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miércoles, 10 de octubre de 2007

Transformación en la enfermedad: Anselm Grün.


Un lugar privilegiado para la transformación puede ser también la enfermedad. En la enfermedad reacciona nuestro cuerpo de acuerdo con las experiencias de nuestra vida, con nuestros desengaños, nuestros fastidios, nuestras sobre exigencias. La enfermedad nos obliga a examinar nuestro concepto de vida; allí donde vivamos al margen de la verdad, la enfermedad nos puede hacer volver a la verdad.
Pero la enfermedad no tiene que ver sólo con nuestra psiquis. Nos descubre no sólo lo que fue reprimido o empujado a las sombras. Puede ser también un proceso de transformación, provenga ya de mi alma, ya de una enfermedad de origen externo. Si aceptamos la enfermedad, puede iniciarse un proceso de transformación en cuyo final habrá un hombre salvado y sanado, misericordioso y amable.
Teilhard de Chardin ha escrito mucho sobre la fuerza transformadora de la enfermedad. El sufrimiento es tan necesario para el proceso de transformación del mundo como lo es nuestra actividad, nuestro amor al cosmos, nuestro interés por la evolución y convergencia del mundo.
Sin embargo, para que el sufrimiento de un hombre tenga fuerza transformadora, necesita de la solidaridad en el sufrimiento, necesita el “juntos”. Para que la fuerza transformadora del sufrimiento sea eficaz también para una comunidad parroquial, el sufrimiento debe ser liberado del aislamiento y la separación. Es necesario que sea conocido, pues necesita de la solidaridad, del acompañamiento, de ser hablado. (Continuará...)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es una pena que los cristianos no aprovechemos nuestra fe para madurar, humana y espiritualmente. Es básico no quedarnos en lo devocional, sino adentrarnos en las sendas liberadoras de la vida espiritual. Los textos de Grün sos perfectos para abrirnos a esa nueva visión de lo espiritual.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.