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miércoles, 2 de enero de 2008

La disciplina del corazón.

La memoria de los santos de este día, Basilio y Gregorio, me ha inspirado siempre a rezar por mis amigos y amigas, pidiendo para ellos lo mejor en este año que comienza. Basilio y Gregorio fueron grandes amigos, y esa amistad se hizo grande desde la fe. Que ellos también intercedan ahora por nosotros para que nuestro aprecio mutuo sea también luz de evangelio, luz de Cristo.
Mirar dentro del corazón.

La primera y más esencial práctica espiritual que un director espiritual debe recomendar es la Disciplina del corazón. La introspección y la oración contemplativa es la antigua disciplina por la que empezamos a ver a Dios en nuestro corazón. La oración interior es atención cuidadosa a Aquel que habita en el centro mismo de nuestro ser. Mediante la oración, nos despertamos al Dios que está en nosotros. Con práctica, permitimos a Dios entrar en nuestros latidos y nuestra respiración, en nuestros pensamientos y emociones, en nuestro oído, nuestra vista, nuestro tacto y nuestro gusto, y en cada partícula de nuestro cuerpo. Permaneciendo despiertos a Dios, podemos verlo cada vez mejor en el mundo que nos rodea.
La disciplina del corazón nos hace conscientes de que orar no consiste simplemente en escuchar, sino en escuchar con el corazón. La oración nos ayuda a estar en presencia de Dios con cuanto somos y tenemos: nuestros miedos y ansiedades, nuestra culpa y nuestra vergüenza; nuestras fantasías sexuales,; nuestra avaricia y nuestra ira; nuestras alegrías, éxitos, aspiraciones y esperanzas; nuestras reflexiones, sueños y vagabundeos mentales; y, sobre todo, nuestra familia, nuestros amigos y nuestros enemigos; en suma, todo cuanto hace de nosotros lo que somos. Con todo esto tenemos que escuchar la voz de Dios y permitirle hablarnos en cada rincón de nuestro ser.
“Cada rincón de nuestro ser” incluye, obviamente, el cuerpo físico. De hecho, el corazón no es un simple órgano espiritual, sino el lugar secreto de nuestro interior donde nuestro espíritu, nuestra alma y nuestro cuerpo se reúnen en la unidad del yo. El corazón espiritual desencarnado no existe. Estamos llamados a amar a Dios y al prójimo con todo nuestro corazón, toda nuestra alma, toda nuestra mente y todas nuestras fuerzas (Lucas 10, 27)
Esto es difícil de hacer, dado lo temerosos e inseguros que somos. Nos ocultamos de Dios y de los demás. Tendemos a presentar a Dios y a los demás únicamente aquellos aspectos de nosotros con los que nos sentimos relativamente cómodos y que pensamos que suscitan una respuesta positiva. Por tanto, nuestra vida de oración se hace selectiva y limitada. Está claro que la disciplina del Corazón reclama una dirección que nos permita superar los temores, profundizar nuestra fe y comprender mejor quién es Dios para nosotros.
Preguntarse:
¿Cómo es tu vida de oración?
¿Cómo le concedes a Dios espacio en tu vida para que pueda hablarte?

Henri Nouwen, Dirección espiritual.

2 comentarios:

Caridad dijo...

Hola P Manuel.
!Qué oportuno este texto de H. Nouwen sobre la oración¡
Yo ando estos días reflexionando y cuestionandome sobre mi vida de oración, me está ayudando mucho un libro llamado MORAR EN DIOS
de Jean Lafrance.
..............
Enero tiene color de Arco Iris sobrevolando las páginas un libro blanco...
esto me sugiere muchas cosas que me llevan a la oración, alabanza, gratitud, súplica, plenitud...
Es del color de la energía que me transmite Dios con su regalo de la vida nueva de cada día.

M. Jose dijo...

Un propósito firme para este año: "adentrarme un poco más en mi oración personal", es lo que me estoy planteando en estos días de tanta fiesta y movimiento. Necesito permanecer despierta a Dios, como dice H.Nouwen, para verlo mejor...
Jose

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.