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viernes, 30 de noviembre de 2007

No arrinconar el alma.


Cada tiempo litúrgico que vivimos en la Iglesia, cada celebración de nuestra fe. cada ritual, cada devoción, cada vivencia espiritual, ha de ser siempre camino para avivar el alma, para animar nuestra vida interior al punto de que entre en el dinamismo del gozo y la esperanza. Así lo expresa Santa Teresa en este texto que podríamos tomar como paradigma de todo nuestro itinerario hacia Dios. Él no quiere para nosotros angustias ni temores, sino gozo, fortaleza, esperanza. No arrinconemos el alma, ni la agobiemos, sino cuidemos nuestro ser, nuestro espíritu, nuestro cuerpo, para que todo lo que somos camine hacia Dios.
Andemos confiadamente por esas moradas interiores y miremos siempre al centro de nuestro ser donde nace Cristo cada día.

“Tornemos ahora a nuestro castillo de muchas moradas. No
habéis de entender estas moradas una en pos de otra, como cosa
en hilada, sino poned los ojos en el centro, que es la pieza o palacio
adonde está el rey, y considerar como un palmito, que para llegar a
lo que es de comer tiene muchas coberturas que todo lo sabroso
cercan. Así acá, enrededor de esta pieza están muchas, y encima
lo mismo. Porque las cosas del alma siempre se han de considerar
con plenitud y anchura y grandeza, pues no le levantan nada, que
capaz es de mucho más que podremos considerar, y a todas partes
de ella se comunica este sol que está en este palacio. Esto importa
mucho a cualquier alma que tenga oración, poca o mucha, que no
la arrincone ni apriete. Déjela andar por estas moradas, arriba y
abajo y a los lados, pues Dios la dio tan gran dignidad…”.

Santa Teresa, Moradas.


Para todos los amigos y amigas de este blog, que tengan un provechoso ADVIENTO.

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

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