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domingo, 2 de diciembre de 2007

La esperanza no defrauda.


“Aparece también como elemento distintivo de los
cristianos el hecho de que ellos tienen un futuro: no es que conozcan los pormenores de lo que les
espera, pero saben que su vida, en conjunto, no acaba en el vacío. Sólo cuando el futuro es cierto
como realidad positiva, se hace llevadero también el presente. De este modo, podemos decir ahora:
el cristianismo no era solamente una « buena noticia », una comunicación de contenidos
desconocidos hasta aquel momento. En nuestro lenguaje se diría: el mensaje cristiano no era sólo «
informativo », sino « performativo ». Eso significa que el Evangelio no es solamente una
comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia
la vida. La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza
vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva”.
(2)


“La fe no es solamente un tender de la
persona hacia lo que ha de venir, y que está todavía totalmente ausente; la fe nos da algo. Nos da ya
ahora algo de la realidad esperada, y esta realidad presente constituye para nosotros una « prueba »
de lo que aún no se ve. Ésta atrae al futuro dentro del presente, de modo que el futuro ya no es el
puro « todavía-no ». El hecho de que este futuro exista cambia el presente; el presente está marcado
por la realidad futura, y así las realidades futuras repercuten en las presentes y las presentes en las
futuras”.
(7)

Benedicto XVI. Encíclica sobre la Esperanza.

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

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