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domingo, 6 de enero de 2008

ESPECIAL: "Epifanía Universal".


Hoy quiero compartirles esta reflexión que encontré en una web acerca de la festividad litúrgica de esta jornada, y a pesar de que pueda resultar inquietante para algunos por los puntos de vista que presenta me pareció interesante, provocadora y portadora de algunas ideas valiosas para que tengamos un acercamiento diverso a la tradicional lectura que hacemos de esta festividad de los Reyes Magos o Epifanía.



“epifaneia” significa manifestación. Toda manifestación de Dios tiene que ser universal. Dios no puede tener ni privilegios ni exclusivismos. Dios siempre se manifiesta a través de los seres creados, pero es para que todos los hombres descubran lo que son y lo vivan.

No estamos celebrando la fecha de un acontecimiento. El día 6 de Enero se celebró la Natividad de Jesús en toda la Iglesia durante varios siglos. Más tarde en Occidente se comenzó a celebrar el 25 de Diciembre, pero en Oriente se sigue celebrando el día 6 de Enero. Al celebrarse la Natividad de Jesús el 25 de Diciembre, se reservó la fecha del 6 de Enero para celebrar la “Epifanía del Señor”. Durante mucho tiempo, se celebró, no sólo la adoración de los Magos, sino también, el Bautismo del Señor y las Bodas de Caná.

El relato de los magos es el mejor ejemplo de cómo no sirve para nada la exégesis si no se la hace llegar al pueblo. La inmensa mayoría de los fieles siguen pensando en una historia real. En realidad es una narración fantástica que ni siquiera es original. En otras muchas culturas se habla de estrella que anuncia el nacimiento de un gran hombre; de tiranos que persiguen a un niño que va a ser un salvador para su pueblo; de inocentes que mueren para salvar al escogido, etc., etc. Todo con la única intención de hacer ver la grandeza de ese personaje desde el instante en que nació.

Dejemos bien claro, una vez más, desde el principio, que cuando nació Jesús no pasó absolutamente nada fuera de lo normal. Ni siquiera sabemos cuándo, ni sabemos dónde, ni sabemos cómo nació. El pasaje de los magos, como todos los relatos de la infancia, es una historia muy bien tramada para transmitir teología. Todo el relato tiene un lenguaje específicamente mateano. Se trata de dejar claro que los de cerca rechazan de plano a Jesús por lo que significa, y los de lejos lo buscan y lo aceptan como lo que es. Esta visión sería impensable sin la experiencia de su pasión y muerte, provocada por las autoridades judías.

A través de los siglos se han ido añadiendo al relato afirmaciones que no están en el texto, pero que hoy todo el mundo cree a pies juntillas. Ni dice que eran tres. Mucho menos sus nombres. Ni dice que eran reyes. Ni “Magos” tiene, para nada, el significado que hoy damos a la palabra mago. En su origen fue el nombre de un miembro de la casta sacerdotal persa. Más tarde designó a otros representantes de la teología, de la filosofía y de la astronomía. Los “magos” son unos paganos que orientados por Dios llegan a descubrir a Jesús. Mateo nos está advirtiendo de la llamada de todos los hombres a creer en Cristo.

Las tonterías que se han inventado sobre la estrella, no merecen mayor comentario. Ni cometa ni estrella, ni conjunción de astros. El intento de encontrar explicación científica al fenómeno es olvidarse de que es un relato simbólico. Pero es que, si se encontrara explicación científica, quedaría anulada la intervención de Dios que es lo que se intenta poner de manifiesto. Una estrella no puede pararse “encima de donde estaba el niño”. Pero desde el punto de vista teológico, sí es relevante: al que busca de verdad, Dios lo guía.

También queda la historia fuera de toda lógica, cuando nos dice que se sobresaltó toda Jerusalén con Herodes. Herodes era odiado por todos los judíos. El anuncio de un rey distinto, sólo podía provocar alegría. Pero Mateo está pensando en la Jerusalén que dio muerte a Jesús. Para Mateo el rechazo de los judíos no es cosa del último momento, sino constante y anterior a cualquier manifestación de Jesús.

Se trata de marcar la diferencia entre los magos y el Niño Rey por una parte, y los letrados y Herodes por otra. A pesar de la estrategia de Herodes para perder al Niño, Dios está allí para salvarlo. Tanto la intervención de Dios por medio de la estrella y de los sueños, como la derrota de Herodes a pesar de su maldad, están hablando de la experiencia de la comunidad de Mateo. A pesar de todas las dificultades con los judíos y con los paganos, Dios está cerca, y les va conduciendo hacia la victoria.

El miedo de Herodes y de los jefes judíos, es también nuestro miedo. El reinado de Dios es una amenaza para nuestro egoísmo. Estaríamos dispuestos a adorar a un Dios que potenciara nuestras seguridades y nuestro poder. Un Dios que reine sin hacernos reinar a nosotros, no nos interesa.

Como los magos salen de su tierra para buscar, nosotros tenemos que salir de nuestro “ego”, de nuestras seguridades terrenas para buscar. Sin esa actitud, aunque haya nacido el Niño, aunque aparezca la estrella, el encuentro no se producirá.

Los letrados lo saben todo sobre el Mesías, pero no mueven un dedo para comprobarlo. Se quedan con su conocimiento y sus libros. El amor a la verdad crea nómadas, no instalados satisfechos. Cuántas veces los cristianos nos hemos conformado con marcar a los demás la dirección sin mover un dedo para acompañarles.

Esta diferente actitud nos tiene que hacer pensar. Los paganos adoran al niño, los judíos intentan matarlo. Los paganos reconocen al niño, los judíos no lo reconocen. Son tesis propias del evangelio de Mateo.

El hecho de que en un momento determinado, los magos pregunten a los que conocen las Escrituras es muy interesante. Las Escrituras pueden servir de pauta, pueden indicarnos el camino a seguir cuando atravesamos lugares sin estrella. Pero depende de la actitud del que las estudia. Ante millones de estrellas que brillan en el firmamento, los magos descubren la de Jesús. Ante las miles de estrellas que llaman la atención en nuestro mundo, nosotros tenemos que descubrir la de Cristo. Si no estamos atentos, nos equivocaremos.

Todo hombre tiene la obligación de dejarse iluminar por su estrella, pero también la de ser guía para los demás. No hay que “convertir” a nadie. Nuestra obligación es hacer ver a los demás la bondad de Dios, manifestando con nuestra vida su cercanía. Hacemos presente lo que es Dios, siempre que salimos de nosotros mismos y vamos hacia los demás.

No debemos presentarnos como poseedores de la verdad, sino como compañeros en la búsqueda. El verdadero creyente será siempre un buscador de la verdad, no un poseedor de ella.

Esta celebración nos tiene que lanzar más allá de los raquíticos planteamientos de una iglesia, “fuera de la cual no hay salvación”. Dios se manifiesta a todos los pueblos de todas las épocas. Todos los hombres están a la misma distancia de Dios.

En el momento en que nos sentimos privilegiados o detentadores de la verdad, hemos hecho polvo el mensaje de esta fiesta. Todos recibimos todo de Dios y todos tenemos la obligación de aprender de los demás y enseñar a los demás. Todos tenemos la obligación de encender una luz, en lugar de maldecir de las tinieblas.

El reino de Dios es algo mucho más extenso que los contornos, siempre limitados, de una Iglesia. El amor, la entrega, la capacidad de salir de sí e ir al otro, son universales y deben abarcar a todos los hombres. Esto no quiere decir que todos los hombres tengan que pertenecer a la misma institución, y menos aún a la misma cultura. Lo que celebramos hoy es la apertura de Dios a todos los hombres, no el sometimiento de todos a la disciplina de una Iglesia.

Allí donde haya un hombre que crece en humanidad, amando a los demás, allí se está manifestando lo críptico y enigmático. Hoy no podemos entender la apertura a los gentiles como propuesta para que se conviertan a nuestra religión porque es la única verdadera. Lo importante es lo que hay de cristiano en cada hombre, aunque no conozca a Cristo.


Meditación-contemplación

¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?
Nunca sabremos a ciencia cierta dónde está,
porque Dios está siempre revelándose y siempre ocultándose.
En cuanto dejo de buscarlo, desaparece.
.....................

Dios no es un ser concreto que puedo buscar con un candil.
Está en todas las cosas, pero no soy capaz de descubrirlo.
Está dentro de mí, formando parte de mi propio ser.
Si encuentro mi verdadero ser, ya lo he encontrado a Él.
............................

La puerta que te llevará a tu centro, se abrirá sola.
Sólo tienes que dejar de buscarle en ninguna otra parte.
Céntrate y concéntrate una y mil veces.
Sin saber cómo, irá apareciendo la luz, en lo más íntimo de ti mismo.
....................................

Déjate iluminar desde dentro,
Como la lámpara atravesada por la corriente eléctrica.
No sólo te convertirás tú en luz
sino que lo iluminarás todo a tu alrededor.

:::::::::::::::::::::::::::

Juan de Arimatea

2 comentarios:

Analía dijo...

Qué genial este texto! Muy bueno.
Me deja pensando, me gusta que eso sea en el comienzo de mi día. Gracias.

M. Jose dijo...

Buenisímo, P.Manuel...
Es una reflexión tremendamente reveladora. Me gusta sobre todo este párrafo:
"No debemos presentarnos como poseedores de la verdad, sino como compañeros en la búsqueda. El verdadero creyente será siempre un buscador de la verdad, no un poseedor de ella."
Y las meditaciones son muy buenas
Un saludo
Jose

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.