Seguidores

miércoles, 29 de abril de 2009

La fe que justifica...


"La conversión a Cristo no es simplemente la conversión desde las malas costumbres a las buenas costumbres, sino nova creatura, convertirse en un hombre totalmente nuevo en Cristo y en el Espíritu. Evidentemente, las obras y hábitos del hombre nuevo han de corresponder a su nuevo ser".


"La fe que justifica no es cualquier fe... hay una fe insuficiente que no es creencia en Cristo y obediencia a su palabra, sino sólo una cuestión de creer que creemos porque somos hallados aceptables ante los ojos de otros creyentes".


"Ninguna obra mía puede ser llamada "amor" en el sentido cristiano, si no viene de Cristo".


"Los "buenos" que crucificaron a Cristo son el paradigma de todos los "buenos" cuya "bondad" es meramente fidelidad a los mandatos éticos".


Conjeturas de un espectador culpable.

Thomas Merton.

martes, 28 de abril de 2009

La Iglesia 2.

Traigo otros dos textos de Henri Nouwen sobre la Iglesia. Es uno de esos temas complejos, difíciles, pero necesarios a la hora de pensar en clave cristiana y de entender también nuestra espiritualidad. Se suele anteponer la iglesia /institución, a la Iglesia/misterio, que no son separables, pero tampoco se identifican plenamente. La segunda supera con creces a la primera, pero justo como en la primera intuimos y aprendemos del misterio, nos es necesaria para nacer a Cristo. Creo que el amor a la Iglesia es un don, y una tarea, como es también un desafío y una cruz para los seguidores del Maestro.

"Los pobres son el centro de la Iglesia. Pero ¿quiénes son los pobres? En un primer momento, podríamos pensar en personas que no son como nosotros: personas que viven en los barrios bajos, que acuden a los comedores sociales, que duermen en las calles, en las cárceles, en los hospitales psiquiátricos y en los asilos. Pero los pobres pueden estar muy cerca. Pueden estar en nuestra familia, Iglesias o lugares de trabajo. E incluso más cerca: los pobres podemos ser nosotros mismos, cuando no nos sentimos amados o nos sentimos rechazados, desestimados o maltratados.

Es precisamente cuando vemos y experimentamos la pobreza-esté lejos, cerca o e nuestro corazón- cuando necesitamos convertirnos en Iglesia, es decir, tomarnos de la mano como hermanos y hermanas, confesar nuestra condición rota y nuestra necesidad, perdonarnos mutuamente, curarnos unos a otros las heridas y reunirnos en torno a la mesa de Jesús para partir el pan. De esta forma, como pobres, reconocemos a Jesús, que se hizo pobre por nosotros" (Pan para el viaje)




**************************************************




"Nuestra sociedad alienta el individualismo. Constantemente nos hacen creer que todo lo que pensamos, decimos o hacemos es un logro personal, que merece una atención individual. Pero, como ente que pertenece a la comunión de los santos, sabemos que todo lo que tiene valor espiritual no es el resultado de un logro personal, sino el fruto de la vida comunitaria.


Todo lo que sabemos de Dios y del amor de Dios, todo lo que sabemos de Jesús -su vida, muerte y resurrección- todo lo que sabemos de la Iglesia y su ministerio, no es una invención de nuestra mente que pide un premio. Es el conocimiento que hemos recibido a través de los siglos del pueblo de Israel y de los profetas, de Jesús y de los santos, y de todos los que han tenido un papel en la formación de nuestro corazón. El verdadero conocimiento espiritual pertenece a la comunión de los santos". (Pan para el viaje).

lunes, 27 de abril de 2009

Para no aprisionar la ética en el reino de la división.


"La ética cristiana, ¿es meramente un surtido específico de respuestas a la cuestión del bien y del mal, de lo justo y lo injusto? Reducirla eso es olvidar que la caída del hombre fue una caída al conocimiento del bien y del mal, reforzado por el inexorable conocimiento de una ley condenadora, y que la restauración del hombre en Cristo es una restauración a la libertad y a la gracia, a un amor que no necesita ley porque conoce y hace sólo lo que está de acuerdo con el amor y con Dios. Aprisionar la ética en el reino de la división, del bien y del mal, es condenarla a la esterilidad, y despojarla de su razón auténtica para existir, qiue es el amor. El amor no se puede reducir a una sola virtud entre otras muchas prescritas por imperativos éticos. Cuando el amor es sólo "una virtud" entre otras, el hombre olvida que "Dios es amor" y se hace incapaz de ese amor que todo lo abraza, y por el cual empezamos secretamente a conocer a Dios como nuestro Creador y Redentor: que nos ha salvado de las limitaciones de una existencia puramente restrictiva y sin objetivo "bajo una ley".

Por eso dice Bonhoeffer con mucha razón: "En el conocimiento del bien y del mal el hombre no se entiende a sí mismo la realidad del destino que se le señaló en su origen, sino más bien en su posibilidad de ser bueno o malo. Se conoce a sí mismo ahora como algo aparte de Dios, fuera de Dios, y eso significa que ahora se conoce sólo a sí mismo, y ya no conoce a Dios en absoluto... El conocimiento del bien y el mal, por tanto, es separación de Dios. Sólo contra Dios puede el hombre conocer el bien y el mal".

Está claro que un interés exclusivamente ético por lo justo y lo injusto, por el bien y el mal, en la educación cristiana, engendra duda y no fe. Cuanto más insistimos en que el catolicismo ha de consistir en evitar el pecado (sobre todo en el dominio de lo sexual), en "ser bueno" y en cumplir sus obligaciones, más difícil les hacemos a los hombres creer realmente y más convertimos la fe en un problema espiritual y mental, dependiente de un determinado logro ético. El único modo como sigue siendo posible la fe en tal situación es que se entienda como una virtud y una obligación entre otras virtudes y obligaciones. Uno cree porque a uno le dicen que crea, no por una aspiración viva y vitalizadora a conocer al Dios vivo. La misma fe queda traspasada por una duda existencial que, sin embargo, uno finge ignorar por obligación, a la vez que se dedica a la tarea de evitar el mal y hacer el bien.

La tensión producida por esta lucha de duda y obligación acaba por buscar una escapatoria natural en cruzadas y en persecuciones de herejes, para demostrarnos "buenos" y "justos", "con razón", al juzgar y condenar el mal y el error en aquellos que no son como nosotros..."



Thomas Merton.
"Conjeturas de un espectador culpable"
(Página 155-156)

sábado, 25 de abril de 2009

La Iglesia.


En su libro "Pan para el viaje" encuentro algunas meditaciones de Henri Nouwen acerca de la Iglesia; me gustan y me parecen acertadas sus ideas, por eso les comparto algunas:


"Cuando pensamos en la Iglesia debemos hacerlo como un cuerpo de personas que llevan a cabo un mismo viaje. Hemos de contemplar entre ellas a mujeres, hombres y niños de toda edad, raza, y a sociedades que se brindan apoyo mutuo en su largo y a veces fatigoso camino hacia el hogar definitivo".


"Cuando decimos que la Iglesia es un cuerpo no nos referimos únicamente al cuerpo santo y sin tacha hecho a imagen y semejanza de Cristo mediante el bautismo y la eucaristía, sino también a los cuerpos martirizados de todas las personas que constituyen sus miembros. Sólo cuando mantenemos unidas estas dos formas de pensar y de hablar vivimos en la Iglesia como verdaderos seguidoresde Jesús".


"Frecuentemente nos parece más difícil creer en la Iglesia que creer en Dios. Pero cuando separamos nuestra fe en Dios de nuestra fe en la Iglesia, nos convertimos en unos incrédulos. Dios nos ha proporcionado la Iglesia como el lugar en el que Él se hace Dios con nosotros".



"A menudo oímos decir que debemos vivir en el mundo sin ser del mundo. Pero puede ser más difícil vivir en la Iglesia sin ser de la Iglesia. Ser de la Iglesia significa estar tan preocupado e involucrado en las numerosas cuestiones eclesiales y pormenores clericales que Jesús ya no sea nuestro centro. En ese momento, la Iglesia nos ciega a lo que hemos ido a ver y nos hace sordos a lo que hemos ido a oír. No obstante, es en la Iglesia donde Cristo mora, nos invita a su mesa y nos dice palabras de amor eterno.

Vivir en la Iglesia sin ser de ella es un gran desafío espiritual".


Henri Nouwen.

Pajaros del desasosiego.


"Hace veinte años
alguien a media noche apretó
contra su cuerpo mi cuerpo
y dibujó en mí una ventana
por la que más tarde se asomarían
unos pajaros blancos
que la gente
con el sonido irónico de las palabras
fue conviertiendo en negros y enfurecidos
pájaros del desasosiego.

Pasaron veinte años
y la ventana permanece abierta...
Pasarán veinte años
y este poema será desempolvado
por un muchacho a quien la gente
(con el mismo cuchillo con que cercena
el pan de cada día)
habrá herido y dibujado una ventana
para que otros pájaros
violentados por la misma ironía de las palabras
pongan en peligro la belleza del mundo.
(Del libro: "La ventana doméstica". Juan Carlos Valls.Iduna, 2008, USA)

jueves, 23 de abril de 2009

El estilo de Henri Nouwen.


En estos días vuelvo a Henri Nouwen. Tengo que preparar un dossier para la Universidad sobre su persona, y releo algunos textos. Es como leerlos por primera vez, me impresionan igual, y aun más, descubro nuevas claves en torno a la vida de Henri y su enseñanza espiritual. Por ejemplo, acerca del vínculo entre enseñar teología y enseñar espiritualidad, o sobre el ministerio. Aquí les dejo lo que escribe Roberto A. Jonas, en el excelente prólogo que encabeza "Escritos Esenciales", de Nouwen, publicado por Sal Terrae, en 1999, y que lleva por título EL FUEGO DEL AMADO.


"El estilo de Henri en el aula estaba en consonancia con la eucaristía, porque trataba de ofrecer un alimento espiritual que sus alumnos pudieran recibir, digerir y asimilar. No estaba interesado en el debate teológico, quizá porque le disgustaba la confrontación directa, pero también porque estaba siempre centrado en la presencia inmediata de Cristo Resucitado, una verdad que tenía que ver más con el ser que con la comprensión intelectual. Naturalmente cada estudiante tenía que aprender de la Escritura, la teología, la psicología y las artes creativas. Pero, como comunidades, los centros teológicos tenían que crear contextos de silencio y soledad, invitando a los estudiantes a entrar en su corazón, el lugar del encuentro con su verdadero yo, con Cristo resucitado y con Dios. Para Henri, la la enseñanza y la actividad pastoral eran una sola cosa.

Un ministro cristiano no debe llamar a la gente simplemente a mantener puntos de vista teológicos correctos, la disciplina ética o la pureza dogmática, aunque cada una de estas dimensiones pueda tener su lugar. Más bien, un pastor debería configurar una forma de ser abierta y en la que no tengan cabida los juicios. Así lo expresó en 1972, en una homilía dirigida a los estudiantes de la facultad de teología:


"El ministerio consiste en convertir la hostilidad en hospitalidad... al enemigo en amigo. No es un intento de redimir a las personas, sino de ofrecer el espacio libre donde la redención pueda tener lugar. La paradoja del ministerio consiste en que somos llamados a crear un vacío; no un vacío terrible, sino un vacío acogedor, donde el extraño pueda entrar y descubrir que ha sido creado libre... libre para cantar su propia canción, hablar su propio lenguaje, danzar su propia danza, y también para marcharse y seguir su propia vocación".


"Escritos Esenciales". Henri Nouwen.

martes, 21 de abril de 2009

Krishnamurti: El corazón vacío.


Después de mucho tiempo traigo un texto de K; es un texto que desafía nuestra fe, pero no hay que temer a los desafíos, sino escuchar y dejar que en el silencio del corazón Dios nos hable. Siempre he escuchado a K atentamente, porque creo es alguien que nos ayuda a purificar nuestra fe, estemos o no de acuerdo con lo que dice:


"Lo que importa en la meditación es la cualidad del corazón y de la mente; no es lo que consigue o lo que espera alcanzar, sino la cualidad de una mente que es inocente y vulnerable. Es a través de la negación como se llega al estado positivo. El limitarse meramente a acumular experiencias o a vivir en ellas, niega la pureza de la meditación. La meditación no es un medio para alcanzar un fin, es ambas cosas: el medio y el fin. La mente nunca puede ser inocente por medio de la experiencia; es la negación de la experiencia lo que da origen a ese estado positivo de inocencia que el pensamiento no puede cultivar, porque el pensamiento nunca es inocente. La meditación es el fin del pensamiento, no porque el meditador le ponga fin, sino porque el meditador es la meditación. Sin meditación, uno es como un ciego en un mundo de gran belleza, de inmensa luz y color".
"La meditación es la raíz, la planta, la flor y el fruto. Son las palabras las que dividen el fruto, la flor, la planta y la raíz. La acción que nace de esa separación no puede generar bondad, porque la virtud es la percepción del todo".
"El hombre que vino a vernos unas horas más tarde dijo que era instructor de artillería en la marina de guerra. Parecía muy serio, y llegó acompañado de su esposa y sus dos hijos. Después de saludarnos, explicó que deseaba encontrar a Dios. No se expresaba muy bien, probablemente era algo tímido, y aunque sus manos y su rostro denotaban capacidad de trabajo, había cierta dureza en su voz y en su aspecto, porque después de todo, era un instructor en las artes de matar. Dios parecía estar muy lejos de su actividad cotidiana y todo resultaba un tanto extraño; por un lado allí estaba aquel hombre que afirmaba ser sincero en su búsqueda de Dios pero, para ganarse la vida, se veía obligado a enseñar a otros diferentes métodos para matar. Dijo que era una persona religiosa y había seguido varias doctrinas de diferentes hombres que se consideraban santos; debido a que todos lo habían dejado insatisfecho, venía ahora de un largo viaje en tren y autobús para vernos, porque deseaba saber cómo alcanzar ese extraño mundo que hombres y santos han buscado. Su esposa y sus hijos permanecían muy callados, sentados sin moverse y con actitud respetuosa. Afuera, en una rama próxima a la ventana, una paloma de color castaño claro se arrullaba suavemente. El hombre no la miró en ningún momento y tanto los niños como la madre permanecieron tensos, nerviosos y con semblante serio. No se puede buscar a Dios; no hay ningún camino que conduzca a él. El hombre ha inventado muchos métodos, muchas religiones, muchas creencias, salvadores y maestros que, según cree, le ayudarán a encontrar una dicha que no sea pasajera. El infortunio de la búsqueda es que conduce a una fantasía, a una visión que la mente proyecta y mide basándose en lo que ya conoce. El comportamiento del ser humano, su forma de vivir, destruye el amor que busca. No es posible llevar un arma en una mano y a Dios en la otra. Dios ha perdido todo su significado, no es más que un símbolo o una palabra... La realidad no está al final de la corriente del pensamiento y, sin embargo, son las palabras del pensamiento las que llenan el corazón vacío". (K)

SANTIDAD.


“No existen formulas simples y eficaces, excepto en las Evangelios, donde las palabras ya no son de hombre, sino de Dios. Y, con toda su transparente sencillez, las palabras de Cristo, palabras de salvación, siguen siendo profundamente misteriosas, como todo lo que procede de Dios. Así, si bien está absolutamente claro que somos llamados a “ser perfectos”, y si bien sabemos que la perfección consiste en “guardar los mandamientos” (de Cristo), sobre todo su “nuevo mandamiento de amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado”, con todo, cada uno tiene que labrarse su salvación en el temor, temblando en el misterio y en la desconcertante confusión de su propia vida individual. Haciéndolo así, todos salimos ganando un nuevo “modo”, una nueva “santidad” que es privativa de cada uno, porque cada uno de nosotros tiene una vocación peculiar de reproducir la semejanza con Cristo de una manera que no es idéntica a la de cualquier otra persona, ya que nunca dos personas son del todo iguales”.


“La voluntad de Dios no es un hado, al que tenemos que someternos irremediablemente, sino un acto creativo de nuestra vida que da lugar a algo absolutamente nuevo… Nuestra cooperación (buscando en primer lugar el Reino de Dios) no consiste únicamente en aceptar las normas, sino en abrir nuestras voluntades a este acto creativo, que debe hacerse realidad en nosotros y por nosotros… por voluntad de Dios...Yo no deseo limitarme a crear por mí mismo y para mí mismo una vida nueva y un mundo nuevo, sino que deseo que Dios los cree en mí y a través de mí. Esto es decisivo y fundamental".
Thomas Merton.

sábado, 18 de abril de 2009

Semillas de esperanza.


"Las manos y los pies de Jesús no eran las manos y los pies de cualquiera: eran los signos de su presencia corporal real. Fueron las manos y los pies de Jesús los que quedaron marcados con las llagas de su Crucifixión. El hecho de que Jesús se hizo reconocer por sus discípulos mostrándoles su cuerpo llagado tiene una gran importancia espiritual. La resurrección no borró sus llagas, sino que las convirtió en parte de su gloria. Se conviertieron en llagas gloriosas.

Jesús es el Señor que vino a salvarnos muriendo en la Cruz por nosotros. Las llagas en su cuerpo glorioso nos recuerdan el camino por el que somos salvados. Pero también nos recuerdan que nuestras propias heridas son mucho más que pasos en dirección a Dios. Nos muestran nuestro propio modo único de seguir a Jesús sufriente, y están destinadas a la gloria en nuestra vida de resurrección. Así como Jesús fue reconocido por sus llagas, también lo seremos nosotros.

Este misterio es difícil de entender, pero tiene la más grande importancia para ayudarnos con nuestra propia debilidad".
Henri Nouwen ("Semillas de esperanza")
Este domingo leemos el pasaje evangélico en el cual Jesús aparece ante los suyos resucitado, invitándoles a acoger su paz y su Espíritu. Aparece también Tomas, incrédulo ante la resurrección, al que Jesús invita a comprobar en sus llagas que está vivo. La Resurrección inaugura un tiempo nuevo: lo mismo que el sepulcro no pudo contener la vida, así tampoco las puertas cerradas de la casa impiden que Jesús se haga presente con su paz. Es la novedad del Evangelio, de la Buena Nueva, la que se hace presente en la vida del discípulo, transformándolo todo. No es magia, no es voluntarismo, no es idealización: es confianza, es abandono y es amor. Un amor activo, que "mueve montañas", que libera. Un amor que invita a perdonar, a sanar, a renovar el mundo; a no dejar nada en el camino sin bendecir.
Hoy termina la Octava de Pascua, pero seguimos celebrando la Resurrección.

miércoles, 15 de abril de 2009

Contacto Genuino.


El 15 de marzo de 1968, Thomas Merton escribió una carta a Czeslaw Milosz, uno de los más importantes escritores y poetas polacos del siglo XX, y en ella le decía:


"No puede usted decir nada sobre la Iglesia que pueda perturbarme. Si permanezco en la Iglesia es a partir de un amor desilucionado, y del darme cuenta de que no podría ser feliz afuera, aunque no tengo garantías de ser feliz adentro tampoco. En efecto, "mi felicidad"no depende de alguna institución o cualquier establecimiento. En cuanto a usted, usted forma parte de mi "Iglesia"de amigos que de muchas maneras es más importante para mí que la institución".


Un tiempo antes le había dicho también: "La Iglesia es, afortunadamente, un misterio que está fuera del alcance de la burocracia, aunque a veces nos tiente el poner eso en duda"


A otro poeta, Clayton Eshleman, le dice en 1966:

"En cuanto a las diferencias entre nosotros, tú eres quien parece preocupado por ellas. Tal vez ayudaría distinguir entre las diferencias del grupo con el cual estoy asociado y mis diferencias. Ellas no son las mismas. No debo ser identificado simplemente con un equipo y me molesta cuando lo haces. Entonces me pongo a la defensiva por ello, y eso hace que la diferencia luzca mayor de lo que es. Pero por supuesto diferimos y no veo que haya nada errado o sorprendente en ello. Difiero de un gran número de personas, y de hecho hay muy pocos con quienes coincido en un total de áreas diferentes al mismo tiempo".


Al primero de los interlocutores citados, Milosz, Merton le dice cuál es la clave para dialogar:


"La amistad es el asunto primero y más importante, y el cemento verdadero de la Iglesia construida por Cristo. Soy lo suficientemente solitario como para valorizar mucho todo contacto genuino...".

domingo, 12 de abril de 2009

EL DON DE LA PASCUA...


"El don de la Pascua es un gran silencio, una inmensa tranquilidad y un limpio sabor en el alma. Es el sabor del cielo, pero no el cielo de alguna exaltación desaforada. La visión pascual no es turbulenta ni embriaga el espíritu, sino que consiste en un descubrimiento del orden sobre todo orden, un descubrimiento de Dios y de todas las cosas en Él. Es un vino que no emborracha, una alegría sin ningún veneno oculto en ella. Es vida sin muerte. Al saborearla un momento, nos sentimos capaces, brevemente, de ver y de vivir todas las cosas, según su propia verdad, y de poseerlas en su sustancia que se halla oculta en Dios, más allá de todo sentido. El deseo se aferra en vano al aspecto exterior y al accidente de las cosas, pero la caridad las posee en la sencilla profundidad de Dios.

¡Si la misa pudiera ser cada día lo que es en la mañana de Pascua!

¡Si las oraciones pudiesen ser siempre tan claras, si el Cristo resucitado pudiese brillar siempre en mi corazón, a mi alrededor y ante mí, en Su sencillez pascual!

Porque en Su sencillez está nuestra fiesta; éste es el pan sin levadura que es maná y pan del cielo; esta pureza, esta libertad, esta sinceridad pascual.

¡Oh, Dios mío, qué puedo hacer para convencerte de que anhelo Tu verdad y Tu sencillez, para compartir tu infinita sinceridad, que es el espejo de Tu Verdadero Ser; y es Tu Segunda Persona!

Sólo los pequeños pueden ver a Jesús. Es demasiado sencillo para que pueda comprenderlo cualquier inteligencia creada. A veces gustamos de un reflejo de la clara Luz que es la Vida en todas las cosas: bautismo, primera misa, mañana de Pascua. Danos siempre este pan del cielo. Dadnos a beber siempre de esta agua para que nunca más tengamos sed".


Thomas Merton. (9 de abril de 1950)


A todas las amigas y amigos del blog:

¡¡¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!!!

sábado, 11 de abril de 2009

SÁBADO DE GLORIA.


"El Sábado de Gloria cumple también una misión importante en el camino hacia nuestra plenitud. Hoy la liturgia nos invita a estar todo el día ante el sepulcro de Jesús muerto. Y nos invita también a entrar en el propio sepulcro, en la propia profundidad, y ser allí uno con el motivo de nuestra existencia, con las raíces de nuestra vida. Cristo no sólo ha muerto nuestra muerte, sino que estuvo muerto tres días enteros. No pudo hacer otra cosa, no pudo sentir nada más, estaba sin vida, impedido de toda comunicación. En el sepulcro, Cristo vivió la muerte en la soledad absoluta donde no llega ninguna palabra de amor.

El Sábado de Gloria nos dice que a nuestra soledad, a nuestro frío, a nuestra rigidez, allí llegó Cristo. Y allí donde normalmente reina la muerte, ahora, allí, vive su amor. Allí, donde estamos incomunicados con la vida, allí nos alcanza con su palabra de amor. Cristo descendió al reino de los muertos, descendió a los infiernos, al sheol, como dicen los judíos... Cristo descendió a nuestras sombras, a nuestro inconsciente para redimir todo aquello que está sepultado en nuestra sombra".
ANSELM GRÜN.

Karl Rahner: ser místicos.


"Antes se entendía la espiritualidad, más o menos, como un sublime montaje sobre la vida cristiana normal. Los hombres espirituales vivían entonces en los conventos o en instituciones análogas. Eran en cierto modo los adelantados del cristianismo, que se permitían, digámoslo así, el lujo de ser hombres de oración, de meditación, de penitencia, de aspurar a la santidad, sin que ninguna preocupación humana viniera a perturbarles.

La situación de hoy es manifiestamente distinta. A grandes rasgos, podría decirse lo siguiente: la vida actual, hostilizada por el ambiente ateo, por el sentimiento de la opresión, de la muerte y de una política absurda, es tan mala que, si alguna vez, es hoy cuando toca ser cristianos de modo sublime y radical, es decir, espiritual. La espiritualidad y la vida normal cristiana hoy se ligan, se compenetran, se promueven recíprocamente. Nadie puede vivir hoy, como en tiempos pasados, en un paraíso de espiritualidad inmune al mundo, y tampoco puede, es al menos mi opinión, componerse con este mundo concreto sin ser cristiano radical. Partiendo de aquí, puede decirse absolutamente que la experiencia peculiar de Dios más íntima, sobrenatural, es en la profundidad de la existencia algo que puede llamarse místico.

Naturalmente, no hay que designarlo así. El mero hecho de hablar de mística hace pensar a algunos en un rasgo elitista. Pero si se adoctrina sobre Dios sólo de una manera extrínseca, como cuando me cuentan que existe Australia, yo no podría a la postre ser cristiano. Desde dentro, por así decirlo, desde el centro de mi existencia, tengo yo algo que ver con Dios y necesito conseguir que esa interioridad -así me gustaría llamarle- cale más y más toda mi vida. En otras palabras, aunque suenen demasiado patéticas, habría que decir: hoy no podrá ser cristiano el que no es místico".


"Escritos espirituales", Karl Rahner.

jueves, 9 de abril de 2009

JESUS, NUEVO SACERDOCIO.


"Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, menos en el pecado". (Heb 4, 14)
“La verdad es que disto mucho de ser un monje o clérigo tal como debiera serlo. Mi vida es una gran confusión y mezcla de los semiconscientes subterfugios para rehuir la gracia y el deber. He hecho malamente todas las cosas. He despreciado grandes oportunidades. Mas mi infidelidad a Cristo, en vez de enloquecerme de desesperación, me impele a arrojarme más ciegamente en los brazos de Su misericordia”. (Thomas Merton)
“Esta será mi oración: que la cortina se descorra cada vez más, para que disminuya la servidumbre de los deseos que gravitan sobre mi vida, para que quede liberado y me acerque más al Señor en todas las misas que celebre. Que cada misa ilumine la oscuridad y sea un paso más hacia el cielo y la visión.
Que cada misa sea un enriquecimiento y una liberación para mi alma y para todas aquellas que, en los designios de Nuestra Señora, dependan de esas misas para llegar a la santidad y a la contemplación, para encontrar la libertad y la alegría”. (T. Merton, SJ, Página 221).

miércoles, 8 de abril de 2009

Para hablar de Cristo.


"Cada mañana trato de estudiar el capítulo sexto del Evangelio de San Juan. Es realmente maravilloso. No puedo estudiarlo. Me limito a permanecer inmovil y a intentar respirar.

Veo un pequeño lagarto negro, con la cola de un color azul metálico, remontando el amarillento muro de la iglesia, cerca del nicho donde la Florecita, con un mirar lleno de confianza y de ternura en sus ojos, me ofrece una rosa. Celebro la distracción porque ahora puedo respirar de nuevo y pensar un poco.

Es inútil emplear palabras grandielocuentes para hablar de Cristo. Y como parece que soy incapaz de referirme a Él en el lenguaje de un niño, he llegado a un punto en que apenas puedo decir nada acerca de Él. Todas mis palabras me llenan de verguenza.

De un capítulo del evangelio no cabe decir: es tremendo. llamar a la Biblia maravillosa es indecoroso, como lo sería decir: mi madre es una persona maravillosa. Y no se puede alabar a Cristo del modo en que se alaba a un mero ser humano. Se ha de caer rostro en tierra y suplicar misericordia. La única manera de hablar de Dios es "confesarle" o confesar la verguenza propia. Si Cristo es meramente interesante o meramente admirable para uno, ¿En qué se convertirá nuestra propia y miserable alma?

Por eso estoy cada vez más agradecido por el Oficio y los Salmos. La alabanza que estos le tributan es tan perfecta como neutral, y Dios me la concede para expresarme mejor que con cualquier otro lenguaje que yo pudiera idear por mí mismo.

¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Si tengo toda la Iglesia clamando conmigo, existe alguna posibilidad de encontrar la paz en el sentimiento de que Dios, de alguna manera y despues de todo, recibe la alabanza de mis labios".


31 de agosto de 1949

"El signo de Jonás".

Thomas Merton.

lunes, 6 de abril de 2009

La auténtica Libertad.


"La verdadera libertad es la libertad de los hijos de Dios. Alcanzar esa libertad exige una disciplina de una vida entera, pues son muchas las cosas en nuestro mundo que militan contra ella. Los poderes políticos, económicos, sociales e incluso los religiosos, todos ellos quieren someternos para que obedezcamos sus mandamientos y dependamos de sus recompensas.

Más la verdad espiritual que conduce a la libertad es la verdad de que no pertenecemos al mundo sino a Dios, siendo como somos sus amados hijos. Viviendo una vida que vuelva sin cesar a esta verdad de palabra y de obra, avanzaremos poco a poco hacia nuestra auténtica libertad". (Henri NOUWEN).


Si leemos superficialmente este texto de Nouwen parecería que se opone, o pone en duda, las dos entradas anteriores; aquellas hablaban de compromiso con el mundo, esta de soltarnos del mundo para ser libres. En realidad son las dos caras de una misma moneda; la realidad paradójica de lo espiritual, donde el más y el menos son siempre relativos. La palabra "mundo" también tiene diversos modos de ser comprendida, y lo mismo pasa con "espiritual".

Durante estos días, evocando la Pasión de Jesús, tenemos oportunidad de reflexionar y orar en torno a nuestra libertad; las palabras de Nouwen pueden ayudarnos a clarificar nuestra propia verdad:


"Mantengamos nuestra confianza en el Espíritu de Dios que vive en nosotros, para poder vivir libremente en un mundo que nos pone de contínuo en manos de jueces y tasadores".

El monje y el mundo.


"La retirada monástica desde el mundo al desierto no es una mera negativa a saber nada del mundo, sino un rechazo total de todos los cánones de juicio que impliquen apego a una historia de engaño, egoísmo y pecado. No es, desde luego, una fútil negación de que el monje sea también un pecador (eso sería un engaño aun peor), sino un rechazo definitivo a participar en las actividades que no tienen más fruto que prolongar el reino de la falsedad, la codicia, la crueldad y la sobrebia en el mundo de los hombres.

El apartamiento monástico respecto al tiempo secular, entonces, no es una mera retirada a una eternidad abstracta, sino un salto desde la recurrencia cíclica del mal inexorable hacia el Reino de Dios escatológico, en Cristo, el Reino de la humildad y el perdón. El enemigo no es el tiempo ni la historia, sino la mala voluntad y la herencia acumulada de falsedades y pecados pasados. Este mal lo debe ver el monje. Incluso lo debe denunciar, si no lo hacen otros.

¿Qué significa esa "denuncia"? ¿Ha de considerarse en sentido de una determinación expresa de influir en la política? Quizá indirectamente, sí. Hablo no sólo como monje, sino también como ciudadano responsable... No tengo la intención de implicar que un estado, que es y debe ser secular, haya de ser guiado por las perspectivas de una Iglesia escatológica. Pero lo que sí pretendo es decir hasta qué punto yo, y los cristianos que piensan como yo, llegamos a sentirnos moralmente obligados a disentir".


Thomas Merton. "Semillas de Destrucción".

sábado, 4 de abril de 2009

El cristianismo no puede rechazar la historia.


"La vida contemplativa no es ni puede ser un mero apartamiento, una pura negación, el volver la espalda al mundo con sus sufrimientos, sus crisis, sus confusiones y sus errores. Ante todo, aun el intentarlo ya sería ilusorio. Nadie puede apartarse completamente de la compañía de sus semejantes: y la comunidad monástica, para bien o para mal, está profundamente implicada en las estructuras económicas, políticas y sociales del mundo contemporáneo. Olvidarlo o ignorarlo no absuelve al monje de su responsabilidad por la participación en los acontecimientos en que su mismo silencio y su mismo "no saber" pueden constituir una forma de complicidad. El mero hecho de "ignorar" lo que pasa puede convertirse en una decisión política. Con excesiva frecuencia ha ocurrido que ciertas comunidades contemplativas de Europa, cuyos miembros, uno por uno, estaban absorbidos en meditación sobre el otro mundo, dieran su apoyo oficial y público a movimientos totalitarios. En tales casos, cabe decir, en definitiva, que el monje en su liturgia, en su estudio o en su contemplación, está participando de hecho en las mismas cosas que se felicita por haber renunciado.

Esto no equivale a decir que el monje esté obligado a compromisos partidistas y que un contemplativo tenga que tomar esta o aquella línea política determinada. Por el contrario, el monje debería estar libre de las confusiones y las falsías de la disputa partidista. ¡La cosa que menos desearía yo en el mundo es un movimiento clerical o monástico en la política!

Pero entiendo que la vida contemplativa del cristiano no es una vida de abstracción, de apartamiento, para concentrarse solamente en esencias ideales, en absolutos, en la eternidad nada más. El cristianismo no puede rechazar la historia. No puede ser una negación del tiempo. El cristianismo está centrado en un acontecimiento histórico que ha cambiado el significado de la historia. La libertad del contemplativo cristiano no es libertad respecto al tiempo, sino libertad en el tiempo. Es la libertad para salir al encuentro de Dios en el misterio inescrutable de Su voluntad aquí y ahora, en este preciso momento en que pide la cooperación del hombre para dar forma al curso de la historia, conforme a las exigencias de la verdad divina, la misericordia y la fidelidad divinas".
Thomas Merton.
"Semillas de destrucción".

viernes, 3 de abril de 2009

SEMILLAS DE DESTRUCCIÓN.


Otro libro de Thomas Merton, que tal vez hayamos citado por acá alguna vez, es "Semillas de destrucción", que reune escritos de entre 1961 y 1964; fue publicado en español por Editorial Pomaire, en 1966, por lo que se hace difícil encontrarlo hoy. De hecho núnca había visto un ejemplar hasta este mediodía en que uno de mis profesores en la Universidad ha tenido la gentileza de prestármelo para poder revisarlo y sacar alguna copia, al menos parcial del texto.

El libro está conformado por un prólogo y una nota del autor, referidos fundamentalmente al compromiso del monje con el mundo, y luego consta de tres partes:

1- La revolución negra (Que ha sido publicado también de modo independiente)

2- Los cristianos en crísis mundial: reflexiones sobre el clima moral de los años sesenta.

3- Cartas en un tiempo de crísis.


A pesar de haber sido escrito hace casi 50 años, y en un contexto particular, el libro trae ideas válidas, que no han perdido actualidad, y permite conocer mejor al monje sensible a las necesidades de su tiempo, pero siempre edificando desde una tradición espiritual de mucha riqueza y una visión cultural amplísima.

En estos días seguramente les comparto algunos textos, bien aprovechables, para nuestra meditación y reflexión personal. Por esta vez algo breve:


"Tener voto de pobreza me parece ilusorio si no me identifico de algun modo con la causa de la gente a quien se le niega sus derechos y se le obliga, en su mayor parte, a vivir en abyecta miseria. Tener voto de obediencia me parece absurdo si no implica un profundo interés por la más fundamental de todas las expresiones de la voluntad de Dios: el amor a Su verdad y a nuestro prójimo".

miércoles, 1 de abril de 2009

ABRIL.


Este año Semana Santa casi abre abril. Estaremos celebrándola a partir del próximo domingo, Ramos, día 5, hasta el día 12, y luego los 50 días de la Pascua de Resurrección. Un tiempo hermoso en la fe. El día 2 de abril de 1995 yo recibí la ordenación diaconal, entonces plena Cuaresma; ese día también es aniversario del nacimiento de Carlo Carreto (1910-1988), y la fiesta patronal de un pueblito cubano, en la Provincia de Matanzas, donde trabajé varios años, San Francisco de Paula. El día 4 de abril es aniversario de la muerte de Martin Luther King, y el 10, aniversarios también de la muerte de otros dos grandes de la espiritualidad contemporáneas: Dietrich Bonhoeffer (1906-1945), y Teilhard de Chardin (1881-1955). El 15 evocamos a un apóstol de la caridad, Damian de Molokai (1840-1899). El 24 de abril, pero de 1994, yo recibía los ministerios preparatorios a la ordenación: acolitado y lectorado. Este mes también, casi al final, el día 29, Santa Catalina de Siena, mística de la Iglesia. A nivel más personal, estoy recordando hoy el aniversario de ordenación sacerdotal de Fidel Rodríguez Cuza, que trabaja ahora en Estados Unidos; también recuerdo a Pedro Urquiza, "Chongo", un cubano matancero, luchador incansable por una Cuba libre, y a quienes cumplen años en abril: Virgen, Jazmín, Heiddy, Patria, el P.Silvano, y mi tía Esther, así como el P.Teodoro, en La Habana, y el Hno Andrés, en Segovia. Una oración especial por un ex sacerdote, ya fallecido: Lázaro Rodríguez.

He querido comenzar el mes con esta evocación muy personal, y para desear, además, a todos los que pasan por acá, una Semana Santa intensamente vivida, y muchos frutos de justicia, libertad y amor.


"Es bueno adorar al Crucificado en una imagen; pero mejor aún que en imágenes de madera o piedra, es adorarlo en imágenes vivientes: en esas personas que viven según la imagen de Dios".

(Edith Stein)

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.