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sábado, 30 de enero de 2021

LA ALEGRÍA DE CELEBRAR A THOMAS MERTON

(El siguiente texto está tomado de la página de Facebook de Jonathan Montaldo, y aunque tiene algunos errores de traducción me pareció de interés su publicación).

"El signo de Acuario y el ′′ último día de enero ′′ nos recuerda que ya hemos dado 106 vueltas al sol desde 1915, año de una gran y sin sentido guerra. Fue en este espacio-tiempo, ′′ bajo las sombras de ciertas montañas francesas ", en pequeños Prades, en una casa en la esquina de la Rue du 4 Septiembre y Rue du Palais-de-Justice, que el llanto de los artistas El primer hijo de Ruth y Owen se hizo eco. Así nació Thomas James Merton.

Signo; Guerra; Montaña; Rincón: palabras clave que describen el perfil del niño nacido este día. Quién será este chico? Qué podría o podría detener a este joven? Cómo se convirtió en un hombre nuevo?
Hemos leído y releído los libros de Merton durante décadas, familiarizándonos con el poder de su intelecto y su don literario, con un encantamiento por su intensa y ardiente vida interior, y humanizados por sus contradicciones. Es lo absurdo y la Gracia personificada: su infancia - juventud - la vida adulta es un vórtice catalítico de todos los que miran dentro y realmente buscan a Dios.
Este profeta silencioso claustro llamó la atención del mundo, escribiendo sobre los temas más diversos, anticipando temas esenciales en los ámbitos social y eclesial. Sus Nuevas Semillas de Contemplación, por ejemplo, plantaron en la Iglesia el llamado universal a la santidad, una intención ratificada y actualizada por el Papa Francisco en el Gaudete et Exsultate (2018). Su movimiento pionero en el diálogo con otras tradiciones religiosas y las críticas El reconocimiento formal del ′′ extraordinario americano ′′ de la sociedad capitalista reverberado en Evangelii Gaudium (2013). El reconocimiento formal del Pontífice Supremo del ′′ extraordinario americano ′′ surgiría del discurso histórico que pronunció en el Congreso de los Estados Unidos en septiembre de 2015, cuando observa que Thomas Merton sigue siendo una fuente de inspiración espiritual y una guía para muchas personas

La alegría de celebrar a Thomas Merton es, para una legión de admiradores, una oportunidad entusiasta para dar gracias al Señor por las pistas encontradas en sus libros para un camino espiritual diferente: la oración ya no es una técnica rígida o una práctica devocional estática; en cambio, lo es se convierte en una manera amorosa de permanecer en la presencia de Dios y de ser una sustancia con su voluntad.

Ahora se nota en Brasil, una nueva generación de lectores encantados, y, por lo tanto, interesados en el mensaje del monje trapista. Aquí está el secreto, Merton tenía un don en el que destacaba: el de causar al lector un sentimiento de cercanía e identificación, nos proporciona las claves de su progreso espiritual - que es también el nuestro: el amor como nuestro verdadero destino, que debe ser revelado por el que amamos!

La experiencia desarrollada actualmente por la Asociación Thomas Merton en Brasil, y también en Portugal, de fomentar grupos de lectura a través de videoconferencia ha dado aliento a la vida espiritual de algunas decenas de personas aisladas por la pandemia. Los testimonios y acciones en cada reunión muestran la profundidad y gratitud al mentor espiritual: ′′ Thomas Merton ilumina los pasos hacia mi propósito en la vida "; ′′ Tiene una visión moderna del cristianismo "; ′′ Merton representa un faro para un barco Hace mucho tiempo perdido en una tormenta oscura..."; ′′ Me tocó su inquietud "; ′′ Merton representa una espiritualidad que traduce el Misterio al lenguaje del alma "; ′′ Él es el icono del ser humano arraigado en Dios "; ′′ Es la apertura del corazón y la mente lo que me fascina en Thomas Merton "; ′′ Merton representa para mí un maestro espiritual contemporáneo que conoce las profundas realidades del ser humano y es sensible al misterio trascendente "; ′′ Merton representa a yo un claro en el denso bullicio de la vida contemporánea "; ′′ representa el Espíritu de Dios respirando más tiempo para la espiritualidad y menos de la iglesia-ismo... más silencio encerrado en mi habitación y menos aleluya-ismo, más escucha a Dios y menos mundanidad desviada de la única cosa que importa."

En tiempos tan amargos, marcados por sucesiones de molestias, el legado de Thomas Merton, como señala correctamente J. C. Ismael, ′′ merece ser recordado por la generación que lo amó y conocido por la que lo ignora."

Que el fenómeno que emana de la vida-obra-ejemplo del monje trapista, que nos une alrededor de Cristo, sea la invitación a la bola de la gran danza cósmica, que luego culminará cuando la inmensidad de todo el Universo oiga el estribillo eterno El amor ha ganado, el amor es victorioso"

Cristóvão de S. Meneses Júnior,
 es presidente de ′′ Associação Thomas Merton ′′ de Brasil

sábado, 20 de junio de 2020

¿QUÉ ES UN MÍSTICO HOY? (Javier Melloni)

Hoy, como en todos los tiempos, un místico es alguien tan necesario como inútil para su generación. Es inútil porque no produce nada y lo que ofrece no se puede comprar ni vender. No tiene precio en el mercado. Se escapa a quien lo quiere prender y confunde a quien lo quiere comprender. Por ello hay que apartarlo, porque se interpone entre la inmediatez de lo que hay que lograr y producir.

El místico dice: lo que verdaderamente es, ya existe. Sólo hay que aprender a percibirlo. Molesta también a la institución, porque la relativiza y le recuerda que el cielo que ha pintado en el interior de sus bóvedas no es el cielo abierto auténtico. Pero, a la vez, su presencia es indispensable porque señala un modo de existencia que anhelan todos los seres y las mismas instituciones. Ha nacido para alentar la llama sagrada que arde en todos y en todo.

El fuego del místico es diferente al del profeta. Éste señala y grita lo que falta, mientras que el místico indica lo que ya es. El profeta habla del todavía no, mientras que el místico habla del ya sí. Ambas cosas son necesarias. Parafraseando a Raimon Panikkar, “el místico no es el que tiene esperanza del futuro sino de lo Invisible”.

El místico no es ingenuo, sino inocente. La ingenuidad es una inmadurez que hace ciegas y torpes a las personas, porque les impide confrontarse con los elementos oscuros de la realidad y de sí mismos, mientras que el inocente lo ve todo, lo percibe todo y, sin echarse atrás, se entrega.

Otra de las cosas propias del místico es su capacidad de conjugar paradojas. Por un lado, es alguien exquisitamente cercano a las personas y a sus situaciones, pero son sagradas para él -o ella-; por eso no las malgasta. Y por ello también sabe escuchar, y entiende lo que los demás no entendemos. Habla, mira, comprende desde un lugar diferente; a veces, tan diferente, que parece locura. Pero su locura no es más que el choque que produce en nosotros su anticipación de Realidad. Ama cada objeto, cada planta, cada pétalo, y queda fascinado por ellos, pero, a la vez, puede prescindir de ello. Todo él es ternura, pero también vigor, como dice Leonardo Boff sobre Francisco de Asís. Es frágil y fuerte a la vez.

No puede soportar el dolor de los pequeños. Ve desde ellos y para ellos, y su oración es siempre por ellos. Es concreto, arraigado en su tiempo y en su lugar, capaz de un hablar sencillo y de poner ejemplos que los más pequeños comprenden, y a la vez, es universal, porque percibe lo que atañe a la condición común de los humanos. Ve la parte en el todo y el todo en la parte. Podríamos decir que tiene un instinto fractal, que es tal como hoy los científicos comprenden que está constituido el entramado de la realidad.

Es de una libertad soberana pero, a la vez, está al servicio de todos, porque percibe la irrepetibilidad de cada persona y de cada cosa, y ello le hace caminar por tierra sagrada. Acoge a cada ser como una epifanía y, estremecido, se somete libremente porque sabe que su yo no le pertenece, sino que es sólo receptáculo y testigo de las existencias ajenas.

Ama su tradición, aquella que le ha nutrido y le ha guiado, pero no hace un absoluto de ella. Sabe que “ser original es retornar a los orígenes” (Gaudí), no para repetirlos sino para recrearlos. Y el origen de cada tradición está más allá de ella misma, antes de que surgiera. Conoce el camino de la Fuente, “aunque es de noche”.

Su fe es transconfesional, porque sabe que la existencia está atravesada de Presencia y ello es lo que celebran todas las tradiciones. Se alegra con ellas, por su diversidad y su riqueza. Como un compás, con un pie está arraigado en su propio centro, y con el otro recorre los círculos de la alteridad. Este centro no es sólo el de la tradición a la que pertenece, sino que es un Centro más hondo que, descentrándole, le recentra.

Todo él está vacío. Su existencia es un pasaje por el que otros transitan para descubrirse a sí mismos. Como un icono, su sola presencia ayuda a los que le rodean a descubrir la hondura que les habita. Él sólo calla y ve. Y su alegría, tanto como su nostalgia, son inmensas.

Fotografías: Yazmi Palenzuela.
Texto: tomado de Facebook.

martes, 9 de junio de 2020

EL OLVIDO DEL SER

La difusión en Occidente de una espiritualidad formalista y moralista, impulsada muchas veces desde el seno de las iglesias, y asociada a la defensa de formas sociales autoritarias e injustas, dio lugar a lo que el teólogo Metz denominaba la “religión burguesa”, una enfermedad espiritual y social, que se ha ido apoderando del cristianismo, cuando es, en realidad, su caricatura manipulada: una religiosidad privatizada e intimista al servicio de los ideales conformistas de los acomodados.

Esta “religión burguesa” no fue una enfermedad que afectó solo a ciertos cristianos poco comprometidos, pues, por desgracia sigue siendo, muchas veces, la sensibilidad dominante en el seno de algunas comunidades de las iglesias occidentales, también en sus grupos aparentemente más comprometidos, desde los más activos (centrados, a veces, más en la propaganda casi con técnicas de marketing que en la promoción de la dignidad humana) a los más contemplativos (refugiados, en ocasiones, en una vida reducida a la oración, que es una evasión de la vida real y un descompromiso con los desfavorecidos).

El Concilio Vaticano II tomó conciencia de esta enfermedad en el seno de la iglesia católica e intentó poner remedio a la situación, volviendo a la experiencia cristiana de los orígenes actualizada hoy, a la religión mesiánica o humanamente liberadora que el cristianismo es. Se animó a una “desclericalización” de la iglesia, para recuperar el valor de la koinonía (comunión y fraternidad) y el verdadero sentido del ministerio sacerdotal (al servicio de la comunión), se recuperó la dimensión social y liberadora del mensaje de Jesús, su opción por la defensa de la dignidad de la persona y de la justicia, con y desde los marginados; se buscó desideologizar el anuncio del mensaje, para redescubrir la experiencia espiritual que fundamenta la doctrina, se volvió pues a intentar que la mística fuera el centro del mensaje. Una mística de los ojos abiertos, solidaria, encarnada que llevara a una perspectiva universal, al diálogo interreligioso e intercultural, fundamento de la paz desde la justicia y el amor.

Con el Papa Francisco se ha recuperado y actualizado este proceso iniciado en el Vaticano II, obstaculizado por grupos ultraconservadores muy agresivos, protegidos durante los papados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. El papa Francisco se ha desvinculado de esos grupos y ha continuado la línea de reforma del Vaticano II, incluyendo ahora con más fuerza la preocupación ecológica y social, pero todavía queda mucho por hacer: Es indignante la situación de discriminación de la mujer dentro de la iglesia, el laicado sigue privado de su protagonismo con muy poca influencia real en la estructura de la institución, la insuficiente garantía de los derechos humanos dentro de la institución ha favorecido los abusos espirituales (abusos de poder manipulando la conciencia) y sexuales dentro de la misma (muchos avisan de que solo estamos conociendo la punta del iceberg), lo que reclama una verdadera reforma estructural, hay que sanear también el discurso teológico y moral en puntos como la sexualidad, liberándolo de prejuicios sexófobos, homófobos y misóginos que siguen presentes en no pocas ocasiones en la cultura eclesial…

La religión burguesa sigue estando muy presente en el seno de la institución, por lo que, para sostener toda la labor de reforma y saneamiento urgente, necesitamos una fundamentación muy fuerte en una experiencia espiritual auténtica. Santa Teresa de Jesús decía que son los frutos de amor, los que nos muestran si una experiencia espiritual es auténtica o no. Amor afectivo y efectivo diría San Bernardo de Claraval. Una mística de los ojos abiertos decía Metz.

Ya K. Rahner lo intuyó hace tiempo al decir que el cristiano del siglo XXI será místico o no será (frase que él escuchó a Raimon Panikkar).

Martin Velasco ha señalado como la Mística es una experiencia que se basa en el encuentro con el Misterio transcendente (de ahí deriva su nombre), en lo más profundo de la inmanencia, en el interior del mundo humano. Transcendencia hace referencia a algo abierto, algo que no está cerrado (inmanente), por ello, la mística entiende el encuentro con el Misterio como una experiencia que no está encerrada en la mente, es decir, que nos lleva al encuentro con el Ser, con Dios para los cristianos. Por eso, la experiencia mística se realiza a través del amor, no del intelecto, incluye una dimensión cognitiva (presente siempre en el amor) pero la transciende, no se reduce todo a un cambio de conciencia, sino a una transformación del ser, una unión por el amor del ser humano con el ser divino y con toda la realidad, sin fusión ni separación.

La mística remite al Ser, a una realidad que transciende la conciencia (incluso la conciencia suprarracional), busca la unión respetando la alteridad. El gnosticismo, que es la enfermedad de la espiritualidad, remite solo a la conciencia, pues reduce todo lo real a la conciencia, una conciencia, así, encerrada en sí misma, inmanente pues, y no transcendente, que no considera real lo que está más allá de ella (el otro, la alteridad).

La mística remite a un camino espiritual integral que incluye y valora el cuerpo, las emociones, el cultivo de la razón, la contemplación, el compromiso ético personal, interpersonal y social en el encuentro con el Misterio, pues respeta la alteridad de cada ámbito en la unidad. 

Busca la unificación por integración. El gnosticismo tiende a focalizar, todo el camino espiritual, fundamentalmente, en la práctica de la meditación contemplativa buscando una iluminación que lo libere de la supuesta “ilusión” de la alteridad; el gnosticismo reduce la realidad de los otros y del Misterio, al negar su alteridad, encerrándose en una “gran” conciencia autocentrada, que pretende subsistir por sí misma y ser lo único real. El gnosticismo busca la unificación negando la alteridad y admitiendo solo una única realidad: la conciencia, que en esta visión es inmanente (encerrada en sí misma, pues no reconoce la plena realidad de lo que no es ella). Es la dictadura de la unidad frente a la pluralidad. La salvación- realización se logra, así, por el conocimiento (un conocimiento suprarracional) no por el amor, de ahí, el nombre de esta enfermedad espiritual: gnosticismo, de gnosis (conocimiento) como ha señalado Hans Jonas, experto en gnosticismo.

La mística al situar el fundamento de lo real en el Ser y no en la conciencia, sostiene una visión antropológica que prima la libertad sobre el intelecto. La libertad entendida como libertad ontológica, como apertura del ser humano al Ser (capax Dei, decía San Agustín, capacidad de abrirse y unirse al Ser), más que como libertad operativa (capacidad de elegir).

La tradición judeocristiana se caracteriza por esta visión que da primacía al Ser, siguiendo la revelación de Dios a Moisés como: “yo soy el que soy”. El Ser, en la síntesis que hizo Santo Tomas de la mística cristiana y la sabiduría filosófica, está más allá de la conciencia, es el acto de todos los actos (el fundamento de lo real), es transcendente (abierto, relacional) y analógico (se expresa de modo plural sin perder una dimensión común en todas sus expresiones). Está más allá de la esencia (la dimensión referida a la conciencia, no es una realidad abstracta) y de la existencia (el ser determinado). La nota que caracteriza a este fundamento de todo es precisamente ser, es decir, aparecer fuera de la nada. Esta sería su caracterización desde una perspectiva objetiva, desde una perspectiva subjetiva o interna (hablando analógicamente) su nota fundamental es la libertad, cuya plenitud es el amor. Como dice San Juan “Dios es Amor”, el Ser en su interior es amor, comunión, relación. De ahí que la mística considere a la libertad- voluntad como la facultad superior del ser humano, que integra y dirige a las otras y al amor (unión real del ente y el Ser) como la perfección del ser humano y de todo lo real. El gnosticismo tiende, sin embargo, a poner al intelecto como la facultad primera del ser humano (Santo Tomas también consideraba que el intelecto era la primera facultad pero solo desde la perspectiva constitutiva o esencial- relacionada con la dimensión intelectual de lo real- pero no desde la perspectiva dinámica de lo real, que es la más plena, pues se relaciona con el alcanzar los entes sus fines, es decir, con su perfeccionamiento, es la dimensión existencial y la más importante, y en ella prima para Santo Tomas la voluntad).

Señala Hans Jonas que el gnosticismo como principio siempre ha estado presente en el seno del cristianismo, acompañando a la mística y, en ocasiones, confundiéndose con ella. Ya Heidegger denunció el “olvido del ser” en la filosofía occidental, lo que podríamos entender como la contaminación gnóstica en parte del pensamiento occidental.

Para Cornelio Fabro, experto en la filosofía de Santo Tomas, es la propia filosofía escolástica medieval la que olvidándose de la importancia del Ser en Santo Tomas, evoluciona hacia posiciones que él denomina “esencialistas” o “formalistas”, que identifican al Ser con el “Ser esencial”, una esencia que es subsistente, es decir, con una Conciencia (la esencia hace referencia siempre a la dimensión intelectual) que existe por sí misma, regresando así a la visión gnosticista. Ya en la Edad Media las corrientes místicas van a criticar esta visión “intelectualista”, quizá el ejemplo más conocido es la crítica de San Bernardo de Claraval a Abelardo, un escolástico del momento con posiciones intelectualistas o su oposición a los cátaros, corriente espiritual abiertamente gnosticista.

Los humanistas del Renacimiento intentaron sanear este intelectualismo escolástico de la Edad Media ya decadente. Este humanismo recuperó la importancia de la libertad en la antropología humana, pero al apoyarse en la filosofía neoplatónica o hermética, en el esoterismo más que en la mística, no consiguieron regresar a la primacía del Ser, pues estas filosofías y espiritualidades eran representantes de una perspectiva intelectualista y no realista, no daban primacía al Ser sino a la Conciencia.

La modernidad nació así con una doble fuente espiritual: una fuente más sana vinculada con la mística cristiana que alimenta la revalorización del ser humano y su libertad y una fuente gnosticista, que dio lugar a las visiones racionalistas, idealistas, y por reacción, empiristas y materialistas, hasta llega al nihilismo, la tecnocracia y al capitalismo radical que vivimos, y que parece caminar hacia el transhumanismo deshumanizado.

Fue Hans Jonas quien ha vinculado la cultura y sociedad antiecológica, patriarcal, logocéntrica, mentalista e individualista que parece dominar occidente, con la influencia del intelectualismo gnóstico.

Caminar hacia una cultura y sociedad más ecológicas, más justas, menos patriarcales, menos logocéntricas y más integrales supone recuperar la mística del Ser, la libertad y el amor, y para ello, la aportación del cristianismo es esencial. Salir del inmanentismo (el encerramiento en la conciencia como única realidad) hacia la transcendencia, la apertura más allá de nosotros mismos hacia el Otro y los otros, respetando su alteridad y su comunión con nosotros es la verdadera espiritualidad no-dual, trinitaria, mística.

Hoy corremos el riesgo de querer salir de la “religiosidad burguesa” por medio de una “espiritualidad gnosticista”, que olvida el Ser o lo identifica con la conciencia. Una espiritualidad que dice ser «esotérica», transreligiosa o metarreligiosa, creyendo que así está más allá de la religión burguesa y que, en realidad, es otra cristalización más de la misma enfermedad.

Filósofos judíos como Levinas o Jonas han visto en este gnosticismo, que niega la alteridad y el Ser transcente, el error que conlleva unas consecuencias éticas graves (estaría en la base que terminó llevando al nazismo, una ideología que negó al otro su valor central). Como decía Santo Tomas: “parvus error in principio, magnus est in fine”. La reducción del Otro a ser solo una expresión de la conciencia supone fácilmente el descompromiso con el cuidado de la dignidad humana y el sentimiento de responsabilidad para con él. Si solo es importante la conciencia, que es la que nos salva, lo importante puede terminar siendo solo llevar a los demás a una experiencia de iluminación de la conciencia y no tanto el cuidado en la historia, más allá de la conciencia o la interioridad, de la justicia y la dignidad.

Sin ética y compasión la iluminación es una ilusión y, para que haya ética, el otro debe ser real, la realidad debe fundamentarse en el Ser transcendente que está más allá de la conciencia. Si solo hay conciencia, el otro desaparece engullido por una espiritualidad narcisista, que no reconoce al otro su alteridad sagrada.


(Tomado de: Cristianìa, monacato laico)

domingo, 10 de diciembre de 2017

MERTON: DE SUS PALABRAS FINALES.

        En fecha como la de hoy, Merton pronunció en Bangkok la conferencia Marxismo y perspectivas monásticas, que aparece en el Apéndice VII de su Diario de Asia. No imaginaba que era el último día de su vida y algunas de sus últimas palabras. Las traemos hoy, casi escogidas al azar, para recordar su muerte y sobre todo su fructífera vida, pidiéndole su cercanía y ayuda.  





"A partir de ahora, hermano, cada cual se tiene por sus propios pies.
Creo que es a eso a lo que apuntan el budismo, el cristianismo...y el monacato, si se entiende en términos de gracia (...)
Ya no podemos confiar en el respaldo de unas estructuras que pueden ser destruídas en cualquier momento (...) En el zen hay un dicho (...) que, en cierto sentido, es análogo: 
" ¿A dónde vas desde lo alto de un poste de treinta pies?"

  THOMAS MERTON, 10 de diciembre de 1968



"A los cincuenta y tres años, en 1968, obtuvo el permiso para viajar al Lejano Oriente. Al participar de una conferencia de abades de monasterios contemplativos cristianos de toda Asia, buscaba acercarse más íntimamente a la espiritualidad oriental. Visitó diferentes monasterios budistas, habló muchas veces con el Dalai Lama, dirigió debates y dio una charla para los monjes y las monjas reunidos en la conferencia.
El 10 de diciembre de 1968, poco después de la conferencia, lo encontraron muerto en su habitación. Se había electrocutado con un ventilador averiado. Su cuerpo fue llevado de regreso a su monasterio de Getsemaní  (Ky, E.U), donde fue enterrado 
el 17 de diciembre."

HENRI NOUWEN. Encuentros con Thomas Merton.

Imagen:  Ofrendas 3. Óleo de Silvia Rodríguez Rivero



  

lunes, 13 de junio de 2016

MERTON VIVO EN ORLANDO.

Aunque esta cita de Merton no alude directamente a la discriminación sexual, implica toda discriminación, y se hace hoy en extremo vigente, ante la abominable masacre en Orlando, E.U. 


“Es mi intención hacer de mi vida entera un rechazo y una protesta contra los crímenes y las injusticias de la guerra y de la tiranía política que amenazan con destruir a toda la raza humana y al mundo entero.

A través de mi vida monástica y de mis votos digo NO a todos los campos de concentración, a los bombardeos aéreos, a los juicios políticos que son una pantomima, a los asesinatos judiciales, a las injusticias raciales, a las tiranías económicas, y a todo el aparato socioeconómico que no parece encaminarse sino a la destrucción global a pesar de su hermosa palabrería en favor de la paz.

Hago de mi silencio monástico una protesta contra las mentiras de los políticos, de los propagandistas y de los agitadores, y cuando hablo es para negar que mi fe y mi iglesia puedan estar jamás seriamente alineadas junto a esas fuerzas de injusticia y destrucción. Pero es cierto, a pesar de ello, que la fe en la que creo también la invocan muchas personas que creen en la guerra, que creen en la injusticia racial, que justifican como legítimas muchas formas de tiranía. Mi vida debe, pues, ser una protesta, ante todo, contra ellas.



Si digo que NO a todas esas fuerzas seculares, también digo SÍ a todo lo que es bueno en el mundo y en el hombre. Digo SÍ a todo lo que es hermoso en la naturaleza, y para que éste sea el sí de una libertad y no de sometimiento, debo negarme a poseer cosa alguna en el mundo puramente como mía propia. 

Digo SÍ a todos los hombres y mujeres que son mis hermanos y hermanas en el mundo, pero para que este sí sea un asentimiento de liberación y no de subyugación, debo vivir de modo tal que ninguno de ellos me pertenezca ni yo pertenezca a alguno de ellos. Porque quiero ser más que un mero amigo de todos ellos me convierto, para todos, en un extraño”.

THOMAS MERTON
DEL PREFACIO A LA EDICIÓN JAPONESA DE LA MONTAÑA DE LOS SIETE CÍRCULOS (1963)

jueves, 3 de abril de 2014

UN MONJE COMPASIVO Y PARADÓJICO... 3

Incluso al final de su vida, en una conferencia pronunciada en Alaska, Merton citaba a Martín Buber, quien reflexiona también sobre el hombre que tiene un “temperamento contradictorio complejo”, un tema del cual yo podría deciros muchas cosas, porque esas palabras me describen perfectamente. Es duro vivir con ese tipo de temperamento, pero son muchas las personas que lo tienen y nadie debería sentirse condenado a ser complejo y contradictorio para siempre. Buber afirma que en el centro de nuestra alma la fuerza divina en su profundidad es capaz de actuar sobre el alma cambiándola, aglutinando las fuentes conflictivas, amalgamando los elementos divergentes. Es capaz de unificarla. Buber no duda de que en lo más profundo de nuestras almas está presente un poder de Dios que si, lo dejamos actuar, conseguirá unificarnos.

Esta conciencia de su propia “paradoja” y “temperamento contradictorio” hizo de Merton una persona ideal para trabajar con los monjes jóvenes dada la naturaleza paradójica de éstos.

Poco después de ese viaje a Alaska yo pasé a ser estudiante y a estar bajo su cuidado. Recuerdo la primera vez que fui a verlo. Por aquel entonces siempre nos arrodillábamos para recibir la bendición, y permanecíamos así mientras hablábamos con el padre maestro o el abad. Sin embargo, después de dar su bendición, Merton dijo: “siéntate”. ¡Esto fue una revolución! Aun esto expresaba el respeto que él sentía por cada persona y el modo en que las consideraba, no como “sujetos” sino como hermanos e hijos. A su debido tiempo eso se hizo una práctica común en todos los superiores. Merton después preguntaba cómo iban las cosas.

La mayor dificultad que yo encontraba entonces tenía que ver con la oración. El maestro de novicios tenía la costumbre de dar unos “puntos de meditación” todas las tardes, a fin de preparar la meditación de la mañana. Estos puntos se fundamentaban en los evangelios según el método tradicional ignaciano: composición de lugar, situarse uno mismo en el lugar de los hechos, y responder al Señor según indican o sugieren los evangelios. Sin embargo yo nunca había sido capaz de orar de ese modo y sentía a la vez un sentimiento de frustración y de que algo no iba bien. Pero cuando le expliqué esto a Merton, su respuesta fue muy sencilla: “Bien, parece ser que el Espíritu Santo está trabajando”. Esto fue para mí una completa liberación, manifestándome que quizá Dios me estaba llamando a seguir otro camino hacia una forma más sencilla de oración. Esto era típico de Merton. Era capaz de aceptar a cada persona como era y animarnos a responder a las inspiraciones interiores del Espíritu. No trató de formarnos en su propio camino, sino que nos animaba a descubrir nuestro camino personal hacia Dios y a vivir la vida monástica.

Como maestro de estudiantes nos daba una conferencia semanal. Estas conferencias las llevaba siempre bien preparadas y fundamentadas en la tradición monástica, aunque intercalaba algunos temas de interés actual. Nos dio una visión general de los escritos de san Bernardo. Fue mientras hablaba de Los grados de la humildad y la soberbia de san Bernardo cuando desarrolló su pensamiento en torno a la compasión. Merton dijo que la importancia de estos grados de Verdad en Bernardo es que son grados de experiencia por los cuales ascendemos desde la experiencia de nuestra propia miseria hasta la experiencia de la grandeza de Dios, a través de la puerta estrecha de la compasión. La llave de esa compasión es Cristo. De hecho, el misterio de Cristo es central para todo, por eso es a través de este misterio, vivido y aplicado en las relaciones con nuestros hermanos en el monasterio, es como ascendemos a la contemplación. (Continúa...)


Thomas Merton:
Un monje compasivo, un hombre paradójico
(James Conner, ocso)

lunes, 31 de marzo de 2014

UN MONJE COMPASIVO Y PARADÓJICO... 2

En junio de 1951 Merton fue designado para un nuevo puesto en la comunidad. Había unos treinta monjes jóvenes preparándose para el sacerdocio, y por eso se creó el cargo de maestro de estudiantes, cargo que ocupó Merton. Él afrontó este nuevo oficio sintiéndose como un pato en el agua. Había buscado un sentimiento de familia ya desde la muerte de su madre, cuando tenía él seis años, y desde la muerte de su padre, cuando tenía quince años. Quizá lo echaba de menos incluso antes, cuando habla del severo espíritu de su madre, y cuando tras la muerte de ésta su padre lo retuvo con él por temporadas y otras lo envió con sus abuelos de Nueva York. Su padre estaba más preocupado por su profesión artística y también por su relación sentimental con Evelyn Scout. Merton expresa sus sentimientos: “sin familia, sin patria, sin padre…sin Dios, sin cielo, sin gracia.”

Muchas de sus travesuras mientras estaba en la escuela, bien en Francia o Inglaterra o Nueva York, pueden ser consideradas como fútiles intentos de encontrar braceando una familia donde no la había. Incluso después de su conversión e ingreso en el monasterio, las estrictas reglas de silencio y los ideales de soledad impidieron cualquier sentimiento profundo de pertenencia. Sin embargo, en su nuevo cargo fue a la vez padre y hermano de un grupo de monjes jóvenes que miraban hacia él para su formación.

Merton describe en sus diarios su reacción ante el nuevo encargo recibido: “Ahora que soy un director espiritual tengo que vivir más allá de mis propios límites en las almas de quienes Dios ha puesto bajo mi cuidado.” Así, pues, esta nueva postura tuvo su influencia en Merton y su desarrollo. Después de unos cuantos meses, escribía: “Hace seis meses que soy maestro de estudiantes; he contemplado sus corazones y he tomado sus cargas sobre mí… No sé si ellos han descubierto algo nuevo, o sin son capaces de amar más a Dios, o si le he ayudado en alguna manera a encontrarse a sí mismos, lo que quiere decir a perderse a sí mismos; pero sí sé lo que he descubierto: el tipo de trabajo, al que una vez tuve miedo porque yo pensaba que podría interferir con la “‘soledad”, es, de hecho, el único camino hacia la soledad.”

Más adelante decía: “¿Cuál es mi desierto? Su nombre es compasión... No existen fronteras que controlen a los moradores de esta soledad en la cual yo vivo solo… perteneciendo a todos y a nadie… porque Dios está conmigo y se asienta en las ruinas de mi corazón, predicando el evangelio a los pobres… ¿Supones que yo tengo una vida espiritual? No, no la tengo. Yo soy indigencia, soy silencio, soy pobreza, soy soledad, porque he renunciado a la espiritualidad para encontrar a Dios y es Él quien predica en voz alta en lo profundo de mi indigencia… Compasión. Te tomo por mi Señora. De la misma manera que Francisco desposó a la Pobreza, yo te desposo a ti, Reina de los eremitas y Madre de los pobres”.

Este espíritu de compasión llenaría el corazón de Thomas Merton durante el tiempo de su permanencia en el monasterio y se manifestaría en todo lo que escribió y enseño durante esos años. Sólo después de otros seis meses Merton compuso la bellísima meditación que algunos han calificado como lo mejor de sus escritos:

“La voz de Dios se oye en el Paraíso: “Lo que era vil se ha vuelto precioso. Lo que ahora es precioso no fue nunca vil… Lo que era cruel se ha vuelto misericordioso. Lo que ahora es misericordioso no fue nunca cruel. Yo siempre he eclipsado a Jonás con Mi misericordia, y no conozco en absoluto la crueldad. ¿Me has visto alguna vez, Jonás, hijo mío?
 Misericordia sobre misericordia sobre misericordia. He perdonado al universo sin medida, porque nunca he conocido el pecado.
Lo que era pobre se ha vuelto infinito. Lo que es infinito no fue nunca pobre. Para mí la pobreza siempre ha sido algo infinito: no amo a los ricos…
Lo que era frágil se ha vuelto poderoso. Yo amé lo que era máximamente quebradizo. Me preocupé de lo que no era nada. Toqué lo que carecía de sustancia y, en el interior de lo que no era, yo soy”.”

Merton toca aquí los que él llama la “paradoja” de su vida. Por eso escribió:

“Es en la misma paradoja, la paradoja que fue y es todavía una fuente de inseguridad, donde he llegado a encontrar la más grande seguridad. Me he convencido de que las reales contradicciones de mi vida son en cierto sentido signos de la gracia de Dios para conmigo… Paradójicamente, he encontrado paz porque siempre he estado insatisfecho. Mis momentos de depresión y desánimo se han transformado en renovaciones, nuevos comienzos. Toda vida tiende a crecer así, en el misterio envuelto en paradoja y contradicción, bien centrado, en lo más íntimo del corazón, en la divina misericordia". (Continúa...)

Thomas Merton:
Un monje compasivo, un hombre paradójico
(James Conner, ocso)

jueves, 27 de marzo de 2014

UN MONJE COMPASIVO Y PARADÓJICO

Thomas Merton:
Un monje compasivo, un hombre paradójico
(James Conner, ocso)

Ingresé en la Abadía de Getsemaní en 1949, el mismo año en que Merton fue ordenado sacerdote. Por lo tanto tuve la gracia de vivir y trabajar con él durante diecinueve años. Siempre he dicho que él fue uno de los más grandes dones de mi vida. Me enseñó no sólo cómo ser monje, sino también cómo descubrir quién era yo y quién me llamaba Dios a ser. Uno de los grandes dones de Merton era precisamente su humanidad. Era capaz de ser una persona espiritual sin sacrificar nada de su propia humanidad. De hecho uno de los libros que enseguida me recomendó fue uno muy breve titulado Holiness is Wholeness.1 Esto era algo muy importante en Getsemaní por aquel tiempo. El jansenismo francés había influenciado bastante la reforma de La Trapa, la Orden de los Trapenses en general, y Gethsemaní en particular. En aquellos años la vida monástica era considerada más como una vida de penitencia que de contemplación.

El hecho de que Merton hubiera estudiado en la universidad de Columbia y hubiera enseñado en el Colegio de St. Bonaventure significaba que estaba habituado a investigar en las fuentes de los temas que estudió o enseñó. Y este empeño lo conservó a lo largo de su vida monástica. Poseía un buen conocimiento del latín y del francés, y por eso era capaz de poder localizar y leer documentos primitivos tanto de monacato como de espiritualidad. Debido a esto, el Abad Dom Frederic Dunne le designó para que preparara una serie de breves estudios sobre los primeros santos cistercienses y hombres y mujeres virtuosos. En 1950 el nuevo Abad, Dom James Fox, le pidió que diera una serie de conferencias a los novicios.

Todavía no era maestro de novicios. El material para estas conferencias lo sacó de Josef Goldbrunner, Holiness Is Wholeness (New York: Pantheon, 1955). las fuentes primitivas del monacato, pues había investigado sobre éstas. Estas conferencias eran muy apreciadas por los novicios, debido tanto al tema elegido como al modo de presentación. Los temas los llevaba siempre muy bien preparados; pero era capaz de inyectarles su propio estilo humorístico y así hacerlos interesantes.

Después de varios meses el maestro de novicios se quejó de que Merton estaba dando más su propia doctrina más que la enseñanza tradicional. De hecho la realidad era lo contrario. Lo que Merton estaba ofreciendo era la auténtica historia monástica; lo que pasaba es que todo ese material histórico había sido preterido durante años para sobreponer y destacar fuentes de espiritualidad más populares, particularmente los escritos de santa Teresa de Lisieux. También el espíritu de la Orden se había movido desde la primacía de la contemplación a la primacía de la penitencia y la austeridad. Detrás de todo esto, sin embargo, había también cierta cortedad por parte del maestro de novicios. Estaba molesto al ver el éxito que tenía Merton entre los novicios y pensó que eso estaba haciendo daño a su influencia en ellos...
(Continúa)

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Santidad es descubrir quién soy...

“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).

LA DANZA GENERAL.

"Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios.Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente.Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesionessobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica.No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja ranachapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la "novedad", el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica.Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no".
Thomas Merton.

ORACIÓN DE CONFIANZA...

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.