Seguidores

viernes, 13 de abril de 2007

Simplicidad e integridad al escribir. Thomas Merton.


"Me parece que el hecho de escribir, lejos de constituir un obstáculo para la perfección espiritual en mi propia vida, se ha convertido en una de las condiciones de las que dependerá mi perfección. Si he de ser un santo – y eso y no otra cosa es precisamente lo que debo pensar y desear- parece que he de conseguirlo escribiendo libros en un monasterio trapense. Si he de ser un santo, no debo limitarme a ser un monje, que es lo que todos los monjes deben hacer para convertirse en santos, sino que además he de poner por escrito aquello en lo que me he convertido. Puede parecer sencillo, pero no es una vocación precisamente fácil.
Ser un monje tan bueno como me sea posible y continuar siendo yo mismo y escribir sobre todo eso. Poner por escrito todo lo referente a mi vida, en semejante situación, con la mayor simplicidad e integridad, sin enmascarar cosa alguna, sin confundir las cuestiones: esta tarea es muy dura porque yo estoy envuelto en ilusiones y apegos. También estas cosas tienen que quedar reflejadas en mis escritos. Pero sin exageración, ni repetición, ni énfasis inútil. No necesito golpearme el pecho ni lamentarme ante los ojos de nadie que no seas Tú, oh Dios, que ves las profundidades de mi fatuidad. Ser sincero sin resultar pesado. Es una especie de crucifixión. Sin duda no muy dramática o penosa. Pero esto requiere tanta sinceridad que supera mi naturaleza. De un modo u otro tiene que venirnos del Espíritu Santo.
Uno de los resultados de todo esto podría ser una transparencia completa y santa: viviendo, orando y escribiendo a la luz del Espíritu Santo, perdiéndome a mí mismo enteramente al convertirme en propiedad pública de la misma manera que Jesús es propiedad pública en la misa. Este es probablemente un aspecto importante de mi sacerdocio, mi vivencia de mi propia misa: llegar a ser tan natural como una hostia en las manos de todo el mundo. Tal vez éste vaya a ser, después de todo, mi personal camino de soledad. Un camino que, pese a ser de los más extraños imaginados hasta ahora, es el escogido por la Palabra de Dios.
Y sin embargo, después de todo, esto sólo me enseña que nada vital acerca de mí mismo puede llegar nunca a ser propiedad pública".
(Thomas Merton, DIARIOS; 1 de septiembre de 1949).

No hay comentarios:

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.