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viernes, 29 de febrero de 2008

Bautismo y Transformación.

El 16 de noviembre de 1938 Thomas Merton es bautizado con su amigo Ed Rice como padrino en la ceremonia. Su camino de conversión había comenzado propiamente un año y medio después de su lectura de un libro de Gilson. . Puntualiza que en un primer momento se trataba sólo de una conversión “intelectual”, pero le ayudaron a poner los medios necesarios para buscar obedecer a lo que llamaba en lo hondo de su ser, y decide asistir a misa por primera vez, descubriendo a su salida que todo a su alrededor estaba transfigurado.
Cuando, después de ser bautizado, recibe su primera comunión, ello supuso la transformación de su persona en templo de Dios, el nacimiento de Cristo en su interior, convertido en nuevo Belén, así como su incorporación personal al eterno movimiento gravitatorio de Dios.
Merton descubre, con Cristo y en Él, su nueva identidad, su patria eterna y su verdadero nombre; una vez bautizado empieza a transformarse en nuevo Adán, a anticipar el sentido real de ser “persona”, y a caminar de regreso del exilio ontológico hacia el Paraíso perdido, que culminará en la abadía de Getsemaní y en su nueva comprensión de América.
Sin embargo, la completa conversión mística tuvo su inicio en el viaje a Cuba; lo ocurrido en la iglesia de San Francisco, de carácter único, precede y provoca un primer estadio de prácticas de ascesis y purificación, y surge la resolución de ser sacerdote católico.

(Apuntes de la lectura del libro “La memoria encendida”, de Fernando Beltrán Llavador)

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

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