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viernes, 2 de noviembre de 2007

Maduros para obedecer.


"Nadie puede llegar a ser contemplativo o santo por el mero hecho de abandonarse neciamente a un concepto excesivamente simplificado de obediencia. Tanto en el súbdito como en el superior, la obediencia presupone mucha prudencia, y la prudencia significa responsabilidad. Obedecer no es abdicar de la libertad, sino usarla con prudencia en ciertas condiciones bien definidas. Ello no hace que obedecer resulte más fácil, ni es en absoluto una huida de la sujeción a la autoridad. Todo lo contrario: esta clase de obediencia supone una mente madura, capaz de tomar decisiones difíciles y de entender correctamente órdenes difíciles, ejecutándolas con una fidelidad que puede llegar a ser, en algunos casos, genuinamente heroica. Semejante obediencia es imposible sin los recursos profundos de un amor espiritual maduro".

(Thomas Merton, Nuevas Semillas de Contemplación)


Durante varias entradas hemos compartido unos textos de TM acerca de la obediencia, tema polémico y a menudo difícil, pero fundamental en la senda espiritual. Estamos buscando otras miradas al respecto que iremos poniendo también en lo sucesivo, intercaladas entre otros temas vinculados al camino interior. Me hubiera gustado conocer algunos criterios personales sobre este tema, pueden escribir a mi dirección personal o dejar comentarios.

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

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