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jueves, 28 de junio de 2007

La Habana.(Emilio J:Mtnez)


Habana
En La Habana Dios es grande si nace un niño, pero también es chico o no existe y no por ello deja de haber una rosa a la que hermosea un embarazo que viene a sustituir una sonrisa poniendo otra más concertada y, quizás, ojos menos brillantes. En La Habana, si falta Dios viene algún pariente que se esconde debajo de su nombre y, en el peor de los casos, están ellas y está san Lázaro, que ese nunca nos deja aunque tenga lepra. La Habana, según donde, no huele bien, pero uno se acaba acostumbrando y sonríe si en las capitales perfumadas le viene un ramalazo de Habana sucia. La Habana es ruido y coches y negros vestidos de época, pero también es poca ropa como si tal cosa y cientos de abanicos ahuyentando un sol que casi nunca se marcha. Si acaso de noche y dejando recuerdo. En la Habana hay un Capitolio que se ve desde el cielo aunque haya tormenta y unos cuantos baches, hay obras y piedras rosas, siempre calientes y un señor de guayabera que convierte un banco en una iglesia, pero no de las de decir misa, sino de las de enseñar a la gente y con todas sus reliquias muertas. En la Habana hay puros y no son baratos y también cajas de puros que además de puros llevan palos o piedras para pesar más y comprar con ellas un pomo de aceite. En la Habana hay chícharos y un puerco mudo con dos patas de palo que no tiene nevera. Y un colegio prefabricado con una bandera y niños de uniforme rojo o ambarino si son grandes. La Habana de noche tiene helados y de día un pulover y una casa sin fachada y otra que es un palacio desconchado y un río sucio y una playa limpia llenita de camarones y un mercado de colores hechos baratijas y cuadros naïf dignos de un museo limpio, que no se cansan de ser La Bodeguita de Enmedio. En La Habana hay un coche ruso que anda de milagro y otro americano que es un milagro que ande y ya no bebe gasolina sino petróleo, pero lo venden caro y no me lo pude traer a España. Tampoco hubiera sabido cómo hacerlo. La gente de La Habana viaja en camello, todos apretados que es un gusto verlos, pero no para ellos, aunque parezca un trailer o una fiesta. Es mejor pasear, pero te salen ampollas si te asomas a la puerta del cementerio, que siempre andan las auras tiñosas revoloteando por algún monumento y esas dan para muchas metáforas. En La Habana está Lázara y luego hay más cosas más allá de La Habana, como estrellas o agua azul o una ciudad sin cadenas, pero eso no es ahora tiempo de contarlo (Emilio José)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Bueno, en la Habana hay muchas cosas, si; muchas más de las que cuenta Emilio, y cosas que desearíamos no tener que contar y que vivir. Un montón de cosas tristes y amargas que acompañan nuestro cotidiano vivir. Pero lo que importa es ver la luz en medio de las sombras, y para eso tenemos la fe, o no?

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.