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domingo, 30 de septiembre de 2007

En un mundo de Lázaros.


Lucas 16, 19-31

19 Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino, y banqueteaba todos los días espléndidamente.

20 Un pobre llamado Lázaro estaba echado en el portal, cubierto de llagas; 21 habría querido llenarse el estómago con lo que caía de la mesa del rico; por el contrario, incluso se le acercaban los perros para lamerle las llagas.

22 Se murió el pobre y los ángeles lo reclinaron a la mesa al lado de Abrahán.

Se murió también el rico, y lo enterraron. 23 Estando en el lugar de los muertos, en medio de tormentos, levantó los ojos, vio de lejos a Abrahán con Lázaro echado a su lado 24 y lo llamó:

- Padre Abrahán, ten piedad de mí; manda a Lázaro que moje en agua la punta de un dedo y me refresque la lengua, que padezco mucho en estas llamas.

25 Pero Abrahán le contestó:

- Hijo, recuerda que en vida te tocó a ti lo bueno y a Lázaro lo malo; por eso ahora éste encuentra consuelo y tú padeces. 26 Además, entre nosotros y vosotros se abre una sima inmensa, así que, aunque quiera, nadie puede cruzar de aquí hasta vosotros ni pasar de ahí hasta nosotros.

27 El rico insistió:

- Entonces, padre, por favor, manda a Lázaro a casa de mi padre, 28 porque tengo cinco hermanos: que los prevenga, no sea que acaben también ellos en este lugar de tormento.

29 Abrahán le contestó:

- Tienen a Moisés y a los Profetas, que los escuchen.

30 El rico volvió a insistir:

- No, no, padre Abrahán, pero si uno que ha muerto fuera a verlos, se enmendarían.

31 Abrahán le replicó:

- Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, no se dejarán convencer ni aunque uno resucite de la muerte.



Comentarios de Pedro Olalde

La parábola del pobre Lázaro y el rico Epulón es una historia popular, según muchos, procedente de Egipto e introducida luego en el Evangelio. Con ella, se nos quiere decir: Ya que nuestro destino eterno va a ser vivir en el amor, vivamos ya desde ahora este estilo de vida, preocupándonos mucho más de nuestros hermanos los pobres.

Esta narración no pretende atemorizarnos. Dios lo único que desea es salvarnos, a los que de antemano nos ha constituido en su pueblo.

Del rico no se dice que fuera inmoral: ladrón, homicida, mujeriego o blasfemo. Lo único que se afirma es que no hizo el más mínimo caso del pobre, con quien se cruzaba todos los días. Esto deshumaniza profundamente al rico y le ciega, haciéndole inconscientemente cruel.

En la plegaria eucarística se pide: “Danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana, inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado, ayúdanos a mostrarnos disponibles ante quien se siente explotado y deprimido”.

Sin duda, el pecado del rico Epulón fue la insensibilidad hacia el mendigo Lázaro, de cuya presencia apenas se daba cuenta. Es el evangelio de Lucas el que subraya que Jesús fue muy sensible ante el dolor ajeno: tuvo compasión de la viuda de Naín, de la mujer pecadora pública que irrumpe en la casa del fariseo Simón, de los enfermos a los que cura…

El samaritano del Evangelio de Lucas es bien distinto a este insensible Epulón. Aquél, ciertamente, sintió compasión del que estaba tendido en el camino. Y ese buen samaritano es, quizás, una de las mejores imágenes de quién fue Jesús: el que tuvo compasión de sus hermanos, tantas veces caídos y abandonados por los caminos de la vida.

La plegaria eucarística continúa con la siguiente petición: “Que tu Iglesia sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando”. Y bien se puede añadir a esas cinco notas de la Iglesia, una más: la solidaridad, que añade algo muy importante a la palabra justicia: la de la empatía, la de la compasión hacia el dolor ajeno, especialmente hacia los más desfavorecidos.

Concluyendo, en expresión de Jon Sobrino, no tenemos otra salida que la austeridad solidaria.

En nuestro consumo, las famosas tres R de los ecologistas: reducir (el consumo), reutilizar, reciclar para salvar el planeta y nuestra propia persona, nuestra humanidad.

Pero añadiendo otra R: redistribuir, hacer que lo que nos sobra salve vidas, dé vida a otros. Y no lo que nos sobre según el nivel de vida que tenemos, sino el que debemos tener, atendiendo a lo verdaderamente necesario, no a lo superfluo, que a nosotros nos parece hoy imprescindible.

El mundo es hoy una proyección perfecta de la parábola. Naciones enteras que viven en la abundancia frente a naciones enteras, muchísimas más, que mueren de hambre y de enfermedad y de miseria. Con lo que tiran las primeras podrían saciarse las segundas.

La tremenda crisis que ha supuesto el ataque a EE UU ha hecho que muchas personas en el mundo se pregunten por las causas profundas de tanto odio. Y todos las ven en la injusticia radical de las relaciones entre los pueblos.

Si la dramática situación que hoy vivimos, no nos hace reflexionar sobre las semillas de odio y venganza que siembra en el mundo la radical injusticia de las relaciones internacionales, se cumplirán otra vez las terribles palabras finales de la parábola:

“Aunque los muertos resuciten, aunque los televisores les llenen de muertos de hambre o terrorismo las salas de estar de sus hogares, no cambiarán.”


Dame, Señor, una mirada compasiva
hacia el Hermano que no tiene qué comer.
ATENCIÓN: Una buena amiga quiere compartir ideas sobre el tema de la pobreza, muy a propósito de la entrada de hoy; puede leer su aporte en los comentarios de esta misma entrada. Invito a todo el que quiera aportar sus ideas a este blog que lo haga, escribiendo en los comentarios directamente, o escribiendo a mi correo personal, que aparece al final de la página.
Y otra cosa: la imagen que acompaña a esta entrada es una pintura de Zaida del Río, pintora cubana, y se titula precisamente San Lázaro; esta es una devoción muy arraigada en la religiosidad popular cubana, apoyada precisamente en Lázaro de esta parábola de Jesús.

sábado, 29 de septiembre de 2007

Hermann Hesse.3


Hesse siempre buscó un ideal de vida en el espíritu, que muestra en forma parcial en sus novelas como algo por alcanzar. En «El Viaje al Oriente» y el "Juego de Abalorios" desarrolla este ideal, procurando verlo desde adentro, como ya existente. Sus personajes centrales están en ese mundo, son parte y servidores de una comunidad, de un ideal de vida realizado en la tierra. Ya no son destinos individuales en lucha con sus demonios o lobos interiores, son destinos colectivos compartidos.«El Viaje al Oriente» trata sobre un viaje interior, espiritual, de los miembros de una logia secreta. Externamente sucede en el sur de Alemania, Suabia, y en Suiza, lugares donde vivió Hesse. El personaje central se llama H. H. y el otro Leo, él es un «dócil sirviente que complace a todos, el más humilde entre los humildes». El narrador es H.H., que para ello ha tenido que romper un voto de silencio sobre la orden. Por esto ya no puede relatar la verdad más profunda de este grupo, la que, al desertar, es olvidada. El «secreto» de la orden lo ha perdido, por lo que el intento del relato es muy dificil. En esta novela muestra la búsqueda del «oriente personal» y colectivo, con un relato de simultaneidad de diferentes épocas de la historia.Escribir «El Juego de Abalorios» le llevó casi once años de trabajo. Es su última novela importante, para algunos su obra de mayor profundidad. Fué publicada en 1943. El relato se sitúa en el año 2400, en un momento catastrófico de la cultura occidental, de materialismo, guerras, ansiedad, dolor. Es tan grande la decadencia espiritual existente que se forma una provincia llamada Castalia, donde podrán mantenerse estos valores y desarrollar la música, la filosofia, las artes, entre personas que vivirán sólo para eso. Se relata la vida de Joseph Knetch (knetch significa siervo), que ingresa desde niño a esta comunidad y llega a ser Maestro del Juego de Abalorios, (Magister Ludi).Describir el juego de Abalorios no es posible, sólo se nos dan algunas ideas sobre éste. Se trata de una actividad que busca la unión y relaciones, y su posibilidad de intercambio y juego entre los diferentes aspectos del conocimiento espiritual humano. Es un anhelo de totalidad y simultaneidad entre el arte, la filosofia y la vida. Un ejemplo podría ser las relaciones e intercambios posibles entre una música de Bach, las variaciones del latín entre el siglo XIII y XV, y la pinturas de Giotto. Knetch hace un largo recorrido en esta comunidad espiritual, conoce sus problemas, propone cambios. Es influido por un monje benedictino, el Pater Jacobus, en su visión del mundo y de Castalia. Luego de llegar a ocupar el rol más importante y representativo de este lugar, en un acto aparentemente paradójico, por una crisis interna se retira para vivir una vida personal e individual y muere, inesperadamente, al nadar en un lago

Hermann Hesse vivió el resto de su vida en Montagnola, bastante aislado. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1946, y ese mismo año el Premio Goethe en Alemania, donde su obra había sido quemada y prohibida por el nacionalsocialismo. Su obra alcanzó gran difusión en Europa y en forma muy importante en España y Latinoamérica . Murió en 1961 a los 84 años, habiendo logrado «ser un poeta conocido y afortunado».
(Esta pequeña biografía de Hermann Hesse apareció en la red bajo la autoría de Hernan Baeza, y he querido compartirla por la calidad espiritual que Hesse guarda en cada uno de sus libros, y el deseo de que puedan aprovecharse de ellos, en caso de que no lo hayan hecho)

VIVIR DE AMOR: Teresa de Lisieux.


"En la última noche, la noche del amor,
hablando claramente y sin parábolas,
Jesús decía así:
«Si alguno quiere amarme, que guarde mi palabra ,
que la guarde fielmente. Mi Padre le amará,
y vendremos a él, moraremos en él,
será para nosotros una morada viva,
será nuestro palacio.
Pero también queremos que more él en nosotros,
lleno de paz, que more en nuestro amor.»
¡Vivir de amor quiere decir guardarte
a ti, Verbo increado, Palabra de mi Dios!
Lo sabes, Jesús mío, yo te amo,
me abrasa con su fuego tu Espíritu de Amor.
Amándote yo a ti, atraigo al Padre,
mi débil corazón se entrega a él sin reserva.
¡Oh augusta Trinidad,
eres la prisionera, la santa prisionera
de mi amor!
Vivir de amor vivir es de tu vida,
glorioso Rey, delicia de los cielos.
Por mí vives oculto en una hostia,
por ti también, Jesús, vivir quiero escondida.
Soledad necesitan los amantes ,
que hablen sus corazones noche y día.
Me hace feliz tan sólo tu mirada,
¡vivo de amor!"
(Este es un pasaje de un hermoso poema de Teresa de Lisieux que me sirve de meditación personal frecuentemente y que resume de modo particular su espiritu. El poema completo aparece casi al final de la columna de la izquierda)

Teresa de Lisieux.


“Teresa de Lisieux, cuya memoria celebra la Iglesia el día 1 de octubre, es una de las pocas figuras de la hagiografía católica que, después del Concilio Vaticano II siguió ejerciendo dentro y fuera de la Iglesia un intenso magisterio espiritual, desde los teólogos, filósofos y sicólogos especialistas del hecho religioso, hasta el lector de la calle”.

Así lo manifiesta el Diccionario de Santa Teresa de Lisieux, publicado por la Editorial Monte Carmelo, que aunque considero no alcanza el nivel de calidad de otros similares dedicados a Teresa de Ávila y Juan de la Cruz, pero que permite un acercamiento inicial a la figura de esta mujer, cuya imagen frecuentemente a sido disminuida por un acercamiento pueril y mediatizado, que no permite aprovechar plenamente todo el saber espiritual que reunió en su corta pero fructífera vida.
Mi primera lectura de la autobiografía de Teresita (como se la llama habitualmente) tuvo lugar a finales de la década del 80, y aunque me resultó algo piadosa e infantil, intuí una espiritualidad llena de hondas visiones, que luego, otras relecturas sucesivas me permitieron confirmar. Teresita, detrás de esa pantalla piadosa, escondía una claridad y fortaleza espiritual, al nivel de los grandes maestros del Carmelo. Además de estas lectura se sucedieron otras en las que pude profundizar aun más en las líneas espirituales de esta santa, hasta que celebrando un importante aniversario cayeron en mis manos tres libros que volvieron a poner a Teresita frente a mí de una manera nueva; los tres salieron de la mano de Jean- Francoise Six, y se titulan:
1- La verdadera infancia de Teresa de Lisieux. Neurosis y santidad. (Herder)
2- Teresa de Lisieux en el Carmelo. (Herder)
3- Una luz en la noche. Los 18 últimos meses de Teresa de Lisieux (San Pablo).

Recomiendo estos tres textos de manera muy especial para el que desee adentrarse con nuevo espíritu en la vida de esta santa mujer, y luego hacer una lectura nueva de la “Historia de un alma”, ahora de modo renovado, para encontrar en Teresita una verdadera hermana y maestra en el camino a la interioridad, por las sendas del abandono y la confianza. (Es decir, por la senda del Evangelio).

viernes, 28 de septiembre de 2007

Hermann Hesse.2


Seguimos compartiendo esta biografía breve de Hermann Hesse, uno de esos escritores que ha dejado una huella importantísima en el espíritu del mundo, a través de personajes que son paradigma de las propias búsquedas interiores del ser humano:

Desde l919 vive en Lugano, Suiza, en un lugar que no dejará más, Montagnola. En 1921 se hace ciudadano suizo. Continúa su lucha por la paz y se asocia a otros escritores, como Romain Roland. En este período comienza una larga amistad con Thomas Mann.En 1922 se publica «Siddharta». Desde la niñez Hesse había sentido una gran cercanía con la India por sus padres y su abuelo. Esta novela es un relato poético, poema «índico», sobre la vida de Siddharta que sigue muy de cerca la vida del Buda. Abandona el hogar, se une a un grupo de ascetas, aprende del Buda y luego vive una vida dedicada al mundo de los sentidos. Vuelve a la búsqueda personal y, después de muchas aventuras, termina trabajando como barquero en un río, donde logra su plenitud espiritual. La novela es como una leyenda llena de símbolos sobre el mundo y el destino del hombre, como el Río, Buda, la Totalidad, la Liberación del Samsara, lo Divino. Es una visión espiritual de la vida, la búsqueda de un sentido y de la interpretación del mundo.Si en «Siddharta» se nos describe el proceso de la salvación de un hombre en un mundo lejano y místico, en «El Lobo Estepario», se nos trae a un mundo caótico y despiadado, donde Harry Heller vive su realidad de intelectual a los 48 años, donde apenas puede soportar el estar vivo, a pesar de una formación personal de gran inteligencia, erudición y honores académicos. Era un «lobo entre los corderos de la sociedad burguesa», atrapado en sus propias contradicciones y ambigüedades, deseoso de ser cuidado, protegido y a la vez querer destruir este sistema. Era un intelectual solitario, tenía una idea de hacia dónde podía caminar, pero no lo podía hacer por sí mismo. Estando al borde del suicidio, conoce a una mujer, Armanda, que lo comienza a conectar con sus emociones más primarias y su sensualidad. Por ella comienza una evolución interna hacia otra manera de verse a sí mismo. Por intermedio de otra mujer, María, y de Pablo, un músico, llega al Teatro Mágico, donde tiene una visión y una vivencia de su ser interno real. Se conecta con los Inmortales, seres de un desarrollo superior, que han trascendido el mundo de los conflictos y las polaridades y viven en el espíritu. Ellos son de otra realidad y «condenan» a Harry Heller a la risa, a reírse de sí mismo, de lo que le sucede y del mundo.En 1927 publica «El Lobo Estepario» y en 1930, «Narciso y Golmundo». Esta última novela continúa la permanente pregunta de Hesse: ¿Cómo superar la dualidad interna del ser humano? ¿Cómo unir en paz la parte espiritual y mental, con la emoción, pasión y sentimiento? Es un conflicto permanente del ser humano, que aparece de diferentes formas en sus obras. Aquí es llevado a la Edad Media, en un convento católico, en dos personajes, dos monjes, que siempre sentimos que son uno solo. Narciso es asceta, introvertido, racional, claro, cierto, algo monótono y predecible como todo lo virtuoso. Goldmundo, «Boca de Oro», es lo opuesto: sensual, extravertido, artista, buscando la parte femenina o a la Naturaleza, lleno de aventuras amorosas, peligros de muerte, mucho más humano que Narciso, más imperfecto, atrayente, «por completarse», siempre busca a la Madre. Al final del relato se juntan, como las partes de un mismo ser. Por medio de la creación artística logran unirse los polos de espíritu y naturaleza. Es un relato de gran atractivo literario por su forma poética, los personajes tan opuestos, la presencia permanente de la muerte y el amor, y los misterios y conflictos de la Edad Media. (Continuará...)

La tarea de un sacerdote es espiritualizar el mundo.


"La tarea de un sacerdote es espiritualizar el mundo. Alza sus manos consagradas, y la gracia de la resurrección de Cristo sale de él para iluminar las almas de los elegidos y de los que se sientan en la oscuridad y a la sombra de la muerte. Mediante su bendición, la creación material es elevada y santificada y consagrada a la gloria de Dios. El sacerdote prepara la venida de Cristo derramando sobre el mundo entero la luz invisible que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Mediante el sacerdote, la gloria de Cristo se filtra en la creación hasta que todas las cosas están saturadas de oración".

Thomas Merton (Diarios".

Este es el texto de Merton que me ha hecho pensar mucho esta semana. Es que no me conformo con interpretaciones simplistas de los misterios de la fe y trato siempre de indagar más allá de lo evidente mediante la meditación y la oración. El sacerdocio es una realidad espiritual que nos supera con creces y que desborda el elemento cultual para convertirnos en otros cristos para este nuestro mundo. Y hablo, primero, del sacerdocio que compartimos todos los bautizados, y luego del ministerio que ejercemos inmerecidamente. Y por qué no, hasta quizá un sacerdocio que forma parte del ser natural de todo ser humano por el hecho de ser creatura, fruto de un amor que llegó hasta lo extremo.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

RItuales que sanan: Anselm Grün.


Rituales que sanan: Anselm Grün.
Las lecturas de Anselm Grün nos permiten acceder a una nueva visión en el modo de comprender y vivir nuestra fe. De esas lecturas he tomado estas notas que ahora les comparto (Y gracias a unos nuevos amigos en Chile, en especial a Patricio, que me ha hecho recordarlas).


“Aun cuando la oración en la mesa no es la forma máxima de rezar y, muchas veces, es tan sólo un acto rutinario, trasmite, sin embargo, un sentimiento de que la comida es algo sagrado, de que podemos disfrutar de las ofrendas de Dios. Y le da a la convivencia un estilo saludable. Si cada cual comienza a comer apenas llega la comida a la mesa, pues no se celebra una comida, sino simplemente se trata de una atracón de mal gusto”.

“También nuestro habitat puede enfermarnos o curarnos. Hay una falta de cultura del habitat que daña el alma. Nuestra espiritualidad no debería sentirse disminuida por atender la decoración o el orden de nuestras habitaciones. En el orden externo de nuestra habitación, el alma puede ordenarse. Cuadros agradables y una distribución de buen gusto de los muebles también le hacen bien al alma”.

“El cuerpo es el compañero más importante de nuestro camino espiritual. Sólo cuando la fe también se exprese a través del cuerpo, será eficaz en mí y podrá curar mis heridas y mis tensiones temerosas. Creer con el cuerpo significa ante todo para mí expresar en los ademanes del cuerpo mi anhelo de Dios”.

“El trabajo mismo se convierte en oración si lo realizo en presencia de Dios. Si trabajo en presencia de Dios, respondo a Dios con mi acción, puedo dedicarme de lleno al trabajo sin dividir mi mente. La presencia de Dios deja su impronta en mi modo de trabajar”.


Recuerda: Necesitamos rituales.

“Si yo modelo mi vida por mí mismo, si le doy una forma que me corresponda y haga bien, sentiré alegría de vivir; tendré la sensación de vivir yo mismo en lugar de ser vivido. Mi estilo es cómo me levanto, cómo comienzo el día, cómo abordo el trabajo, cómo preparo las comidas, cómo concluyo el día. Un sano estilo de vida necesita rituales sanos. Si no reparamos en nuestros rituales, se deslizarán, sin quererlo, rituales que no son sanos, que enferman, por ejemplo, comenzar con prisa el día, devorar el desayuno, llegar siempre tarde, etc. Rituales sanos me ordenan, me regalan la alegría de modelar yo mismo mi vida”.

martes, 25 de septiembre de 2007

Henri Nouwen y el cuadro de Rembrant.3


Tercera parte:
La visión
Mucho de lo que ha ocurrido desde mi llegada a Daybreak está escrito en mis diarios y libros de notas, pero, tal y como está, muy poco puede compartirse con los demás. Las palabras son demasiado crudas, demasiado ruidosas, demasiado , demasiado desnudas. Pero ahora ha llegado el momento en el que es posible mirar hacia atrás, mirar aquellos años de alboroto y describir, con más objetividad que antes, el lugar al que me ha trasladado toda esta lucha. Todavía no soy lo suficientemente libre como para dejarme abandonar completamente en el abrazo seguro del Padre. En muchos sentidos, sigo caminando hacia su significado profundo. Todavía soy como el hijo pródigo: viajo, preparo discursos, predigo cómo será todo cuando finalmente llegue a la casa de mi Padre. Pero estoy en el camino a casa. He dejado el país lejano y siento el amor más cerca. Ahora estoy preparado para contar mi historia. En ella se podrá encontrar algo de esperanza, de luz y de consuelo. Mucho de cuanto he vivido durante estos últimos años formará parte de esta historia, no como expresión de confusión o de desesperación, sino como etapas en mi camino hacia la luz.
El cuadro de Rembrandt ha estado muy cerca de mí durante todo este tiempo. Lo he cambiado de sitio innumerables veces: del despacho a la capilla, de la capilla a la sala de estar de Dayspring (la casa de oración de Daybreak) y de la sala de estar de Dayspring otra vez a la capilla. He hablado sobre él miles de veces dentro y fuera de la comunidad de Daybreak: a los enfermos mentales y a los que les atienden, a ministros y a sacerdotes, y a hombres y mujeres de toda condición.
Cuanto más hablaba sobre El Hijo Pródigo, más lo consideraba como si se tratara de mi propia obra: un cuadro que contenía no sólo lo esencial de la historia que Dios quería que yo contara, sino también lo gue yo mismo quería contar a Dios y a los hombres y mujeres de Dios. En él está todo el Evangelio. En él está toda mi vida y la de mis amigos. Este cuadro se ha convertido en una misteriosa ventana a través de la cual puedo poner un pie en el Reino de Dios. Es como una entrada inmensa que me permitiera pasar al otro lado de la existencia y, desde allí, contemplar la extraña variedad de gentes y acontecimientos que componen mi vida diaria.
Durante años traté de ver a Dios en la diversidad de experiencias humanas: soledad y amor, pena y alegría, resentimiento y gratitud, guerra y paz. Intenté comprender los altibajos del alma humana, para poder percibir el hambre y la sed que sólo un Dios cuyo nombre es Amor podía satisfacer. Traté de descubrir lo duradero más allá de lo pasajero, lo eterno más allá de lo temporal, el amor perfecto más allá de los miedos que nos paralizan, y la consolación divina más allá de la desolación provocada por la angustia y la desesperación humanas. Procuré proyectarme más allá de la calidad mortal de nuestra existencia hacia una presencia más duradera, más profunda, más abierta y más maravillosa de lo que podemos imaginar, e intentaba hablar de esa presencia como una presencia que ya desde ahora puede ser vista, oída y palpada por aquéllos que quieren creer.
Sin embargo, en el tiempo pasado aquí, en Daybreak, he sido conducido a un lugar más interior, un lugar en el que no había estado antes. Es un lugar dentro de mí donde Dios ha elegido hospedarse. Es un lugar donde me siento a salvo en el abrazo de un Dios todo amor que me llama por mi nombre y me dice: Es el lugar donde saboreo la alegría y la paz que no existen en este mundo.
Este lugar siempre ha estado allí. Yo siempre supe que era la fuente de gracia. Sin embargo, no haía sido capaz de entrar y vivir allí de verdad. Jesús dice: (Jn 14,23) Estas palabras siempre me han impresionado muy profundamente. ¡Soy la casa de Dios!
Pero me había resultado muy duro experimentar la verdad que encierran. Sí, Dios hace su morada en lo más íntimo de mi ser, pero ¿cómo podía aceptar la llamada de Jesús: (Jn 15,4)? La invitación es muy clara. Hacer mi morada donde Dios ha hecho la suya, éste es el enorme reto espiritual. Parecía una tarea imposille.
Con mis pensamientos, sentimientos, emociones y pasiones, estaba constantemente fuera del lugar que Dios había elegido para hacer su morada. Llegar a casa y permanecer allí donde Dios habita, escuchar la voz de la verdad y del amor, era lo que más miedo me daba porque sabía que Dios era un amante celoso que lo quería todo de mí en todo momento. ¿Cuándo estaría preparado para aceptar esa clase de amor?

Dios mismo me mostraría el camino. Las crisis físicas y emocionales interrumpieron la vida tan atareada que llevaba en Daybreak y me obligaron a volver a casa y a buscar a Dios en el único lugar donde podía buscarlo: en mi propio santuario interior. No puedo decir que lo haya conseguido; nunca lo haré en esta vida, porque el camino hasta Dios llega mucho más allá de las fronteras de la muerte. Es un viaje largo y muy exigente, pero está lleno de sorpresas maravillosas y a menudo nos proporciona la satisfacción del objetivo cumplido.
La primera vez que vi el cuadro de Rembrandt no estaba tan familiarizado con la morada de Dios dentro de mí como lo estoy ahora. Sin embargo, mi reacción profunda al abrazo del padre a su hijo me hizo ver que estaba buscando desesperadamente ese lugar interior donde yo también pudiera ser abrazado como el joven del cuadro. Al mismo tiempo, no podía prever lo que iba a suponer el acercarme más y más a ese lugar. Estoy muy agradecido por no haber sabido de antemano lo que Dios me tenía preparado. Y también agradezco el nuevo lugar que se me ha abierto a través de todo el sufrimiento interior. Ahora tengo una vocación nueva. Es la vocación de hablar y escribir desde ese lugar profundo hacia las otras dimensiones de mí mismo y de dirigirme a las vidas llenas de inquietud de otras personas. Tengo que arrodillarme ante el Padre, apoyar mi oído en su pecho y escuchar sin interrupción los latidos de su corazón. Entonces, y sólo entonces, puedo decir con sumo cuidado y muy amablemente lo que oigo. Ahora sé que debo hablar desde la eternidad al tiempo real, desde la alegría duradera a las realidades pasajeras de nuestra corta existencia en este mundo, desde la morada del amor a las moradas del miedo, desde la casa de Dios a las casas de los seres humanos. Soy plenamente consciente de la grandeza de esta vocación. Más aún, estoy totalmente seguro de que éste es el único camino para mí. Podría llamársele visión : mirar a la gente y a este mundo con los ojos de Dios.
¿Es ésta una posibilidad real para un ser humano? Más importante aún: ¿es ésta una opción verdadera para mí? No se trata de una cuestión intelectual. Es una cuestión de vocación. Estoy llamado a entrar en mi propio santuario interior donde Dios ha elegido hacer su morada. La única forma de llegar a ese lugar es rezando, rezando constantemente. El dolor y las luchas pueden aclarar el camino, pero estoy seguro de que es únicamente la oración continua la que me permite entrar allí.

Hermann Hesse.


Les comparto un breve escrito biográfico acerca de Hermann Hesse que encontré en una página de internet, escrito por Hernán Baeza; Hesse es para mí un autor de una inmensa calidad espiritual y constituyó uno de mis grandes descubrimientos en mi adolescencia y juventud. Leo frecuentemente sus cartas y algunas de sus novelas, como es el caso de "Demian", y "Sidharta". Como es un poco largo lo separaré en varias entradas.


Hermann Hesse:

La Infancia de un Mago:

¿Tú lees a Hermann Hesse? ha sido una pregunta que he hecho muchas veces en mi vida porque me parece importante saberlo. Quiero saber algo de la persona a quien pregunto, algo central, una especie de complicidad, de participación de un secreto, de un misterio que no tiene un nombre muy preciso, pero que ahí está: yo sé que tú sabes lo que yo sé, «no para todos, sólo para algunos». Siento un misterio en torno a Hesse, que es central en su vida, en sus novelas y maneras de ver el mundo. No le pregunto a otros si leen a Proust, Mann, Rilke o Eliot, no, no es lo mismo.Hesse dice que a los trece años se dio cuenta de que quería ser poeta, todo su propósito de vida fue en torno a esta decisión, en una lucha con muchas dificultades. Decía que no había ninguna carrera que enseñara a ser poeta, era un camino que había que seguir con la propia orientación a través de la vida. «Se nace poeta, no es poeta el que quiere llegar a serlo». «Es un honor ser poeta, un poeta conocido y afortunado». Pertenecía a una familia de pastores protestantes, que habían vivido parte de su vida en la India, tanto sus padres como también su abuelo, lo que tendría gran influencia en su crecimiento, sus creencias y sus novelas. Su relación con su madre fue muy importante, lo que él destaca en su afición por la música.Nació en 1877, en Calw, al sur de Alemania. Su niñez la relata como llena de riquezas: «Había adquirido importantes enseñanzas para la vida mucho antes de mis años de colegio. Conocía mi pueblo palmo a palmo, sus gallineros, sus bosques, sus huertos de frutas, sus talleres. Conocía sus arboles, sus pájaros, sus mariposas. Sabía muchas canciones. Sabía silbar”. Su adolescencia fue muy dificil en la búsqueda de lograr ser escritor. Estudió dos años Teología, que luego dejó; desempeñó muchos oficios diversos: asistente de un taller mecánico, ayudante de una fábrica de relojes de torre, vendedor de libros y escritor de poemas. Siguió estudios en forma personal. «Entre mis 16 años y mis 20 años, no sólo Ilené cientos de cartillas con mis primeros ensayos de poeta. Conocí además la mitad de la literatura mundial y estudié con tenacidad la historia del arte, las lenguas y la filosofia, que hubiera bastado cumplidamente para unos estudios oficiales».Los primeros libros que le hicieron ser y sentirse un real escritor fueron: «Hermann Laucher », «Peter Camenzind» y «Bajo la rueda», escritos entre 1901 y 1907. Todos de gran contenido autobiográfico y muy conectados con las dificultades de la adolescencia. En estos libros, como en toda su obra, sobresale su sensibilidad hacia la interioridad de las personas y la naturaleza, en una descripción de paisajes, viajes, amistades, amores, crisis, búsquedas, incertidumbres, siempre predominando lo poético y lo misterioso de estar en el mundo.En 1911, junto con un amigo pintor, hace un largo viaje a la India, que tendrá mucha importancia en sus obras posteriores,Antes de la Primera Guerra Mundial vive en Suiza. En 1914 entra en crisis con el militarismo alemán, con Alemania y sus gobernantes, siendo acusado de «deslealtad y traición a la patria», por sus opiniones pacifistas y su crítica al gobierno. En esa época muere su padre y su matrimonio entra en serias dificultades por una enfermedad mental de su esposa. Se separan y él también es afectado profundamente por una gran crisis emocional. Todo su mundo se desmorona. «...la pérdida de mi casa, de mi familia y de mis bienes y comodidades. Era un tiempo en que a diario me despedía y a diario me asombraba de que pudiera soportar y seguir viviendo y de que tuviera todavía cierto amor a la vida, que sólo me causaba dolor, desengaño, decepción y pérdidas.» Se ve obligado a buscar ayuda. Es psicoanalizado por el Dr. Lang, discipulo de C. G. Jung, entre los años 1916 y 1917. Esta enfermedad, su crisis y su camino de salida pasan a ser muy marcadoras en la vida de Hesse. Tiene 40 años, alcanza una mayor conexión y comprensión de su propia persona y de su estructura interna. Todo esto pasa a tener gran influencia en el resto de su obra.En 1919 aparece publicado «Demián», donde se Iogra ver la influencia del psicoanálisis tanto como el cambio en la imagen que tiene de su vida. El mismo escribe en sus cartas que esta terapia fue para él muy importante en aclarar sus conflictos internos y su visión del mundo, pero que a nivel de la creación artística no cree que tenga una influencia importante, ni que através del psicoanálisis se pueda comprender lo artístico. Demián es llamada una «novela educativa» porque nos muestra el crecimiento de su personaje, Sinclair, con todas sus dificultades, teniendo como guía cercano o interior, a Demián, un joven más maduro que puede estar dentro o fuera de Sinclair. Muestra la niñez y la adolescencia con todas sus crisis, descubrimientos, incertidumbres y búsquedas. Es un relato «interior» donde desde la intimidad del personaje enfoca sus miedos, sus amores y admiraciones, sus símbolos y creencias, su permanente evoIución. Esta novela tuvo mucha aceptación en la juventud de postguerra europea. (Continuará....)

domingo, 23 de septiembre de 2007

Poseer o ser, ese es el dilema.

Este domingo la propuesta de reflexión y oración que hace la liturgia tiene que ver con la actitud que el cristiano ha de asumir ante los bienes materiales; yo diría mejor que ante el "tener" o el "poseer", pues por sí mismos los bienes materiales no son ni buenos ni malos. Esta parábola nos pone frente a una fe que no se desentiende piadosamente del mundo, sino que tiene como fundamento a un Dios, que pleno de riqueza, quiso bajar a la altura del ser humano pobre para elevarlo a su altura. A ese Dios se antepone "Mammón", que representa a la riqueza buscada de forma desmedida, como única o principal prioridad; "mammón" es la voracidad, la insatisfacción, es identificarse con lo que se posee. Para los Profetas del Antiguo Testamento, nada ajenos a una fe desentendida de lo social, la injusticia y la acumulación vana de riquezas es señal de "falsa religiosidad". La avaricia, el egoísmo, son el mayor pecado. Jesús no rechaza el mundo sin más, sino que introduce dentro de él la GRATITUD DE DIOS, para transformarlo en ámbito del Reino.
También aparece aquí lo importante de ser fiel ante las cosas pequeñas, y la radicalidad del mensaje de Jesús, poniéndonos siempre en un cruce de caminos en el que tenemos que elegir: bien o mal, justicia o injusticia, egoismo o servicio desinteresado.

El Amor tomó mi mano, el Amor que ve.


Amor”

El amor me acogió, mas mi alma se apartaba,
Culpable de polvo y de pecado.
Pero el Amor que todo lo ve, observando
Mi vacilante entrada,
Se acercó hasta mí, diciéndome con dulzura:
¿Hay algo que eches en falta?

Un invitado, respondí, digno de de encontrarse aquí.
Tú serás ese invitado, dijo el Amor.
¿Yo, el malvado, el ingrato? ¡Ah, mi amado!,
ya no puedo mirarte.
El Amor tomó mi mano y replicó sonriente:
¿Quién ha hecho esos ojos sino yo?

Es cierto, Señor, pero yo los ensucié; que mi vergüenza
Vaya donde se merece.
¿Y no sabes, dijo el Amor, quién ha tomado sobre sí la
Culpa?
¡Mi Amado! Entonces, podré quedarme.
Siéntate, dijo el Amor, y degusta mis manjares.
Así que me senté y comí.

George Herbert.

sábado, 22 de septiembre de 2007

Dios es paciente con todos.


La Paciencia de Dios.

Dios es paciente. La paciencia se da allí donde uno espera a otro dejándole plena libertad. La paciencia de Dios es su voluntad de dejarle al otro –por su misericordia y como afirmación de su santidad- espacio y tiempo para su propia existencia. Dios no ejerce su misericordia arrollando a quien es objeto de ella. La misericordia de Dios depende precisamente de su paciencia: ese dejar margen a la criatura pecadora con la que Dios crea para sí un espacio en el que seguir hablando y actuando con ella. Dios tiene tiempo. (Yo diría que todo el tiempo) Y el hecho de que tenga tiempo para nosotros es lo que caracteriza como ejercicio de paciencia todo su proceder respecto a nosotros. NO es que la paciencia de Dios abandone al ser humano a su suerte. Dios no es de miras estrechas. Sabe muy bien qué clase de criaturas somos. Pero, por saberlo, tiene una razón real para tener paciencia con nosotros: la razón que él mismo ha dado. Si deja que todos sigan sus propios caminos, si una y otra vez les da tiempo (y comida a su tiempo), y si una y otra vez no deja de aguardarlos en el Todo, es porque ya los alcanzó en el Uno. Lo hace porque en ese Uno, en el que se entregó a todos, todos cayeron ya en sus manos. A causa de ese Uno tiene Dios paciencia con todos. No con el fin de dejarles espacio y tiempo para obstinarse en su impenitencia. Lo que la paciencia de Dios les permite es precisamente recorrer el camino de la fe”.

Kart Barth (1886-1968): el autor más representativo de la llamada “teología dialéctica”, escribió entre 1932 y 1967 la DOGMÁTICA ECLESIAL, considerada como la Summa Theologica del siglo XX.

Dios obra al modo del hombre....


Dios al modo del hombre.

“Está claro que para mover Dios al alma y levantarla del fin y extremo de su bajeza al otro fin y extremo de su alteza en su divina unión, halo de hacer ordenadamente y suavemente y al modo de la misma alma. Pues, como quiera que el orden que tiene el alma de conocer sea por las formas e imágenes de las cosas criadas, y el modo de su conocer y saber sea por los sentidos, de aquí es que, para levantar Dios al alma al sumo conocimiento, para hacerlo suavemente ha de comenzar y tocar desde abajo y fin extremo de los sentidos del alma, para así irla llevando al modo de ella hasta el otro fin de su sabiduría espiritual, que no cae en sentido.
Así, va Dios perfeccionando al hombre al modo del hombre….

San Juan de la Cruz. Subida del Monte Carmelo.
Libro segundo, capítulo 17, 3 y 4.
Ciertamente no entendemos casi nunca el obrar de Dios. Queremos vestirlo de una divinidad excelsa, y él se empeña en hacerse hombre, poniéndose a nuestra altura. Porque así puede darnos la mano y levantarnos hasta lo alto. Lo saben los místicos, que no son menos humanos por ver a Dios tan cerca, sino todo lo contrario.

viernes, 21 de septiembre de 2007

21 de septiembre: Nouwen.


Hoy 21 de septiembre, Festividad de San Mateo, es aniversario de la muerte de Henri Nouwen. En un rato celebraré la Eucaristía y le tendré muy presente, además de que tengo pensado hablar sobre él en el encuentro de espiritualidad que tengo cada viernes con un grupo de Tercera Edad, así como esta noche, en un encuentro de matrimonios en la parroquia, tomaré sus ideas acerca de la vocación y el camino a casa.

En una biografía de Nouwen encontré hace tiempo una definición suya acerca del matrimonio que me gustó y se las comparto ahora:


"El matrimonio no es una atracción entre dos individuos que dura toda la vida, sino un llamado para que dos personas den testimonio conjunto del amor de Dios. La base del matrimonio no es el afecto mutuo, o los sentimientos, emociones, o pasiones, que asociamos con el amor, sino una vocación, un ser elegidos para construir juntos una casa para Dios en este mundo"


La vocación, para Nouwen, tiene que ver con un camino que nos conduce al hogar, y por eso estuvo recorriendo esa senda casi toda su vida. Comprendió que el corazón de Dios era esa casa que anhelaba, y que podía encontrarlo a través de una comunidad redentora en la que la fragilidad fuese una virtud. Henri me acompañó todos estos años en sus libros y hoy quiero sentirle cercano, en una comunión que me ayuda a superar mis propios obstáculos para llegar a ese hogar que todos necesitamos.


"Te pido que este sea mi ministerio:

unirme a la gente en su viaje

y abrir sus ojos para que te amen".

-Henri Nouwen-
GRACIAS, HENRI.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Henri Nouwen y el cuadro de Rembrant.2


Segunda parte:

Pasar de dar clases a universitarios a vivir con enfermos mentales supuso, al menos para mí, dar un paso hacia la plataforma donde el padre abraza a su hijo arrodillado. Es el lugar de la luz, el lugar de la verdad, el lugar del amor. Es el lugar donde yo quiero estar aunque me da mucho miedo llegar a él. Es el lugar donde recibiré todo lo que deseo, todo lo que siempre he esperado, todo lo que necesitaré, pero también es el lugar donde tengo que dejar todo lo que quiero retener. Es el lugar que me enfrenta con el hecho de que aceptar de verdad el amor, el perdón y la curación es, a menudo, mucho más duro que entregarlo. Es el lugar más allá de lo que uno mismo puede obtener, merecer y de las recompensas que puede recibir. Es el lugar de la rendición y de la total confianza.
Poco después de llegar a Daybreak, Linda, una preciosa joven con síndrome de Down, me rodeó con sus brazos y dijo: Esto lo hace con todos los recién llegados y siempre con absoluta convicción y amor. Pero ¿cómo recibir un abrazo así? Linda no me conocía. No tenía ni idea de lo que había vivido antes de llegar a Daybreak. No había tenido ocasión de encontrarse con mi lado oscuro, ni de descubrir mis puntos de luz. No había leído ninguno de mis libros, no me había oído hablar y jamás había mantenido una conversación conmigo.
Así pues, ¿tenía que limitarme a sonreír, a piropearle y a seguir caminando como si nada hubiera ocurrido? Tal vez Linda estaba de pie en algún lugar de la plataforma diciendo con su gesto: Parece que cada vez —ya sea la bienvenida de Linda, el apretón de manos de Bill, la sonrisa de Gregory, el silencio de Adam o las palabras de Raymond— tengo que elegir entre esos gestos o simplemente aceptarlos como invitaciones a llegar más alto.
Estos años en Daybreak no han sido fáciles. He vivido muchas luchas internas y mucho dolor mental, emocional y espiritual. Nada, absolutamente nada parecía indicarme que el cambio había merecido la pena. Pero el paso de Harvard a El Arca significó dar un pequeño paso en el cambio de actitud de espectador a participante, de juez a pecador arrepentido, de profesor de cómo se ama a persona que se deja amar. No tenía la menor idea de lo difícil que iba a resultar este viaje. No me daba cuenta de lo profundamente arraigada que estaba en mí la resistencia y lo angustioso que sería para mí , caer de rodillas y dejar que las lágrimas corrieran libremente. No sabía lo duro que iba a resultar convertirme en parte del gran acontecimiento que el cuadro de Rembrandt representa.
Cada pequeño paso hacia su interior era como una petición imposible, una petición que me exigía dejar de lado una vez más mi deseo de controlar, de predecir; una petición a superar el miedo de no saber a dónde me llevaría todo aquello; una petición a rendirme al amor que no conoce límites. Sabía que nunca sería capaz de vivir el gran mandamiento de amar sin condiciones ni requisitos. El paso de enseñar sobre el amor a dejarme amar me iba a resultar más largo de lo que pensaba. (Continuará....)

Acerca de la devoción a las imágenes.


Acerca de las devociones populares a imágenes de uno u otro tipo escribió hace siglos San Juan de la Cruz con una claridad increíble; siempre digo que si yo dijese estas cosas hoy, de esa manera, no faltaría quien me llamase “hereje” o “protestante”. Pero es un maestro católico, “doctor de la Iglesia”, quien escribe estas cosas en su libro “Subida al Monte Carmelo”. Esta es una primera muestra:

“Mucho había de decir de la rudeza que muchas personas tienen acerca de las imágenes; porque llega la bobería a tanto, que algunas ponen más confianza en unas imágenes que en otras, entendiendo que les oirá Dios más por esta que por aquella, representando ambas la misma cosa, como dos de Cristo o dos de nuestra Señora. Y esto es porque tienen más afición a la una hechura que a la otra, en lo cual va envuelta gran rudeza acerca del trato con Dios y culto y honra que se le debe, el cual sólo mira a la fe y pureza de corazón del que ora”.

“Porque el hacer Dios a veces más mercedes por medio de una imagen que de otra de aquel mismo género no es porque haya más en una que en otra para ese efecto, aunque en la hechura tenga mucha diferencia, sino porque las personas despiertan más su devoción por medio de una que de otra; que si la misma devoción tuviesen por la una que por la otra, y aun sin la una y sin la otra, las mismas mercedes recibirían de Dios”. (“No hace Dios los milagros por la imagen, pues en sí no es más que pintura, sino por la devoción y fe que se tiene con el santo que representa”).

martes, 18 de septiembre de 2007

El amor embellece el deber.


"El deber no tiene por qué ser aburrido; el amor puede embellecerlo y llenarlo de vida. En tanto mostremos líneas divisorias entre deber y placer en el mundo del espíritu, estaremos lejos de Dios y de Su gozo".

Thomas Merton

Celebraremos la esperanza.


Celebraremos la esperanza
Saldré a buscar palabras nuevas
Que siembren la paciencia
Vayan dejando sueños a mi paso
Sanando miedos
Salvando corazones olvidados.
Celebraremos juntos la confianza
El salto que nos llena
El cambio que define las batallas
Y que nos da la paz
No la que calla y mata
Sino la que nos duele y nos da vida. Celebraremos el amor
Amigos míos
Cuando salgamos de una vez
Y para siempre
A defender la vida.
M.Valls, 1995.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Boris Pasternak


He vuelto a hacer una lectura rápida del libro “Rehén de la eternidad”, escrito por Olga Ivinskaia, amante y compañera de Boris Pasternak desde 1946 hasta la muerte del escritor premiado con el Nóbel, en 1960; guardaba un grato recuerdo de esa lectura y ahora pude recuperar el libro en mi viaje a Matanzas y volver a leer buena parte de él.
Boris Pasternak nació en Moscú en 1890, poeta y traductor, escribió una novela, “Doctor Zhivago” por la que fue castigado por el estado soviético hasta el momento de su muerte, viéndose obligado a rechazar el premio Nóbel.
Thomas Merton le escribió a Pasternak por primera vez en agosto de 1958, antes de leer “Doctor Zhivago”, refiriéndole su profunda afinidad por lo ruso. Le envió copia de alguno de sus libros de poesía, y recibió una entusiasta respuesta de Pasternak. La segunda carta de Merton, en la que expresaba admiración por la novela del escritor ruso, fue escrita el mismo día que entregaron el premio Nóbel.
Así le escribió Merton el 15 de diciembre de 1958:

“No se deje perturbar demasiado ya sea por amigos o enemigos. Espero que despeje todos los obstáculos y prosiga escribiendo sobre la gran obra que seguramente tiene guardada para nosotros. Que encuentre de nuevo en su interior el profundo silencio dador de vida que es la verdad genuina y la fuente de la verdad: pues se trata de un manantial de vida y una ventana hacia el abismo de la eternidad de Dios”.

Esta carta termina bellamente al decir:

“Mi segunda misa de Navidad será para sus intenciones y su familia: y yo celebraré con usted espiritualmente a la luz del Hijo de Dios que llega tímida y silenciosamente en medio de nuestra oscuridad y transforma la noche de invierno en un Paraíso para aquellos que, como pastores y humildes reyes, vienen a encontrarlo donde nadie piensa en mirar: en la obviedad y la pobreza de la común vida cotidiana del hombre”.

sábado, 15 de septiembre de 2007

Henri Nouwen y el cuadro de Rembrant.


El acontecimiento (Continuamos presentando algunos fragmentos de este importante libro de Henri Nouwen, muy a propósito para este domingo en que leemos esta parábola en el evangelio).
Algunas semanas después de mi visita al Hermitage en San Petersburgo, fui a El Arca de Daybreak, en Toronto, para vivir y trabajar como guía de la comunidad. Aunque me había tomado un año entero para clarificar mi vocación y para discernir si Dios me llamaba para llevar una vida dedicada a personas con enfermedades mentales, todavía me sentía inquieto y dudaba de mi capacidad de hacerlo bien. Nunca antes había prestado demasiada atención a la gente con enfermedades mentales. Todo lo contrario. Me había centrado cada vez más en los estudiantes universitarios y sus problemas. Había aprendido a dar conferencias y a escribir libros, a explicar las cosas sistemáticamente, a poner títulos y subtítulos, a discutir y a analizar. Así pues, tenía muy poca idea de cómo comunicarme con hombres y mujeres que casi no hablan y que, si lo hacen, no sienten ningún interés por los argumentos lógicos o las opiniones bien razonadas. Todavía sabía menos acerca de cómo anunciar el Evangelio de Jesús a personas que escuchaban más con el corazón que con la mente y que eran mucho más sensibles a cómo vivía yo que a mis palabras.
Llegué a Daybreak en agosto de 1986 con el convencimiento de que había hecho la elección correcta, pero con el corazón lleno de inquietud por lo que me esperaba. A pesar de todo estaba convencido de que, tras pasar más de veinte años en las aulas, había llegado la hora de confiar en que Dios ama a los pobres de espíritu de manera especial y en que, aunque yo tenía muy poco que ofrecerles, ellos tenían mucho que ofrecerme a mí.
Una de las primeras cosas que hice al llegar fue buscar el lugar adecuado para colocar mi reproducción de El Regreso del Hijo Pródigo. El lugar que me habían asignado para trabajar me pareció el ideal. Podía ver aquel misterioso abrazo de padre e hijo que se había convertido en una parte tan íntima de mi trayectoria espiritual desde cualquier sitio en que me sentara a leer, escribir o charlar con alguien.
Desde mi visita al Hermitage, me hice más y más consciente de las cuatro figuras, dos mujeres y dos hombres, que estaban de pie rodeando el espacio luminoso donde el padre daba la bienvenida a su hijo. Su forma de mirar te hacía preguntarte qué pensarían o sentirían sobre lo que estaban viendo. Aquellos mirones o espectadores daban pie a todo tipo de interpretaciones. Cuando reflexionaba sobre mi propio trabajo me hacía más y más consciente del largo tiempo en que había desempeñado el papel de espectador. Durante años había instruido a los estudiantes en los diferentes aspectos de la vida espiritual, tratando de ayudarles a ver la importancia de vivir todos ellos. Pero ¿me había atrevido a llegar al fondo de lo esencial, a arrodillarme y a dejarme abrazar por un Dios misericordioso?
El simple hecho de ser capaz de dar una opinión, de expresar un argumento, de defender una postura y de clarificar una visión me había dado, y todavía me da, una sensación de control. Y por lo general, me siento mucho más seguro experimentando una sensación de control sobre una situación indefinible, que arriesgándome a que sea la situación la que me controle.
Ciertamente había pasado muchas horas en oración, muchos días y meses de retiro y había tenido innumerables conversaciones con directores espirituales, pero jamás había abandonado completamente el papel de espectador. Aunque durante toda la vida había sentido el deseo de sentirme implicado desde dentro, elegía una y otra vez la postura del observador distante. A veces era una mirada curiosa, otras era una mirada celosa, otras era una mirada inquieta, y de vez en cuando era una mirada de amor. Pero dejar lo que de alguna forma era la postura segura del espectador crítico me parecía saltar a un territorio desconocido. Deseaba tanto controlar mi trayectoria espiritual, ser capaz de predecir al menos una parte del resultado, que renunciar a la seguridad del espectador a cambio de la vulnerabilidad del hijo que vuelve, me parecía casi imposile. Enseñar a los estudiantes, explicar las palabras y acciones de Jesús y mostrarles los distintos caminos espirituales que la gente ha elegido a lo largo de los tiempos, era como adoptar la postura de una de las cuatro figuras que rodeaban aquel abrazo divino. Las dos mujeres de pie a diferentes distancias detrás del padre, el hombre sentado con la mirada perdida en el vacío, y el otro alto, de pie, erguido, contemplando con mirada crítica el acontecimiento, todos ellos representan distintas formas de no compromiso. Vemos indiferencia, curiosidad, un soñar despierto, una observación atenta; alguno mira fijamente, otro contempla, otro observa sin fijar la mirada y otro simplemente mira; uno está de pie al fondo, otro se apoya en un arco, otro está sentado con los brazos cruzados o de pie con las manos juntas una sobre otra. Cada una de estas posturas me es muy familiar. Algunas son más cómodas que otras, pero todas ellas son formas de no comprometerse. (Continuará...)

Sacramentos: Thomas Merton


“Todos los días trato de orar, especialmente en el coro, por todos los sacerdotes del mundo que escuchan confesiones y por todos sus penitentes. Pido que en todas partes este Sacramento sea administrado y recibido en verdad y justicia y prudencia y misericordia y pesar, y que sacerdotes y penitentes puedan saber mejor lo que están haciendo y se sientan llenos de amor y reverencia por lo que hacen. Pido que en todas partes los hombres puedan descubrir en sí mismos una gran admiración por este Sacramento y puedan amarlo con todo su ser, entregándose enteramente con corazón contrito a la misericordia y la verdad de Dios, y que Su amor los rehaga a Su semejanza, es decir, que los haga verdaderos”.
Thomas Merton: 18 de marzo de 1950.

Orar con Thomas Merton.


“Oh Dios, da paz a tu mundo.
Da fuerza a los corazones de los hombres.
Resucítanos de la muerte en Cristo.
Danos de comer de Su inmortalidad y Su gloria.
Danos de beber del vino de su Reino”.

Thomas Merton: 25 de marzo de 1948.



“Me permito una sola oración: pertenecer a Dios, ser capaz de renunciar al mundo entero y seguirle. Digo esta oración ahora. Cuando le parezca, Él me mostrará qué hacer. ¿Cuándo? No el año próximo, sino a cada instante. Si le amo, escucharé”.
Thomas Merton: 19 de febrero de 1941.

sábado, 8 de septiembre de 2007

VIrgen de la Caridad, Bendícenos.


Hoy, 8 de septiembre, los cubanos celebramos a María, bajo el título venerado de NUESTRA SEÑORA DE LA CARIDAD DEL COBRE. En todos los templos del país la imagen pequeña de la Virgen ocupa un lugar especial, y en su hermoso santuario (También sencillo y humilde como el menos de sus hijos) llegan los peregrinos para ofrecerle sus flores y sus ruegos. También Thomas Merton llegó a ese lugar una vez para pedir por su sacerdocio, y escribió así acerca de ello:

“Después de haber cruzado la línea divisoria, y mientras descendíamos por los verdes valles hacia el mar Caribe, divisé la amarilla basílica de Nuestra Señora del Cobre, irguiéndose por encima de los tejados de zinc del pueblo minero situado al fondo de un profundo y verde valle rodeado de riscos defendida por peñascales y empinadas pendientes cubiertas de matorrales.
¡Ahí estás, Caridad del Cobre! Es a ti a quien he venido a ver. Tú le pedirás a Cristo que haga de mí su sacerdote, y yo te daré mi corazón, Señora. Y si me alcanzas ese don del sacerdocio, yo te recordaré en mi primera Misa, de modo que ésta será en tu honor y ofrecida a través de tus manos, en agradecimiento a la Santísima Trinidad, que se ha servido de tu amor para concederme tan inmensa gracia”.


Hago mía la suplica de Merton a la Virgen:

“Tú le pedirás a Cristo que haga de mí su sacerdote y yo te daré mi corazón, Señora”.

Que María de la Caridad nos alcance el don incomparable de la fe y de la oración íntima y contemplativa, que es unión de amor con la Trinidad Santa.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Poesía de TM.


Hace un tiempo publicamos algunos apuntes sobre la poesía de Thomas Merton, a partir de la lectura de una tesis doctoral de Sonia Petisco, comentando que era bien poco lo que sabíamos sobre este tema. Algunos amigos me han pedido que siga tratando acerca de este tema, pero de una forma más sencilla y elemental para que pueda resultar más comprensible. No creo que lo publicado antes fuera muy complicado, aunque tal vez algo extenso y sin matizar. En fin, que por eso aquí les va la lista de los textos poéticos fundamentales de Merton, según la división que hace Sonia Petisco en su tesis doctoral, para que tengan una visión general del tema.

Primeros libros de poemas: Fuga Mundi y abandono en Cristo
Early Poems (1940-1942)
Thirty Poems (1944)
A Man in the Divided Sea (1946)
Figures for an Apocalypse (1948)
The Tears of the Blind Lions (1949)

De la soledad a la solidaridad: Etapa de transición
The Strange Islands (1957)
Original Child Bomb (1962)
Emblems of a Season of Fury (1963)

Últimos antipoemas: Hacia una geografía del espíritu
Cables to the Ace (1968)
The Geography of Lograire (1968)


En sus conclusiones escribe Sonia Petisco:
“La trayectoria poética de Thomas Merton en la que se ha centrado nuestro estudio, desde 1940 con la publicación de Early Poems hasta 1968 con The Geography of
Lograire, nos ha permitido verificar que el gran móvil de todo su planteamiento
ontológico y religioso es precisamente su aspiración a la Palabra. En ella proyecta,
orienta y administra su propia imagen literaria y humana.
Si en un principio vivió un profundo conflicto entre su vocación contemplativa y su
experiencia literaria, entre el silencio y la pregunta, pronto superaría estas tensiones,
esta dualidad, este cruce de caminos de sentirse confinado en unas fronteras que sin
embargo llevarían dentro de sí un amplio carácter de universalidad. Frente a este
sentimiento de disolución contrapone el espíritu de creación, el apetito de la vida por
afirmarse en sí misma, como si las fuerzas del espíritu bañadas en las aguas de la
escritura nos trascendieran y nos salvaran.
Desde esta perspectiva, tan antigua y tan nueva, Merton vuelve una y otra vez a las
fuentes de Gerard Manley Hopkins o William Blake, reconociendo en la plenitud
poética no sólo un mero índice de lo sagrado, una búsqueda cognoscitiva, sino también
uno de los más poderosos instrumentos de subversión y crítica; su voz se alza, así,
intempestiva y liberadora en sus hipótesis y evocaciones, metáforas y correspondencias”.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Telescopio en la noche oscura.


Algunos poemas de Ernesto Cardenal sobre el amor de Dios.

A finales de la década del 90 leí, por consejo de un amigo colombiano que estudiaba en Ávila conmigo y con el que me gustaba mucho discutir, un libro de poemas de Ernesto Cardenal, titulado “Telescopio en la noche oscura”. Creo que es un libro original, en la genuina sencillez de su autor, donde se habla del amor de y para Dios de una manera diferente. Por eso quiero compartirles algunos de esos versos, para que también le hablen a Dios con ellos.

Yo nací para un amor extremista.
Tal vez por eso nos comprendemos.
¡Más extremista sos vos!
Y yo te conozco poco todavía.

Si oyeran lo que te digo a veces
Se escandalizarían. Que qué blasfemias.
Pero vos entendés mis razones.
Y además bromeo.
Y son cosas que los que se aman se dicen en la cama.

Me intriga qué sería lo que te gustó de mí.
Tal vez un alma de ojos tristes.
Y un sabor no probado por nadie todavía.

Aunque tú no vengas conmigo esta noche
Mi alma ha quedado abierta para ti.
Por si vinieras. Si tú no vienes
Estará abierta de todas maneras para ti
Y nadie más.

Únete a mí aunque no te sienta, aunque
Mi conciencia quede afuera con el frío.
Señor mío y Dios mío de mis frustraciones.
Al menos juguemos a que somos amantes.

Hoy no tuve ningún momento de oración.
¿Qué acaso eso es estar menos juntos?

En la hamaca sentí que me decías
No te escogí porque fueras santo
O con madera de futuro santo
Santos he tenido demasiados.
Te escogí para variar.

El que amó más de todos sus compañeros,
El que amó más en toda su generación,
Amando ahora un tal ser trascendente,
Como decir un tipo no existente.
En qué has venido a parar, Ernesto.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Ser elegidos: Henri Nouwen.



Cuando sé que he sido elegido, soy consciente de que se me ha visto como a una persona especial. Alguien se ha fijado en mí en mi calidad de persona única, y ha expresado el deseo de conocerme, de amarme. Cuando te escribo esto de que, como amados, somos los elegidos de Dios, quiero decir que hemos sido vistos por Dios desde toda la eternidad, y vistos como únicos, especiales, unos seres valiosísimos. Desde toda la eternidad, antes de haber nacido y de haberte convertido en parte de la historia, existías en el corazón de Dios. Mucho antes de que tus padres te admiraran, y de que tus amigos reconocieran tus dones, o tus maes­tros, o tus compañeros de trabajo y empleados te ani­maran, ya eras un elegido. Los ojos del amor te habían visto como muy valioso, de una belleza infinita, de un valor eterno. Cuando el amor elige, lo hace con un per­fecto conocimiento de la bondad única del elegido, y lo hace, consiguiendo al mismo tiempo que nadie se sienta excluido.
Nos enfrentamos aquí a un gran misterio de orden es­piritual: ser el elegido no significa que los otros sean re­chazados. Es muy difícil pensar así en un mundo tan competitivo como el nuestro. En este mundo, ser elegido significa simplemente ser colocado aparte, en contraste con otros. Sabes hasta qué punto en nuestra sociedad competitiva los elegidos son mira­dos con una atención especial.
Ser elegido como amado de Dios es algo radicalmente distinto. En vez de excluir a los demás, los incluye. En vez de rechazar a los demás como menos valiosos, los acep­ta en su realidad única. No se trata de una elección com­petitiva, sino compartida.
¿Cómo concienciarnos de nuestra condición de ele­gidos cuando estamos rodeados de rechazos? Este hecho conlleva una fuerte lucha espiritual. ¿Hay algo que nos pueda ayudar en esta lucha? Voy a formular unos pocos medios.
Primero, tienes que desenmascarar al mundo que te rodea; hacerle patente en su condición de manipulador, dominador, ansioso de poder, y, a la larga, destructor. El mundo te dice muchas mentiras sobre quién eres. Sé realista y no pierdas de vista nunca esto. Siempre que te sientas herido, ofendido, o rechazado, tienes que atre­verte a decirte a ti mismo: «Estos sentimientos, aunque sean fuertes, no me dicen la verdad sobre mí mismo. La verdad, aunque en estos momentos no la sienta, es que soy un hijo elegido de Dios, precioso a sus ojos, llamado el amado desde toda la eternidad y a salvo en su abrazo eterno».
En segundo lugar, debes buscar personas y lugares en los que tu verdad sea dicha, y donde se te recuerde tu identidad más profunda como elegido de Dios. Sí, de­bemos optar conscientemente por nuestra condición de elegidos, y no permitir que nuestras emociones, senti­mientos o pasiones nos seduzcan y nos lleven al auto-menosprecio. Las sinagogas, las iglesias, muchas co­munidades de fe, los diferentes grupos de apoyo que nos ayudan en nuestros momentos de debilidad, como son la familia, los amigos, los profesores, los estudiantes, to­dos ellos pueden convertirse en personas que nos re­cuerden nuestra verdad. El amor limitado, a veces roto, de los que comparten nuestra condición humana, es ca­paz, a menudo, de orientarnos hacía la verdad de lo que somos: preciosos a los ojos de Dios. Esta verdad no bro­ta simplemente del centro de nuestro ser. Ha sido reve­lada también por el Uno que nos ha elegido. Por eso debemos estar atentos y a la escucha de muchos hom­bres y mujeres a lo largo de la historia. A través de sus palabras y de sus vidas nos invitan a volver al corazón de esa verdad.
En tercer lugar, debemos celebrar nuestra condición de elegidos constantemente. Eso significa decir gracias a Dios incansablemente por habernos elegido, y gracias por recordarnos su elección. La gratitud es el camino más fructífero para profundizar en tu convicción de que no has sido un accidente, sino una elección divina. Es importante que nos demos cuenta de con cuánta fre­cuencia hemos tenido posibilidades de ser agradecidos y no las hemos aprovechado. Cuando alguien es amable con nosotros, cuando algo nos sale bien, cuando se nos resuelve un problema, cuando se restablece una amis­tad, se cura una herida, hay razones muy concretas para dar las gracias, ya sea con palabras, con flores, con una carta, con una llamada telefónica, con un gesto de ca­riño. Donde hay motivos para ser agradecido, siem­pre los hay también para la amargura. Aquí nos enfren­tamos con la libertad de tomar una decisión. Podemos decidir ser agradecidos o amargados, reconocer nuestra condición de elegidos, o enfocar nuestra mirada hacia nuestro lado sombrío.

Cuando afirmamos constantemente la verdad de ser los elegidos, pronto descubrimos dentro de noso­tros un vivo deseo de revelar a los demás su propia con­dición de elegidos. En vez de hacernos sentir que somos mejores, más preciosos o más valiosos que los otros, nuestra conciencia de ser elegidos abre nuestros ojos a la realidad de la elección compartida con los demás.

Este es el gran gozo de ser elegido: descubrir que los demás lo han sido también. En la casa de Dios hay mu­chas moradas. Hay sitio para todos, un sitio único, es­pecial. Una vez que hemos profundizado en nuestra con­dición de seres valiosísimos a los ojos de Dios, somos capaces de reconocer esa misma cualidad en los demás, y su sitio único en el corazón de Dios. (Henri Nouwen, “Tú eres el amado”)

martes, 4 de septiembre de 2007

Momentos del día para orar.


“ El amanecer es un acontecimiento que suscita una solemne música en lo más profundo del propio ser, como si el entero yo tuviera que sintonizarse con el cosmos y alabar a Dios por el nuevo día, alabarle en nombre de todos los seres que han sido y serán, como si ahora cayera sobre mí la responsabilidad de ver lo que mis antepasados vieron y reconocerlo y alabar a Dios, a fin de que, lo alabaran ellos o no en su momento, puedan ahora alabarlo en mí.
El amanecer exige esta rectitud, este orden, esta fiel disposición de la persona toda”.

21 de enero de 1963. Thomas Merton.

Este reconocer la importancia del amanecer en la vida de la persona espiritual me confirma en mi propia experiencia personal, y me hace sentir una mayor afinidad con Merton, pues a menudo, en mi diario personal, he dejado constancia de cuánta luz me deja el amanecer y con cuanta claridad me permite ver mi propia realidad interior. Puede ser una expresión de esta realidad ese refrán popular que dice la gente del campo: “Al que madruga, Dios lo ayuda”. En la ciudad el amanecer es menos bello, pero en el campo es realmente hermoso, en sus colores y su olor, y en ese despertar de todo, en un silencio poblado de sonidos naturales. Me gustaría conservar todo el tiempo esa inocencia que experimento al comenzar la jornada y que me llena de gozo.

Pero cada momento del día puede tener su magia, y el propio Merton recoge en un poema su mirada a un atardecer:

“ORACIÓN A LA CAÍDA DE LA TARDE

Señor, hasta ti levanto
abiertos y brillantes
mis ojos llenos de fe
en la noche.
Tú eres mi solaz y protección.
Llévame de vuelta a casa
y recibe mi dulce plegaria
como el humo del incienso,
desde el fondo de mi corazón
que está libre a tu cuidado”.


Podemos utilizar estos textos para nuestra propia oración, mientras redescubrimos nuestra propia manera de contemplar el día que vamos o acabamos de vivir.

lunes, 3 de septiembre de 2007

A propósito de la santidad.


El 25 de enero de 1962 (el día anterior yo había nacido en una isla cercana), al final de un retiro, Merton escribió:

“No puede haber duda ni componenda posible en mi decisión de ser completamente fiel a la voluntad de Dios; por consiguiente, debo buscar siempre y en todo actuar en pro de Su voluntad y Su verdad, y de esta manera tratar con su gracia de ser “santo”.

Pero al mismo tiempo descubre que esa decisión tiene un supuesto mucho más complejo y difícil de vivir, y que es para mí lo más interesante de esta decisión.

“Puede darse el caso de que lo que Dios pida de mí pueda hacerme parecer menos perfecto cara a los demás y pueda quitarme su apoyo, su afecto, su respeto. Hacerme santo, por tanto, puede conllevar la angustia de parecer, y en sentido real “ser”, pecador, marginal. Puede conllevar un aparente conflicto con determinados criterios de medida que pueden ser malinterpretados por mí o por los demás o por todos”

De qué manera atravesar esa realidad oscura, en la que podemos perdernos o angustiarnos, nos la ofrece el propio Merton en el tercer punto de sus conclusiones:

“La cuestión es aferrarse a la voluntad y la verdad de Dios en su pureza y tratar de ser sincero y de actuar en todas las cosas por amor genuino en la medida que pueda”

¿Cómo llegar a “ser santos”? Cada uno debe hacerlo a su propia manera y “evitar falsear esta obra de la verdad teniendo excesivamente en cuenta lo que otros aprueban y ven como santo”.
La santidad es la obra de toda la vida, la obra de la cotidianidad, la obra de lo sencillo, la obra de lo auténtico. Y también la obra de la contradicción:

“Dios se revela en medio del conflicto y la contradicción, y nosotros queremos encontrarle al margen de cualquier contradicción”. (20 de enero de 1966)

sábado, 1 de septiembre de 2007

Frases de Thomas Merton.




“Tengo un gran, aunque confuso, afecto por los autores de la Biblia. Me siento casi más cerca de ellos que de ningún otro escritor que haya conocido”.

“Nosotros somos perfectos cuando encontramos a Dios o, mejor dicho, cuando Dios toma posesión de nosotros. Y, en cierto sentido, desde el momento en que le buscamos, Él ya nos ha encontrado. Y desde el momento en que Él nos ha encontrado, todo lo bendecido por Su voluntad se vuelve espiritual, incluso cuando sea algo material…”

Seguir a Cristo: Esto es la vida espiritual y el camino de perfección”.

“Debería ser más valientemente auténtico, esto es lo que necesito, y resultaría sorprendente en mí. Creo incluso que mi vocación lo requiere. Sería necesidad de dar a la locura por Dios un lugar predominante en nuestro sumamente serio y demente mundo. Quizá sea la respuesta más válida, sino la única respuesta”.

“Lo que importa no es la espiritualidad ni la religión ni la perfección ni el éxito o el fracaso en esto o aquello, sino simplemente Dios y la libertad en Su espíritu”.

“Mi ser entero es un acto de agradecimiento”.

“En la escritura existen por doquier puertas y ventanas abiertas a la mismísima eternidad”.

“A la contemplación se llega por la fe, no por la geografía; la buscas y la encuentras ahondando en la escritura, no cruzando los mares”.

“Qué desastre edificar la vida contemplativa sobre la negación de la comunicación… El silencio es nuestra vida, pero un silencio que sea comunión y mejor comunicación que las palabras”.

“La lectura espiritual nos pone en contacto no sólo con palabras, con ideas, sino con la realidad, con Dios. Buscar a Dios es buscar la realidad. Y esto debe ser más que un vuelo de imágenes a ideas. La vida interior no es meramente lo que no es exterior”.

“No hace ningún bien utilizar grandes palabras para hablar de Cristo. Dado que yo parezco incapaz de hablar de Él en el lenguaje de un niño, he llegado al punto de apenas poder hablar de él en absoluto. Todas mis palabras me avergüenzan. Esta es la razón de que esté cada vez más agradecido al Oficio y los salmos. Su alabanza de Dios es perfecta, y Dios me los da para articularlos como más propios de mí que cualquier otro idioma que pudiera inventar”.

“Nuestra gloria y nuestra esperanza es que somos el cuerpo de Cristo. Cristo nos ama y nos desposa como Su propia carne. Estemos contentos, estemos contentos. Somos el Cuerpo de Cristo. Le hemos encontrado, Él nos ha encontrado. Estamos en Él, Él está en nosotros. No hay más que buscar excepto la profundización de esta vida que ya poseemos. Estemos contentos”.

Leyendo a Thomas Merton.


La lectura de “Un año con Thomas Merton” se está convirtiendo en un verdadero ejercicio espiritual. Tengo la sensación de estar leyendo un nuevo diario, recién salido de las manos de su autor, y en el que descubro muchas luces para mi propio sendero interior. Primero intenté leerlo de la manera para la cual está concebido, es decir, cada día una meditación, pero me fue imposible. He decidido leerlo a mi propio ritmo, aun cuando vaya leyendo cada día la meditación que corresponde a esa jornada; luego, la segunda lectura que haga en el futuro, puedo hacerla de la otra manera. No acabo de comprender del todo la razón por la cual los textos de Merton tienen ese efecto tan especial en mí, al punto de actuar como puertas para que yo pueda adentrarme en la interioridad. Por otro lado el conocer bastante la biografía del autor me permite comprender también el alcance de cada pasaje, vinculándolo con la fecha en que fue escrito, además de servirme de los títulos que el editor ha dado a cada entrada. Esta riqueza espiritual de la vida y la obra de Merton es la que me hace tratar de darlo a conocer a mi alrededor, y haberme convertido de alguna forma en un constante promotor de todo cuanto a él se refiere.

El mes que acaba de terminar hemos puesto en este blog una cantidad grande de materiales para la reflexión, mucho más que los meses anteriores, y lo veo como señal del entusiasmo creciente con que estoy asumiendo esta labor; no hay cansancio, y esto gracias al contacto con muchos amigos que, desde diversas partes del mundo, me han comunicado su satisfacción por lo que estoy haciendo, y el buen aprovechamiento espiritual que hacen de estos materiales.

Tal vez sería interesante si pudieramos crear un grupo de personas unidas espiritualmente bajo el nombre de amigos de thomas merton, con la posibilidad futura de reunirnos en algun lugar para compartir nuestras experiencias espirituales.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.