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sábado, 9 de junio de 2007

Thomas Merton: escribir para Dios.

La probidad de Dylan Thomas como poeta me hace avergonzarme de los versos que he escrito. Los que decimos que amamos a Dios ¿Por qué no procuramos ser tan perfectos en nuestro arte como pretendemos desear serlo en nuestro servicio de Dios? Si no intentamos ser perfectos en lo que escribimos, acaso se deba a que, a fin de cuentas, no escribimos para Dios. En cualquier caso es desalentador que tanta gente que ama y sirve a Dios escriba tan mal, mientras los que no creen en Él se esfuerzan por escribir bien. No me refiero a la gramática y la sintaxis, sino a que un autor debe tener algo que decir, y decirlo con frases que no parezcan sin vida.
Quienes tienen prisa por publicar lo pagan con imperfecciones. Los que se apresuran a publicar demasiado a menudo no lo hacen porque tengan algo que decir, sino porque les parece importante, no sé por qué, contemplar su nombre en letras de molde. El hecho de que un tema sea muy importante en sí, no implica que lo que uno escribe sobre él tenga importancia. Un libro malo consagrado al amor de Dios sigue siendo un libro malo por muy al amor de Dios que se consagre. Muchos piensan que por haber escrito sobre Dios han compuesto buenos libros. Pero las gentes toman esas obras y dicen: “Si los que afirman que creen en Dios no tienen mejor cosa que aducir al respecto, su religión no puede ser cosa que valga mucho”.

Thomas Merton. “La montaña de los siete círculos”.14 de agosto de 1947

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

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