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sábado, 19 de mayo de 2007

La Ascensión del Señor.


La Ascensión de Cristo se halla íntimamente ligada a su Resurrección, como lo hacen notar los evangelios de San Marcos y San Lucas. Ambos tienen interés en asociar, sin atenerse a la cronología de los hechos, el retorno de Jesús hacia su Padre con el acontecimiento pascual, presentando la Resurrección y la Ascensión como un único movimiento que conduce al Señor a su gloria. Pero lo que celebra la solemnidad de la Ascensión más que un hecho es un misterio: el del cumplimiento de la Pascua en el Cuerpo total de Cristo, cabeza y miembros. En este día, Cristo “habiendo tomado nuestra débil condición humana, la elevó a la derecha de la gloria de Dios”, y “fue elevado al cielo para hacernos compartir su divinidad”. La liturgia no cesa de repetirlo en unos términos que expresan alternativamente alegría y acción de gracias, humildad y deseo del cielo.
La ascensión, como misterio de gloria, no supone para Cristo una evasión de nuestra condición humana: Jesús prometió a los suyos permanecer con ellos hasta la consumación del mundo. De igual suerte, la contemplación del cielo no entraña una evasión para los cristianos: si los ángeles recuerdan a los apóstoles que el Señor volverá es para que regresen a sus tareas, a la misión que han recibido de dar testimonio de cuanto han visto.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Esta es una festividad bonita, con un mensaje muy alentador. Sigue siendo la Buena Nueva de Jesús, y nos habla de esperanza y futuro escatologico.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.