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martes, 26 de febrero de 2008

Vivir en esperanza.


Leemos en el oficio de esta mañana un pasaje de los sermones de San Pedro Crisólogo que nos recuerda otra vez texto evangélico que leímos el miércoles de ceniza, y que hace referencia al ayuno, la limosna y la oración, como tradicionales ejercicios cristianos en este tiempo de Cuaresma. Ya en esta tercera semana en el camino de preparación a la Pascua seguimos compartiéndoles algunos textos de Thomas Merton que tratan sobre la ascesis cristiana. Son textos para meditar, para orar también, para vivir por supuesto. Lo que ha de hacer el discípulo es encarnar la Palabra, hacerla vida, y transformar este mundo desde dentro; y para ellos ha de aprender a mirar el mundo con los ojos de Dios, con ojos de misericordia.

“La esperanza es la médula del ascetismo. Nos enseña a negarnos a nosotros mismos y a dejar el mundo; no porque nosotros o el mundo seamos malos, sino porque sin una esperanza sobrenatural que nos eleve sobre las cosas temporales no estamos en condiciones de usar perfectamente de nosotros ni de la verdadera bondad del mundo. Mas nosotros nos poseemos y poseemos todas las cosas en la esperanza, pues en ella las tenemos, no según son en sí, sino como son en Cristo: plenas de promesas. Todas las cosas son a un tiempo buenas e imperfectas. La bondad da testimonio de la bondad de Dios y la imperfección de todas las cosas nos recuerda separarnos de ellas, para vivir en esperanza. Son de por sí insuficientes. Hemos de pasar sobre ellas hacia Aquel en quien ellas tienen su ser verdadero.
No abandonamos los bienes de este mundo porque no son buenos, sino sólo porque no son buenos para nosotros más que en cuanto integran una promesa. Ellos, en cambio, dependen de nuestra esperanza y de nuestro desapego, para el cumplimiento de su destino. Si lo usamos mal, nos arruinamos junto con ellos; si los empleamos como promesa para los hijos de Dios, los llevamos, junto con nosotros, a Dios”.

Thomas Merton.
Los hombres no son islas.

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.