desarraigados.

Dorothy Day murió un 29 de noviembre de 1980.
En la imagen que acompaña a la entrada aparece Peter Maurin, y detrás, Dorothy Day.

Madurez humana y espiritual.


Son muchos los libros publicados por Anselm Grün que intentan ayudar al lector a combinar el deseo de espiritualidad con el desarrollo personal, dos elementos que han de marchar siempre juntos. Cuando hablamos de madurez, hablamos de crecimiento, de frutos, de alcanzar una plenitud. Esa maduración por tanto tiene que ver conmigo, pero también con los otros, pues el fruto es pleno cuando alguien disfruta de él. Sin embargo, cuando hablamos de espiritualidad se ha pensado a menudo en "piedad", es decir, rezar muchas oraciones, cumplir muchos preceptos, pero esa piedad ha podido convivir con una gran inmadurez. Anselm Grün nos recuerda que los Padres del Desierto siempre relacionaron ambas cosas: madurez humana y madurez espiritual; por eso ha querido retomar este aspecto en su libro "SER EN PLENITUD. El poder de una fe madura", publicado por Sal Terrae, en el año 2007. En ese libro Grün apunta:


"Llegar a madurar en sentido espiritual significa que uno hace realidad la imagen única que Dios se ha formado de él. Este concepto espiritual de madurez se fundamenta en una imagen del ser humano muy precisa. Cada persona -afirma Romano Guardini- es una palabra única que Dios pronuncia únicamente sobre ella. Y nuestra tarea consiste en hacer posible que se escuche a través de nuestra vida en este mundo esa palabra singular que Dios nos ha dirigido a cada uno de nosotros personalmente. Cada ser humano puede expresar con su vida algo de Dios que sólo a través de él puede llegar a explicarse. Cuando entro en contacto con mi palabra originaria, estoy en armonía, entro en contacto con mi verdadero yo, con la imagen originaria y no falseada de Dios en mí.

Puedo expresar también esta unicidad del ser humano con otra imagen: cada persona, con su propia vida, imprime en este mundo una huella que sólo ella puede imprimir. Es madura la persona que imprime en este mundo la huella más personal de su vida, en lugar de limitarse a seguir las huellas de los demás".


Según señalan algunos capítulos de este libro, el desafío es vivir la propia vida, y la meta, llegar a ser una persona completa; sin embargo para ello encontramos algunos obstáculos:

1-El miedo al mundo y Dios como una droga.

2- Reprimir los impulsos y el deseo de ser perfecto.

3- Mantenernos presos de las imágenes.


Grün desarrolla algunas ideas que contribuyen a nuestra transformación, y en particular ofrece algunos recursos especificamente cristianos. Sobre alguno de estos temas seguimos comentando en otra ocasión.

sábado, 21 de marzo de 2009

TM: Una simple fidelidad a su voluntad en la vida ordinaria.


"El tramo final en el camino hacia la santidad en Cristo consiste en abandonarse por entero, confiada y gozosamente, a la aparente locura de la cruz. "La palabra de la cruz es necedad para los que están en vías de perdición; pero para los que están en vías de salvación, para nosotros, es fuerza de Dios" (1 Co 1, 18). Esta locura, la necedad de renunciar a toda preocupación por nosotros mismos tanto en el orden material como en el espiritual, para poder confiarnos a Cristo, equivale a una especie de muerte de nuestro yo temporal. Es un acto de total abadono, pero es también un salto definitivo hacia el gozo. La capacidad de realizar este acto, de abandonarnos, de zambullirnos en nuestro propio vacío y encontrar allí la libertad de Cristo en toda su plenitud, es algo inasequible a todos nuestros esfuerzos y planes meramente humanos. No podemos lograrlo relajándonos ni esforzándonos, pensando o no pensando, actuando o dejando de actuar. La única respuesta es una fe perfecta, una esperanza exultante, transformada por un amor absolutamente espiritual a Cristo que es puro don suyo, pero que nosotros podemos disponernos a recibirlo con fortaleza, humildad, paciencia y, sobre todo, con una simple fidelidad a su voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida ordinaria".


Thomas Merton. "Vida y santidad".

viernes, 20 de marzo de 2009

Otra mirada sobre la santidad (final).



Con esta entrada terminamos de compartir el prólogo del libro "TODOS LOS SANTOS", de Robert Ellsberg:


"Resulta de especial importancia transmitir estas lecciones a nuestros hijos, tan fáciles de seducir por nuestra cultura que admira l0 que es meramente locuaz o exitoso, que honra el poder, la belleza superficial, y la ilu­sión de la celebridad... la mayoría de nosotros ha sentido, alguna vez, cómo responden nuestros corazones a esos ejem­plos de coraje, bondad o nobleza espiritual que fueron nuestra inspiración hacia un camino más elevado. Lo mismo sucedió con los santos. Uno de los motivos recurrentes de sus historias es la importancia de un encuentro con otro santo, al­gunas veces en persona, pero a menudo a través de la lectura de una historia o de haber escuchado una leyenda. Puedo, sin mentir, decir acerca de mi propia vida, que he aprendido mucho menos de los evangelios estudiando teología, que de las vidas de la gente santa. Esto refleja, en parte, la estructura narrativa del evange­lio cristiano. Las verdades del cristianismo se verifican en los testigos vivientes más que en los silogismos lógicos.
Pero los santos hacen más que ofrecemos un ejemplo edificante. Hay, en ver­dad, un aura de trascendencia y poder sagrado que rodea sus vidas. Esto tiene po­co que ver con un muestrario de milagros, en el sentido tradicional. Tiene más relación con una cualidad del misterio que se ve reforzada sólo a través de sus idiosincrasias. Como las figuras en el vitral, los ilumina una fuente más allá de ellos mismos. De este modo, si les permitimos, nos ayudan a despertar a la com­prensión de que nuestras vidas se hallan iluminadas por la misma fuente. Como observara el Cardenal Suhard, ser santo significa "vivir de una manera tal que no tendría sentido si Dios no existiera."
L0 que me ha sorprendido (de los santos) es el carácter inflexible de su compromiso, su vo­luntad para sacrificado todo por su vocación. Algunas veces, l0 que ahora los ha­ce aparecer heroicos o admirables, en su momento y a los ojos de sus contempo­ráneos los volvió difíciles de tolerar. Esto también debe ser reconocido. La san­tidad no es sinónimo de "gentileza" o "bondad", en el sentido usual.
Por otra parte, qué humanos que son. A pesar de los efectos sobrenaturales con que las leyendas puedan adornarlos, lo que aparece una y otra vez, es su hu­manidad. Experimentaban dudas, debilidades, soledad, y miedo, al igual que to­dos nosotros. Pero finalmente sus vidas estaban organizadas alrededor de los principios más elevados: la capacidad humana para amar, para sacrificarse, y la generosidad. "Pureza de corazón" decía Kierkegaard, "es desear una sola cosa." Esta unidad de intención es una de las características que unen a muchas de es­tas figuras. Lo que no significa estar libres de la ambigüedad que vuelve difícil reducir cualquier vida a una sola significación o mensaje. Pero bajo la mirada de
la contemplación, hay algo que emerge a la superficie: sus faltas, debilidades o limitaciones, no son su mensaje esencial ni su legado.

¿Qué tenían en común? No se esforzaban por ser "santos." Quizás se dedica­ron seriamente a la tarea de ser humanos, comprendiendo esta vocación en el sen­tido profundo reflejado en las viejas fórmulas del catecismo: "¿Quién nos ha creado? Dios nos creó. ¿Para qué nos creó Dios? Para conocerlo, amarlo y ser­virlo en esta vida y gozar de Él en la vida eterna."

No, los santos no son seres humanos perfectos. Pero a su propia manera par­ticular, se volvieron auténticos seres humanos, dotados de la capacidad de des­pertar esta vocación en otros. A Dorothy Day, como ya he dicho, no le gustaba que la llamaran santa: "Cuando te llaman santa, significa, básicamente, que no debes ser tomada en serio." Este libro ofrece un argumento diferente: que llamar a alguien santo o santa, significa que su vida debe ser tomada con la mayor se­riedad. Es una prueba de que el evangelio puede ser vivido".


(Volvemos a recomendar aquí este libro cuyo prólogo hemos compartido durante durante varias entradas, no es la habitual selección de santos que encontramos en las librerías. Es otra mirada sobre la santidad y la posibilidad real de seguir en nuestra propias vidas los ejemplos que se proponen. Hombres y mujeres, de carne y hueso, que quisieron vivir para alabar a su Creador).

miércoles, 18 de marzo de 2009

El deseo de ser más sencillo.


"En la sala capitular están terminando Semillas de Contemplación, leyendo un par de páginas cada tarde, antes de completas.

Me alegro de que el libro haya sido escrito y sea leído. Sin duda he dicho lo bastante acerca de la oscuridad y del "contacto experimental con Dios en la oscuridad" para poder callar al respecto y pasar a algo distinto. De lo contrario, llegaría a ser mecánico, insistiendo en la misma vieja canción una y otra vez. Pero si no me hubiera sido leído en voz alta a mí, podría haber olvidado con cuánta frecuencia he dicho todas esas cosas y vuelto a decirlas de nuevo, como si fueran descubrimientos. Porque soy consciente de que esto suele suceder en nuestra vida. Llevar un diario me ha enseñado que no hay tanto nuevo en la vida interior como a veces pensamos. Cuando relees tu diario, descubres que tu último descubrimiento es algo que ya descubriste hace cinco años. Sin embargo, es verdad que se penetra cada vez más en las mismas ideas, en las mismas experiencias.
Como de costumbre, después de que uno de mis libros me haya sido leído a mí, me quedo con el deseo de ser más sencillo".


10 de julio de 1949.
Thomas Merton.
Existen dos versiones de este libro de TM: la primera, publicada como "Semillas de contemplación", y la segunda como "Nuevas semillas de contemplación". Merton quiso revisar el texto, ampliando algunas cosas, modificando otras, de modo que su pensamiento quedara más claro. La primera versión es de 1949; la segunda, de 1961. Lo más destacable es que en la segunda redacción Merton establece una mayor relación entre la espiritualidad individual y la comunión o solidaridad humana.

sábado, 14 de marzo de 2009

Libro de TM sobre la Eucaristía.


Recientemente me preguntaba alguien si Thomas Merton había dedicado algún libro en particular a la Eucaristía, y le respondí que no; sucede que son tantos los libros que Merton escribió que a veces perdemos alguno de vista. Pues la respuesta a la pregunta es positiva: sí escribió Merton un libro sobre la Eucaristía, y fué en el año 1955, titulado "The living Bread". En español lo publicó PATMOS en 1957 con el título de "El Pan Vivo". Hasta donde conozco no se ha vuelto a publicar. Tiene 5 capítulos, y su lenguaje y visión teológica llevan el estilo del primer Merton, apoyado en la doctrina católica, la Sagrada Escritura, los Santos Padres, e inspirado en algunos documentos magisteriales de esa época. Según dice el prologador, fue escrito a instancias de los miembros de un movimiento de Adoración cotidiana y perpetua de la Eucaristía.

TESTIGOS.


Roger de Taizé. Vivió entre 1915 y 2005. Teólogo protestante nacido en Suiza, fue padre fundador y prior de la comunidad ecuménica de Taizé. Su búsqueda espiritual lo llevó a retirarse en plena Guerra Mundial, cuando tenía 25 años, a una pequeña ciudad para comenzar allí una singular experiencia monástica. Promovió la vida en comunidad y se consagró a trabajar por la reconciliación de los cristianos. A propósito de su vocación dijo una vez:


"En nuestra existencia no son los dones notorios o las grandes capacidades las que nos permiten ser creadores con Dios También ha partir de la prueba puede nacer un gran impulso de vida".

"Cuanto más un creyente quiere vivir el absoluto de Dios, más debe insertarse en el absoluto de la miseria humana".


El Hno Roger dejó algunos escritos, sencillos y breves, en los que compartía sus sueños de una comunidad evangélica y evangelizadora desde el perdón y la fraternidad. El descubrió el amor de Dios para cada ser humano, confesaba sin verguenza sus propios límites, miedos y dificultades, y apuntaba:

"Sólo podemos construir a partir de lo que somos, con nuestros límites y fragilidades".


Durante su larga vida, nunca dejó de buscar.

viernes, 13 de marzo de 2009

Otra mirada sobre la santidad (5).


Seguimos compartiendo parte del prólogo al libro "Todos los santos", de Robert Ellsberg. Ya casi terminamos, pero todavía creo hallarán algunos detalles interesantes que nos permiten comprender mejor lo que supone una vivencia más real de esta llamada, que recibimos los bautizados:


"Así, la procesión de figuras de este libro es una suerte de tripulación variada y heterogénea. Sin duda que san Agustín o santo Domingo se sentirían alarmados al encontrarse asociados a gente como Vincent van Gogh o León Tolstoy ( También lo opuesto sería posible). En una obra de estas características, la selección, de manera inevitable, está diciendo algo. ¿Cómo elegir? Me he guiado aquí por una intuición de Simone Weil: "No es suficiente, hoy en día, ser meramente santos, sino que debemos tener el tipo de santidad que nuestro tiempo requiere”. Creo que muchos de los santos tradicionales, justamente por esa razón, continúan siendo un recurso invalorable. Sin embargo

¿cuáles son las necesidades del mo­mento actual?
Los ejemplos previos de santidad tendían a enfatizar un ascetismo negador del mundo; hoy necesitamos ejemplos de disciplina y abnegación al servicio del mundo y solidarios con los sufrimientos humanos.

Hay incontables santos que exhibían la virtud de la caridad; necesitamos santos que combinen la caridad con una sed profética de justicia.

Gran parte de la historia cristiana ha sido escrita por manos masculinas; necesitamos recordar el ejemplo y los dones de las mujeres santas y proféticas.

La lista tradicional de los santos ha estado dominada por el clero y los religiosos; necesitamos prestar especial atención a los testimonios de los laicos, de aquellos cuya vocación es infundir el espíritu del evangelio en el mundo.

La historia de la Iglesia tiene tendencia a ser escrita en términos occiden­tales; en esta que Karl Rahner llama la "Iglesia del mundo", necesitamos recor­dar la lucha de los santos que tradujeron el evangelio al idioma de las culturas lo­cales, no occidentales; que abrazaron la sabiduría de otros caminos religiosos e intentaron comprender la fe en términos de nuevos horizontes intelectuales y cul­turales.

Necesitamos ejemplos de santidad más allá del claustro; santos inmersos en el universo del arte, de la literatura, en el mundo académico, en el de las lu­chas políticas, y en la vida cotidiana. Necesitamos profetas que presenten un de­safío tanto a la Iglesia como al mundo, para que reflejen mejor la justicia y la mi­sericordia de Dios. Debemos prestar atención a la visión de los místicos, que ven a través de la sombra de la cotidianeidad y nos recuerdan, así, al Dios que es siempre más grande que nuestras teologías o nuestra imaginación.
¿Existen santos que hablen a todas estas preocupaciones? Algunos, tal vez. Pero el desafío es recurrir, para nuestro camino, un camino que comienza en el punto en que se halla cada uno de nosotros, al testimonio parcial de muchos com­pañeros santos.
Estamos hechos de lo que admiramos. Pero en esto, como en cualquier otra búsqueda, es posible cultivar nuestro gusto. Resulta importante aprender a reco­nocer qué es bueno, a entrenar nuestros oídos a discernir la verdad, a honrar lo que es verdaderamente honorable, a elegir normas morales que estén más allá de nuestro fácil alcance".

miércoles, 11 de marzo de 2009

Notas para una biografía de Thomas Merton.


Thomas Merton no era católico, había sido bautizado en la Iglesia episcopaliana en Estados Unidos, pero casi que por formalidad más que por verdadera elección de fe; no obstante en su vida siempre hay referencias de tipo religioso, en el sentido de apertura a lo "trascendente" que hay siempre en el arte, o en una sociedad con referentes religiosos establecidos.

Recibió una educación liberal, conoció variadas experiencias humanas y religiosas.

Merton es hombre de experiencia, con vocación por la escritura desde muy temprana edad.

Recibió una gran influencia de San Juan de la Cruz en una etapa concreta de su vida, y ello es evidente en el título y sentido de algunos de sus libros; lo mismo, afectivamente se sintió cercano a Teresa de Lisieux, otra santa del Carmelo. En uno de sus diarios las referencias a santos y elementos de la espiritualidad carmelitana son constantes.

Fue cuestionado por sus hermanos monjes a causa de su singularidad; se le reprocha no haber sido suficientemente contemplativo, pasando por alto algunas tradiciones monásticas tradicionales. Es curioso, sin embargo que su testimonio como "contemplativo" haya llegado y siga llegando a tantos.

Su autobiografía no puede leerse simplemente como "biografía", porque no es meramente historia, sino "historia de fe", historia de "conversión", y ello es un género literario en sí mismo, como lo encontramos en San Agustín o en Santa Teresa. Hay elementos que han sido polarizados o extremados, para dar mayor énfasis al mensaje que se intenta trasmitir.

Es importante no hacer tanto una lectura "moralista" de su conversión, sino una lectura "espiritual".

En su conversión ocupan un lugar central sus lecturas, sus profesores y sus amigos.

Aldous Huxley le acercó a una nueva comprensión de la espiritualidad y del ascetismo como un elemento básico de esta.

Recibió muchas influencias intelectuales: Willian Blake, Maritain, Newman, Hopkins, etc.

Su experiencia de 1958, en Louisville, la llamada "epifanía", redefinió su comprensión de la vida e identidad monásticas.

Su itinerario vital nos ayuda a comprender el vínculo entre conversión, santidad e identidad.


domingo, 8 de marzo de 2009

La propia santidad.


"En el refectorio se leyó una breve vida de San Benito José Labré, el cual es, decididamente, uno de mis favoritos. No logró encontrar soledad sino convirtiéndose en la persona más despreciada por toda una multitud, hasta caer tan bajo que todos hacían caso omiso de él, aunque tenía que trabajar para mantenerse allí: rechazando la amistad, casi sin hablar, mirando a cualquiera que le tratase bondadosamente como un bienhechor, no como un amigo.

Algo hay en mi naturaleza que me lleva a desear ser un vagabundo, pero lo que sé por experiencia me hace comprender que la santidad no he de lograrla por ese camino. Siempre, incluso cuando recorrí a pié asperos senderos, fui, en sentido estricto, un turista. Y un turista respetable, dicho sea en el sentido peyorativo de la palabra. Incluso como trapense me siento desastrosamente respetable, aunque no convencional. No tengo pulgas, ya sea porque no me gustan, ya porque no creo ser de los que llegan a santificarse comidos de piojos, aunque nadie puede decir de esta agua no beberé.

No me gusta tener los pies mojados, pero ¿Quiere esto decir que mi único camino para llegar a la santidad consiste en tener un paz de zapatos llenos de agujeros? Desde luego, sólo tengo un par para andar para andar por el monasterio y otro para el trabajo, pero el hermano Cornelius los compone enseguida si se agujerean, y si no le advierto que necesitan arreglo, seré llamado al orden en el capítulo.

Empiezo a preguntarme si, después de todo, la santidad para mí no estará relacionada con esa cripta llena de manuscritos, de prosa, de poesía, de cantos gregorianos y de liturgia. Parece absurdo que un hombre pueda santificarse merced a las cosas que le gustan espontáneamente.

La respuesta es, claro está, sencilla. Yo he hecho mis votos según una regla que no implica per se aguantar pulgas, pero de la que depende mi santidad. La esencia de esa regla consiste en la obediencia y la oración, en renunciar a la voluntad propia, en la vida en comunidad, en un indiviso e incondicional amor, y en adorar y alabar a Dios.

Pero más vale no formular preguntas que carecen de sentido. Y, si lo tienen, uno lo encontrará en el momento necesario. Sí, y hallará a la par las preguntas y las respuestas".


Thomas Merton

"El signo de Jonás".

(2 de febrero de 1949)

viernes, 6 de marzo de 2009

Leyendo a THOMAS MERTON.




Hoy he tenido la oportunidad de escuchar una exposición en clases sobre Thomas Merton, a cargo de Elvira Rodena; ella es profesora de Quimica, pero también ha estudiado teología, y presentó su tesis de licenciatura en Comillas en 2005, justamente sobre Merton, por eso el profesor de nuestro seminario sobre Corrientes espirituales del siglo XX, José García de Castro, le invitó. Para mí es un regalo oir hablar sobre Merton, ver que su figura es centro del debate y la reflexión, pues ese ha sido mi propósito siempre, pensando que el testimonio de Merton es una riqueza para el pensamiento cristiano de estos tiempos.


Conocí a Merton hace unos 20 años, cuando leí su autobiografía, y hace unos 10 que me he dedicado pacientemente a leerle y reflexionar sobre su vida y sus escritos. Nunca he tenido pretensiones académicas, sino puramente espirituales, aunque ahora me vea inmerso en la preparación de una tesina de licenciatura sobre su persona. Es algo que casi se impuso y que he acogido con cierto temor, pero también con la certeza de que me ayudará a conocerle más y a darle a conocer.


De la conferencia de Evira Rodena me ha quedado como motivación el deseo de ahondar más en la antropología que Merton propone en sus escritos. Es una tarea pendiente que tengo desde hace tiempo, una lectura paciente de "El hombre nuevo", para encontrar claves que me ayuden a entender su marcado humanismo, a la hora de interpretar la tradición monástica.


En el trabajo que realizo sobre Merton quiero tratar fundamentalmente acerca de su modo de entender y buscar la santidad cristiana, y esto desde una perspectiva previa de comprensión de la santidad, de la que he comentado a menudo en este blog, y de la que pueden encontrar pautas frecuentemente en los textos que comparto. No quiero defender que Merton sea canonizado, no es esa mi pretensión, sino comprender mejor la llamada de todos a la santidad, la condición de "santos" que compartimos los cristianos a causa de nuestra pertenencia Cristo por el bautismo.


La experiencia de conversión de Merton, descrita con tintes dramáticos en su autobiografía, es paradigmática, y muy estimulante, aun hoy, a más de 60 años de que fuera publicada y se convirtiera en un best seller.


Recientemente ha sido editada otra vez "La montaña de los siete círculos", y con muy buena presentación, es decir que está otra vez al alcance del gran público, por lo que espero Merton siga haciendo amigos y amigas para Cristo.


Otras lecturas me acompañan en estos días, está mi mesa llena de textos de TM: "Acción y contemplación", "Conjeturas de un espectador culpable", "La revolución negra", "El camino monástico".


Tenemos Merton para rato. Y hoy mismo he visto en internet, y me ha sorprendido, que el pasado año LUMEN publicó "Ascenso a la verdad", pues no lo he visto en las librerías. Ya preguntaré.

jueves, 5 de marzo de 2009

Otra mirada sobre la santidad (4)


"Estoy convencido de que muchas personas poseen una habilidad instintiva para reconocer la santidad heroica cuando la ven. Independientemente de un proceso oficial, reconocen que hay ciertas personas cuyas vidas proclaman, de alguna manera extraordinaria, el misterio del evangelio. Algunas son personas que podrían muy bien ser candidatas a la santi­ficación. El arzobispo Oscar Romero, Thomas Merton, y Dorothy Day, son unos pocos ejemplos de tiempos recientes. Pero mi lista incluye otras, tales como el : teólogo mártir Dietrich Bonhoeffer, o Albert Schweitzer o el metodista John Wesley, quienes, por no haber sido católicos, jamás serían elegibles para una ca­nonización formal. No resulta difícil argumentar que estas vidas son una inspira­ción más auténtica para los cristianos contemporáneos que la memoria de mu­chos santos de hace tiempo.
Luego están los que no son cristianos, como Gandhi, o el profeta judío Abra­ham Heschel, o incluso los moralistas no religiosos como Albert Camus, cuyo impacto en la espiritualidad y la ética cristianas, ha igualado, indiscutiblemente, el de cualquier cristiano ortodoxo de nuestro tiempo. Al incluirlos en una lista ampliada de "santos", mi intención no es de arrastrarlos por la fuerza al redil cristiano, sino apuntar en la dirección del Dios que (de acuerdo con san Juan) es "más amplio que nuestros corazones". Como Heschel escribió: "La Santidad no es monopolio de una religión o tradición en particular. Dondequiera que se obre de acuerdo con la voluntad de Dios, dondequiera que un pensamiento humano se dirija a Él, hay santidad."
La cuestión más molesta para algunos lectores, será la inclusión de algunos hombres y mujeres que no representan una norma común de santidad. Si este presenta un problema, es posible que surja de nuestra tendencia a igualar la santidad con la perfección moral. Es de notar que este tipo de ecuación era algo desconocido para los autores de las Escrituras. La mayoría de los héroes bíblicos, incluyendo a Abraham, Jacob, Moisés y David, están, de varias maneras, llenos de faltas. Lo mismo puede decirse de los discípulos más cercanos de Cristo. Y, sin embargo, Cristo mismo dijo que quienes daban de beber a un extranjero sediento o visitaban a un prisionero en la cárcel, eran bienaventurados. Es seguro que en la "comunión de los santos", los hay cuyas aparentes debilidades servían de disfraz a la grandeza espiritual interior, pero cuyo testimonio, sin embargo, fue redimido por una sola gran acción, algún don especial, o simplemente por la ho­nestidad de sus intenciones. Estas vidas también traen algún mensaje acerca del desafío de la fe en nuestros tiempos".


Seguimos compartiendo parte del prólogo del libro "Todos los Santos", de Robert Ellsberg, publicado por Lumen.

Thomas Merton: Un mundo de paradojas.


En "Contemplation in a world of Action" (Publicado en español como "Acción y contemplación", Kairós 1982), Thomas Merton dedica un primer capítulo a comentar acerca de "La vocación y el pensamiento moderno". De este hemos tomado algunos pasajes para compartir en esta entrada:


"Vivimos en una cultura que, al mismo tiempo que proclama su humanismo y pretende de hecho glorificar más que nunca al hombre, en realidad constituye un insulto sistemático y casi cínico a la humanidad de este".


"El siglo XIX declaró que Dios había muerto y ahora el XX, en consecuencia, ha descubierto que sin Dios el propio hombre duda de la validez y del significado de su propia existencia. Al "morir Dios", también murió algo en el hombre. Si no resucitamos a estos muertos (que son nuestro propio ser muerto) con la palabra del Evangelio, tan sólo consagraremos muertos a un "Dios muerto". Y los que vengan a nosotros se preguntarán de qué puede servirles buscar a los vivos entre los muertos"


"Se ha dicho que la sublevación contra el cristianismo es una especie de "juicio" pronunciado en y por la historia sobre la incapacidad que han mostrado los cristianos para cumplir en su momento las exigencias de la Palabra de Dios"


"Los ideales humanistas y personalistas del pensamiento moderno no siempre resultan radicalmente incompatibles con el ideal cristiano. Debemos ser capaces de "rescatar" y "redimir" aquellas aspiraciones que son propias y auténticas del cristianismo, incluso si se hallan enterradas en una matriz atea".


"Las "respuestas" que busca y necesita el hombre moderno no son las expresadas con límpias fórmulas verbales o en un sistema construido lógicamente. En su propio ser existe una profunda desconfianza de la lógica y del sistema. Su necesidad y su esperanza residen en un mundo de paradojas al que no puede llegar la lógica estricta, ya que se trata del reino de lo personal y de lo único"

lunes, 2 de marzo de 2009

Los ríos de la noche.


"Vigilante, ¿cómo va la noche?"

La noche, oh Dios mío, es un tiempo de libertad. Has visto la mañana y la noche, y la noche fue mejor. En la noche empiezan todas las cosas, y en la noche he sido testigo del fin de todas las cosas.
Bautizado en los ríos de la noche, Getsemaní ha recobrado su inocencia. La oscuridad trae consigo una apariencia de orden antes de que todas las cosas desaparezcan.
Empiezo a escuchar la elocuencia de la noche, la noche de los árboles húmedos, con la luz de la luna deslizándose por la parte delantera de la iglesia en medio de la niebla originada por la humedad y la disipación del calor. Esta noche el mundo retumba del cielo al infierno con elocuencia animal, con la inocencia salvaje de un millón de criaturas desconocidas.
Mientras la tierra descansa y se enfría como un inmenso organismo débilmente animado, la enorme vitalidad de la música de esas criaturas martillea y retumba y vibra y resuena hasta que se mete de rondón en todas las cosas e inunda el mundo entero con su furia neutral, que nunca se convierte en orgía porque todas las cosas son inocentes, todas las cosas son puras.
Algunas personas actúan como si la noche y el bosque y el calor y los animales trasmitieran una enfermedad contagiosa, siendo así que el calor es santo y los animales son hijos de Dios y la noche no fue hecha para ocultar el pecado, sino únicamente para abrirle infinitos caminos a la caridad y para enviar nuestras almas a jugar entre las estrellas".

Thomas Merton.
"Diarios (1939-1960)"
ONIRO, 2001.
Este pasaje de los diarios de TM , escrito el 4 de julio de 1952 recoje parte de lo que él llama "vigilancia del fuego". El monje recorre el monasterio durante buena parte de la noche, para evitar que se produzca algún fuego. Ha de ir recorriendo las diversas dependencias del monasterio, cuidando de que ningún olvido o descuido acabe con todo y con sus propias vidas. Es uno de esos pasajes antológicos de la obra de Merton, que parece llevarnos no sólo por dependencias físicas, sino también espirituales de la geografía monástica. (También podemos encontrarlo al final de "El signo de Jonás")
"La ronda de vigilancia contra el fuego se convierte en un examen de conciencia en el que tu tarea de vigilante aparece de pronto en su verdadera luz: un pretexto del que Dios se sirve para aislarte y escudriñar tu alma con lámparas y preguntas en el corazón de la oscuridad"

Otra mirada sobre la santidad (3)


"Antes de poder seguirlos (a los santos), debemos conocer sus historias. En es­te libro he compilado una lista de hombres y mujeres cuyas vidas y mensajes ha­blan, según creo, a las necesidades espirituales de hoy en día. Son figuras anti­guas y contemporáneas, e incluyen tanto a quienes han sido canonizados en for­ma oficial por la Iglesia, como a los que no lo han sido. Es mi objetivo, en par­te, incitar al redescubrimiento de muchas figuras familiares de la historia cristia­na, mostrar su creatividad, su coraje y su imaginación frente a los desafíos histó­ricos; subrayar los aspectos de sus vidas o mensajes que hablan a las preocupa­ciones contemporáneas; y sobre todo, mostrar que su santidad no fue simplemen­te un atuendo que usaban sino una cualidad que se expresó a través de la lucha y el conflicto, a lo largo de todas sus vidas. Pero tengo, asimismo, otra intención. Al explorar una serie de vidas que exceden el canon oficial de los santos, espero extender la comprensión popular de la santidad como tal.
La Iglesia no pretende que su lista o "canon" agote el número de santos rea­les. Hay incontables hombres y mujeres cuya santidad sólo Dios reconoce. La Iglesia los conmemora junto con los "santos oficiales", el 1 de noviembre, en la fiesta de Todos los Santos, de donde surge el título de este libro.
El proceso de "hacer santos" ha tenido una evolución considerable en los últimos dos mil años. En los primeros siglos, la canonización estaba, en gran parte, sujeta a la aclamación popular: eran las personas de la Iglesia local las que proclamaban que habían tenido a un santo en medio de ellas. A lo largo del tiempo esto fue reemplazado por un proceso burocrático y muy bien organiza­do, centralizado en el Vaticano. Hoy en día, antes de que una persona pueda ser declarada "beata" (beatificada) o declarada santa en forma oficial, sus vidas y escritos deben ser examinados a fin de encontrar evidencias de virtud heroica u ortodoxia doctrinaria; finalmente, se les debe acreditar algún milagro. Mien­tras este elaborado proceso subraya la solemnidad de las declaraciones de la iglesia, tiende a influenciar la selección de candidatos para la canonización. Si el canon de santos, especialmente en tiempos modernos, está superpoblado de miembros de las órdenes religiosas, esto refleja, en gran parte, el hecho de que tales congregaciones han tenido el tiempo y los recursos necesarios para invertir en un largo proceso de canonización. El proceso oficial ha sido notoriamente débil en promover ejemplos de santidad laica, ha tendido a reconocer las formas convencionales de piedad, y a evitar las figuras proféticas que incomoda­ban a las autoridades religiosas de su tiempo. Finalmente, el peso otorgado a los milagros tiende de tal manera a reforzar ese sentido de "otredad" de los san­tos, que contribuye a minar el poder de su ejemplo: "eran santos; no es lo mis­mo para nosotros...." (Continuará)
Les recuerdo que este texto que estamos compartiendo es parte del prólogo del libro "TODOS LOS SANTOS", preparado por Robert Ellsberg, y publicado por LUMEN.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.