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lunes, 4 de junio de 2007

Merton y la Biblia.


Uno de los propósitos de TM después de su ordenación sacerdotal (Así aparece en “El Signo de Jonás”) fue adentrarse más en el conocimiento de la Sagrada Escritura, pues como reconoce él mismo, “Yo he meditado a menudo acerca de las Escrituras, pero no las he estudiado nunca seriamente, falta que lamento. Ahora que he terminado con la clase de teología y tengo unos cuantos meses para dedicarme a las Escrituras, completando el tiempo requerido por el Derecho Canónico, le pediré a Santo Domingo que me guíe en mis estudios durante estos meses y en todo el resto de mi vida”.
En los días subsiguientes aparecen algunas notas sobre el tema que apuntamos a continuación:

“! Cuán poco leí las Escrituras durante el noviciado! Recuerdo haber andado por el jardín en las mañanas de verano leyendo a Jeremías y a San Pablo, pero muy superficialmente. No obstante, sí he leído los comentarios de los Padres sobre las Escrituras, aunque más por curiosidad de conocer sus opiniones que para otra cosa. He leído también el Cantar de los Cantares varias veces – eso lo recuerdo bien-, especialmente los últimos párrafos”.

“Leyendo la Biblia me siento tan renovado que diríase que toda la naturaleza se renovara conmigo y en torno a mí. El cielo me parece de un más puro y frío azul, los árboles más intensamente verdes, más ligeros los contornos de los bosques y las montañas, y todo el mundo aparece colmado de la gloria de Dios, mientras siento brotar fuego y música de la tierra que piso”.

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.