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domingo, 5 de octubre de 2025

DE LA CULPA AL DESPERTAR DE LA CONCIENCIA

Sanar una espiritualidad marcada por el miedo

En muchos espacios religiosos, hemos aprendido a vivir la fe con miedo: miedo a fallar, a no ser suficientes, a decepcionar a Dios. La culpa se vuelve costumbre, y la espiritualidad, una carga. Pero ese no es el camino que Jesús propone.

La culpa nos encierra. Nos hace mirar hacia atrás, repetir errores, sentirnos indignos.
La conciencia, en cambio, nos despierta. Nos ayuda a ver con claridad, a elegir con libertad, a crecer con responsabilidad.

La culpa dice: “No vales, no puedes, no mereces.”
La conciencia dice: “Esto no está bien, pero puedes aprender, cambiar, volver a empezar.”

Una espiritualidad sana no se basa en el miedo, sino en el amor. No nos paraliza, nos transforma. Nos invita a reconocer nuestras sombras, sí, pero para abrirnos a la luz. Nos llama a vivir como hijos, no como esclavos.

Para sanar una espiritualidad marcada por el miedo, necesitamos:

1. Redescubrir el rostro misericordioso de Dios, que no condena, sino que llama.

2. Pasar del juicio al discernimiento, del castigo al aprendizaje.

3. Cultivar prácticas que despierten la conciencia, como la oración, la lectura del Evangelio, el acompañamiento espiritual.

4. Vivir la fe como camino compartido, donde nadie se salva solo, y todos somos sostenidos por la gracia.

Dios no quiere que vivamos culpables por existir, sino que aprendamos a vivir con sentido, con amor, con verdad.

martes, 16 de septiembre de 2025

¿CÓMO RECIBIÓ THOMAS MERTON LOS CAMBIOS LITÚRGICOS POSTERIORES AL VATICANO II?

Thomas Merton
, como monje trapense profundamente arraigado en la tradición litúrgica, vivió los cambios del Concilio Vaticano II con una mezcla de apertura espiritual y discernimiento crítico. Su comunidad, los cistercienses reformados, valoraban la liturgia como fuente de contemplación, comunión y transformación, no solo como rito.

📖 Merton y la liturgia postconciliar

En su obra Tiempos de celebración, Merton subraya que la liturgia no es un espectáculo clerical, sino la acción del Cuerpo de Cristo entero. Él escribe: “La liturgia no es algo que hace el sacerdote y que contemplan los demás. Es más bien la celebración de todo el Cuerpo de Cristo, sacerdote y fieles”.

Este enfoque está en sintonía con Sacrosanctum Concilium, que promovía una participación plena, activa y consciente de los fieles. Merton no se opone a los cambios, pero sí advierte contra una superficialidad ritual que puede surgir si se pierde el sentido místico y contemplativo de la liturgia.

🧭 Tensiones que Merton percibe

Desacralización involuntaria: Temía que el paso al lenguaje cotidiano y la simplificación de los ritos pudiera diluir el misterio.

Pérdida del silencio: Para Merton, el silencio litúrgico era espacio de comunión con Dios. La nueva liturgia, más verbal y comunitaria, requería un nuevo equilibrio.

Ritual vs. experiencia: Aunque apoyaba la reforma, insistía en que la liturgia debía seguir siendo una experiencia de transformación, no solo de participación.

🌿 Su respuesta espiritual

Merton no se atrincheró en la nostalgia. Más bien, buscó reencantar la liturgia desde dentro, integrando la renovación conciliar con la profundidad monástica. En sus diarios y cartas, se nota su esfuerzo por educar a los jóvenes monjes en esta nueva visión: una liturgia que no pierde su alma, sino que se abre al mundo sin dejar de ser misterio.

viernes, 9 de febrero de 2024

ITINERARIO PARA LA CUARESMA

Como cada año, y tomando como punto de partida la idea central de la oración colecta del miércoles de ceniza, y de los 5 domingos de Cuaresma podemos preparar un itinerario espiritual para esta Cuaresma 2024, a la que luego cada uno puede aportarle su propia mirada y complemento.

Ceniza: “Que nos mantengamos en espíritu de conversión”. (CONVERSIÓN). Conversión, entendido como crecimiento, transformación; como estar en camino. Recuperar el ritmo de la auténtica vida espiritual. Contamos con la Gracia, se pide nuestra respuesta: “mantengamos”, nosotros; que la gracia no se desaproveche, no caiga en saco roto.

Domingo 1: “Avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en plenitud”. (MISTERIO). Dios es misterio, exige búsqueda, conocimiento e inteligencia espiritual; no academicismo, sino sabiduría que brota de la experiencia, del camino, de la vida. Conocer a Cristo para vivir a Cristo. Experimentar la eterna novedad de Dios.

Domingo 2: “Alimenta nuestro espíritu con tu Palabra”. (PALABRA) Abiertos a la escucha, Dios habla en todo: en Cristo, en la Escritura, en la Creación, en la Historia, en la cotidianeidad. La lectura diaria del evangelio es fuente de vida. Palabra que alimenta y fortalece. “Tu palabra me da vida”; “Habla, que tu hijo escucha”. “Tú tienes palabras de vida eterna”. Jesús, la Palabra de Dios. Ir a la Escritura para encontrar al Cristo vivo.

Domingo 3: “Restaura con tu misericordia a los que estamos hundidos bajo el peso del pecado”. (MISERICORDIA). El peso del pecado: el egoísmo y la injusticia que aplastan al ser humano, generadores de violencia, desigualdad, pobreza, marginación. Ir más allá de una comprensión del pecado como mancha, suciedad; más que un cuerpo puro, Jesús habla de un corazón puro. La paciencia y la misericordia de Dios sanan, restauran y liberan. Nos hacen al mismo tiempo restauradores y liberadores de nuestros hermanos/as.

Domingo 4: “Haz que el pueblo cristiano se apresure con fe viva y entrega generosa a celebrar las próximas fiestas pascuales”. (GENEROSIDAD CELEBRATIVA). Aquí se habla de un estilo espiritual: vida, generosidad; preparación, disposición. Ya no caminamos, sino que corremos, queremos alcanzar la meta, el gozo que se nos promete. Palabra clave aquí: celebrar. La prisa, la urgencia, es para la fiesta.

Domingo 5: “Que vivamos siempre de aquel mismo amor que movió a Cristo a entregarse a la muerte para salvar el mundo”. (AMOR). Preparados, listo, para el amor. Todo el camino cuaresmal es para esto: para abrirnos al amor que Dios nos regala en Cristo: infinito, gratuito e incondicional.


A manera de resumen de este camino:

Las claves de este camino son: Llamados a la CONVERSIÓN para adentrarnos en el MISTERIO que nos revela a CRISTO, PALABRA; él nos comunica la buena noticia de la MISERICORDIA del Padre, y nosotros nos APRESURAMOS para entregarnos en brazos del AMOR.

Fray Manuel de Jesús, ocd

miércoles, 11 de mayo de 2022

THOMAS MERTON: UNA PERDURABLE AMISTAD ESPIRITUAL

Llegué a Merton a través de la amistad
; fue un amigo el que me habló de él, y consiguió interesarme para que leyera su autobiografía, que más tarde me prestó mi párroco, el mismo que me introdujo luego en el espíritu de Santa Teresa.

Creo que cuatro elementos me resultaron de interés cuando fui conociendo a Tomás Merton: lo primero, su condición de converso, porque yo también lo era: ambos llegamos a la fe católica a la misma edad, alrededor de los 25 años. Luego, su vida tenía, en lo afectivo y lo emocional, puntos de contacto con la mía, específicamente su atracción por la soledad. También había estado en Cuba, y había tenido en mi tierra experiencias espirituales fuertes, lo que me hizo conectar aún más con él. Finalmente, su apertura y empatía con la espiritualidad del Carmelo, sobre todo en su primera etapa.

Fue ciertamente un descubrimiento progresivo, que alcanzó su máximo cuando leí otro de sus libros, un diario: El signo de Jonás, al que volví muchas veces, en una vieja edición de tapa de tela verde, que todavía conservo. Este libro me terminó de convertir, no sé si en un discípulo o en un amigo del monje trapense.

Luego, en la misma medida en que fui creciendo en la fe, también Merton fue mi inspiración en el interés por la vida contemplativa, por la dimensión social del Evangelio, y la apertura a otras experiencias religiosas que enriquecían mi propio camino hacia Dios. A Merton debo también el haber abierto mi corazón a la Virgen María, de quien el él era muy devoto. Sus oraciones a la Caridad, en su visita a su santuario en Santiago de Cuba y su oración a la Virgen del Carmen, inspirado en la imagen que está en lo alto de nuestra casa en la Habana, me han acompañado siempre, y animaron mi camino hacia el sacerdocio católico. 

Durante aquellos años no eran muchas las publicaciones de libros de Merton; casi todos los que leí o conseguí eran viejas ediciones, que fui rastreando en bibliotecas conventuales; ya después empezaron a salir algunos títulos, que compré en mis viajes a Estados Unidos o a España. Recuerdo de manera particular que en un viaje a Miami encontré el tesoro de sus “Diarios”; un compendio de ellos en dos tomos, publicado por la editorial Oniro, cuya lectura me resultó muy estimulante a nivel espiritual. Leer sus diarios constituía para mí una verdadera experiencia mística, me transportaba, me hacía sentir algo por dentro tan fuerte que no podía leerlo muy seguido, sino poco a poco, haciendo pausas.

Han pasado muchos años de aquel primer encuentro y mi amistad espiritual con Merton se ha fortalecido; he tratado de comprar siempre sus libros cuando van saliendo, pero en realidad ya también disfruto del silencio que por períodos se instala entre los dos. Estamos conectados ya de tal manera que me parece haberle conocido de verdad, físicamente, y no sólo por referencia en sus libros o en los que han escrito sobre él.

Esa es la razón también por la que por tiempos mis publicaciones en este blog se hacen menos frecuentes, pero siempre regreso, siempre me hace Merton un guiño desde alguno de sus libros y retomamos el diálogo, y la relación alcanza una etapa superior.

Fray Manuel de Jesús, ocd

domingo, 27 de junio de 2021

A TI TE LO DIGO: LEVÁNTATE...

El dilema en tiempos de Jesús no estaba en creer o no creer, sino en lo que "creer en Dios" significaba. Saduceos, fariseos y esenios tenían su propia comprensión de Dios: cultual, legal, elitista... Jesús propone otra cosa, y habla de Dios como Padre de todos, cercano, compasivo, que acoge a todos los que la misma religión había apartado. 
  
FE
es atreverse a ir más allá de una tradición o de una costumbre, de una norma o una ley, más allá de cualquier prejuicio, para poner la vida en juego, para tener más vida, Vida plena. Es lo que hizo Abraham, y tantos profetas; lo que hicieron los primeros discípulos; lo que hace Jairo y el leproso y la hemorroisa; lo que hizo Pablo. Lo que nos enseñó Jesús. Es no tener miedo a ponerte en camino, a quedarte fuera, a ser mal mirado, a compartir la impureza del otro, o parecer diferente, si con ello defiendes el valor y la dignidad de todo ser humano, hija o hijo de Dios, por encima de cualquier otra cosa. Por encima de la política, de las tradiciones, de la religión, de los prejuicios sociales. A cada ser humano le dice Jesús, hoy y siempre: A ti te digo, levántate...

Ante el dilema religioso de su tiempo, que aparece a lo largo de toda la Escritura: ¿pureza legal o justicia? Jesús opta siempre por la segunda: busca, llama, toca, habla, con enfermos, endemoniados, pobres, extranjeros, mujeres, marginados, prostitutas y corruptos. Ellos no cabían en la religión tradicional; eran considerados impuros, y eran apartados, tanto de la práctica religiosa como de la vida social. Pero Jesús no teme acercarse a ellos: no teme mancharse, compartir su impureza, si es para comunicarles el amor infinito, gratuito e incondicional de su Padre, Dios. 

Y no sólo el accionar de Jesús es lo significativo; también ellos toman iniciativa: se arriesgan, escuchan, aceptan, se acercan, lo tocan, van más allá de la ley, de lo permitido, de lo que está bien visto. A veces la “religión” convertida en norma social, funciona como muro que impide el encuentro de muchos con el Dios vivo, de los enfermos y marginados, con Aquel que los llama y los ama desde siempre. El Dios que se manifiesta en Jesús, como fuente de vida y de abundancia compartidas.

¿Hemos conocido también nosotros a ese Dios? ¿Es de ese Dios, el de Jesús, del que damos testimonio con nuestra fe y con nuestra vida?

Fray Manuel de Jesús, ocd.

miércoles, 9 de junio de 2021

BAUTISMO Y CONVERSIÓN EN THOMAS MERTON (4)

Luego de recibir el bautismo católico la vida de Merton trascurrió entre momentos de intensa devoción, una conciencia progresiva de la vaciedad de su vida y las viejas costumbres que compartía con sus amigos: juergas, bebidas, mujeres, búsquedas intelectuales, intentos de llegar a ser un escritor famoso. Eran años de tensión para el mundo los que precedieron al comienzo de la Segunda Guerra Mundial (“Eran días grises de gran calor y bochorno, y el peso de la opresión física de la atmósfera se añadía inconmensurablemente al agobio de las noticias de Europa, que se hacían más ominosas día a día.”). Merton pide a Dios la publicación de su libro, y Dios responde con algo mejor: le devuelve su vocación, el deseo de ser sacerdote.

El día que empezó la guerra, Merton acude a la misa en la iglesia de San Francisco de Asís, cerca de la estación de Pensilvania (New York): "Recibía de la mano del sacerdote a Cristo en la Hostia, al mismo Cristo que era clavado de nuevo en la Cruz por efecto de mis pecados y de los pecados de todo el mundo egoísta, estúpido e idiota de los hombres". Es en medio de toda esta situación descrita que llegaría a la mente de Merton el deseo de ser sacerdote; no mientras oraba, sino sentado en el suelo, una tarde de resaca, desayunando con sus amigos; comieron, conversaron, fumaron y luego salieron a pasear. Y nos dice Merton:

“En alguna parte, en medio de todo esto, una idea se me había ocurrido, una idea que era algo alarmante y bastante trascendente por sí misma, pero mucho más asombrosa en tales circunstancias. Tal vez muchos no creerán lo que estoy diciendo. Mientras estábamos allí en el suelo tocando discos y comiendo este desayuno (huevos revueltos, tostadas y café) surgió la idea: voy a ser sacerdote.”

¿Cómo describe Thomas Merton los sentimientos de aquel día?

NO ERA:
1- Una reacción de repugnancia especialmente intensa por estar cansado y desinteresado de la vida que llevaba.
2-Ni la música, o el otoño; no era una tendencia emocional, algo morboso u obsesionante.
3- Tampoco un objeto de pasión o capricho.

SI ERA:
1- “Una atracción fuerte, dulce, profunda e insistente que de súbito se dejó sentir; pero no como un movimiento de apetito hacia ningún bien sensible”.
2- “Era algo en el orden de la conciencia, un sentimiento nuevo, profundo y claro, de que esto era realmente lo que debía hacer.”

En aquel mismo lugar tuvo que expresar lo que sentía, y como al azar dijo a sus amigos: “Creo que debiera ingresar en un monasterio y hacerme sacerdote.” (255).

Ese mismo día, luego de compartir la misma idea con una muchacha con la que paseaba, Merton entra a una pequeña biblioteca católica para buscar un libro sobre órdenes religiosas, y de ahí a la iglesia jesuítica de San Francisco Javier, en la que nunca antes había entrado. Como conducido por la mano de Dios encuentra una puerta que lo conduce a una capilla en la que tenía lugar una celebración, sería una Novena o una Hora Santa.

“Apenas encontré sitio y caí sobre mis rodillas, empezaron a cantar el Tantum Ergo… todas estas personas, trabajadores, ancianas, estudiantes, empleados, cantaban el himno en latín al Santísimo Sacramento escrito por Santo Tomás de Aquino.

Fijé los ojos en el Monumento, en la Hostia blanca. Y entonces, súbitamente, se me hizo claro que toda mi vida estaba en crisis. Mucho más de lo que podía imaginarme o comprender o concebir ahora dependía de una palabra… de una decisión mía.” (257)


Es importante la lectura que hace el propio Merton de aquellos instantes:

1- Algo inesperado: No estaba preparado para esto, nada había estado más lejos de su mente.

2- Venido de Dios: “Llamado aquí bruscamente para responder a una pregunta que se había preparado, no en mi mente, sino en las profundidades infinitas de una providencia eterna”.

3- Oportunidad que podía perder: “Experimenté que era sólo por un momento”.

4- Un momento de crisis y de interrogación: Un momento inquisitivo, un momento de gozo. “Toda mi vida quedó en suspenso al borde de un abismo; pero esta vez el abismo era de amor y de paz, el abismo era Dios”.

5- Un acto intuitivo, interior: Más que racional, “un acto ciego e irrevocable el arrojarme. Pero si dejaba de hacerlo…”.

La pregunta estaba ahí: “¿Quieres realmente ser sacerdote? Si lo quieres dilo…”

Él respondió: “Si, quiero ser sacerdote, lo quiero con todo mi corazón. Si es tu voluntad, hazme sacerdote…” Y lo hizo mirando rectamente a la Hostia, sabiendo en ese momento como nunca antes a quién miraba.

Resumiendo: Si Merton encuentra es porque busca, ya sea que lo haga consiente o inconscientemente. Es algo inesperado que de alguna manera se espera. Lo que se describe es una verdadera experiencia interior. Aquí encontramos los dos descubrimientos de la experiencia de Dios: Yo soy nada (“Se me hizo claro que toda mi vida estaba en crisis”) y Él es todo (“Sabiendo en ese momento como nunca antes a quién miraba”). 

Descubrimiento profundo del ser de Dios, más allá del conocimiento intelectual o racional; ve la mano providente de Dios condiciéndole en medio de la historia humana. Confirma su sensación de que el bautismo es una llamada.

viernes, 4 de junio de 2021

BAUTISMO Y CONVERSIÓN EN THOMAS MERTON (3)

Merton recuerda en su autobiografía una anécdota que tuvo especial importancia para él, “por lo que se refiere a mi alma”. Conversaba con uno de sus amigos (Lax) y este le preguntó: “Pero, ¿Tú qué quieres ser?”. La conversación describe una realidad común para muchos cristianos, y merece ser leída con detenimiento; trascribo acá lo más importante.

“–No lo sé; presumo que quiero ser un buen católico.
-¿Qué quiere decir “ser un buen católico”?

La explicación que di era bastante defectuosa, expresaba mi confusión y descubría cuán poco había pensado de verdad sobre ello.
Lax no la aceptó:

- Lo que deberías decir –me dijo- , lo que deberías decir es que quieres ser un santo.

¡Un Santo¡ El pensamiento me impresionó como algo misterioso.

-¿Cómo quieres que yo llegue a ser santo?
-Queriéndolo –dijo Lax simplemente.
-No puedo ser un santo –dije- no puedo ser un santo.

-No –Lax agregó- No. Todo lo que se necesita para ser santo es querer serlo. ¿No crees que Dios te hará aquello para lo que te creó, si tú consientes en permitirle que lo haga? Todo lo que tú tienes que hacer es desearlo.”

Pero, reconoce Merton, el principal obstáculo para alcanzar la santidad es que no queremos serlo... Es la cobardía la que nos hace decir: No, no puedo, para no hacer lo que debo. (“Me contento con salvar mi alma… no quiero abandonar mis pecados y mis afectos”). Merton comprende que su amigo tiene razón, que es eso lo que dicen los Evangelios, y han dicho los santos. Pero era necesario que pasara por encima de sus viejas costumbres: “Mi complejidad, pervertida por mis apetitos.”

Así, en un impulso, aprovechando la luz de ese momento, compra (“a gran precio”) el primer volumen de las obras de San Juan de la Cruz, y comienza a leerlo. “Me sentaba en la habitación… y volvía las primeras páginas, subrayando pasajes aquí y allá con lápiz”. Pero dice también: “Me exigiría más que eso hacerme santo… porque esas palabras que subrayaba, aunque me asombraban y deslumbraban con su importancia, eran todas demasiado simples, para que yo las comprendiese… demasiado desnudas, demasiado limpias de toda duplicidad y compromiso…”.


Así, complejidad y simplicidad aparecen como realidades opuestas. Complejos son el hombre, su vida, sus apetitos, su mundo. Simple es Dios, y su Palabra, su camino, su santidad. Nosotros queremos ser “normales”, y no santos. Creemos que ser santos es algo complicado. Pero justamente resulta todo lo contrario: Lo normal es ser santos, y ser santos es ser simples, sencillos, sin complicaciones.

“Los santos están saturados de Cristo en la plenitud de su Poder Real y Divino; tienen conciencia de ello y se entregan a él para que pueda ejercer su poder por mediación de los actos más mínimos y al parecer más insignificantes para la salvación del mundo.”.


La Santidad es, definitivamente, nuestra vocación, nuestro destino, nuestra condición; aquello para lo que fuimos creados; la meta de nuestra vida. Juan Pablo II lo afirmó así al comenzar el milenio: Cuando se nos pregunta si queremos ser bautizados se nos está preguntando si queremos ser santos. Es la misma cosa. Elegimos ser del “montón”, para no renunciar a nuestros pequeños placeres personales, aun cuando esos placeres no traigan más que dolor.

Fray Manuel de Jesús, ocd.

miércoles, 2 de junio de 2021

BAUTISMO Y CONVERSIÓN EN THOMAS MERTON (2)

“Si hubiera aceptado el don de la santidad ofrecido en mis manos cuando estaba junto a la pila bautismal… ¿Qué podría haber sucedido en el mundo? Los hombres no tienen idea de lo que puede hacer un santo”.
(M7C; 235)

 Cuando la Gracia de Dios irrumpe en nuestra vida la trastorna toda; lo vemos todo de una manera nueva, redescubriendo el sentido de lo que hemos vivido y de todo lo que nos rodea; entendiendo lo que antes nos resultó inexplicable. Pero trayendo a su vez “una responsabilidad espantosa, si dejamos de responder a ella” (M7C, 229). 

Thomas Merton compara su bautismo con el desierto al que entra Israel después de cruzar el Mar Rojo; es una tierra diferente, “una tierra de colinas y llanuras, que espera la lluvia del cielo”. El bautismo no supuso para él (creo que para casi nadie) el dejar atrás toda su antigua vida, sino la entrada en una dinámica existencial diferente; ahora podía ver con mayor claridad la miseria y el vacío de su vida anterior, aun cuando no pudiera deshacerse totalmente de ella. El bautismo es (para Merton) fundamentalmente una llamada; llamada que “en cierto sentido, me era casi imposible oírla y contestarla” (Pág. 229); pero ya entonces comprendía que le había sido “abierta ese día la puerta hacia reinos inmensos” (229). 

Es ciertamente una situación paradójica en la que Dios pone a prueba la capacidad del hombre para responder a su gracia. “Existía una especie de imposibilidad moral” (Pág. 230).
¿Qué habría debido hacer y no hizo, según Merton? 
1- Ir a la comunión todos los días. (Frecuentar todo lo posible la Eucaristía).
 2- Buscar dirección espiritual, constante y completa. 
3- Alimentar un alto ideal (sacerdocio); pero también podían haber sido otros, como laico comprometido. 
4- Oración: aprender a orar y dedicar tiempo a ello.
 5- Devoción a María, virgen. 

 Es evidente que en muchas páginas de su autobiografía Merton manifiesta una piedad tradicional y afectada (Él mismo lo reconocerá años después); no obstante, sabiendo esto, podemos servirnos de ello para despertar a nuestras propias necesidades espirituales.

 “Uno de los grandes defectos de mi vida espiritual en ese primer año era la falta de devoción a la Madre de Dios” (231); a lo largo de su vida mantuvo Merton una especial relación espiritual con María, y ejemplos abundantes de ello los encontramos en las páginas de sus diarios. Aquí, en las reflexiones de su autobiografía, encontramos también muestras de esa cercanía afectiva para con la madre de Dios. Por ejemplo, su viaje a Cuba, para visitar el santuario de El Cobre, pág. 280-288, y ofrecimiento de su sacerdocio a la Virgen, etc. 

Al respecto podemos apuntar algunas precisiones del propio Merton: 1- Una piedad formal: “Creía en las verdades que enseña la Iglesia acerca de Nuestra Señora, decía el Ave María cuando rezaba, pero eso no era bastante”. “Nuestra Señora ocupaba en mi vida poco más del lugar de un bello mito… pues en la práctica no le prestaba más que la clase de atención que uno da a un símbolo o a una cosa de poesía. Era la virgen que estaba en la puerta de las catedrales medievales. Era la que había visto en todas las estatuas del Museo de Cluny y cuyos cuadros, por ese motivo, habían decorado las paredes de mi estudio” (231-232). Pero: “Ese no es el lugar que corresponde a María en la vida de los hombres”. 

2- Una piedad fuerte: “La gente no se da cuenta del tremendo poder de la Santísima Virgen. No sabe quién es, que por sus manos vienen todas las gracias porque Dios ha querido que ella participe así en su obra de salvación de los hombres”. (231). “Es la Madre de Cristo todavía. Su Madre en nuestras almas. Es la Madre de la vida sobrenatural en nosotros. La santidad nos viene por su intercesión. Dios ha querido que no haya otro medio. Yo no tenía ese sentido de su dependencia ni de su poder. No sabía qué necesidad tenía de confianza en ella”. (232). 

 Entonces, a modo de resumen, Merton pregunta: “¿Qué podía hacer yo sin amor de la Madre de Dios, sin un objetivo espiritual claro y elevado, sin dirección espiritual, sin comunión diaria, sin una vida de oración?” Lo anterior puede verse en sentido positivo: lo que debía incorporar Merton a su vida; pero había algo más: Lo que tenía que cambiar o quitar de su vida. “Pero lo que más necesitaba era el sentido de la vida sobrenatural y mortificación sistemática de mis pasiones y de mi naturaleza insensata” (232). 

Necesitaba transformar, trabajar, eso que antes reconocía como “una especie de imposibilidad moral”. Su vida, marcada por la realidad del pecado, por los excesos, por el vicio; eso deja huellas en el cuerpo y en el espíritu de la persona; la incapacita para ciertas cosas. “Había vivido para mí solo. Había vivido para la satisfacción de mis deseos y ambiciones, para placer y comodidad, reputación y éxito”. (Egoísmo). Era necesario un CAMBIO RADICAL. (En la raíz). 

Sin embargo: “Pensé que todo lo que tenía que hacer era continuar viviendo como había vivido antes, pensando y obrando como antes lo hacía… Pero, si continuaba viviendo como lo había hecho antes, sería simplemente incapaz de evitar el pecado mortal". (232). “El bautismo había traído consigo la obligación de reducir todos mis apetitos naturales a la subordinación de la voluntad de Dios” (Pasar de la sabiduría de la carne a la sabiduría del espíritu).

 "Hasta donde los hombres están dispuestos a preferir su propia voluntad a la voluntad de Dios, puede decirse que odian a Dios; por supuesto, no pueden odiarlo en Sí mismo. Pero lo odian en los mandamientos que violan. Pero Dios es nuestra vida: la voluntad de Dios es nuestro alimento, nuestra carne, el pan de nuestra vida. Odiar nuestra vida es entrar en la muerte, y por consiguiente, la prudencia de la carne es la muerte”.
 “Ya que mi vida después del bautismo era muy parecida a lo que había sido antes de él, me hallaba en la condición de los que desprecian a Dios por amar al mundo y su propia carne más que a él.” 
 “Casi todo lo que hacía tendía, por virtud de mi tendencia habitual, a complacerme a mí mismo antes que todo lo demás, a obstruir y desvirtuar la obra de la gracia en mi alma” (233).  

Intelectualmente convertido, convencido su entendimiento de las verdades que enseña la iglesia, faltaba a Thomas Merton la conversión del corazón (sentimientos, voluntad, movimientos interiores). “Donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón”. 

Los tesoros de Merton seguían estando lejos, fuera de Dios. (“Cegado por mis propios apetitos”; “Quería gozar de todas las clases de placeres”; “No vacilaba en colocarme en situaciones que sabía acabarían en desastre espiritual”. 233).

Fray Manuel de Jesús, ocd.

BAUTISMO Y CONVERSIÓN EN THOMAS MERTON (1)

Estas páginas intentan un acercamiento al proceso de conversión que Thomas Merton experimentó, de modo que podamos aprovecharnos de su experiencia, y recibir luz para entender nuestro propio camino cristiano. Para este propósito, seguiremos lo que él propio Merton narra en su autobiografía, “La Montana de los Siete Círculos”. 

Merton y Aldous Huxley: Comenzaremos leyendo sobre el encuentro de Thomas Merton con un libro de Aldous Huxley (“Ende and Jeans”), como parte de su proceso de conversión. Fue en noviembre de 1937, cuando un amigo le habló de este libro y Merton corrió a comprarlo. Lo leyó y escribió luego un artículo sobre él. Merton había leído antes a Huxley, cuando tenía 16 o 17 años, y “había construido una filosofía extraña y superficial basada en todas las novelas que estaba leyendo” (187). Ahora Huxley había cambiado y Merton también; Huxley predicaba ahora el misticismo, luego de leer amplia, profunda e inteligentemente todo tipo de literatura mística cristiana y oriental. Así proponía la práctica de la oración y el ascetismo, asegurando que la experiencia de lo sobrenatural era posible, y reafirmando el dominio de nuestra inteligencia y voluntad. Merton por ese entonces sacó provecho de aquella lectura: “El efecto más importante del libro en mí fue hacerme empezar el saqueo de la biblioteca de la universidad en busca de libros de misticismo oriental”. (189). En ese entonces no entendió mucho de aquellas lecturas, pero seguramente dejaron la semilla de su futuro interés por las experiencias religiosas del oriente. 

A Misa por primera vez: Otro acontecimiento que narra Thomas Merton en esta parte de su autobiografía es su decisión de asistir a misa por vez primera. (pág. 208) “Cada semana, cuando llegaba el domingo, sentía un deseo creciente de quedarme en la ciudad para ir a alguna iglesia.” “Un fuerte impulso empezaba a afirmarse y me sentía arrastrado mucho más imperativamente a la Iglesia católica. Por último, la tendencia se hizo tan fuerte que no pude resistirla. Visité a mi muchacha y le dije que no iba a salir ese fin de semana, que había resuelto ir a misa por primera vez en mi vida.” 

Evocar a partir de mi propia experiencia lo que significó asistir a una misa, participar de la liturgia de la iglesia por primera vez. Esa misma impresión la vivió Merton, y constituyó una experiencia inolvidable, por eso dedica varias páginas de su autobiografía a describir los sentimientos de aquel día. (Pág.208-213) 

Elementos que llaman mi atención: 
1- Su estado de ánimo; sus sentimientos y emociones interiores. 
2- Todo lo que le rodea participa de su estado anímico: la naturaleza, la ciudad, los edificios. Su capacidad para detenerse y percibir la realidad es mayor. 
3- Se asombra de encontrar la iglesia llena y no solo de personas ancianas. “La cosa que me impresionó más fue que el lugar estaba lleno, absolutamente lleno. Estaba lleno no solo de personas ancianas y caballeros agotados, con un pie en la tumba, sino de hombres y mujeres, niños, jóvenes y viejos… especialmente jóvenes”. (210)
 4- Descubre también Merton que la gente reza, y lo hace de un modo natural, sin afectación, libremente; mientras él se arrodilla observa como una joven muchacha reza con recogimiento. 

Básicamente: Se descubre a sí mismo y al mundo en una apabullante novedad, y descubre la Iglesia como una entidad viva, dinámica, plural. Y se le abre la puerta de la oración de una manera consciente. Todo esto junto puede calificarse de un verdadero “despertar”, que introduce a Merton en una etapa nueva de su camino espiritual. Y es en la Eucaristía, en la que Merton participa por vez primera, donde ocurre todo esto. Luego Merton describe cómo siguió la liturgia: el sacerdote y sus acólitos, el predicador, la gente que sigue la ceremonia; describe el sermón del predicador y la impresión que todo aquello suscitó en él. Cuando finalmente sale del templo, dice: “Mis ojos miraban alrededor de mí un mundo nuevo. No podía comprender qué había pasado para hacerme tan feliz, por qué estaba tan en paz, tan contento de la vida”. Y luego: “Todo lo que sé es que entraba en un nuevo mundo. Hasta los feos edificios de Columbia estaban transfigurados en él y por todas partes había paz”. (213). 

La fe transforma y da luz a la mirada del hombre. Interés por lo católico. “Mi lectura se hacía cada vez más católica”. Merton, en sus búsquedas espirituales, se acerca a la vida y a la poesía de Gerard Manley Hopkins (Jesuita); no solo era un interés literario, también quería saber sobre su sacerdocio y su condición religiosa. Sus lecturas de entonces eran el “Ulises” de Joyce, y antes había leído el “Retrato de un Artista Adolescente”. En un sermón que aparece en este último Merton siente que “esos católicos sabían lo que creían, sabían lo que tenían que enseñar y todos enseñaban lo mismo y lo enseñaban con coordinación, finalidad y gran efecto”. En el libro de Joyce queda fascinado por las descripciones de sacerdotes y vida católica, a pesar de que la intención del autor era precisamente provocar el efecto contrario. 

Lee también por ese entonces a los poetas metafísicos, como es el caso de Richard Crashaw, su vida y su conversión al catolicismo; busca saber acerca de los jesuitas. Todo esto como símbolos de su nuevo interés por la vitalidad del apostolado católico. Pero con todo, dice Merton, “No estaba dispuesto a permanecer junto a la fuente”. (Pág. 214-215) 

El interés de Merton por lo católico era todavía esencialmente intelectual, estético; se contentaba con “estar parado y admirar” (215). A Merton le atraía el hecho de que los jesuitas aparecían como gente estudiosa e inteligente, pero le asustaba un poco la estructura de la compañía, su eficiencia, la imagen exterior que proclamaban. Su decisión de ir a misa por primera vez no transformó su vida; el fin de semana siguiente volvió a sus hábitos de siempre, no volvió a misa en aquel tiempo; simplemente añadió un avemaría a sus oraciones nocturnas. (¿) 

El Bautismo. A su conversión católica Merton añade un elemento acelerador, el hecho de que la humanidad se viera ante la inminencia de una guerra; en medio de sus actividades cotidianas Dios va preparando el corazón para disponerlo al momento en que se atreve a decir: Sí, quiero. En un día de septiembre, un día lluvioso, Merton está en su apartamento leyendo un libro acerca de Hopkins; este pensaba hacerse católico y escribía al cardenal Newman sobre su propósito. Mientras lee, algo se agita dentro de él, y siente como propio lo que está leyendo. Una voz interior le dice: “¿Qué esperas? ¿Por qué no te levantas y vas?” Merton describe sus sentimientos de ese momento: “Era un movimiento que hablaba como una voz”. “Me esforzaba por acallar la voz”. "Esto es locura. Esto no es racional”. “Di inquieto vueltas en la habitación”. (218) Y entonces la decisión. “De repente no pude aguantar más. Dejé el libro, me puse el impermeable y bajé la escalera. Salí a la calle… y entonces todo mi interior empezó a cantar… a cantar con paz, a cantar con fuerza, a cantar con convicción”. 

Se llegó hasta la iglesia buscando al sacerdote y cuando lo encontró le dijo: “Padre, quiero hacerme católico”. (219) A partir de este momento Merton comenzó a prepararse para recibir el bautismo; lecturas, preparación dos veces por semana con un sacerdote; renuncia a algunas de sus antiguas diversiones; asiste a la predicación de algunas misiones parroquiales. Entre otras cosas que cuenta hace referencia a un sermón sobre el infierno que escuchó en aquellos días. Muchas ideas pasaban por su mente entonces, incluso la idea de ser sacerdote. 

Finalmente recibiría el bautismo en el mes de noviembre, día 16, y Ed Rice fue su padrino; le acompañaban otros amigos: Lax, Seymour, Gerdy, que eran judíos. También recibió ese día por primera vez la comunión. “Había entrado en el movimiento eterno de esa gravitación que es la misma vida y espíritu de Dios”.

Fray Manuel de Jesús, ocd.

sábado, 9 de enero de 2021

NACER DEL ESPÍRITU

En el DIARIO BÍBLICO, leo: “Parece que la religión, en tiempos de Jesús, no provocaba cambios en la vida de las personas. La gente estaba inmersa en un sin número de prácticas religiosas: ritos de purificación, sacrificios, etc., que se relacionaban más con la superstición y la magia, con costes económicos altísimos, pero que no lograba la transformación de las personas, el cambio de vida”. 

A mí me parece esta descripción lo que sigue sucediendo hoy en nuestra Iglesia, y creo que es el Evangelio, y no la religión, lo que cambia a las personas. También afirma: “La rigidez religiosa, en vez de hacer mejores a las personas, las vuelve falsas, hipócritas, inmisericordes”, y luego: “Una característica común que comparten Juan y Jesús es que los dos son laicos descontentos del sistema social y religioso de su tiempo. No pertenecen al gremio sacerdotal, no son funcionarios del estamento religioso”. 

La religión es valiosa en cuanto ayuda a que vivamos el Evangelio, a que el mensaje permanezca y se trasmita, y nos ofrece caminos, recursos espirituales; pero constantemente ha de volverse al Evangelio para purificarse. Siempre volver al Evangelio, volver a Jesús Maestro, a su Palabra, para no caer en rigidez, en soberbia, en hipocresía, en dureza de corazón y falta de amor. 

Celebrar a Jesús es confesar que Dios entró en la humanidad de manera real y concreta; que asumió la humanidad con todas sus consecuencias, y que fue solidario hasta el final con el género humano. Jesús, de parte de Dios, proclama un nuevo camino, de más altura, de mayor exigencia humana y de profunda y constante transformación. 


El bautismo es un rito de iniciación, que utiliza el agua como signo y símbolo de lo que acontece en una persona que acepta emprender un nuevo camino: “Nacer de nuevo”. Muchos acudieron al reclamo de Juan con ese deseo y propósito, y también lo hizo Jesús, y esto significó el comienzo de su vida y ministerio público, el detonante para que el Maestro emprendiera su Camino. Juan fue para Jesús un encuentro significativo, por eso le llamamos también el Precursor. 

Entrar y salir del agua, o recibirla en la cabeza, significa morir a lo viejo y nacer a lo nuevo; dejar un modo de vida, para empezar otro, mejor. Varias cosas sucedieron en el caso de Jesús, según nos cuenta el relato evangélico, con un eco importante en nosotros, sus seguidores: se abrió el Cielo, descendió el Espíritu, y Dios habló: Este es mi hijo, en quien me complazco… Nueva relación con Dios, nueva fuerza, nueva confianza. 

Tiene que ver con: buscar nuestra propia identidad en Dios, y desde lo propio humano descubrir lo divino (una y otra realidad caminan juntas, ni se mezclan ni se excluyen), para caminar hacia nuestra plenitud, guiado por el Espíritu. Es esa Presencia en nosotros la que nos va transformando, aunque no sin nosotros. Eso es NACER DEL ESPÍRITU, que es más importante que nacer biológicamente, en la carne.

martes, 5 de enero de 2021

CAMINAR ES LO IMPORTANTE...

El rey Herodes, y los escribas y sacerdotes judíos, lo sabían todo acerca del mesías, pero no se pusieron en camino para encontrarlo; los sabios o magos que llegaban de Oriente no sabían lo que ellos, pero se pusieron en camino, siguiendo la luz de una estrella (una llamada, una intuición, un desafío, una esperanza) y lo encontraron. Supieron verlo en un niño recién nacido, y no en un poderoso rey o guerrero triunfante. 

Caminar es lo importante, no dejar de buscar (de vivir) y estar atentos, despiertos, para ver al Mesías cuando llega o pasa a nuestro lado en las pequeñas cosas cotidianas, signos a menudo visibles y evidentes para los últimos y los lejanos, pero no para nuestro acomodamiento y nuestra ceguera. Todo puede ser una estrella cuando estamos despiertos; una luz que nos saca de nuestra rutina (de aquello a lo que estamos acostumbrados), y nos impulsa a la búsqueda de lo nuevo, al Camino. 

Leo que, en su acepción original, la palabra “epifanía” se refería a la primera luz que aparece en el horizonte antes que amanezca; solo los que madrugan y están despiertos pueden verla. Esa luz nos habla de lo que somos y de lo que estamos llamados a ser plenamente; nos muestra la casa común, el hogar que todos compartimos, y ante ese descubrimiento, la actitud que brota del corazón es la adoración.

Fray Manuel de Jesús, ocd

lunes, 28 de diciembre de 2020

LA LUZ QUE VIENE, EL AMOR QUE NACE...

Esta fiesta (NAVIDAD) no es meramente el recuerdo de un acontecimiento pasado, sino que nos acerca a una dimensión fundamental de nuestra propia vida. Celebramos nuestro propio comienzo, que es al mismo tiempo una posibilidad abierta siempre, el comenzar de nuevo. Es una invitación a la alegría por el regalo de la vida: que es el nacer, el crecer, el vivir, y también el morir para renacer en el Cristo Total. Es celebrar nuestra dignidad de hijos de Dios, a la que debemos aferrarnos en tiempos de pesadumbre y oscuridad; porque el nacimiento de Cristo tiene un efecto sobre nosotros, nos alcanza y nos diviniza. Y es el recuerdo permanente de que hay un amor tal que no conoce frontera alguna, un paraíso en el que podemos vivir para siempre, que es el corazón de Dios, y una luz que ahuyentará cualquier tiniebla y frialdad que nos aceche en el camino. 

Los símbolos de este tiempo (los más religiosos y también los más paganos) son una invitación a la alegría y a la esperanza, y sobre todo a seguir asombrándonos y emocionándonos, a ser espontáneos, veraces, vitales, auténticos, y a cantar, cantar siempre la canción de la vida en medio de la noche. Me gusta la idea de un místico cristiano que afirmó que todos los dolores de esta vida no son más que la puja del amor que quiere nacer en nosotros, y también la del psicólogo místico que afirmó que el nacimiento de Dios en el ser humano es la meta definitiva, porque cuando Dios nace en el hombre este se libera de su pequeño yo y alcanza el verdadero ser. 

Finalmente nos recuerda Grün que somos solamente el establo en el que Dios elige nacer; no somos un palacio preparado para recibirle, y faltamos siempre que pretendamos serlo. En Dios somos dignificados, colmados de belleza, a pesar de las pajas secas y el estiércol, y eso es lo que la NAVIDAD nos recuerda, y es la invitación, a esas partes menos delicadas y distinguidas de nosotros, a venir a adorar al que ha nacido. Ayer estuve buena parte del día tarareando una melodía que me vino a la mente, y cuyo estribillo decía algo así como esto: 
Sólo en Belén quiere nacer el hijo, hazte pesebre para recibirlo, no te extrañe si es un lugar oscuro, dónde si no podría nacer la luz.

Fray Manuel de Jesús, ocd

lunes, 21 de diciembre de 2020

LA GOZOSA EXPECTATIVA DE LA FE (2007)

Todos esperamos algo. Nuestra existencia humana está signada por la espera. Nos ponemos metas temporales, y las vamos alcanzando y superando, para encontrar entonces nuevos propósitos. Pero el cristiano llena toda su vida de una gozosa expectativa, de una “espera” que, convertida en ESPERANZA, ilumina toda su existencia, hasta darle un sentido trascendente. Es lo que llamamos “escatología”, y que consiste en la expectante espera de la segunda venida de Cristo. El Señor Jesús vino una vez en la plenitud del tiempo, y vendrá de nuevo para consumar la historia, y entonces aparecerá ante nosotros “un cielo nuevo y una tierra nueva”. 

Nuestro quehacer cotidiano se sustenta en la confianza que hemos puesto en una promesa. En la certeza que tenemos de que la historia tendrá su final en un juicio de gracia y justicia, de verdad y de amor. Entonces todas las preguntas encontrarán respuesta, y seremos consolados, y nuestros anhelos serán finalmente resueltos. No es esto un motivo para escaparnos de la realidad que nos rodea, para la conformidad o el pesimismo frente a lo que sucede hoy a nuestro alrededor; no supone un cruzarnos de brazos y esperar pasivamente. La nuestra es una “espera activa”, un trabajar para que “venga pronto”, un hacerle presente con nuestras propias obras, “para que el mundo crea”. De ahí el compromiso histórico que tenemos los creyentes para que nuestro mundo sea cada vez más justo, más fraterno, más libre, sin dejarnos arrastrar por “utopías” que con promesas temporales acaban robándole el alma al ser humano. 

Casi al final del año litúrgico, podemos decir: “Nosotros hemos creído en el amor de Dios y esperamos en él”. No nos asusta el presente, porque sabemos que en él también está Cristo trabajando, y en él nosotros estamos madurando para el momento de la siega. No nos asusta que el mundo no entienda nuestro mensaje, ya el Señor nos habló de persecuciones. Queremos perseverar a pesar de todo, y aun a pesar de nosotros mismos. Queremos ser testigos desde nuestra pobreza y nuestra pequeñez humana, pero también desde nuestros anhelos y nuestros sueños. En ellos Dios nos habla, por ellos su Reino llega a nosotros. Por eso le pedimos, como los apóstoles: “Auméntanos la fe”. 

Una gozosa expectativa ha de llenar siempre nuestra vida. “El Señor viene”. Entre tantas esperas humanas, justas también, y necesarias, una “espera” diferente que las envuelve a todas nos permite a nosotros, discípulos de Cristo, mirar más allá y no perder la fuerza ni el ánimo. “No tengan miedo”, nos dice Jesús a cada instante. “Todo esto tiene que pasar”, es parte de la historia humana, de la historia personal de cada uno. Pero, “a los que honran mi nombre, los iluminará un sol de justicia, que lleva la salud en las alas”. 

Así, pues, “trabajemos con tranquilidad para ganarnos el pan”, que el Señor viene. Su día está cerca, su hora es ahora, y es siempre. No hay porque temerle a ese momento, no hay que asustarse ante los que presagian calamidades sin cuento, todo está en las manos de un Padre que nos ama; sólo el mal teme la llegada del bien. Nuestro anuncio no es amenaza para nadie, no puede serlo, salvo para aquellos que egoístamente buscan sólo su propia ganancia, para quienes, creyéndose dioses, ignoran que Dios es solamente uno. Esta es nuestra fe, es nuestra esperanza, nuestra certeza, nuestra fuerza, nuestra gloria. “El Señor llega para regir la tierra con justicia”. Está con nosotros. Vendrá de nuevo. Apuremos el final que aguardamos, diciendo, no sólo con palabras, sino con la vida y con la obra: “Ven, Señor Jesús”.

Fray Manuel de Jesús
(Este artículo fue publicado en uno de mis blogs en el año 2007)

viernes, 10 de julio de 2020

CONFIAR EN NUESTRAS IMÁGENES INTERIORES

Hace algún tiempo, leyendo LA BENDICIÓN ORIGINAL, de Matthew Fox, fui tomando notas de algunos capítulos, ideas que me resultaban más significativas para el momento que vivía (2017). Revisando hoy aquellas notas, comparto lo que recogí de la lectura del capítulo 17, titulado: "La fe como confianza en las imágenes", referido no a las imágenes exteriores, modeladas físicamente, sino a nuestras imágenes interiores. 


 El significado de la FE como confianza se explicita de muchas maneras según los cuatro caminos que el libro propone. El mundo, es decir el cosmos e incluyendo nuestros cuerpos, pasiones y todas las bendiciones de la creación, es absolutamente digno de confianza (Vía positiva). Luego, una persona creyente puede confiar en la oscuridad, e incluso en la nada (Vía negativa), y aprender que nuestras imágenes son dignas de confianza (Vía creativa). Toda persona necesita aprender a confiar en sus propias imágenes, y el artista que hay en nosotros nace precisamente de esa confianza. Sin esta confianza, toda novedad, toda aventura, toda esperanza, toda divinidad, es abortada o nace muerta (En mi caso, no siempre he confiado lo suficiente en esas imágenes; son muy dubitativo, pienso demasiado las cosas que quiero hacer, y eso me inmoviliza). 

Pero no siempre resulta fácil confiar en las propias imágenes, porque son nuevas y llevan en su interior la capacidad de perturbar la paz, de cuestionar, de sacarnos de lo establecido, de hacer que nos preguntemos por qué las cosas son como son. Nos sugiere veladamente que a veces el caos (que precede al nacimiento) es más sagrado que el orden reinante en la actualidad. Todo régimen autoritario, por eso, teme al artista, porque la imaginación poética es la última forma que queda de desafiar y crear conflictos en la realidad dominante (Esta última parte es muy significativa y permite asumir desde lo espiritual también la rebeldía y el desacato, y no solo la obediencia, tan predicada por las estructuras de toda índole). 

Al confiar en nuestras imágenes interiores (y obrar en consecuencia), podemos experimentar vulnerabilidad, temor, o desesperación (como es mi caso ahora mismo). Pero la vulnerabilidad no es excusa para no crear, y el miedo no es excusa para no ser valientes, y la desesperación no es excusa para la falta de esperanza. El miedo produce valentía, la desesperación produce esperanza y la vulnerabilidad produce creatividad, y esta última exige la capacidad de ser heridos. Claro que nuestras imágenes pueden herirnos, pero solo temporalmente; más letal sería eliminar, ignorar o olvidar nuestras imágenes, pues es un modo de morir mientras aún estamos vivos. 

El propio dolor que la confianza en las imágenes provoca puede ser un dolor renovador, el dolor de un nuevo nacimiento y una nueva creación, un dolor salvador y sanador que nos hace entrar en relaciones profundas y maravillosas con otras personas y otros tiempos y espacios, e incluso lugares que provocan la trascendencia (Mi experiencia, la que me preparó para la fe). Por eso necesitamos dejarnos llevar por nuestras imágenes como quien se deja llevar por un águila gigante, ascendiendo y descendiendo hacia dondequiera que nos lleven. Y si resultan ser unas imágenes equivocadas, de las cuales caemos y nos hacemos daño, eso también está bien. Porque nuestra creatividad no consiste en tener siempre razón, sino en hacer de todas nuestras experiencias, incluso las que parecen erradas e imperfectas, un todo sagrado. Quizá no lleguemos a saber que nuestras imágenes son un regalo hasta que no hayamos viajado en ellas hasta el otro lado, y únicamente desde esa perspectiva podremos verlas por primera vez.

 (Páginas 245-247).

martes, 28 de abril de 2020

DE JESÚS, PASANDO POR LA EUCARISTÍA, A LA VIDA COTIDIANA

Durante ocho días estaremos leyendo en nuestras celebraciones el capítulo 6 del Evangelio de Juan: el discurso del Pan de Vida de Jesús. Referencias: hacia atrás, Moisés y el Éxodo; hacia adelante: la celebraciones de la comunidad cristiana en torno a la Palabra y el Pan de Vida compartido. Tomo como pretexto esta lectura para tratar de sintetizar las ideas que voy rumiando en estos días; sigo preocupado por el sentido de nuestras Eucaristías. 

Tres momentos para la reflexión: 

1. La voluntad de Jesús: "Hagan esto en memoria mía". La pregunta es: ¿Qué nos manda Jesús que hagamos? ¿Repetir mecánicamente unas frases, unos gestos, un rito, como algo mágico? ¿O el ritual expresa y apunta a una realidad que no vemos con los ojos velados por la falta de fe? ¿Qué quiso decir Jesús? No puede entenderse su voluntad si no es en el contexto en que se expresa: una comida, la presencia del Maestro y los discípulos en plan de amistad, de inminencia de la muerte, de la voluntad de entrega y servicio de Jesús, aun sabiendo que sería entregado, negado y abandonado por los suyos. El que Juan, en su evangelio, sustituya el relato que todos conocemos por el lavatorio de los pies es altamente significativo, y siempre ha de estar presente al pensar la Eucaristía como deseo y mandato de Jesús, como lugar de encuentro y amistad, lugar de perdón y sanación, lugar de fraternidad y compromiso. 


2. Lo que hace la comunidad desde los inicios: reunirse, escuchar juntos la Escritura, compartir la mesa, manifestar la comunión, dar testimonio de servicio. Este es el rito que asumen los cristianos ("El sacramento de nuestra fe"): lo ven como voluntad de Jesús, expresión de comunión con él, testimonio existencial. Va cambiando en sus formas a lo largo de la historia, pero conservando lo esencial hasta el presente. Pero, siempre existe el riesgo de cosificar el Misterio que celebramos, misterio de amor y comunión. A menudo no nos reunimos "con", "en", sino "para"; como se dice "aplicar la misa" por determinadas intenciones. Utilitarismo: usar a Dios, aprovecharnos de él. ¿Dónde queda la gratuidad del encuentro? ¿Por qué se circunscribe todo a "comer la hostia", como si sólo en ese momento hubiera "comunión", y no en toda la celebración? 


3. Su interpretación: Es fundamental la interpretación que damos a lo que celebramos, el entender cómo se expresa y realiza el Misterio de nuestra fe. ¿Tienen valor esos ritos, símbolos, palabras, por sí mismos o son la expresión de algo más hondo, más alto, expresado por Jesús en aquella Última Cena ? Celebrar la Eucaristía implica,en definitiva, "vivir eucarísticamente". Creo que con demasiada frecuencia nos quedamos en las formas y no vamos a la vida, que es lo más importante. Nuestras Eucaristías no pueden estar al borde del camino, sino ser camino ellas mismas, expresión de vida.


Lo expresa cabalmente Lucas en su relato de los discípulos de Emaús: Jesús no está en un lugar distinto de la misma vida. Es en medio de ella donde cobra sentido la Eucaristía: la Palabra y el Pan de Vida se convierten en fraternidad, testimonio y solidaridad, o no son el camino, la voluntad, de Jesús. ¿Cómo hacer que nuestras celebraciones sean verdadera expresión de lo que vivimos y, al mismo tiempo, alimenten la vida nueva que vivimos en Cristo? ¿Cómo librarnos de esas "misas" que parecen, al menos en el lenguaje que usamos, manipular a Dios a nuestro antojo, usarlo para tapar nuestros agujeros, o tranquilizar nuestra conciencia?


He pensado y sigo pensando estos temas, porque creo que la Eucaristía es la expresión cabal de lo que significa ser cristiano y ser Iglesia; mientras nos quedemos en lo exterior y no busquemos dentro del Misterio que celebramos, seguirán siendo ritos religiosos que la gente usa con superstición, pero mira también con escepticismo. Lugares, expresiones, personajes, vinculados a unos rituales que buena parte del mundo relaciona con el pasado y no con el futuro y con la Vida. 

Fray Manuel de Jesús, ocd.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Santidad es descubrir quién soy...

“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).

LA DANZA GENERAL.

"Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios.Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente.Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesionessobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica.No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja ranachapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la "novedad", el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica.Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no".
Thomas Merton.

ORACIÓN DE CONFIANZA...

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.